Sauditas: ¿para qué reconquistar Al-Andalus si se puede comprar?



Palacio de la casa real saudita en Marbella


El verano de 2003 estuve trabajando en Marbella alquilando hamacas de un restaurante a pie de playa, tratando diariamente con chusma adinerada y otros muchos que pretenden serlo. Al restaurante en cuestión solían venir saudíes pertenecientes al séquito del rey Fahd, ya fallecido. Un día vino uno de los 60 hijos (reconocidos) que tenía el rey Fahd, según me contaron era teniente o algo así de las fuerzas armadas sauditas. Se notaba que era alguien "importante" en su país, sólo había que fijarse en los tres escoltas que lo acompañaban a él y a su esposa, con pintas de poder matarte con una sola hostia y sus armas bien visibles, cosa que acojonaba bastante a todas las personas que se encontraban en el restaurante, incluyéndome a mi, por supuesto.
 
Rey Fahd
La entrada de estos jeques del petróleo suele ser espectacular, por eso los camareros siempre se relamían cuando sabían que vendría alguien importante del séquito real. Lo primero que hacen es preguntar por el encargado de los camareros y soltarle 300€, así, de sopetón, para repartirlos entre todos los camareros como propina. Era la primera vez en mi vida que veía dar la propina antes de sentarse a la mesa, pero en realidad es de una lógica aplastante; los camareros, al recibir sólo con esta propina más de lo que les correspondía como sueldo, trataban a los sauditas como a su madre.
 
Interior del palacio real saudita en Marbella
 
Como podéis imaginar, Marbella está llena de gentuza adinerada y con una elevada opinión sobre sí mismos, por lo que se indignaban al ver como se atendía la mesa de los saudíes antes que ninguna otra, ya que éstos venían vestidos como cualquier occidental y la mayoría de los clientes desconocían quienes eran esas personas a las que se atendía con tanta solicitud, pero, acostumbrados a reivindicar sus supuestos derechos de superioridad usando la típica frase <<¿sabes quien soy yo?>>, por lo visto se callan cuando ese yo es "superior" a ellos, según sus podridas reglas morales. Bastaba con decir <<forman parte del séquito del rey Fahd, es uno de sus hijos>>, y esa contestación surtía el mismo efecto que el provocado por un guardia civil mandando a callar, se quedaban más achantados que los invitados a comer por Hannibal Lecter oigan.
 
Todos conocemos la fuerte represión a la que se ven sometidas las mujeres en Arabia Saudí, pues bien, la espectacular mujer del susodicho alto mando de las fuerzas armadas saudíes, se mostraba en bikini a todos los agradecidos ojos masculinos que contemplaban semejante monumento, cuando en su país natal la vista de un simple tobillo es poco menos que pecado mortal e irredimible. Yo flipaba en colores, pero no quedó ahí mi sorpresa, ni mucho menos. Tumbadita en su hamaca y bronceando su cuerpo solamente tapado por un minúsculo bikini (de leopardo para más detalles), llamó al camarero... para pedirle un botellín de Heineken bien fresquita, ¡qué viva la Pepa! Cualquier mujer que tuviese la osadía de pasearse en bikini bebiendo cerveza en Arabia Saudí, sería condenada a tres lapidaciones consecutivas como mínimo, sin embargo, esta gentuza que tiene a su pueblo sojuzgado bajo el miserable yugo de la religión, hace lo que le place sin tener que rendir cuentas a nadie.
 
Abdullah, sucesor de Fahd
Marbella entera espera todos los veranos la llegada de los saudíes cual Maná caído del cielo se tratase, trabajar para ellos puede significar ganar en 2 ó 3 meses lo suficiente como para vivir más o menos el resto del año. Son muy generosos con el dinero robado a su pueblo, aunque eso sí, exigen plena dedicación, cuando se trabaja para ellos se debe estar disponible para lo que sea a la hora que sea y en el sitio que sea necesario, sin excusa posible para no acudir a la llamada. Incluso los maderos aprovechan sus vacaciones de verano y las horas libres o sus días libres para hacer de escoltas al nutrido séquito que viene con el rey, que según me dijeron diferentes personas, podría acercarse fácilmente a las 2000 personas. Imagináos toda esa gente gastando constantemente, abarrotando las tiendas de las marcas más exclusivas, comiendo en los restaurantes más caros y viviendo en las mansiones más lujosas, el dinero que pueden dejar antes de regresar a su país es incalculable.
 
El capo de la familia real saudita en la actualidad, Salman bin Abdelaziz al Saud
 
Un ejemplo de como se las gastan estos arrogantes saudíes que solamente saben comprar simpatías en lugar de ganárselas, ya que su asquerosa sangre real repugna a cualquier persona honrada, lo tenemos en estas declaraciones de Manuel Cardeña, ex director del Casino de Marbella, allá por principios de los '80:
 
«Se abrían muchas latas de caviar iraní»
 
Manuel Cardeña fue uno de los directores del Casino de Marbella de la época de los «petrodólares». De entrada, deja claro que Bin Abdul Aziz nunca estuvo en el Casino marbellí tras ser coronado rey, aunque sí como príncipe.
 
Cardeña matiza: «A los príncipes árabes les gustaba jugar a la ruleta francesa y siempre en la zona privada. Cuando llegaban, firmaban un cheque en blanco que no se rellenaba hasta el final de la noche. La casa les iba dando ficha y cuando llegaba la hora de cerrar se hacían cuentas. Eso sí, no les gustaba que se cobrara el cheque justo al día siguiente, les parecía una falta de confianza en ellos».
 
Casino de Marbella
Si se gastaban dinero en el juego, también lo hacían en la restauración. «Nadie bebía alcohol cuando estaba el príncipe heredero delante, pero cuando venía algún jeque y su séquito solos sí solían pedir botellas de Vega Sicilia, que bebían en tazas de café, para que nadie supiese que era alcohol», asegura Cardeña.
 
El ex director del Casino añade: «Sí, recuerdo que a los príncipes le gustaba mucho pedir caviar iraní, pero siempre querían que se les abriese la lata -de unos 250 gramos- en su presencia, luego tomaban una cucharada y seguían el juego; cuando querían más caviar, pedían otra lata, nunca volvían a tomar de la misma». Los empleados del Casino añoran aquella época por las generosas propinas que dejaban. Los potentados árabes dejaron mil y una anécdotas. «Una vez el cantaor Beni de Cádiz -ya fallecido- se coló en la sala privada mientras estaban jugando varios príncipes. Uno de ellos había apostado un millón de pesetas a la decena, y el Beni, con toda la gracia del mundo, puso una ficha de quinientas pesetas encima de la del millón, el jeque lo miró sorprendido y el Beni le respondió con todo su arte: «No te vayas a equivocar, que la de arriba es la mía». Al jeque, cuando se lo tradujeron, le hizo mucha gracia y le regaló 50.000 pesetas».
 
José Alarcón, fue director director del hotel Incosol en los años '70 y '80, él tampoco olvida la pompa y el boato de la corte saudita:
 
«Nunca he visto tantos policías juntos»
 
José Alarcón vio muy de cerca durante tres meses al príncipe Fahd. El hotel Incosol fue su primera morada en Marbella. La primera visita del monarca saudí a Marbella fue en 1974. Pasó cinco días. La segunda fue mucho más espectacular. Alarcón la cuenta: «Reservaron tres plantas completas del hotel, es decir, más de cien habitaciones, incluida la suite real, que al entonces príncipe heredero le gustaba porque se veía el campo de golf y el mar». Abunda al respecto: «Fueron unos clientes modélicos y nada excéntricos, las princesas pidieron que se cambiaran las alfombras para que todas fuesen de color blanco».
 
Hotel Incosol en Marbella
En cuanto a la comida, entre el séquito se encontraban cocineros. Uno de ellos se encargaba de preparar cada día al heredero del trono saudí un pastel con leche de cabra, zanahorias y cardamomo verde, su postre preferido. En el menú se incluía mucho pescado y la carne de cordero la traían ellos desde su país de origen. Lo que sí recuerda Alarcón, que entonces era un trabajador más de la empresa, era el impresionante dispositivo de seguridad compuesto por guardias civiles, guardias reales españoles y miembros de seguridad de la Casa Real saudí. Cada movimiento suyo era custodiado por más de un centenar de personas. Los Reyes de España le enviaron -en su segunda visita- un Rolls Royce oficial. Cuando abandonó el hotel dejó una propina de 300.000 dólares para todo el personal. La parte proporcional era casi un sueldo. La relación entre el Palacio de Fahd en Marbella y el Incosol ha continuado hasta nuestros días.
 
La avidez mostrada por parte de los reyes saudíes a la hora de gastar el dinero robado a su pueblo, no conoce límites; Antonia Molina, joyera marbellí, nos cuenta su experiencia:
 
Vendió joyas en el palacio de Fahd
 
«Tuve un visado de entrada de por vida»
 
Antonia Molina, propietaria de la cadena de joyerías Gómez &amp; Molina de Marbella, entendió desde el principio que a las princesas del palacio real saudí de Marbella les gustaba mucho ir de compras, pero se sentían más cómodas en Palacio. Por eso hizo un peculiar petate compuesto por alhajas y relojes de alto valor y se fue a palacio. Allí entabló amistad con una de las princesas -hermana del rey Fahd- hasta tal extremo que le invitó a ir a Arabia Saudí.
 
El viaje fue toda una aventura: «Cuando llegué al aeropuerto me quisieron detener porque yo era una mujer sola que quería entrar en el país sin visado. Desde el mismo aeropuerto llamamos a Palacio y me autorizó un visado de entrada en el país de por vida», cuenta Molina, que, sin embargo, acota: «Claro que no me dieron el de salida, por lo que tuve problemas también cuando regresé a España tras pasar una etapa inolvidable». Cuando iban al Palacio de Marbella,a veces la tenían 24 horas enseñando joyas a la extensa nómina de princesas.
 
Besos de Judas
Michael Moore, en su documental Fahrenheit 9/11 nos cuenta que los saudíes son dueños del 9% de todos los dólares depositados en los bancos de USA, así que si algún día se les ocurre llevarse todo ese dinero que legalmente les pertenece, la economía estadounidense se iría al carajo en cuestión de horas. La familia Bin Laden está asociada a la familia Bush desde hace décadas, todas las estirpes más favorecidas de Arabia Saudí poseen acciones en las grandes multinazionales norteamericanas como Halliburton o Monsanto, donde se codean con los altos cargos de la administración pública en los consejos de empresas privadas. Estos criminales con chilaba subvencionaron a nuesto rey crápula cuando no tenía un duro, ya que su padre había dilapidado el tesoro real invirtiéndolo en putas y alcohol; fortuna por otra parte que no era tal, ya que también el padre de éste era muy aficionado a visitar lupanares y rendía culto a Baco diariamente, debe ser cosa genética esto de los Borbones. De esto último, de la relación entre las casas reales saudita y española, dedicaré próximamente una entrada, así como de la íntima relación existente entre la realeza saudita y las familias más ricas y poderosas de USA, y también los privilegios otorgados por la Junta de Andalucía a estos asesinos de su pueblo inspirados por Satán. Todos los reyes son criminales o hijos de criminales. Salud y libertad.
 
 
 Fuente de los testimonios:
 

Mis Memorias. Pedro Vallina [PDF]

 

Una sensación que suele dejar la lectura de estas memorias en aquellas personas que tengan alguna idea sobre la historia de Andalucía y de sus movimientos sociales es la de incredulidad. Una incredulidad que se basa en el siguiente razonamiento: cómo es posible que quien narra, muchas veces en primera persona y como coprotagonista, acontecimientos que están en los libros de Historia, de España y del mundo, no haya sido merecedor de una mayor atención por parte de la historiografía oficial. Más aún teniendo en cuenta los esfuerzos que, desde mediados de los setenta, se han hecho por recuperar la memoria después de los cuarenta años de oscurantismo.
 
La relación de esos acontecimientos es prolija: atentados contra Alfonso XIII en Madrid y París, entierro de Pi i Margall, movimiento antimilitarista europeo anterior a la I Guerra Mundial, primeros escarceos de la lucha por una Irlanda libre, conspiración en pro de la II República Española, candidatura "Por una Andalucía Libre" en Sevilla en las elecciones generales de 1931, movimiento revolucionario tras el triunfo del Frente Popular, etc. Eso, sin contar con su activa participación en otros hechos de ámbito más local como son la lucha contra la tuberculosis en Sevilla y, en clara unión con ésta, contra los abusivos propietarios de viviendas en Sevilla, algunos de los levantamientos campesinos del primer tercio del siglo, etc.
 
Evidentemente, no puede ser objeto de este prólogo desvelar ese misterio, pero valga lo dicho como muestra de la profundidad del corte histórico que supuso el franquismo y la necesidad que tenemos, aún hoy, de investigar y profundizar en el conocimiento de lo que pasó antes de él a fin de que la Historia cumpla algo que dicen que es parte de su función, ser maestra del futuro. En esto, las memorias de Pedro Vallina son un ejemplo encomiable, tanto en los aspectos que todos aceptamos como positivos de su vida (su absoluta dedicación a los más débiles, su honradez, su profundo sentido humanitario, su talante poco dogmático a la hora de juzgar a las personas, etc.) como en aquéllos más opinables, como puedan ser su recurso a la acción directa, su profunda ideología anarquista o su crítica feroz contra las clases dirigentes de Sevilla (en lugares destacados su "inteligentzia" y su clerecía) y contra los "valores" de sus clases populares.
 
Igualmente encomiables pueden considerarse estas actitudes porque, al hacer análisis de las injusticias, Vallina coincide con personajes de talante liberal, con cristianos y con analistas ecuánimes, en señalar los motivos esenciales del ansia revolucionaria: las actuaciones y comportamientos inhumanos de los déspotas, los explotadores, los que someten al pueblo a la ignorancia y los que mantienen o toleran las tremendas situaciones de injusticia que se dan en la España y en la Andalucía de esa época.
 
En Vallina el anarquismo no es una ideología, es una concepción vital en la que el avance de la Humanidad hacia la civilización está basado en los valores del trabajo, en la inteligencia aplicada a la mejor forma de resolver los problemas y en la prevalencia del espíritu fraternal entre todos los hombres. Pese a todo lo ocurrido, seguía proclamando los principios de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad, colocando la igualdad económica por encima de los demás. Pero también consideraba que la historia de la humanidad era un constante desviarse de esos principios y que sólo vivir conforme a ellos podía suponer la recuperación de la senda perdida. De ahí que fuera tan importante dar ejemplo con la propia forma de vivir.
 
Aunque el mantenimiento de esos principios sólo era patrimonio de los anarquistas, no desdeñaba los comportamientos honrados de los demás. En estas páginas se encuentran ejemplos como su admiración por el sistema democrático inglés, sus comentarios elogiosos de personas a las que define como "hombre de negocios librepensador", por curas de pueblos en los que vivió, etc. Tiene, por otro lado, frases ambiguas como cuando, refiriéndose a un cura de su pueblo, dice que"...había equivocado el camino de la vida y en vez de seguir la doctrina de Cristo, que lo hubiera hecho un hombre feliz, siguió la del demonio, que lo llevó al infierno". Lo que no es óbice para que tenga claro que la Religión y la Iglesia son enemigos del pueblo. Y esto es así porque Vallina no es un pensador, ni un analista, ni un teórico.
 
Vallina es una persona a la que le sublevan las injusticias, tanto se trate de un médico anclado en conocimientos arcaicos que boicotea el trabajo de quienes tienen ideas nuevas, como de un religioso que pretenda que las enfermedades son castigos divinos, como de un propietario de viviendas que vive de sus rentas, como de un político que no detecta que la satisfacción de las demandas del pueblo son la mejor garantía para el éxito de un sistema. Y esa indignación, más moral que otra cosa, no se para en analizar si ahora es conveniente o no lo es para una determinada actuación, porque el tamaño de la injusticia no admite más que el que se la combata.
 
La época que le tocó vivir a Vallina es, desde luego, propicia para esa forma de enfrentarse a los problemas sociales. Hijo intelectual de los revolucionarios republicanos y federalistas españoles y de los anarquistas de la I Internacional, se relaciona con las diversas familias de anarquistas europeos y se esponja tanto de los partidarios de "la propaganda por el hecho" (en París) como de los comunistas libertarios (en Londres). Cuando vuelve a España después de doce años de exilio, se zambulle en una Sevilla arcaica, sin vida intelectual, con terribles injusticias sociales, con epidemias ya erradicadas en los países europeos que conocía y, para más inri, sin una clase trabajadora que sea "firme y constante en el combate", como dice en un momento. Y aquí, la situación de los campesinos sin tierra, explotados casi como esclavos y de los vecinos que mueren a decenas por la desidia de quienes deben velar por su salud, le produce la indignación que será la base de su vida revolucionaria en este periodo.
 
Pero sus años de Sevilla (mezclados con constantes destierros a Extremadura, a Marruecos, Navarra, Lisboa... ) ya no presentan al mismo activista que fabricaba bombas en París para el movimiento revolucionario en España, o trabajaba para el movimiento independentista irlandés o preparó su marcha a Portugal para trabajar por la revolución a la caída de la monarquía en este país. Su amigo y discípulo Antonio Rosado dice en sus memorias que "no fue nunca amigo ni vio con buenos ojos a los petardistas dinamiteros", lo que parece colocarle muy lejos de sus actividades juveniles. Su también íntimo amigo BIas Infante dice que "es preciso concluir de una vez para siempre con la leyenda del «Tigre» como los privilegiados denominan a Pedro Vallina". En otro momento, es capaz de presentarse en el Gobierno Civil de Sevilla (que le acusa de preparar una matanza al mismo tiempo que, efectivamente, se prepara un torpe levantamiento jornalero) para acusar a su titular de lo que pueda ocurrir, y pedir a los campesinos a través de un periódico que no participen en la insurrección, porque está provocada para deslegitimar a la República y permitir la represión de la organización cenetista.
 
En el plano político, él mismo señala su papel de hombre que, tras una entrevista con el que sería primer presidente de la II República, Alcalá Zamora, llega a Sevilla como enlace con el comité revolucionario que se ha creado en Madrid para proclamar la República con motivo de las elecciones municipales de abril del 31. Por otro lado, su apoyo a la candidatura andalucista de BIas Infante, aunque sin compartir totalmente sus planteamientos, es sincera y comprometida, arriesgando su prestigio entre los cenetistas, poco dados entonces a la participación electoral. Y aunque la justifique en que al mismo tiempo se preparaba un levantamiento, las contradicciones que se encuentran en estas memorias al respecto parecen apuntar a que se trate de una justificación posterior o un planteamiento parcial de alguno de los participantes en la candidatura.
 
Todo lo cual nos presentan a un Pedro Vallina con muchas facetas, con muchas aristas que, sin embargo, se reducen a una sola cuando se trata de actuar en la vida personal: es el médico sabio que descubre las causas de la insalubridad de la ciudad, que las combate al tiempo que lucha por desenmascarar las condiciones sociales que la hacen posible, que denuncia a los que son tolerantes con esa situación, que encabeza el movimiento popular por su solución y que trabaja -hasta llevando las cuentas- para mantener una lucha en la que él no va a conseguir nada. Es también el médico que atiende a quien lo necesita a cualquier hora del día, que es capaz de no salir de casa de un enfermo hasta que ha dejado limpia la habitación donde yace, que se despreocupa de su supervivencia hasta el extremo de que haya días en los que su familia no come más que una vez y gracias a la generosidad de algún vecino, pero dispone de la escasa fortuna de su familia para contribuir a la construcción del Sanatorio Antituberculoso de Cantillana, en el que ningún atendido tiene la obligación de pagar si no puede hacerlo.
 
Es a esta última faceta, en exclusiva, a la que dedica la última etapa de su vida, en un momento de evolución vital en el que ya no debe albergar muchas esperanzas de que triunfe su ansiada revolución. Si antes siempre espera que su comportamiento pueda contribuir a levantar la fe revolucionaria del pueblo, es ilógico pensar que ésta sea la motivación de su altruista tarea con los nativos del estado mejicano de Oaxaca, a cuya situación sanitaria dedica el resto de sus casi treinta años de vida. Es aquí, pues, donde destaca sobremanera la fuerza vital que le impulsó toda su existencia y la que algunos (entre ellos su buen amigo BIas Infante) han destacado: su ideal de una revolución civilizadora que traiga la cultura y el bienestar a toda la Humanidad sobre la base del trabajo, la inteligencia y, sobre todo, la igualdad y la fraternidad. Una revolución que él no vio realizada en la sociedad pero que parecía acompañarle allá donde fue porque él sí la vivió.
 
MARTÍN RISQUEZ
 
 
 

El negocio de la represión, chollo para franquistas torturadores

 
 
La seguridad privada en España mueve más de 3.000 millones de euros al año, y sólo en la Administración General del Estado se contabilizan más de 224.094 contratos anuales de vigilancia y protección de instalaciones públicas; pero al Ministerio del Interior no le gusta dar explicaciones sobre las relaciones de la Administración con las empresas de este sector.
 
Al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, no le gusta hablar de los contratos que el Gobierno mantiene con empresas de seguridad privada. Sobre todo si esas empresas están vinculadas a políticos o a antiguos policías.
 
El Ministerio de Jorge Fernández Díaz se muestra reticente a responder por escrito a preguntas parlamentarias respecto a empresas de seguridad que están vinculadas a policías o expolicías. Es el caso, por ejemplo, de la empresa catalana de seguridad Check and In, relacionada con antiguos policías vinculados a la guerra sucia policial y sobre la que Interior tira ‘balones fuera’ cuando desde el Congreso le preguntan por sus componentes y sus relaciones contractuales con el Gobierno de Rajoy.
 
“En relación con la pregunta formulada se informa que en la base de datos de Seguridad Privada no consta que la empresa Check and In sea o haya sido autorizada para prestar actividades de seguridad privada”. Es la respuesta escueta con la que Interior despachó una última pregunta del diputado de Amaiur Jon Iñarritu, que se había interesado en diversas ocasiones por la figura del inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía Jesús Alfredo Gutiérrez Argüelles y por la empresa catalana Check and In, en la que figuraba como administrador único y como apoderado.
 
Lo más curioso, sin embargo, es que el diputado abertzale había preguntado en concreto si la citada empresa había realizado en alguna ocasión trabajos para la Administración Pública. La respuesta dada por Interior, evidentemente, rehuía la pregunta, aunque añadía información adicional: no hay constancia de que fuera autorizada para actividades de seguridad privada. Pero no explica si ha sido contratada para otras funciones desde la Administración Central del Estado o sus organismos autónomos.
 
Relación entre políticos y policías con empresas de seguridad
 
Pero, ¿por qué se interesaba Amaiur por esa empresa? En realidad, todo está relacionado con el gran negocio de la seguridad que se desarrolla en España, pero también con los hilos que se mueven desde algunos recovecos de los propios poderes públicos. “Existe una relación evidente entre algunos políticos y empresas de seguridad”, reconocen a Vozpópuli diputados adscritos a la Comisión de Interior del Congreso, que añaden que “la relación es aún mayor si tenemos en cuenta la adscripción de policías a esas empresas”. Y ése sería el caso de la catalana Check and In.
 
Alfredo Gutiérrez Argüelles (foto de 1998)
 
Así, el interés del diputado abertzale se debe a que Check and In fue creada en Barcelona, entre otros, por Alfredo Gutiérrez Argüelles, que fue condenado en 1990 por un delito por el que fue inhabilitado junto con su compañero y exjefe, Francisco Álvarez, quien también fuera condenado a nueve años por guerra sucia policial (pertenencia a los GAL).
 
La empresa, sin embargo, sigue activa y según relacionó Amaiur, hasta 2010 Argüelles era su administrador único. Sin embargo, dejó ese puesto y pasó a ser únicamente apoderado tras su reincorporación a la Policía, hecho que ocurrió con el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero.
 
En sus repetidas preguntas parlamentarias, Iñarritu recordaba a Interior que Argüelles fue juzgado y condenado por un intento de secuestro del GAL a un ciudadano, él y el capitán de los GEO Francisco José López Mallín y los sargentos Sebastián Soto y José María Rubio fueron condenados en rebeldía en 1986 por un tribunal francés por el intento de secuestro de José María Larratxea Goñi, y en 2014 ejercía como inspector jefe en un departamento policial en Cataluña.
 
 
El reingreso policial de Argüelles lo facilitó Pérez Rubalcaba
 
El interés abertzale se centra, no obstante, en una doble cuestión: primero, por qué se permite el reingreso al Cuerpo de un policía que fue condenado dentro de la guerra sucia; segundo, si los otros condenados por aquel suceso reingresaron también en la Policía, y tercero, si se contrata o se ha contratado desde la Administración con la empresa que el propio inspector Argüelles ha representado. A esta última pregunta, el Gobierno se niega a responder, y cita textualmente que “no consta que la empresa Check and In sea o haya sido autorizada para prestar actividades de seguridad privada”.
 
Respecto a las dos primeras cuestiones, el Gobierno tampoco quiere dar explicaciones sobre si hay más condenados por actividades de los GAL que han podido regresar a la Policía o a la Guardia Civil. Pero respecto a Argüelles, dice que "fue condenado por delito de homicidio, concurriendo una eximente incompleta de obrar en cumplimiento de un deber, a la pena de 2 años de prisión y su accesoria de suspensión de cargo".
 
Interior informa que "el 30 de enero de 1998, y una vez cumplida la sanción, solicitó una excedencia por interés particular, reingresando en el Cuerpo Nacional de Policía el 14 de septiembre del 2010", dado que no fue condenado a penas de inhabilitación absoluta o especial. Su reingreso lo autorizó el entonces ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien precisamente había sido portavoz del Gobierno de Felipe González durante toda la etapa judicial del GAL hasta 1996.
 
 
Respecto a Check and In, los últimos balances presentados al Registro Mercantil son del año 2010, cuando Argüelles se reincorporó a la Policía. Según el Registro, la empresa fue constituida en julio de 1989, cuenta con una plantilla de 40 personas y su objeto es el de “servicios de sistemas de seguridad”. Puestos al habla con la empresa, han comentado, sin precisar, que realizan distintos trabajos para administraciones.
 
En el Registro figura a fecha de 2010 –última inscripción- como apoderado Jesús Alfredo Gutiérrez Argüelles, que también aparece como exadministrador, junto al que fuera su compañero policial y exmiembro de los GAL, Francisco Álvarez Sánchez.
 
Fuente:
 
 

No votes, no escojas al verdugo que te prometa la muerte más dulce. (Elecciones en Andalucía)

 
El espectáculo y el entretenimiento está servido en las próximas elecciones andaluzas, el ridículamente llamado "gobierno de izquierdas y rebelde" ha resultado ser un combate partidista entre dos supuestos socios. Por una parte, IU pretendía llevar a la práctica las tesis marxistas de las que tanto gustan, quería destruir al PSOE desde dentro, cual caballo de Troya, aunque ni a pony han llegado oigan. No paraban de graznar que gracias a ellos (y nunca al PSOE) aquí se había recortado un poquito menos que en el resto de España, aunque hasta esto es mentira. En Andalucía se han seguido a rajatabla los dictados de la CE, lo de la rebeldía quedó eclipsado de manera inevitable (como era de suponer) por el llamado imperativo legal, cosa que suena a mandato divino del que ningún mortal puede escapar.
 
Pretendían hacer un referendum para preguntar sobre la idoneidad de seguir apoyando a los nuevos señoritos cortijeros del PSOE; a buenas horas, porque para acostarse con ellos no se le preguntó nada a la militancia. En pocas palabras, se buscaba diferenciarse del PSOE para mostrarse más a la izquierda que sus circunstanciales socios, más de abajo, más cercano al pueblo, y claro, esto no podía tolerarlo alguien como Susana Díaz, la fontanera de las cloacas del PSOE-A.
 
 
Así que gracias a su impostura descarada, IU ha cavado su propia tumba en suelo andaluz, difícil tienen ya el volver a pactar con el PSOE, aunque para estos indecentes de la "alta política" todo cabe en sus volubles principios morales. Encima, el nuevo candidato que se han buscado tiene menos carisma que un mejillón, algunos de los suyos poseían tarjetas black y Tania Sánchez se ha montado su propio partido en Madrid; por no hablar de todas las ratas que abandonan el barco naufragado irremediablemente para intentar medrar en Podemos, pensarán, aquí a lo mejor podemos trincar.
 
 
El PSOE-A ha tejido  una extensa y bien afianzada red de clientelismos y estómagos agradecidos por toda Andalucía muy difícil de destruir; 30 años en el Poder convierten a los gobernantes en señores feudales. Es muy probable que ganen las próximas elecciones (cosa bastante fácil de pronosticar), pero lo que no está tan claro es si esa victoria será absoluta, si no necesitará de apoyos para gobernar sin demasiados sobresaltos. Ahora parece que no cuentan con el apoyo de IU para perpetrar una segunda parte del ridículo "gobierno de izquierdas y rebelde", y digo parece porque nunca se sabe con estos tahúres de la política. Griñán el gañán y Cháves, Manolito carabollo, se encuentran imputados por el caso de los ERE, pero Susana ladra a los cuatro vientos que confía en la honradez de los dos, claro ejemplo de buena perra que no muerde la mano que le da de comer.
 
 
La chusma impostora y autodenominada socialista que padecemos en Andalucía desde hace ya demasiado tiempo, ha sido desenmascarada. Se repartían las subvenciones llegadas de la CE entre los amigotes, los de la UGT destinaban el dinero de los obreros a engrosar la caja de Mariscos Emilio, 30 años robando y manejando la caja común a su antojo, a su beneficio, ya sea partidista o material.
 
Andalucía posee riquezas suficientes como para ser una tierra de abundancia para todos, sin embargo somos la región más pobre de Europa, ni los griegos nos superan; somos el culo de Europa o el norte de África, nunca europeos realmente. Han convertido nuestra tierra en un parque de atracciones para el fascismo mundial, para todos los ricos del planeta, las costas de Málaga son el primer destino turístico mundial. Nos han rebajado a ser camareros trabajando de lunes a domingo 12 horas y cobrando lo justo para no morir de hambre... o de asco.
 
Andalucía es un paraíso natural, poseemos de todo; las montañas más altas de la península en Sierra Nevada, las mejores costas con el mejor clima para poder disfrutar de ellas, la sierra más lluviosa de España, Grazalema, el desierto más árido de Europa en Almería, los humedales más extensos de Europa, Doñana, el mayor corredor verde de toda Europa, Sierra Morena, simas de más de 1000 mts de profundidad, etc...; pero los puercos partidistas se empeñan en convertir este paraíso en un infierno terrenal. 
 
 Toda esta belleza natural solamente la disfutan los cerdos fascistas que vienen aquí ha gastarse su sucio dinero manchado de sangre ajena, y nosotros, los andaluces, a servirles con una sonrisa constante (para conseguir mayor propina) en lugar de envenenarles el café. Esta es la Andalucía que han creado los farsantes socialistas hijos de falangistas. En algunos pueblos de la costa, en los más turísticos, se da el caso de parejas que tras casarse o irse a vivir juntos no les queda más remedio que marcharse de su pueblo natal si quieren convivir en una misma casa; porque los precios de las viviendas son astronómicos, sólo pueden pagarlos alemanes tripones o ingleses estirados, por lo que no les queda otra que irse a vivir a un pueblo más al interior donde los precios de la vivienda sean más bajos. Todo ello gracias a las políticas de "izquierdas" del PSOE, todo ello con la imprescindible colaboración de IU para perpetuar este sin sentido que escupe a la razón y la justicia.
 
En cuanto al PP, heredero directo del señoritismo feudal más ancestral de toda Europa, no se le debería minusvalorar, recordemos que en las pasadas elecciones ellos fueron quienes consiguieron más votos, porque, no nos engañemos, aquí en Andalucía no solamente les votan los que quieren conservar lo robado, también cuentan con toda una legión de obreros que tienen cabeza por no llevar el serrín en la mano. Andalucía está repleta de lameculos que ríen todos los chistes sin gracia del que tenga la cartera más abultada.

El Fascio andaluz sigue en plena forma
 
En Andalucía padecemos la arrogancia económica de la más rancia casta de privilegiados de toda Europa, desde la Reconquista, cuando se repartieron entre cuatro paletos que ni se lavaban, todas las riquezas de una civilización próspera en la que las personas se aseaban en baños públicos. Ahora ladran que el musulmán vuelve a ser el enemigo de la Fe, Satanás en la Tierra, cuando nosotros sabemos bien quienes son nuestros enemigos acérrimos, los fundamentalistas ultracatólicos que hasta hace dos días adoraban a criminales con las manos manchadas de sangre del pueblo o que siguen beatificando a asesinos sin moral, ni católica ni de ningún tipo.
 
Y por si aun no tuviésemos bastantes partidos ahora aparecen estos de Podemos, los que han prostituido y convertido algo espontáneo y realmente de abajo, el 15-M, en un monstruo "científicamente" engendrado y que no deja lugar a la duda ni permite cuestionar la verdad del líder. Soviet significa asamblea en castellano, y éstos han hecho lo mismo que Lenin, infiltrar a los suyos entre los de abajo para después autoproclamarse portavoces, engañar con académicas mentiras diciendo al personal que necesitamos un gobierno de los "mejor preparados", negando así la inteligencia, la voz real del pueblo y trocándola en doctrina dictada desde pulcros y amplios despachos.
 
Para muchos, resulta más fácil la vida dejando que otros la manejen a su antojo, una preocupación menos que tienen. También para muchos es lógico y normal apoyar a los suyos y negar el pan y la sal a todos los demás, sin importar la individualidad, el universo único e irrepetible que somos todos y cada uno de nosotros; es este el principio del partidismo, del egoismo que inculcan los Estados para dividir una fuerza que unida sería imparable, negar la individualidad, negar la inteligencia, escupir a la sabudaría acumulada tras milenios para reemplazarla por un sucedáneo de vida dictado por "sabios" que reparten y siempre se llevan la mejor parte.
 
Por eso y muchas razones más, no les votes, a ninguno, no vuelvas dejar tu vida a merced de mangantes sin humanidad y vanidosos que sólo ven su ombligo, valora tu propia inteligencia y capacidad de decisión, no escojas al verdugo que te prometa la muerte más dulce, escúpele a la cara.

 

No Pasarán Sevilla (Blog). Criminalizados por combatir el fascismo

 
 
 

La finalidad de este blog es dar a conocer la represión que estamos sufriendo en Sevilla por parte de los diferentes brazos del estado. Concretamente, nos referimos a las medidas represivas aplicadas tras la respuesta dada contra la manifestación fascista del 26 de octubre de 2013. 
 
Los hechos son los siguientes:
 
El 26 de octubre de 2013 el sindicato fascista denominado “Respuesta Estudiantil” realiza una manifestación a nivel estatal en Sevilla. Ese día, varios autobuses procedentes de Madrid, congregaron a lo más variopinto del fascismo en esta ciudad.
 
 
Por redes sociales y de manera espontánea surgió una respuesta contra tan hipócrita manifestación, que bajo la máscara de “jovenes patriotas”, esconde a fascistas que no dudan en apoyar a asesinos como Josue, asesino de Carlos Palomino.
 
Nuestro derecho a manifestarnos acabó brutalmente reprimido por cargas policiales innecesarias, con dos salvas al aire que produjeron varias carreras por las calles más comerciales de Sevilla, sembrando el terror en los viandantes y comerciantes de la zona. En cambio la manifestación fascista de “Respuesta Estudiantil” trascurría impunemente utilizando material pirotécnico ilegal , como se puede ver en la siguiente foto.
 
Captura del twitter del secretario de “Respuesta Estudiantil” Sevilla. Su camiseta defiende y pide la libertad de Josue.
 
Lo ocurrido ese día es el resultado de tratar un asunto tan grave con la ligereza que Felisa Panadero, delegada del gobierno en Sevilla, derrocha en sus palabras:
 
«la manifestación del sindicato no causó problema alguno. El único problema aquí fue que 300 personas de ultra izquierda intentaron impedir que 150 niños se manifestaran en Sevilla y pelearse con ellos».
 
Comentario de unos de los niños de Felisa Panadero.  @rafa95rbb
 
Todo esto ha servido a los que ostentan el poder para criminalizar a los que defendemos la libertad y siempre daremos la cara contra el fascismo .
 
La represión:
 
Ese mismo día Carlos fue detenido por tirar al suelo a un policía cuando casi es atropellado por él. Un mes más tarde, sin recibir ninguna citación o comunicación, fuimos detenidos como peligrosos delincuentes en nuestras casas o cuando íbamos camino a clase. Nos llevaron casi sin dar explicación a los calabozos de la comisaría de Blas Infante, y allí nos abrieron ficha policial, ya que la mayoría no teníamos antecedentes de ningún tipo. De ahí pasamos a disposición judicial ese mismo día, para ser puestos en libertad tras declarar y responder a cuatro preguntas sin sentido.
 
Queremos destacar y denunciar que sin antecedentes policiales y sin ser identificados en el lugar de los hechos, la policía no tuvo otro modo posible de saber nuestros datos personales, sino con el uso de listas negras.
 
Ángel bordas de viaje con militantes de respuesta estudiantil Sevilla
 
La intención, de detener a 7 de los 11 imputados un mes despues está clara: “el terror”; esas detenciones no eran en absoluto necesarias. Con una simple citación hubiera sido suficiente, pero era necesario tapar la gran cagada de Felisa Panadero, dejando a sus niños pasearse por el centro de Sevilla , sin control alguno, como si en 1937 estuviéramos.
Los cargos que nos imputan son desórdenes públicos, tras a la denuncia de Ángel Castro Conde, secretario de “Respuesta Estudiantil” Sevilla. Eso sí, asesorado por el abogado “hiperpatriota” e omnipresente Ángel Bordas.

Los cachorros falangistas divirtiéndose sin ser molestados por la madera
 
Todo esto parece no ser suficiente, el escarmiento tiene que ser ejemplar. La policía manda el mismo informe tanto a fiscalía como a Subdelegación de gobierno, y como resultado, además del proceso penal, hemos recibido multas desde los 1300 hasta los 3000 euros; no sólo los detenidos, si no un total de 17 personas.  Los imputados por la via penal, después de varias reclamaciones y amparándonos en el principio de “no bis idem”, (no se puede juzgar a una persona dos veces por lo mismo), hemos podido, no si quebraderos de cabeza, paralizar (no anular) de momento dichas multas gubernativas. El proceso penal sigue adelante, creándonos gastos de abogados, además de la incertidumbre de la sentencia que la justicia burguesa nos quiera imponer.
 
Para que se sepa todo esto y que no se olvide, hemos creado este blog. Tenemos claro que somos no los primeros , ni los únicos y que vendrán mas, aunque no podrán callarnos. No podemos dejar de pediros vuestra solidaridad y agradecer la, ya recibida que no es poca.
 
En este blog iremos subiendo toda la información sobre nuestro caso. Mientras, nos vamos inventando junto a ti nuevas formas de solidaridad, os dejamos este número de cuenta:IBAN ES03 0239 2050 0430 4005 2670
 
 
 
 

Pedro Kropotkín: Recuerdos y críticas de uno de sus viejos amigos. Errico Malatesta


(Este artículo fue escrito a invitación de los camaradas rusos en Detroit para el número especial sobre Kropotkin de su revista "Probuafidenie" (La Aurora), febrero 1931, un volumen de 176 páginas, en gr. 8.°, que contiene también cartas inéditas de Kropotkin.)

Pedro Kropotkín es, indudablemente, uno de los que más ha contribuido — quizá aun más que Bakunín y Elíseo Reclus — a la elaboración y a la propagación de la idea anarquista. Por eso tiene bien merecidos la admiración y el reconocimiento que todos los anarquistas sienten por él. Pero, en honor a la verdad y en interés supremo de la causa, es preciso decir que su obra no ha sido toda y exclusivamente bienhechora.

No es suya la culpa; al contrario, fué la eminencia misma de sus méritos la que causó los males que me propongo indicar. Naturalmente, Kropotkín no podía, como hombre alguno lo podría, evitar todo error y abrazar toda la verdad. Hubiera sido necesario, pues, aprovechar su preciosa contribución y continuar la búsqueda para nuevos progresos.

Mas los talentos literarios de Kropotkín, el valor y la extensión de su producción, el prestigio que le daba su nombradía de gran sabio, el hecho de que hubiese sacrificado una posición de encumbrado privilegio para defender, a costa de peligros y de sufrimientos, la causa popular, y con eso el encanto de su persona, que hechizaba a todos los que tenían la fortuna de acercársele, le dieron tal notoriedad y tal influencia que pareció, y en gran parte fué realmente, el maestro reconocido de la gran mayoría de anarquistas.

Así ocurrió que la crítica fué desalentada y se produjo un alto en el desarrollo de la idea. Durante buen número de años, a pesar del espíritu iconoclasta y progresivo de los anarquistas, la mayoría de entre ellos no hicieron, en materia de teoría y de propaganda, sino estudiar y repetir a Kropotkín. Decir otra cosa que él, fué para muchos camaradas casi una herejía.

Bien estaría, pues, someter las enseñanzas de Kropotkín a una crítica severa y sin prevenciones para distinguir lo que es siempre verdadero y vivo de lo que el pensamiento y la experiencia posteriores pueden haber demostrado erróneo. Lo que, por otra parte, no tocaría sólo a Kropotkín, porque los errores que se le pueden reprochar eran profesados por los anarquistas antes de que Kropotkín hubiese adquirido una posición eminente en el movimiento. Él los confirma y los hace durar dándoles el apoyo de su talento y de su prestigio; pero nosotros, los viejos militantes, tenemos en ello todos, o casi todos, nuestra parte de responsabilidad.

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Escribiendo hoy acerca de Kropotkín no tengo la intención de examinar a fondo su doctrina. Quiero solamente recoger algunas impresiones y algunos recuerdos que podrán, creo, aclarar la personalidad moral e intelectual de Kropotkín y hacer comprender mejor sus méritos y sus defectos. Pero ante todo diré algunas palabras que salen de mi corazón, porque no puedo pensar en Kropotkín sin sentirme conmovido por el recuerdo de su inmensa bondad. Recuerdo lo que hizo en Ginebra en el invierno de 1879 o de 1880 para ayudar a un grupo de refugiados italianos en la miseria, en la que yo estaba; recuerdo los cuidados que llamaría maternales, que tuvo para mí en Londres una noche en que había sido víctima de un accidente y en que había llamado a su puerta; recuerdo mil rasgos de gentileza para con todo el mundo; recuerdo la atmósfera de cordialidad que se respiraba en torno suyo.

Porque era verdaderamente bueno, con esta bondad casi inconsciente que siente la necesidad de aliviar los sufrimientos y de esparcir a su derredor la sonrisa y la alegría. Se hubiera dicho, en efecto, que él era bueno sin saberlo; en ninguna ocasión gustaba que se le llamara. Se muestra ofendido porque en un artículo que escribí en ocasión de su 70.° aniversario, dije que la bondad era la primera de sus cualidades. Gustaba más bien de mostrar su energía y su arrogancia quizá porque estas últimas cualidades se habían desarrollado en la lucha y para la lucha, mientras que la bondad era expresión espontánea de su naturaleza íntima.
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Yo tuve el honor y la felicidad de estar unido a Kropotkín durante largos años por la más fraternal amistad. Nosotros nos queríamos porque estábamos animados por la misma pasión, por la misma esperanza y también por las mismas ilusiones. Los dos de temperamento optimista (y creo, sin embargo, que el optimismo de Kropotkín aventajaba en mucho al mío y quizá tenía un origen diferente), veíamos las cosas de color de rosa — ¡ay!, demasiado de color de rosa —, esperábamos, hace ya más de 5o años, una revolución próxima que habría de realizar nuestro ideal. Durante ese largo período hubo muy pocos momentos de duda y de desaliento. Recuerdo, por ejemplo, que Kropotkín me dijo una vez: «Querido Enrique, temo que no hay más que tú y yo para creer en una revolución próxima.» Pero esos eran momentos pasajeros. En seguida la confianza renacía y uno se explicaba, no importa de qué manera, las dificultades presentes y el escepticismo de los camaradas y se continuaba trabajando y esperando.

Sin embargo, no se debe creer que nosotros teníamos en todo las mismas opiniones. Al contrario, en muchas ideas fundamentales estábamos lejos de estar de acuerdo y raramente nos encontrábamos sin que alguna diferencia suscitase entre nosotros discusiones chillonas; pero como Kropotkín estaba seguro de tener razón y no podía soportar la contradicción con calma y yo, por otra parte, tenía mucho respeto por su saber y muchas atenciones por su salud vacilante, acabábamos siempre por cambiar de argumento para no irritarnos demasiado.

Mas esto no perjudicaba, de ningún modo, la intimidad de nuestras relaciones, porque nos queríamos y colaborábamos por razones sentimentales más bien que intelectuales. No importa la diferencia de explicaciones que dábamos a los hechos, ni la diferencia de argumentos con los cuales justificábamos nuestra conducta; en la práctica queríamos las mismas cosas y estábamos impulsados por el mismo deseo ardiente de libertad, de justicia y de bienestar para todos. Podíamos, pues, marchar de acuerdo. Y, en efecto, no hubo nunca desacuerdo serio entre nosotros hasta el día en que se presentó, en 1914, una cuestión de conducta práctica de una importancia capital para él y para mí: la de la actitud que los anarquistas debían tomar frente a la guerra. En esta funesta ocasión se despertaron y se exasperaron sus viejas preferencias para todo lo que es ruso o francés y se declaró apasionadamente partidario de la Entente. Pareció haber olvidado que era internacionalista, socialista y anarquista; olvidó lo que él mismo había dicho poco tiempo antes sobre la guerra que los capitalistas preparaban y se puso a admirar los peores hombres de Estado y generales de la Entente; trató de cobardes a los anarquistas que rehusaban entrar en la Unión sagrada, deplorando que la edad y la salud no le permitieran tomar un fusil y marchar contra los alemanes. No había medio de entenderse. Por mí, el suyo era un caso verdaderamente patológico. De todas maneras, ese fué uno de los momentos más dolorosos, más trágicos de mi vida (y me atrevo a decir de la suya), aquel en que, después de una discusión de las más penosas, nos separamos adversarios, casi enemigos.

Grande fué mi dolor por la perdida del amigo y por el perjuicio que resultaba para la causa por el alcance que iba a tener entre los anarquistas una tal defección. Pero a pesar de todo quedaron intactos en mí el amor y la estima por el hombre, así como la esperanza de que, pasada la embriaguez del momento y vistas las consecuencias de prever de la guerra, reconocería su error y volvería a ser el Kropotkín de siempre.
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Kropotkín era a la vez un sabio y un reformador social. Estaba poseído por dos pasiones: el deseo de conocer y el deseo de hacer bien a la humanidad. Dos nobles pasiones que pueden ser útiles la una a la otra y que uno quisiera ver en todos los hombres, sin que ellas sean por esto una sola y misma cosa. Pero Kropotkín era un espíritu eminentemente sistemático. Quería explicarlo todo según un mismo principio, quería reducir a la unidad; y lo hacía, a menudo según mi parecer, aun a despecho de la lógica.

Así, apoyaba en la ciencia sus aspiraciones sociales, que no eran, según él, sino deducciones rigurosamente científicas. Yo no tengo ninguna competencia especial para juzgar a Kropotkín como sabio. Sé que había prestado en su juventud notables servicios a la geografía y a la geología; aprecio el gran valor de su libro El apoyo mutuo y estoy convencido de que habría podido, con su vasta cultura y su elevada inteligencia, dar una más gran contribución al progreso de las ciencias, si su atención y su actividad no hubiesen sido absorbidas por la lucha social. Sin embargo, me parece que le faltaba algo para ser un verdadero hombre de ciencia: la capacidad de olvidar sus deseos y prevenciones para observar los hechos con una impasible objetividad. Me parecía más bien lo que yo llamaría de buen grado un poeta de la ciencia. Hubiera podido adivinar nuevas verdades por intuiciones geniales, pero estas verdades habrían debido ser verificadas por otros hombres que pueden tener menos genio o no tener genio de ninguna clase, más mejor dotados de lo que se llama espíritu científico. Kropotkín era demasiado apasionado para ser un observador exacto.

De costumbre, concebía una hipótesis y buscaba en seguida los hechos que habrían debido justificarla, lo que puede ser un buen método para el descubrimiento, pero llegaba, sin querer, a no ver los hechos que la contradecían. No sabía decidirse a admitir un hecho, y a menudo ni a tomarlo en consideración, si no acertaba en primer lugar a explicarlo, es decir, a hacerlo entrar en su sistema. Como ejemplo contaré un episodio a que di ocasión.

Entre los años 1885-1889 me encontraba en la Pampa Argentina y me fué dado a leer algo sobre las experiencias hipnóticas de la escuela de Nancy. La cosa me interesó mucho, pero no tuve entonces el medio de saber más. Vuelto a Europa, vi a Kropotkín en Londres y le pedí si podía darme algunos informes sobre el hipnotismo. Me contestó rotundamente que nada se había de creer de el que todo eran imposturas o alucinaciones. Algún tiempo desipués, volví a ver a Kropotkín y la conversación recayó de nuevo sobre el hipnotismo. Con sorpresa, encontré que su opinión había cambiado completamente: los fenómenos hipnóticos habían pasado a ser una cosa interesante y digna de estudio. ¿Qué había ocurrido? ¿Había podido conocer nuevos hechos? ¿O había tenido pruebas convincentes de hechos que había en un principio negado? De ningún modo. Había, simplemente, leído en un libro de no se qué psicólogo alemán una teoría sobre las relaciones entre los dos hemisferios del  cerebro, que, bien o mal, podía servir para explicar los fenómenos en cuestión.

Con esta disposición de espíritu, que le hizo arreglar las cosas a su manera en las cuestiones de ciencia pura, en las cuales no hay razón porque la pasión turbe al intelecto, se podía prever a qué llegaría en cuestiones que miraban de cerca a sus más grandes deseos y a sus más caras esperanzas.

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Kropotkín profesaba la filosofía materialista que dominaba a los sabios de la segunda mitad del siglo xix, la filosofía de los Moleschott, Buchner, Vogt, etc.; por consiguiente, su concepción del universo era rigurosamente mecánica. Según ese sistema, la voluntad (potencia creadora de la cual no podemos comprender la fuerza y la naturaleza, como, por otra parte, no comprendemos la fuente y la naturaleza de la materia y de otros «principios primeros»), la voluntad, que contribuye poco o mucho a determinar la conducta de los individuos y de las sociedades, no existe, es una ilusión. Todo lo que fué, todo lo que es y que será desde el curso de los astros al nacimiento y decadencia de una civilización, desde un temblor del suelo al pensamiento de un Newton, desde el perfume de una rosa a la sonrisa de una madre, desde la crueldad de un tirano a la bondad de un santo, todo debía, debe y deberá llegar en una sucesión fatal de causas y efectos de naturaleza mecánica que no deja lugar a ninguna posibilidad de variación. La ilusión de la voluntad no sería en sí más que un hecho mecánico.

Naturalmente, lógicamente, si la voluntad no tiene ninguna potencia, si no existe, si todo es necesario y no puede ser de otra manera, las ideas de libertad, de justicia, de responsabilidad no tienen ninguna significación, no corresponden a nada real. Según la lógica, no se podría sino contemplar lo que pasa en el mundo con indiferencia, placer o dolor, según su propia sensibilidad, pero sin esperanza y sin posibilidad de cambiar nada.
           
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Kropotkín, pues, que era muy severo con el fatalismo histórico de los marxistas, caía en el fatalismo mecánico, que es mucho más paralizador. Pero la filosofía no podía matar la potente voluntad que había en Kropotkín. Estaba demasiado convencido de la bondad de su sistema para renunciar a él o solamente soportar tranquilamente que se le pusiera en duda. Mas era demasiado apasionado, demasiado enamorado de la libertad y de la justicia para detenerse ante las dificuludes de una contradicción lógica y renunciar a la lucha. Salía del paso encuadrando a la anarquía en su sistema y haciendo de él una verdad científica.

Se confirmaba en su convicción sosteniendo que todos los descubrimientos recientes en las ciencias, de la astronomía a la biología y a la sociología, concurrían a demostrar más siempre que la anarquía es el modo de organización social que es exigido por las leyes naturales. Se le podía objetar que, cualesquiera que fueren las conclusiones que se pueden sacar de la ciencia contemporánea, era cierto que si nuevos descubrimientos venían a destruir las creencias científicas actuales, él, Kropotkín, sería anarquista a despecho de la ciencia, como era anarquista a despecho de la lógica. Pero Kropotkín no habría sabido admitir la posibiliciad de un conflicto entre la ciencia y sus aspiraciones sociales y hubiera imaginado siempre un medio, no importa si lógico o no, para conciliar su filosofía mecanista con su anarquismo.

Así, después de haber dicho que «la anarquía es una concepción del universo, basada sobre la interpretación mecánica de los fenómenos que abraza toda la naturaleza, comprendida la vida de las sociedades» (confieso que no he acertado nunca a comprender lo que eso puede significar), Kropotkín olvidaba, como si nada fuera, su concepción mecánica y se lanzaba a la lucha con el ánimo, el entusiasmo y la confianza de alguien que cree en la eficacia de su voluntad y espera poder, por su actividad, obtener o contribuir a conseguir lo que desea.
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En realidad, el anarquismo y el comunismo de Kropotkín, antes de ser una cuestión de razonamiento, eran un efecto de su sensibilidad. En él, el corazón hablaba en primer lugar y a continuación venía el razonamiento para justificar y reforzar las impulsiones del corazón. Lo que constituía el fondo de su carácter, era el amor a los hombres, la simpatía por los pobres y los oprimidos. Sufría realmente con los males del otro, y la injusticia, aun cuando le favoreciera, era insoportable para su espíritu. En la época en que yo le frecuentaba en Londres, ganaba su vida por su colaboración en revistas y otras publicaciones cientfficas y estaba en una situación relativamente cómoda. Pero sentía como un remordimiento de hallarse mejor que la mayoría de trabajadores manuales y parecía siempre querer excusarse de sus pequeñas comodidades. Decía a menudo hablando de sí mismo y de los que se hallaban en su situación: «Si nosotros hemos podido instruimos y desarrollar nuestras facultades, si hemos tenido acceso a los goces intelectuales, si vivimos en condiciones materiales no demasiado malas, es porque nos hemos aprovechado, por el azar de nuestro nacimiento, de la explotación a que están sujetos los trabajadores; luchar por su emancipación es para nosotros un deber, una deuda sagrada que les debemos pagar.»

Era tanto por amor a la justicia como como para expiar los privilegios de que había gozado, que había renunciado a su posición y descuidado los estudios que amaba para dedicarse a la educación de los trabajadores de San Petersburgo y a la lucha contra el despotismo de los zares. Siempre impulsado por los mismos sentimientos, se había adherido en seguida a la Internacional y aceptado las ideas anarquistas. En fin, entre las diferentes concepciones anarquistas, había elegido el programa comunista-anarquista que, basándose sobre la solidaridad y el amor, va más allá de la misma justicia.

Pero naturalmente, como era de prever, su filosofía no quedaba sin influencia sobre su manera de concebir el porvenir y la lucha que era necesario llevar a cabo para llegar a él. Puesto que, según su filosofía, todo lo que llega debe llegar, el comunismo anarquista, que él deseaba, debía fatalmente triunfar, como por una ley natural, y esto le quitaba toda incertidumbre y le ocultaba toda dificultad. El mundo burgués debía caer fatalmente; estaba ya en disolución y la acción revolucionaria no servía más que para acelerar la caída. Su gran influencia como propagandista tenía, además de su talento, el hecho de que mostraba la cosa de tal manera simple, de tal manera fácil, de tal manera inevitable, que el entusiasmo prendía en los que le escuchaban o leían.

Las dificultades morales desaparecían, porque él atribuía al «pueblo» las virtudes y todas las capacidades. Exaltaba, con razón, la influencia moralizadora del trabajo, pero no veía lo suficiente los efectos deprimentes de la miseria y de la sujeción. Pensaba que bastaría con abolir el privilegio de los capitalistas y el poder de los gobernantes para que todos los hombres se pusieran imediatamente a quererse como hermanos y a cuidarse de los intereses de los otros tanto como de los suyos propios. De la misma manera, no veía dificultades materiales o se desembarazaba de ellas fácilmente. Había aceptado la idea, corriente entonces entre los anarquistas, de que los productos acumulados del suelo y de la industria eran de tal manera abundantes, que no había por mucho tiempo que preocuparse de la producción y decía siempre que el problema inmediato era el del consumo; que era necesario, para hacer triunfar la revolución, satisfacer en seguida y ampliamente, las necesidades de todos; la producción seguiría, naturalmente, el ritmo del consumo. De ahí esa idea de la toma del montón que puso de moda y que si bien es la manera más simple de concebir el comunismo y la más apta para agradar a la multitud, es también la más primitiva y la más realmente utópica.

Y cuando se le hizo observar que esta acumulación de productos no podía existir, porque los propietarios no hacen producir normalmente sino lo que pueden vender con provecho, y que quizá en los primeros tiempos de la revolución sería necesario organizar el racionamiento y adoptar la producción intensiva más bien que estimular la toma del montón, que en suma no existe, se puso a estudiar directamente la cuestión y llegó a la conclusión de que, en efecto, la abundancia no existía y que en ciertos países se estaba continuamente bajo la amenaza del hambre. Pero se tranquilizaba pensando en las grandes posibilidades de la agricultura ayudada por la ciencia. Tomó como ejemplo los resultados obtenidos por algunos agricultores y algunos sabios agrónomos en espacios limitados y sacaba de ellos las consecuencias más animadoras sin contar con los obstáculos que habrían opuesto la ignorancia y el espíritu de rutina de los campesinos, y el tiempo que en todo caso habría sido preciso para generalizar los nuevos modos de cultivo y de distribución.

Como siempre, Kropotkín veía las cosas como él hubiera querido que fuesen y como todos nosotros esperamos que serán un día: tomaba como existente y como inmediatamente realizable lo que debe ser adquirido por largos y penosos esfuerzos.
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Kropotkín concebía a la Naturaleza como una especie de Providencia, gracias a la cual «la armonía debía reinar en todo, comprendidas las sociedades humanas. Eso es lo que ha hecho repetir a muchos anarquistas esta frase de sabor perfectamente kropotkiniano: <<La anarquía es el orden natural>>. Se podría preguntar, cómo la Naturaleza, es verdad que su ley es la armonía, ha esperado que vinieran al mundo los anarquistas y espera aún que ellos triunfen para destruir las terribles y mortíferas inarmonías que los hombres siempre han padecido. ¿No se estaría más cerca de la verdad diciendo que la anarquía es la lucha en las sociedades humanas contra las inarmonías de la Naturaleza?
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He insistido sobre los dos errores en que, según mi parecer, cayó Kropotkín: su fatalismo teórico y su optimismo excesivo, porque creo haber constatado los malos efectos que han tenido en nuestro movimiento. Hubo camaradas que tomaron en serio la teoría fatalista (que por eufemismo se llama determinista) y perdieron, por consecuencia, todo espíritu revolucionario. No se hace la revolución, dicen; ella vendrá a su tiempo, pero es inútil, anticientífico y aun ridículo quererla hacer, y con esas buenas razones se separaron y pensaron en sus asuntos. Pero uno se equivocaría si pensara que esto fué para todos una excusa cómoda para retirarse. He conocido a muchos camaradas de temperamento ardiente, prestos a afrontar todo peligro, que han sacrificado su posición, su libertad y aun su vida en nombre de la anarquía, con todo y estar convencidos de la inutilidad de su acción. Lo han hecho por asco a la sociedad, por venganza, por desesperación, por amor al bello gesto, mas sin creer por eso que servían a la causa de la revolución, y, por consiguiente, sin escoger el fin ni el momento y sin pensar en coordinar su acción con la de los demás.

Por otra parte, los que sin ocuparse de la filosofía han querido trabajar por la revolución, han creído la cosa mucho más fácil de lo que es en realidad, no han previsto las dificultades, no se han preparado como era preciso y se han encontrado impotentes el día en que había quizá la posibilidad de hacer algo práctico. Puedan los errores del pasado servir de lección para hacerlo mejor en el porvenir.
 
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He terminado. No creo que mis críticas puedan empequeñecer a Kropotkín, que queda como una de las glorias más puras de nuestro movimiento. Ellas servirán, si son justas, para demostrar que ningún hombre está exento de error, ni aun cuando posea la elevada inteligencia y el corazón heróico de un Kropotkín. De todas maneras, los anarquistas encontrarán siempre en sus escritos un tesoro de ideas fecundas, y en su vida un ejemplo y un acicate en su lucha por el bien.

ERRICO MALATESTA (Traducción: Esgleas)

Texto original copiado de La Revista Blanca (15-5-1931) [Descargar]