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Biblio-biografías:

Abad de Santillán, Diego (a) de Silesio García Fernández: militante, teórico, escritor, periodista y activo traductor de Bakunin y de otros pensadores anarquistas (Reyero, León, 1897-Barcelona, 1983). Sobresalió como intelectual y hombre de acción en Argentina y en España, donde fue "uno de los pocos ideólogos de primera fila" de su época" con esa olvidada intervención en la crisis de la CNT desde los años del terrorismo hasta la guerra civil" (Antonio Elorza).

A los ocho años de edad, a consecuencia de la crisis agrícola que asolaba la comarca en la que vivía, se traslada con su familia a Argentina, donde permanece hasta 1913, año en que emprende el regreso a su pueblo. Estudia el Bachillerato y después se marcha a Madrid donde se matricula en Filosofía y Letra. Frecuenta las clases de algunos de los profesores más notables del momento (Ramón y Cajal, Altamira, Ortega y Gasset, Asín Palacios, Besteiro), y las principales bibliotecas de la capital. Producto de este afán cultural son dos libros: El derecho de España a la revolución, y Psicología del pueblo español. Para esquivar las responsabilidades judiciales del primero, comienza a utilizar el seudónimo con el que será famoso.

Participa activamente en la crisis revolucionaria de 1917: "Por la inquietud, el desasosiego y la búsqueda propia de la edad juvenil, habíamos intentando por cuenta propia, sin que nadie nos lo indicara, fomentar el descontento de los cuarteles sobre la base de la amistad personal con los soldados incorporados, y cuando se produjo la huelga de agosto, sin que nadie nos llamara tampoco, porque no teníamos contactos con los organismos responsables del movimiento, estuvimos allí donde el pueblo se defendía de las agresiones de las fuerzas del orden y de las tropas..".

Esta acción le Ileva a la cárcel donde se encuentra con el anarquismo, al que se acercó no "por haber leído folleto o libros de Kropotkin o de ningún otro; me acerqué por la calidad moral de los obreros a quienes había conocido...". A consecuencia de su recién asumida militancia, decide burlar el servicio militar obligatorio --de difícil pasaje para un preso político revolucionario-- y huye a Argentina y comienza un nuevo período de su vida. Pronto se convertirá en uno de los elementos decisivos de la central anarcosindicalista FORA, junto con el también español Emilio López Arango.

Aunque inicialmente, Abad había simpatizado con la revolución rusa de Octubre, las diferencias se habían ido agravando con el tiempo y pasó a ser uno de los más activos contrapuntos políticos frente a la creciente influencia comunista. Dirigió el órgano sindical anarquista La Protesta, criticando muy duramente las tendencias terroristas a las que siempre vio como una forma de degeneración revolucionaria. En 1922, huyendo de la gran represión desatada tras la huelga de la Patagonia, Abad se marcha a Alemania donde estudia medicina y frecuenta a intelectuales como Rocker, Einstein, Nicolai, padre de la cardiología moderna, y a los animadores de la AIT reconstruida como alternativa libertaria al comunismo. Este período será fundamental para su formación intelectual y teórica.

Desde su intervención teórica en La Protesta, Abad se ha convertido en una referencia de primera mano para los anarquistas que tratan de salvaguardar su predominancia en los sindicatos. Su eje teórico se expresará por el término de trabazón orgánico con el que pretende articular una forma de relación entre la hegemonía ácrata y el instrumento sindical, algo que más tarde encontrará su traducción práctica más definida en la FAI, de la que Abad será un decidido partidario.

Vuelve a Argentina en 1927 y tras el golpe militar de Uriburu --de cuyas manos sangrientas escapará casi milagrosamente-- en, septiembre de 1930, escapa a Uruguay, y de allí retorna a España. Un año después asiste al Congreso de la AIT en Madrid. Permanecerá en España hasta el final de la guerra, fecha que marca una notable inflexión en su pensamiento teórico. Durante el período prebélico, Abad dirige el órgano de la FAI Tierra y Libertad y en mayo de 1934 comienza a editar la revista teórica Tiempos Nuevos. En esta época empieza a defender la alianza, con. otros sectores del movimiento obrero, y en 1936 publica su ensayo El organismo económico de la revolución (reeditado por Zero, Bilbao, 1978, con una introducción de Félix García), un proyecto anarquista adaptado a una alternativa dentro del capitalismo industrial, y contrario a las utopías arcaizantes basadas en el municipio libre y en la predominancia de la producción agraria.

En febrero, Abad se manifiesta favorable a dar un apoyo electoral al Frente Popular, los enemigos, afirma son la burguesía reaccionaria y el fascismo. La sublevación militar fascista le coge en Cataluña donde participa en la contraofensiva obrera y forma parte del "petit comité" que decide rendir la autoridad gubernamental a Companys, renunciando a la revolución, y favoreciendo el primer eslabón. de la reconstitución del poder republicano. Luego Abad será miembro del Comité de Milicias Antifascistas, componente del Consejo de Economía, y consejero de Economía en el Gobierno catalán, y durante los acontecimientos. de mayo de 1937 será una de las voces que ruegan a las bases cenetistas una solución de compromiso que abrirá el período de represión antirrevolucionaria. Al mismo tiempo, publica, La revolución y la guerra de España y sigue colaborando en revistas como Tiempos Nuevos, y Timón, así como en el diario Solidaridad Obrera.

La derrota le traslada de nuevo a Argentina donde vivirá precariamente, centrando su acción en una importante actividad cultural que le convertirá quizás en el anarquista editorialmente más prolijo de todos los tiempos. Colabora activamente en empresas editoriales como Proyección, Américalee y Editores Mexicanos Reunidos --lo que le sirvió a Federica Montseny para acusarle de haber estado a sueldo del Gobierno mexicano--, con la edición de la Enciclopedia Anarquista, iniciada por Sebastián Faure, y en la edición de las obras completas de Bakunin que tradujo del alemán. También participó en la gigantesca Enciclopedia Argentina. En abierta disidencia con el curso posbélico de la CNT--FAI, Abad fue moderando sus posiciones hasta socialdemocratizar profundamente su pensamiento anarquista al que no renunció. En 1974 define su idea de revolución oponiendo las "que construyen" contra las "que destruyen", porque "sí queremos figurar y ser actores y protagonistas de la revolución contra los mitos, contra todas las autoridades impuestas de arriba a abajo, por la teología, por los intereses industriales y financieros, o por las élites, o filosofías llamada liberación o de opresión, que se equivalen, hay que salir de los caminos trillados... Los que manejan todavía esos conceptos autoritarios y negativos trabajan contra la liberación y por nuevos despotismos, con moderno o antiguo cuño es lo mismo". El nuevo camino pasa por "el entendimiento entre todos", la renuncia a cualquier actitud violenta, y por el anticomunismo.

Al regresar en 1976 a España, consiguió la simpatía de personalidades como Heleno Saña y el rechazo de cenetistas que, como Federica Montseny, lo repudiaron y distinguieron entre dos Abad, el de antes y el de después de la guerra. En una entrevista llegó a elogiar la monarquía y el socialismo sueco como unos modelos a seguir. Después de volver a Argentina, regresó de nuevo a España cuando sintió que le quedaba poco de vida. En una de sus últimas entrevistas declaró que de existir hoy San Juan de la Cruz sería anarquista. Un estudio sobre la impresionante obra divulgativa de Abad se puede encontrar en el nº 138 de la revista Anthropos: Diego Abad de Santillán, Un anarquismo sin adjetivos. Una visión crítica y actual de la revolución social, cood. de Frantz Mintz, y entre sus diversas partes contiene un extenso apartado sobre Documentación cultural e información bibliográfica. Entre sus obras más asequibles se encuentran: Historia del movimiento obrero español, cuyo primer volumen apareció en la emblemática Zero-ZYX, y que más tarde sería publicado en fascículos; sus Memorias han aparecido en dos versiones, la primera en Plaza&Janés, Barcelona, 1977, y la segunda (que abarca entre 1997 a: 1936), en Planeta, ídem, 1977, sin contar una breve versión aparecida entre los números 19 y 24 de la revista Historia 16; Anarquismo revolución en España. Escritos.1930-1938 (selección y estudio preliminar de Antonio Elorza, Ayuso, Madrid, 1976); De Alfonso XII a Franco, Estrategia y táctica (ambas en Júcar); ¿Porqué perdimos la guerra? (prólogo de Heleno Saña, Plaza&Janés, Barcelona, 1977). Su hijo, Diego
Santillán, un oscuro cineasta de serie B española, realizó un documental que lleva precisamente el título ¿Porqué perdimos la guerra? (1977), que alcanzó cierta notoriedad y fue distribuido sobre todo por vídeo.

Angiolillo, Miguel (Foggia, 1872-Madrid, 1897): anarquista italiano residente en Londres y ejecutor del jefe del gobierno español Cánovas del Castillo, en 1897. Angiolillo era un emigrante anarquista casi desconocido que, perseguido en su país por sus ideas se había refugiado en Inglaterra, que era entonces el puerto de salvación de todos los náufragos políticos del mundo.

En 1896, escuchó los relatos de los martirios de Montjuich de boca de los desterrados que habían pasado por la siniestra fortaleza. Traumatizado por estos relatos, abandonó su oficio de tipógrafo para trasladarse a España. Una vez allí fue averiguando los movimientos del presidente del Consejo de Ministros a quien tuvo como máximo responsable de las torturas y fusilamientos cometidos por sus subordinados a los que se propuso vengar.

Enterado de que Canovas del Castillo (convertido en los últimos tiempos en uno de los referentes del PP por gracia de Fraga Iribarne y de otros de sus ideólogos) estaba tomando los baños en la costa vasca, el magnicida se introdujo en el balneario de Santa Águeda, donde con disimulo pudo llegar hasta su víctima, y después de diversas tentativas fallídas por la presencia de personas ajenas, acabó matándolo. A consecuencia de este acto fue ejecutado en Vergara a garrote vil. Se atribuye a AngioliIlo el grito de ¡Germinal!, título de la famosa novela de Zola en que un anarquista realiza un acto reivindicativo. Con esta novela Emilio Zola empezó a figurar en todas las bibliotecas anarquistas (Peirats).

Archinoff, Piotr: destacado anarquista, dirigente e historiador del movimiento
macknovista (Ekaterinoslav, 1888-URSS, ?). Hijo de un obrero, era cerrajero de oficio y consiguió una formación autodidacta. Se asoció al movimiento clandestino en 1904, un año más tarde, cuando trabajaba en los talleres ferroviarios de la ciudad de Khisil-Arvate (Asia rusa), se adhirió al partido bolchevique.


Comenzó a destacar como agitador y pasó a ser el redactor del órgano obrerista Molot. Durante el período revolucionario sobresalió como un dirigente de los ferroviarios. En 1906, perseguido por la policía local, abandonó Asia para marchar a Ucrania, a su ciudad natal. Consideró como reformistas los planteamientos bolcheviques, y a los partidos como los responsables del fracaso revolucionario.

Durante los años de total reacción policíaca, Archinoff desarrollo una intensa labor propagandística. También participó en el movimiento terrorista: el 23 de diciembre, en compañía de otros militantes, hizo saltar un puesto de policía en el barrio obrero de Arur, y tres oficiales murieron. Un año después disparaba contra un capataz que había acusado a más de cien obreros de participar en un motín de 1905, muchos de los cuales fueron fusilados y otros condenados a trabajos forzados. Fue entonces detenido por la policía y brutalmente torturado, y dos días después condenado a la horca. El 22 de abril de 1907 logró escaparse con la ayuda de un grupo de camaradas. Pasó dos años en Francia y, en 1909, regresó a Rusia para militar clandestinamente.

En 1910 fue detenido por las autoridades austriacas con un transporte de armas y libros y extraditado a Rusia. Fue condenado a 20 años de trabajos forzados. En la prisión Butirki de Moscú conoció al joven Nestor Makno, al que ayudó a formar políticamente. Permaneció en prisión hasta febrero de 1917.

En Moscú tomó parte activa en la Federación Anarquista. En el verano de 1918, Makno fue a Moscú e influyó para que, en abril de 1919, Archinoff regresara a Ucrania, ingresando en el Comité de Anarquistas de la Cuenca del Donets como director de su periódico Golos Anarjista, y dando conferencias entre los mineros y obreros fabriles de la zona. No tardó en formar parte del movimiento macknovista, ocupándose de las cuestiones culturales y organizativas hasta la derrota final en manos del Ejército Rojo.

Por esta época escribió su libro ya clásico Historia del movimiento macknovista (Tusquets, BCN, 1975). La escribió en cuatro ocasiones, y resultó el primer testimonio importante sobre la experiencia que le tocó vivir tan directamente. Al llegar a Berlín en 1922, Archinoff fundó el Grupo de Anarco Comunistas Rusos del Exterior. Tres años más tarde se trasladó a París, donde comenzó a publicar su propio periódico: Delo Trudá. En 1926 publicó la famosa Plataforma Organizativa, en la que proponía la constitución de Unión General de Anarquistas, con un comité ejecutivo capaz de centralizar la línea política y la acción. Consiguió el apoyo de Makno, pero también la hostilidad de las demás tendencias anarquistas, en particular de Volin, que lo tachó de bolchevique, recordando su pasado político.

Cuando en 1930 retornó a Rusia y reingresó en el partido comunista, sus adversarios vieron en ello la confirmación sus inclinaciones centralistas y partidistas, acusaciones que Archinof había recusado y presentado como un medio necesario para unificar a los anarquistas rusos dispersos en numerosas fracciones y darle de esta manera una proyección práctica a su acción hasta entonces discordinada. Desapareció durante el gran terror estalinista de los años treinta.


Armand, Ernest: cuyo verdadero nombre era Ernest L Juin (París, 1872-Rouen, 1972), fue un importante escritor y divulgador amén de reputado representante del anarcoindividualismo, del que haría él mismo la siguiente definición: "No es individualista anarquista toda unidad o asociación que quiere imponer a un individuo o a una colectividad humana una concepción unilateral de la vida, económica, intelectual, ética o cualquier otra: esta es la piedra de toque del individualismo anarquista" (Enciclopedia Anarquista).

Su padre, que había sido un combatiente de la "Commune", lo educó en la enseñanza laica. Sin embargo hacia los 16 años, una lectura del Nuevo Testamento le impresiona vivamente y, entre 1889 y 1897, consagra todas sus energías en el Ejército de la Salud. Empero, entre 1895 y 1896, es seducido por las ideas anarquistas, en particular por las de Tolstoy, o sea del anarquismo cristiano que sitúa a Cristo como "el primer anarquista". Publica entonces La nueva era.

Influenciado por Stirner, evoluciona hacia el anarquismo individualista y se mantiene ajeno a toda forma organizativa. Sobresale muy particularmente por su amplia capacidad de propagandista (ver: Armand. Savie, sa pensée, son ouvre, París. 1964). Su principal obra, El anarquismo individualista. Lo que es, puede y vale, fue traducida y prefaciada por su seguidor, el anarquista navarro Costa Iscar (cuyo verdadero nombre era Antonio Paciaben, fallecido en 1960) en Barcelona, en 1916.

Una recopilación suya de Historias de las experiencias de vida en común sin Estado ni autoridad, fue reeditada en facsímil en dos volúmenes Hacer, BCN, 1983). Estas comunidades son para Armand, un "ejemplo de los resultados que ya pueden conseguirse en el medio capitalista y autoritario actual, por los seres humanos seres humanos decididos a vivir una vida relativamente libre". También concedió una gran importancia a la liberación sexual, preconizando, por ejemplo, la libertad sexual, incluso entre los niños.

Armand se mantuvo hasta el final de su vida fiel a su premisa según la cual "el individuo es la base de la sociedad". Durante la Gran Guerra siguió manteniendo sus denuncias contra el militarismo y al patrioterismo, y fue encarcelado. Apoyó en un primer momento la revolución rusa, no sin mostrar su negativa a cualquier expresión de "dictadura".

Desarrolló su influencia a través de diversas revistas, la última de las cuales, El Único, fue fundada en 1945. Después de su muerte el grupo que le seguía se denominó “Amigos de Armand”. Una muestra de sus trabajos sobre literatura se puede encontrar en el epílogo incluido en la edición de El ladrón, de Georges Darien (Octaedro, BCN, 2003).


Ascaso Abadía, Francisco: legendario militante anarquista (Almudévar, Huesca, 1901- Barcelona, 1936), compañero de aventuras de Durruti. Trabajador desde niño, panadero a los nueve años, a los once emigró a Zaragoza, donde se colocó en un bar para hacer una jornada de 18 horas continuadas a cambio de unas monedas y los recortes de jamones que consumía la clientela.

Persona muy sensible, mostró desde niño unas notables facultades para el dibujo y la creación artística. Todo lo tuvo que abandonar para ganarse la vida. Sus hermanos mayores, Domingo y Joaquín, le iniciaron en las concepciones anarquistas. Desde entonces, se dedicó plenamente para la militancia, para la acción directa e intelectual.

En la capital aragonesa, a principios de los años veinte, toma parte en el intento insurreccional que encabeza Angel Chueca que logra arrastrar a un grupo de soldados y conducirlos al asalto del cuartel del Carmen. El proyecto revolucionario fracasa, pero la policía no logra descubrir al resto de los inspiradores. No obstante, un periodista de derechas, redactor jefe del Heraldo, logra hacerlo y denuncia públicamente los nombres. Siete soldados son pasados por las armas. La venganza no tarda en llegar, y el redactor cae en un atentado. Las investigaciones de la policía lo llevan a los hermanos Ascaso, pero sólo será detenido Francisco. Es condenado a muerte, pero su culpabilidad no está probada. Los dueños y los huéspedes del hotel donde trabaja testifican a su favor. Se organiza un poderoso movimiento y Ascaso logra la libertad. Todo ello le marca para la patronal y la policía y su estancia en Zaragoza se le hace insoportable.

Se traslada a Barcelona donde vuelve a trabajar de camarero y reanuda su actividad revolucionaria. Al poco tiempo entabla relación con Durruti. Viaja con éste por España y, en Zaragoza es de nuevo detenido. Se le acusa ahora del asesinato del reaccionario Cardenal Soldevila que preconiza la represión contra el movimiento obrero. Sin embargo, esta acusación nunca sobrepasó el estadio de la sospecha. Ascaso logra escapar hacia París donde se reúne nuevamente con Durruti. Huyendo de la policía inician un largo periplo aventurero por Iberoamérica: Argentina. Paraguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela.

En su largo trayecto, Ascaso siguen activando como militantes revolucionarios (Abel Paz en su Durruti. El pueblo en armas, hace una notable reconstrucción de sus acciones durante esta época).

En 1925 regresa a París, y funda, en unión con otros refugiados. españoles, el periódico anarquista en castellano Liberación. Con la instauración de la II República, Ascaso estará de nuevo en España, dedicándose a la acción revolucionaria, a la prensa y a la agitación. En Barcelona desempeña. el cargo de secretario del Comité Regional de la CNT, y forma parte de la redacción de Solidaridad Obrera hasta 1936. Visitó repetidas veces la cárcel por sus actividades y, junto con Durruti, conoció el fatídico penal de Santa Maria (Cádiz).

En 1934 tuvo que abandonar su cargo de secretario con ocasión de los acontecimientos revolucionarios. El 19 de Julio de 1936, Ascaso volvió nuevamente a la acción armada, esta vez contra los golpistas. Se batió contra estos frente al cuartel de Atarazanas de Barcelona, donde una bala lo hirió mortalmente en la frente en el momento en que se preparaba, sin considerar seriamente los riesgos, a asaltar la fortaleza. Con su muerte pasa a ser uno de los primeros mártires homenajeado por el campo republicano, amén de un símbolo para los sectores más revolucionarios.


Avray, Charles d´ (1878-1960): Militante anarquista francés que desde el momento del "affaire Dreyfus", decidió servirse de la canción para ayudar a la extensión de sus ideales. Considera que esta es la mejor manera de hacer propaganda y con una corta argumentación. Para sus conferencias escribe un gran número de letras breves que solía presentar de manera cantada, y que tratan bien de la destrucción del pasado, de la Iglesia, la nobleza, el Estado, de la III República o bien de la exaltación libertaria del futuro. Mantendrá esta original forma de intervención durante toda su vida.


Bajatierra, Mauro: seguramente la figura más clásica del anarcosindicalismo madrileño (Madrid, ¿1889?-1939). Hijo de un tahonero, él fue también panadero, afiliado como representante de una tendencia anarquista en la UGT (dada la escasa implantación cenetista en Madrid hasta los años treinta), fue muy apreciado en el ramo, dado de que a pesar de ser hijo de un patrón era siempre de los primeros en las huelgas.

Fue procesado a resultas del atentado de Morral contra Alfonso XII, y volvió a ser encarcelado con ocasión de la Semana Trágica de 1909. Fue presidente de la federación de obreros y peones, y figura habitual en los congresos (fue el que firmó el dictamen en el Congreso de la Comedia que declara, como finalidad de la CNT, el comunismo libertario); también fue habitual en campañas de propaganda por distintas partes del país.

Fue, durante un tiempo, muy amigo de Andreu Nin, y su nombre sonó mucho con ocasión del atentado mortal contra Eduardo Dato, en 1921. Mauro compareció entonces ante los magistrados acusado de haber proporcionado las pistolas con las que se efectuó el hecho; con relación a este acontecimiento escribió un folleto irónico, ¿Quienes mataron a Dato?. No fue condenado por falta de pruebas, pero con el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera tuvo que refugiarse en Francia, convirtiéndose en una de las plumas habituales de la prensa del exilio.

En una carta a Santillán de enero de 1925, le explicaba el inicio de la fracasada insurrección de Vera de Bidasoa, que tenía que haber tenido lugar con una revuelta en Barcelona. Regresó a España cuando la caída del dictador y estuvo procesado por el famoso complot de Vallecas. Bajatierra fue un lector voraz y cultivó sus inclinaciones literarias siendo uno de los colaboradores más asiduos de La Novela Ideal, en cuyo catálogo aparecen muchos de sus títulos, y colaboró permanentemente en la "Soli".

También escribió muy a menudo en la prensa ácrata, creando él mismo nuevas publicaciones (Nueva Senda, El Quijote…). Durante la República destacó como agitador de talla y polemista. Con la guerra pasó a ser uno de los corresponsales más leídos y escribió para CNT, Castilla Libre y fue director de Frente Libertario que tenía una tirada de 40.000 ejemplares. Destaca su tentativa de unificación con la UGT, propuesta que detalló en un folleto que editó en Barcelona en 1938. Hombre pacifista y de costumbres espartanas, tuvo un final trágico y de altura. Murió luchando contra las tropas franquistas negándose a abandonar el Madrid ya derrotado. Peirats dirá que "...simbolizaba a la clásica y viril manera anarquista por nuestro Mauro Bajatierra, atrincherado en el fortín de su propia casa, disparando hasta el último aliento, hasta la muerte, sobre la asediada masa de chacales, ebria de victoria…".

Entre sus escritos cabe destacar: Las jornadas de Madrid en agosto de 1917 (1918), Como las águilas, La Virgencita de los Marinales, El pitu de Peñacrudes (1927), El alimañero, Del Madrid de mis amores (1928), Hacia otra vida, El hombre que perdió su alma, la alegría del barrio, fuera de la ley (1929), La justicia de los montañeses, La rapasa del pradal (1930), Crónica del frente de Madrid, La guerra en las trincheras de Madrid, Crónicas de la guerra (1937), La violencia socialfascista, Los ateneos libertarios, Canciones anarquistas, El alma de la campiña…Horacio Prieto le dedicó una semblanza (Polémica, nº 28).


Ballester Tinoco: Vicente una de las principales figuras del anarcosindicalismo andaluz de los años treinta (Cádiz, 1903-Id.1936). Participó siendo todavía un joven, en el grupo de Salvochea. Su formación debía menos a las luchas que a los debates ideológicos, que se desarrollaban en los escasos periódicos anarquistas tolerados por Primo de Rivera. Se dio a conocer lo suficiente como para que, en los tiempos inmediatamente posteriores a la dictadura, la policía lo considerase un hombre a vigilar.

Esto sucedía poco después de la conferencia regional andaluza en los días 19 a 22 de septiembre de 1930, que había significado la reaparición pública de la CNT en Andalucía. En su nombre y en calidad de delegado del sindicato de la Madera de Cádiz, Ballester participaría en el congreso del Conservatorio a fines del trienio, tuvo que tomar partido en el dilema que dividía a los anarquistas andaluces.

Junto a Antonio Rosado había opinado que un militante debía ocupar su puesto en el seno de la organización sindical, ejerciendo responsabilidades hasta el más alto nivel y aceptando incluso una función retribuida, aunque poco antes se había mostrado reticente en aceptar la dirección de la Regional andaluza. Esta concepción acabaría por imponerse y quedar codificada en el congreso de marzo de 1933, a iniciativa de la comisión encargada de informar sobre la «estructura del comité regional», de la que formaba parte Rosado. Éste fue de los que relacionaron el principio de la remuneración con el nombre del candidato,122 o sea Ballester. Incluso los militantes de Barcelona vieron en él, a principios del año crucial de 1936, a un posible secretario general de la CNT.

Pero no sucedió nada de eso. Ballester no se situó a la cabeza del comité nacional, transferido a Madrid después del congreso extraordinario de mayo de 1936. Ballester vio confirmadas sus funciones como secretario general de la Regional andaluza con una mayoría aplastante (261 votos de 285), a fines de marzo de 1933. Murió en su tierra, sumariamente ejecutado, víctima de una denuncia.


Barret, Rafael: pensador y periodista anarquista (Santander, 1876-Arcachón, Francia, 1910), hasta tal punto ignorado en su país natal que algunas sesudas enciclopedias todavía le consideran uruguayo de nacimiento y fallecido en 1924.

Augusto Roa Bastos ha afirmado que la cultura paraguaya contemporánea nace con Barret; algunos de sus escritos fueron libros de textos en Uruguay y en la Argentina sus Obras Completas (con noticias y juicios de Rodolfo González Pachecho. Ramiro de Maeztu, Emilio Frugoni, José Enrique Rodó y Carlos Vaz Ferreira, Ed. Américalee, Buenos Aires, 1954, I tomo; el segundo sería publicado por Biblioteca de Cultura Social) han sido reeditadas en varias ocasiones.

Barret, cuyos rasgos personales describe así Rodríguez Alcalá: "Erguía su estatura no común un hombre de ojos celestes, cabello rubio, frente muy alta y de perfecta trazo, sobre las que caían dorados mechones, y rastro alargado que afirmaba su expresión enérgica en su mentón rotundo...", fue en un principio un cultivado señorito de Bilbao y Madrid que había estudiado ingeniería, un dandy celtibérico, frecuentador de la alta sociedad y también de la bohemia cultural, que en el año 1904, arruinado por el juego, abandonó despechado España para embarcarse hacia Buenos Aires.

Tras de sí dejaba tan sólo una ligera leyenda de escándalos y duelos, algunos de ellos apadrinados por Valle-Inclán...Sudamérica supuso para él una gran transformación no sólo por la miseria sino también por su ideario y las persecuciones. Allí descubrió como Larra que la sociedad era "una reunión de víctimas y verdugos". Se dedica al periodismo como una forma de subsistencia y de manifestación de su creciente conciencia crítica. En los siete años de vida que le quedaban, no paró de escribir, siempre para la prensa. y de ser perseguido a causa de su virulencia y de su intransigencia a favor de los explotados.

Expulsado de Argentina, se refugió en Asunción, Uruguay. Allí manifiesta su profesión de fe anarquista ("Anarquista, dice, es el que cree posible vivir sin el principio de autoridad"), se organiza, pronuncia conferencias, funda la revista Germinal, participa en las luchas cotidianas, en ocasiones sangrientas, y es desterrado, dejando mujer (que abandonó por él su lugar en la alta sociedad) e hijo, a Brasil, de donde pasó de nuevo a Argentina. Sin embargo, su salud se encuentra completamente quebrantada, tuberculoso a los treinta y cuatro años, retorna a Europa con la esperanza de una curación que no llegará. Con el tiempo, su "vida se verá deformada (...) por la variedad de versiones surgidas. Su obra permanecerá oculta en las bibliotecas de provincias" (Carlos Meneses en la presentación de su selección de artículos de Barret que con el título Mirando vivir, publicará Tusquest en 1976). Su pensamiento libertario era reflexivo y crítico: "La violencia homicida del anarquista --dice-- es mala; es un espasmo inútil, más el espíritu que lo engendra es un rayo valeroso de verdad".

El anarquismo "se reduce al libre examen político" y llama a "no gesticular contra la realidad en que es preciso vivir y a la cual, ¡ay!, es preciso amar. Estudiémosla. No veamos crímenes en el mundo, sino hechos. Acerquemos el ojo al microscopio y no empañemos el cristal con lágrimas inútiles".

Periodista de la estirpe de Larra, virulento, optimista y amargo, Barret gustaba definirse como un "expendedor de ideas", jugó siempre la carta de los perdedores. Aspiraba "a curar --o por lo menos denunciar- las raíces de los males, los motivos que atormentaban a ese pueblo --Paraguay-- que tanto había llegado a querer y con el que se había identificado plenamente, olvidando sus orígenes, demostrando que ningún valor tienen los pasaportes, ni las banderas, ni las nacionalidades, que ninguna importancia tienen las sangres, ni los colores de la piel, que la humanidad sólo estaba dividida en humildes y explotadores y que la misión de los hombres dignos consistía en luchar por alcanzar la igualdad" (Carlos Meneses).


Berenguer, Sara: activista y destacada militante de Mujeres libres (Barcelona 1919).
Obrera de la confección, crecida en el barrio de Poble-Sec en una familia libertaria. Su padre, un obrero de la construcción, le transmite su idealismo, la pasión por la justicia y la entrega a la lucha común.


Al estallar el Alzamiento, la resuelta actitud de la gente de su barrio, que pone en libertad a los presos de la cárcel Modelo, le llevan, como militante de las JJLL, a intensificar su activismo revolucionario, colaborando con la FAI en el Comité Revolucionario de Ias Corts, así como con el Comité Regional de la Industria de la Edificación, la Madera y la Decoración.

Colabora en actividades culturales: periódicos, diarios murales, charlas, conferencias. A principios de 1938, se integra en la Sección del Combatiente de Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), con la que visita a los milicianos del frente de Aragón, a los heridos de los Hospitales de Sangre, las guarderías infantiles.

Más tarde es nombrada secretaria de Propaganda del Comité Regional de Cataluña de Mujeres Libres. Decide luchar en la aviación, pero después de convencer a su madre para que le confeccione un mono de aviadora, se encuentra con la oposición de su novio, maestro de escuela, que la obliga a escoger entre él y la aviación. Sara decide volar, y no tan sólo en avión, sino como mujer, transgrediendo la tradicional sumisión al hombre. Un compañero, que no ha podido evitar oír la conversación, le dice: individuas como tú son las que nos hacen falta (A. Rodrigo).

Su padre, Francecs Berenguer, que había marchado voluntario al frente, caerá en el frente de Almudévar. En uno de sus poemas, ofrece un testimonio de sus sentimientos al escribir: Fuímos…carne de cañón/que al ser humano destroza. /Fuimos tristes peregrinos/caminando en los sembrados/de tormentos y espinos…

En el exilio tomó parte en la resistencia contra el nazismo en Francia. A partir de mitad de Ios años sesenta se incorpora a la redacción Mujeres Libres en el Exilio. También escribió varios libros de poesía: Cardos y flores silvestres (firmado como Sara Guillen, Ed. Mexicanos Unidos, México, 1982), Jardín de esencias (Ed. Ronda, BCN, 1986), El lenguaje de las flores (Amarantos, BCN, 1986). Sus memorias, Entre el sol y la tormenta (Treinta y dos meses de guerra, 1936-1939) (Seuba Ed., BCN, 1988) son una recreación muy vida de sus experiencias que también evocará Antonina Rodrigo en un apretado capítulo de Mujer y exilio, 1936 (Compañía literaria, Madrid, 1999). Su presencia se ha hecho notar en diversos filmes documentales como De toda la vida…y en Mujeres del 36.


Alexander Berkman con Emma Goldman

Berkman, Alexander: célebre anarquista ruso-norteamericano, compañero inseparable de Emma Goldman durante muchos años (Villa, 1870-París,1935). Proveniente de una familia acomodada --su padre fue autorizado, como judío, a vivir en San Petersburgo, y ejercía el comercio mayorista de calzado--, Berkman fue un rebelde precoz: a los quince años fue expulsado de la escuela por insubordinación y ateísmo; a los diecisiete, ya huérfano, tuvo que emigrar a los Estados Unidos, después de no poder estudiar en las escuelas oficiales y ser perseguido por sus actividades conspiradoras.

Según parece influyó poderosamente en su evolución ideológica su "tío Maxim", al que Paul Avrich ha identificado como Mark Andreevich Natanson, una de las personalidades más destacadas del primer populismo ruso, creador virtual del grupo de los "Chaikovtsy", en el que participó el joven Kropotkin. Berkman llega a Norteamérica en un período especialmente convulsivo desde el punto de vista social. Acababan de ocurrir los sucesos de 1886 que dieron lugar al asesinato de los "mártires de: Chicago", todo lo cual le llevó a acercarse a Johann Most. Más tarde pasó a colaborar con el periódico yiddish Pioneros de la Libertad.

Preparaba su retorno a Rusia cuando, el 22 de julio de 1892 protagonizó un atentado que le haría famoso. La víctima fue el gerente de las acererias Carnegie, Henry Clay Frick, principal responsable de la matanza de once obreros durante una huelga. Mientras que Clay, levemente herido, no tuvo que rendir cuentas por este asesinato masivo, Berkman fue condenado a 22 años de cárcel, cuando la sentencia prevista por un atentado frustrado era de siete. Cumplió catorce, durante los cuales, leyó, estudió, y escribió, al tiempo que sufría unas condiciones carcelerías a veces infrahumanas. Cuando salió a la calle reanudó sus vínculos con Emma Goldman, y se mostró sediento de acción militante, aunque muy crítico con la acción terrorista individual.

Fueron años de una intensa actividad propagandística a través de mítines, conferencias, manifestaciones y trabajos para la prensa libertaria. En 1912, Berkman tomó parte en la creación de la Ferrer Modern School de Nueva York, donde también ejerció como profesor intentando propagar los métodos de Ferrer i Guardia. Había dirigido anteriormente una revista con Emma Goldman, la mítica Madre Tierra, y publicado sus Memorias de prisión de un anarquista, que había ofrecido infructuosamente a Jack London que. empero, se inspiró en los recuerdos de Berkman para escribir El vagabundo de las estrellas.

Berkman se marchó a California donde publicó, en San Francisco, una revista propia, La explosión entre 1915 y 1916. Junto con Emma fue uno de los principales artífices del movimiento contra la intervención norteamericana en la guerra europea, desarrollando una intensa propaganda contra el militarismo y la guerra. Esta actividad le llevó de nuevo a prisión durante siete meses, y fue deportado. Favorable con matices a la revolución dirigida por los bolcheviques, Berkman regresó con Emma a la Rusia de su juventud y fue recibido como un revolucionario perseguido por el capitalismo.

Su actuación se inició bajo el signo de la colaboración crítica, continuó intentando contrarrestar la represión antianarquista para llegar finalmente a la ruptura con ocasión de los acontecimientos de Kronstadt. Sobre toda esta experiencia publicó varios libros: La rebelión de Kronstadt (ver. I.L. Horowitz, Los anarquistas. La práctica), La tragedia rusa: reseña y perspectiva, y sobre todo El mito Bolchevique. En diciembre de 1921, Berkman se marchó a Alemania ilegalmente, y después, a Francia, donde vivió, cada vez más solitario y desesperanzado, amenazado constantemente con la expulsión y trabajando como publicista y traductor.

En París escribió su último libro, ABC del comunismo libertario (Júcar. Madrid. 1981) por encargo de la Federación Anarquista Judía de Nueva York. Este libro muestra el alto grado de dominio de las concepciones anarquistas de Berkman, encarando un riguroso análisis del capitalismo y a sus instituciones (religión, tribunales, cárceles. escuelas, familia, parlamento, etc) con una crítica simultánea de la experiencia bolchevique. Para Berkman: "La libertad plena es el aliento mismo de la revolución social; y no se olvide nunca que el mal y el desorden se curan con más libertad. no con su supresión". Toma parte amargamente en las disputas que enfrentan a las diferentes tendencias del anarquismo ruso en el exilio, mostrándose contrario a las posiciones de Archinoff.

Enfermo, desfondado. en plena penuria. se suicidó disparándose una bala en Niza, el 28 de junio de 1936. Emma Goldman. en el prefacio del ABC, escribe en sus memorias: "Se entregó a su ideal y le sirvió resueltamente. excluyendo cualquier consideración de sí mismo. Si hubiera anticipado remotamente la llegada de la revolución española. habría hecho un esfuerzo para continuar viviendo a pesar de su psiquismo quebrantado y de otros muchos handicaps...".


Berneri, Camillo: quizás la figura más importante del anarquismo italiano después de Malatesta (Lodi, 1897-Barcelona, 1937). Nació en el seno de una familia de intelectuales de izquierdas. Su abuelo fue compañero de Garibaldi y su madre, Adalgisa Focchi, era escritora y profesora y le indujo desde muy joven en el aprecio de la tradición garibaldina e inconformista. siendo un muchacho se adhirió a las juventudes socialistas situadas en la extrema izquierda. Durante la I Guerra Mundial, Berneri radicaliza aún más sus posiciones y se hace anarquista bajo la influencia de Luigi Fabbri -que lo tratará como a un hijo- y de Errico Malatesta.

La revolución rusa le impresiona vivamente y en el análisis que desarrolla mostrará un notable rigor, yendo más allá que la pura descalificación y reclamándose del "sovietismo" (consejos obreros en los que se pueden expresar todas las tendencias obreristas), y distingue claramente entre sus fases leninistas y estalinistas.

Se doctora en Filosofía y Letras de la mano de Gaetano Salvemini, que escribe sobre él: "Tenía el gusto de los hechos precisos. En él, la imaginación separada de toda ligazón con el presente, como hecho de posibilidad social, se asociaba a un cuidado meticuloso, por los detalles en el estudio y en la práctica de cada día. Se interesaba de todo con una avidez insaciable. Mientras muchos anarquistas son como una casa en la cual las ventanas sobre la calle están tapiadas...él tenía abiertas todas las ventanas".

Durante algunos años pudo ejercer como docente en filosofía en la enseñanza media y normal de institutos de varias localidades, pero el fascismo lo obliga a llevar una agitada vida clandestina ("El sacrificio más grande --dirá Fabbri-- que Berneri hizo a las ideas no fue tal vez la vida. Le costarían mucho más la renuncia cotidiana a su vocación cultural que le llevaba a las investigaciones históricas y filosóficas y de las cuales lo arrancaban cada vez que se manifestaba como más urgente la necesidad de la acción directa. Le deleitaba el sueño de un oasis cultural en cuya calma pudiera estudiar, elaborar sus ideas en un sistema orgánico, escribir libros. Toda su vida ha sido la negación voluntaria de ese sueño") y tuvo que exiliarse a París donde colaborará con prensa antifascista y colaborará con la Unión Anarquista italiana. hasta convertirse en una de las pesadillas de la policía mussoliniana.

Sus opiniones políticas se mostrarán cada vez más ricas y complejas. Le molesta la estrechez y el sectarismo y propugna un frente único contra el fascismo. Se confiesa abiertamente como "revisionista": "Hasta hoy --dice-- nuestro movimiento es esencialmente un movimiento ético-místico de la élite y clasista en la masa. Mi revisionismo es una pequeña reforma de método, el cuál en sus líneas fundamentales, me parece que debe de ser confirmado por los hechos". En una carta escrita en 1929, precisará que "la generalidad de los anarquistas es atea, y yo soy agnóstico; son comunistas y yo soy liberalista (es decir estoy por la libre competencia entre trabajo y comercio cooperativos y trabajo y comercio individual) y son, finalmente antiautoritarios, de una manera individualista, cuando yo soy meramente autonomista-federalista".

Al tiempo que denuncia con información y fuerza al régimen fascista que le perseguirá por toda Europa, Berneri produce una amplia obra teórica en la que podemos distinguir títulos como El trabajo atrayente (1929), La Iglesia y la prostitución (1932), El incesto y la eugenesia (¿Debe de ser castigado el incesto?), sin olvidar dos grandes trabajos de denuncia contra el Duce: Mussolini, psicología de un dictador Mussolini, gran actor (Valencia, 1934), y Mussolini a la conquista de las Baleares (BCN., 1937).

Convertido en el "anarquista más buscado de Europa", Suiza le negará la residencia; en Bélgica será detenido --acusado de preparar un atentado contra el ministro fascista italiano Rocco-- en 1930 y expulsado a Holanda, desde donde se le devolverá clandestinamente a Bélgica, para pasar a Luxemburgo y por vía carcelaria a Francia, para desembocar finalmente en España, cuyo curso político sigue, desde la revista, Guerra de clases. Sobre su estancia en España, dirá su biógrafo y traductor Carlos Mª Rama: "Siendo tantas e importantes las personalidades del panorama internacional atraídas por la guerra civil española, pocas se pueden parangonar en grandeza moral e intelectual al italiano Camillo Berneri, y en especial si pensamos que se cuenta entre aquellos que dieron su vida junto al pueblo de España".

Partidario del frente único obrero antifascista, Berneri polemizará en 1936 con Federica Montseny sobre la conveniencia. de apoyar a las izquierdas y rechaza la clásica posición abstencionista de la CNT. Una vez en medio de la guerra. participa con el grupo de brigadistas italianos en el frente, en concreto en la batalla de Monte Pelado que tuvo lugar en las proximidades de Huesca, luego será nombrado comisario de la columna italiana y después su delegado en Barcelona, ciudad en la que despliega una importante actividad política con el propósito de incidir en las tropas italianas que Mussolini ha puesto al servicio de Franco. Desde su revista, irá desgranando sus posiciones sobre el curso político de la lucha decantándose hacia una crítica de izquierdas a la actitud de la CNT-FAI. Berneri considera que esta era una guerra internacional, "y que por lo tanto son decisivos los factores exteriores y la política internacional", es igualmente, una guerra de clases y en ese contexto, del mismo modo que la burguesía clerical-militar-fascista está representada en Burgos, dentro de la España republicana hay que distinguir entre la lucha del proletariado (que encabezan la CNT-FAI y la élite revolucionaria del PSOE y POUM) y la pequeña burguesía contrarrevolucionaria, aunque antifascista, agrupada en la socialdemocracia, el PC y los partidos republicanos y regionalistas.

En consecuencia, la victoria depende de su carácter socialista y de su capacidad de colectivizar, respetando a la pequeña industria privada; "La única alternativa es ésta: la victoria contra Franco por medio de la guerra revolucionaria o la derrota". Berneri defiende la profundización del curso revolucionario de los principios de la guerra. denuncia la coalición republicano-socialdemócrata-estalinista-nacionalista, y critica los posicionamientos ministeriales de la CNT-FAI. Durante los acontecimientos de mayo del 37 arremete contra lo que considera como una provocación estalinista, y defiende el honor del POUM, viendo la huella de Noske en la propaganda comunista oficial.

Durante la segunda semana de mayo es detenido y asesinado junto con su compañero Francesco Barbieri. Algunas informaciones dicen que fue raptado por un grupo ugetista --militantes del PSUC--, y conectan su muerte con la de Andreu Nin y los trotskystas, otros apuntan hacia los servicios secretos italianos, incluso por vía de la extrema derecha catalanista. Redescubierto varias décadas más tarde, Berneri será reconocido como un pensador y un actor clave para comprender la guerra civil española. Su obra ha sido parcialmente editada en su país natal, donde fue homenajeado como un combatiente antifascista por las izquierdas.

Carlos Mª Rama ha editado sus escritos de Guerra de clases (1936-1937) en Tusquets, BCN, 1971, y ha publicado sobre él diversos artículos recogidos en su libro Fascismo y anarquismo en la España contemporánea (Bruguera, BCN, 1979). Ernesto Cañada preparó otra antología suya: Humanismo y anarquismo (Libros de la Catara, Madrid, 1998).


Berneri, Mª Luisa: escritora y propagandista anarquista: (Lodi, Italia, 1918-Londres,
1949). hija de Camillo Berneri y de Giovanna Caleffi, y compañera de Vernon Richards.


Mª Luisa vivió la mayor parte de su vida en su país de adopción, Inglaterra. Desde muy joven frecuentó los medios libertarios londinenses. En 1936 fue una de las principales animadoras de la revista Spain and the World orientada hacia la solidaridad con los cenetistas españoles. En 1939 participa en la reconstrucción de Revolt, título que había popularizado Kropotkin antes de la Gran Guerra. Junto con su compañero, de Woodcock, Read y otros intelectuales anima también la revista Freedom en los años cuarenta. Este grupo sobresalió por su intenso activismo en defensa de las libertados civiles.

Muerta prematuramente, Mª Luisa escribió una obra importante, Futuro. Viaje a través de la utopía (Proyección, Buenos Aires; reedición en Hacer, BCN,1984), sobre la que escribe el filósofo inconformista norteamericano Lewis Mumford, en el prólogo: Como antiguo investigador de utopías siento especial predilección por esta obra, pues es el más comprensivo y penetrante estudio de esta tierra ideal del que tengo conocimiento, en cualquier idioma. Aunque, felizmente, de dimensiones modestas, esta obra es de alcance superior a mi propio libro y al de Hertzler. Utopía misma tiene casi tantos círculos como el Cielo y el Infierno que Dante recorrió bajo la guía de Virgilio. y Mª Luisa Berneri es el mejor guía para penetrar en este supermundo; no temamos que sus pobladores hablen su propio lenguaje o que el lector extraiga sus propias conclusiones. A fin de cuentas Mª Luisa Berneri señala, es menos una guía de lo que podía ser deseable en el futuro que un catálogo de las instituciones y métodos que debemos guardarnos de adoptar como `ideales´…" Mª Luisa efectúa un análisis crítico de todas las propuestas utópicas desde el anarquismo y propone una utopía abierta, creadora, desconfiada de los modelos cerrados y opresores.


Boal, Evelio: uno de los fundadores de la CNT de la que fue secretario general en 1919 (Valladolid, ?-Barcelona, 1921). Calificado por Buenacasa como el "científico de la organización". Desde muy joven residió en Barcelona. Siendo joven todavía, estudió y aceptó las ideas anarquistas. Apenas terminado su aprendizaje como tipógrafo, decidió dedicarse al teatro, para lo cual poseía vocación..."Trabajó en la compañía del famoso Espantaleón y abandonó una prometedora carrera teatral por sus ideas. En Barcelona trabajó como director del Grupo Artístico Teatral del Centro Obrero de la calle Mercader.

Hombre irónico y bohemio, no fue considerado como idóneo para ocupar un cargo de tanta responsabilidad, pero luego se reveló como un notable organizador". Buenacasa llega a referirse a él como imprescindible, como el "único capaz de dar cima al trabajo desarrollado por él en el Comité Nacional". En 1908 formaba parte de la junta del Sindicato deI Arte de Imprimir, que impulsó la huelga contra el diario lerrouxista El Progreso. A continuación de la huelga general revolucionaria de agosto de 1917, representó su sindicato en el comité nacional de la CNT, donde, como primer secretario, se ocupará de la redacción de las actas, y de la correspondencia con Ia ejecutiva de la UGT.

Su papel en las negociaciones de unidad con la UGT de cara a la huelga general de 1917 fue muy importante, por lo que luego fue criticado por los sectores más anarquistas de la organización. En enero de 1919, en plena campaña represiva a causa de la huelga de la Canadiense, estuvo encarcelado en la Modelo, siendo liberado gracias a una petición colectiva de más de quinientos presos al capitán general de Cataluña, Milans del Bosch (sic), en la que se hacía constar que Boal se encontraba gravemente enfermo de tuberculosis. En diciembre de 1919 será el artífice del congreso del Teatro de la Comedia de Madrid; participará activamente en el inicio de la discusión sobre la unidad sindical con la UGT, siendo confirmado como secretario general de la CNT.

En septiembre de 1920 realiza un viaje a Madrid con Seguí y Salvador Quemades con la finalidad de firmar un pacto defensivo con la UGT y evitar más medidas represivas; en octubre de 1920 participa en el PIeno de las regionales celebrado en Barcelona que trató especialmente el pacto con la UGT que resultaría, en parte gracias a Boal, confirmado.

Detenido durante los años del pistolerismo patronal en varias ocasiones, fue asesinado, víctima de la "ley de fugas" a principios de 1921 en la calle, al parecer el mismo día que en que salía libre de la última detención. Buenacasa le atribuye junto con el portugués Joaquín Souza la idea de la creación de la FAI, y lo define como "el verdadero científico de la organización".


Calero, Santana: fundador la Federación de JJLL en Málaga (Adra, Almería, 1912-1939), recorre la provincia como vendedor ambulante y propagador de la idea anarquista. Durante la guerra prepara una columna para dirigirla contra Granada, la cual será dispersada por la aviación nacional. En Málaga es muy activo y funda el semanario Faro.

Pasó a la redacción barcelonesa de Ruta al perderse la ciudad meridional, retornó al sur en la 147ª Brigada de Maroto y funda la revista Nervio. Se enfrentó violentamente a García Oliver, ya que se mostró contrario a la participación gubernamental y se alistó en la guerrilla de la sierra en marzo del 1939 junto con Millán, Lozano y varios anarcosindicalistas más.


Carballo, Fernando: uno de los símbolos del martirio anarquista bajo el franquismo (Valladolid, 1924), en cuyas cárceles pasaría más de un cuarto de siglo.

Todo comenzó cuando en 1936, su padre, obrero en los talleres de la Compañía de los Ferrocarriles del Norte fue asesinado en Valladolid. Carballo tenía 16 años cuando fue detenido por primera vez. El mismo cuenta: «En 1940 fui detenido en Valencia; en 1945, en Mora del Ebro; en 1941, en Tarragona, y en 1964 en Madrid. En las dos primeras detenciones no fui condenado ni juzgado; en ambas, sin embargo, estuve encerrado largo tiempo. En la tercera me condenaron 13 años, de los que cumplí ocho; en la última, a treinta, de los que pase más de doce entre muros y rejas (…). Sin contar naturalmente, cuatro años más en libertad condicional y vigilada, teniendo que presentarme cada semana a las autoridades…».

Sobrevive trabajando en diversos oficios (era carpintero de oficio), y no deja de luchar fuera o dentro de la cárcel. Conoce las torturas, los apaleamientos, los aislamientos, los traslados -«cuatro equivalían a la muerte»-, los temerarios intentos de fuga, las huelgas de hambre, los motines en los últimos años, etc.

Nunca confesó ni se rindió, y las cárceles y comparte la idea de que «en todas las cárceles y en todas las épocas la mayoría de las presos sociales pertenecían a la Confederación. No sólo por responsabilidades derivadas directamente de la guerra civil sino por actuaciones posteriores. En las cárceles he conocido a miembros de diez o doce comités nacionales clandestinos y de una cincuentena de comités regionales y federaciones locales…». Al salir de su gracias a la amnistía de 1976, se incorporó al movimiento cenetista parcialmente reconstruido.


Claramunt Creus Teresa: anarquista legendaria (Sabadell. Barcelona. 1862-Barcelona, 1931). Con ocasión de su muerte. Soledad Gustavo inició su retrato escribiendo: «La juventud de ahora apenas conoce su nombre, sin embargo, Teresa Claramunt representa cerca de 50 años de agitación revolucionaria y de propaganda anarquista. Además, Teresa es el símbolo de la consecuencia libertaria, consecuencia que a la hora de ahora son muchos los llamados y pocos los elegidos». Durante estos 50 años ni «las persecuciones autoritarias, ni los desengaños sufridos de propios y extraños, lograron hacer vacilar su fe en el ideal de emancipación humana»

Cuando tenía 22 años, su nombre aparece en el «Acta de constitución de la sección Varia de trabajadores anarco-colectivistas de Sabadell» que pretendía «la emancipación de los seres de ambos sexos y luchar enérgicamente en pro del cuarto Estado». Gustavo no duda en afirmar que Teresa fue en su juventud «la única mujer revolucionaria que hubo en España» y la describe con un alma «bien templada» capaz de jugarse la vida «en más de una ocasión, para participar o llevar a cabo algún hecho en que un hombre habría fracasado indudablemente (…) No habla tenida la suerte de recibir instrucción alguna, porque sus padres pertenecían a aquella generación que creía que era un peligro para la mujer que supiera leer y
escribir».

Teresa tuvo una formación militante y autodidacta, y: aunque escribió muy poco, publicó folletos como el titulado La mujer, consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre en donde critica al varón que impone en su casa «el principio de autoridad» para subyugar a la mujer. Admite que el hombre es más fuerte, pero cree que la máquinas han eliminado esta diferencia para el trabajo y reclama la igualdad para la mujer empezando por el empleo. Las mujeres han sido educadas en la inferioridad, se les impuso siempre una obediencia irracional que ella, inconscientemente, ha llegado a transmitir a sus hijos. La emancipación de la mujer deberá da ser obra de la mujer misma.

Su trayectoria sindicalista transcurre bajo el signo de la represión policial. Después de una intensa actividad en Sabadell, la encontramos desde 1888 a 1889 en Portugal con su compañero, huyendo. En 1893, año de gran agitación obrera en Barcelona, fue detenida a la salida de un mitin. Con ocasión del atentado del Liceo fue detenida de nuevo, pero su prueba más dura tuvo lugar en 1895 después del atentado del Corpus. Esta sirvió de pretexto para el gobierno para intentar «limpiar el patio» de agitadores ácratas y Teresa fue a parar, con muchos otros compañeros suyos, a las mazmorras de Montjuich. «Relatar lo que Teresa sufrió en aquel cautiverio es imposible, escribe Gustavo. Presa en la cárcel de mujeres, azuzada y perseguida por las monjas que interiormente cuidaban aquel establecimiento, pasó muchas desazones y sólo gracias a su energía pudo salir lo mejor posible de sus manos».

Vio a muchos de los suyos muertos y torturados, pero sobrevivió. Una campaña de solidaridad internacional impidió lo peor y Teresa fue condenada al destierro. Estuvo exiliada en París y Londres y en 1898 se encontraba nuevamente en España para ser detenida otra vez en 1902.

En 1902 fundó la revista El Productor, de gran difusión en los medios obreros. Era ya conocida por su oratoria y es famoso el mitin que dio el 16 de febrero de 1901 en el Circo Barcelonés en solidaridad con el ramo metalúrgico que fue un factor decisivo para el desencadenamiento de una gran huelga en la capital catalana. Un año más tarde lleva una campaña de propaganda por Andalucía. Detenida por la guardia civil fue conducida desde Ronda a Málaga montada en un asno. Durante la Semana Trágica actuó en primera línea y fue enviada por sus propios compañeros a Zaragoza para escapar de las represalias. En 1911, Teresa toma parte activa en una huelga general que sacude la capital aragonesa y es detenida y condenada a cuatro años de prisión. Mientras cumplía condena contrajo una parálisis que la iría acercando poco a poco a la tumba. Comparecía enferma cuando todavía la policía la buscó implicándola en el atentado del ultramontano cardenal Soldevila. Todavía hablará en varios mítines, el último de ellos en 1929, en Barcelona, donde se había trasladado después de haber vivido durante una época en Sevilla.



Cruz Silva, María: más conocida como «La Libertaria» tenía 18 años cuando vivió en primera fila los sangrientos hechos de Casas Viejas. Una compañera suya, Manuela Lago, con la que María había formado parte del grupo «Las Líbertarias», fue baleada cuando salía con la ropa ardiendo de una de las chozas sitiada por la soldadesca. Ambas habían vivido la breve experiencia de «comunismo libertario» en la zona y en la que según María las mujeres «iban en grupos cantando himnos revolucionarios. Durante los días en que se vivió el nuevo régimen, un alboroto irradiaba en todos los rostros de aquellas campesinas».

En julio de 1936, María vivía con su compañero en Ronda. Él se refugió en la sierra cuando entraron los fascistas. Ella que permaneció cuidando un niño de pocos meses, fue detenida, torturada y asesinada. Mª Luisa Sánchez Saornil puso su nombre, Maria Cruz Silva, a uno de sus poemas más celebrado de la época.

Chomsky, Noam (Filadelfia, 1926): Considerado corno «el Galileo de las ciencias
cognitivas», revolucionó el campo teórico de la lingüística en 1957 con su libro Estructuras sintácticas (Siglo XXI, Madrid, 1974), en el que demostró que la adquisición del lenguaje está determinada por factores biológicos, y no por la imitación del entorno. De esta manera, aprender un idioma es algo instantáneo, está determinado genéticamente y es propio de la especie. Esquemáticamente se puede decir que la gramática generativa que descubrió, exhibe la estructura universal de todos los idiomas. En consecuencia, no se limita la capacidad biológica de la mente para la adquisición del idioma a aquellos que usan el inglés o una lengua natural similar.

Pero su resonancia también se extiende al activismo militante, siendo el científico norteamericano —y posiblemente universal que más respeto causa en los siniestros pasillos del poder imperial USA ya que Chomsky se ha pronunciado constantemente a través de sus libros y de sus acciones en contra de la política exterior de su país, llevando a cabo una sistemática denuncia de la perversidad de las «razones de Estado» en todas las ocasiones, incluidas las que chocan con un punto que le afecta personalmente —es judío— y levanta las iras del sector sionista y el conservador de la intelligentzia norteamericana: Palestina.

Anarquista inserto en la tradición radical de su país, abierto a determinadas posiciones del marxismo de izquierda, Chomsky se define como partidario de un socialismo libertario basado en los consejos obreros, en lo que llama un socialismo voluntario en el que Bakunin, Kropotkin y Rocker se dan la mano con Marx, Rosa Luxemburgo o Antón Pannekoeck, pero sobre todo por una capacidad impresionante para el análisis concreto y para el autoanálisis despojado de prejuicios. En las últimas décadas, Chomsky ha pasado a ser una de las voces más reputadas de la izquierda internacional, y uno de los animadores más escuchado y reconocido en los foros sociales como los de Porto Alegre. La práctica totalidad de sus libros, artículos y declaraciones están vertidas al castellano, sino por Internet, y a veces a través de modestas ediciones en fotocopias…

Hay dos elementos que influyeron poderosamente en su formación política: la caída de Barcelona durante la guerra civil española, y sus experiencias durante dos meses en un kibutz israelí. A los doce años siente como algo personal la caída de la Barcelona roja y negra lo que le lleva a escribir su primer articulo y a formarse un entendimiento de la teoría social y de la realidad contemporánea. Piensa que en la España republicana «se llevó a cabo una revolución anarquista (o eminentemente inspirada en el anarquismo) que comprende tanto la organización de la agricultura como de la industria en extensiones considerables, habiéndose desarrollado además de una manera que, al menos visto desde fuera, da toda la impresión de la espontaneidad».

Esta revolución fue el producto del esfuerzo «de unas tres generaciones de militantes organizados sin cesar» y llegó a demostrar que «los trabajadores del campo y de las fábricas (…) eran perfectamente capaces de administrar las cosas sin presión alguna desde arriba (…) Por desgracia aquella revolución anarquista fue destruida por la fuerza bruta, a pesar de que mientras estuvo vigente tuvo un éxito sin precedentes…»; una ampliación de su ideas sobre la guerra de España se encuentra en el trabajo aparecido en el «Especial» de Cuadernos de Ruedo Ibérico, El movimiento libertario español. Chomsky considera que los kibutz mantuvieron durante largo tiempo una estructura anarquista, es decir: «autogestión, control directo. De los trabajadores en toda la gestión de la empresa, integración de la agricultura, la industria y los servicios, así como la participación y prestación personales en el autogobierno». Sólo desde 1948 se engranan «en la Maquinaria de un estado convencional».

Sobre su extensa labor militante se ha dicho: «Es inaudito que un hombre de su categoría intelectual se dedique decididamente y con gran constancia a la lucha política a nivel de base», llevando a cabo su labor como científico en el Instituto Tecnológico de Massachussets (donde no ha sido nunca molestado, lo que dice mucho del liberalismo de la Institución pero también del prestigio de Chomsky, intocable para un poder como el norteamericano tan despiadado con la oposición auténtica), en medio de incesantes debates y campañas como la que durante dos
años le llevó a abandonar sus tareas profesionales para luchar contra la agresión al Vietnam, llegó a sufrir cárcel por negarse a pagar impuestos para financiar la guerra. De esta época son dos obras ya clásicas como: La responsabilidad de los intelectuales, La guerra de Asía (Ariel, BCN), Vietnam y España: los intelectuales liberales frente a la revolución (Siglo XXI, Madrid). Su proverbial talante antidogmático le ha llevado a incluir entre los autores que cita no sólo a una vasta lista de sus oponentes sino y especialmente a estudiantes y profesores no consagrados y con edades apenas superiores a veinte años.


En su labor intelectual no se cansa de repetir que sus hipótesis son sólo eso: hipótesis científicas, no dogmas de fe y por lo tanto susceptibles de ser revisadas a la luz de nuevos datos empíricos. Y aunque parece cada vez, más convencido de la validez de su modelo de competencia-actuación e incluso de su aplicabilidad a otros sistemas cognoscitivos, está siempre dispuesto a rectificar, ya que, dice, en ciencia no hay nada definitivo. Por eso concluye: «Todo aquel que, a los cincuenta años, enseña lo que enseñaba a los veinticinco, mejor haría en cambiar de profesión». En las últimas décadas, Chomsky se ha convertido en uno de los principales animadores intelectuales del movimiento pacifista internacional, mientras que en los EE.UU., milita en el movimiento Resist, donde también lo hace su traductor habitual al castellano y especialista en su obra, Carlos P. Otero (autor de La revolución de Chomsky. Ciencia Sociedad, Tecnos, Madrid, l984), e igualmente defensor de ideas libertarias.

Chomsky cree que los dos factores más importantes que están conduciendo al mundo a un desastre nuclear son las mejoras técnicas en la fabricación de armamentos y la conexión mortal entre la intervención en el Tercer Mundo y el enfrentamiento de las grandes potencias. Su denuncia de la política exterior norteamericana es global y coherente, pero descubre una dinámica convergente en el sistema burocrático soviético, lo que le lleva a proclamar la necesidad de luchar contra dos variantes del totalitarismo, la capitalista y la burocrática en la convicción de que es necesario y posible «no sólo cambiar de collar sino también de perro». Un testimonio de sus intervenciones en Porto Alegre se encuentra en: Porto Alegre. Otro mundo es posible, y Foro Mundial, Porto Alegre 2002, Hacia el partido de la oposición (ediciones de El Viejo Topo) y como el representante más lúcido y reconocido de la izquierda norteamericana cuyos libros son citados hasta por algunos actores de Hollywood (Jeanne Garoffalo) como ejemplo de lo que tendrían que leer los norteamericanos si quisieran estar de verdad informados.

Por todo ello, no es exagerado afirmar que Chomsky es el pensador y activista de signo libertario más influyente de las últimas décadas, y que abarca sin exclusión al conjunto de la izquierda extrasistema de manera que sus obras resultan ampliamente reproducidas vía Internet o por fotocopias . Entre sus obras como especialista en el lenguaje, anotemos: Reflexiones sobre el lenguaje (Ariel); Estructuras sintéticas, Sintáctica y semántica en la gramática, Problemas estructurales de la teorías lingüística, Temas teóricos de gramática general, La lingüística cartesiana, Principios de fonología generativa (Gredos), El lenguaje y el entendimiento. Otras obras suyas son: Por razones de Estado (que comprende un ensayo sobre Daniel Guerin), Conocimiento y libertad; USA, mito y realidad, El pacifismo revolucionario (que incluye una evocación del pacifista A.J. Muste), Washington y el fascismo en el Tercer Mundo (Siglo XXI), Guerra y paz en Oriente Medio (Seix Barral), Ensayo sobre forma e interpretación (Cátedra), La segunda guerra fría. Crítica de la política exterior. Sus mitos y su propaganda (Crítica, Barcelona, 1974), Baños de sangre (Ed. AQ., 1976), Aspectos de la teorías de la sintaxis (Aguilar), Una aproximación naturalista a la mente y al lenguaje (Prensa ibérica, Barcelona, 1998), La cultura del terrorismo (Ed. B., Barcelona, 1988), Ilusiones necesarias (Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1992); El miedo a la democracia (Crítica, Barcelona, 1992), Discurs politic (Empúries, Barcelona, 1993), Crónica de la discrepancia (Visor, Madrid, 1994), Aspectos de la teoría de la síntaxis (Gedisa, Barcelona, 1999), Año 501; la conquista continúa, Autodeterminación y nuevo: los casos de Timor y Palestina; Barreras, Cómo se reparte la tarta (Icaría, Barcelona, 1996), 11/09/2001 (RBA, Barcelona, 2001), convertido en un sorprendente best-sellers en los Estados Unidos y en Europa… Sobre Chomsky, aparte del libro de Otero, se puede consultar: Chomsky y las teorias innatas (Labor), ¿Chomsky o Skiner? La génesis del lenguaje (AA.VV., Fontanella), y sobre todo, Mitsov Ronat: Conversaciones con Chomsky (Granica, Barcelona, 1978; reedición en Gedisa, 1999)…

Damiano González, Cipriano: famoso resistente anarcosindicalista contra el franquismo (Comares, Málaga, 1916-Sabadell, 1986). Conoció «la tragedia de la derrota en Málaga, Málaga, cuando tenía diecinueve años escasos, seis de militancia, tres de cárcel y había sido detenido en cuatro ocasiones. Participó en la terrible huida de Málaga, estuvo en el puerto de Alicante y en los campos de concentración de los Almendros, de Albatera —en la provincia de Alicante—,
en Porta Coeli, en Valencia, y en el castillo de Gardeny, en Lleida (…) También permaneció enrolado en los “batallones de trabajo”, en un largo peregrinaje desde Lleida a Ivars d’Urgell, de allí al Pinar de Antequera, en Valladolid, para terminar en Tudela de Duero…». Cofundador de Faro (1936) y de Nervio (periódico de la 127ª Brigada). Su mayor popularidad le viene por sus actividades contra la dictadura franquista.

Fue vicesecretario del CN confederal en 1949 y secretario en 1951, siendo detenido en 1953 y condenado a 15 años de cárcel; la policía llegó a maltratar a su compañera Angelita —de la que dirá que tiene los ojos secos de tanto llorar por mí e inválida a consecuencia del desgarro producido por sus actividades— delante de su hijo de cinco años. Cuando salió emigró a Francia para regresar de nuevo a la acción clandestina; trató «de poner en pie una organización obrera de nuevo cuño —la Alianza Sindical Obrera— que arriaba las siglas clásicas del sindicalismo revolucionario. Su fracaso, en el que concurrieron lo suyo los cenetistas históricos radicados en Francia, puede haber favorecido la expansión de Comisiones Obreras» (Peirats). Detenido en 1970 no fue encarcelado hasta 1973.

Durante su trayectoria militante utilizó diversos seudónimos como el Niño, Cigadón, Paco, Antonio González, y conoció prisiones en Barcelona, Madrid, Segovia, Málaga, Guadalajara y Jaén. En el posfranquismo coopera con la CNT resurgida y se orienta en contra de la línea «ortodoxa». Damiano es autor —con la colaboración Carlos E. Bayo Falcón— de La resistencia libertaria, 1939-1970 (Bruguera, Barcelona, 1978), que debe mucho al libro de «Juanel» sobre el mismo tema, y naturalmente, a sus propias vicisitudes.


Durán, Maria: legendaria militante anarquista (Rubí, Barcelona, 1912-1988?). Procedía de una familia acomodada de la pagesia catalana y recibió una buena instrucción. Abandonó su hogar y se marchó a Granollers (Barcelona), entrando a trabajar en una fábrica.

Allí conoció a Valerio Mas, que la inició en las ideas anarquistas e ingresó en las JJLL. «Bien pronto fue una activa militante de las mismas. Instruida y con facilidad de palabra y escribiendo mejor (siempre ha sido un placer leer sus cartas, y, escritos por la corrección de su estilo y sus juicios acertados), pronto fue solicitada para tomar parte en los mítines de propaganda, tanta en Cataluña como en el resto de España. Tanto por sus escritos como por sus intervenciones en la tribuna fue una; buena exponente de las ideas libertarias.» (Lola Iturbe.)

Perteneció a varios grupos específicos ácratas y fue detenida en 1934, por su intervención en un mitin en Madrid al lado de Ascaso. Como protesta llevó una huelga de hambre y tuvo que ser hospitalizada. La guerra le cogió en medio de una campaña de agitación en Sevilla y pudo escapar de milagro de la muerte.

En 1936, la revista Tierra y Libertad llegó a publicar su necrología. Pasó 18 meses condenada a muerte. Y la pena fue conmutada por 30 años de prisión. Algunos de sus amigos
no tuvieron noticia de ella hasta 1946. Al salir de la prisión se marchó a América del Sur, pero finalmente regresó a Barcelona llevando una vida anónima. Lola Iturbe le dedicó un sentido homenaje en Recuerdo de María Duran, en Polémica, nº 31 (1988).


Durruti, Buenaventura: anarquista de leyenda, cuya aureola se acrecentó notablemente después de su trágica y extraña muerte en el frente de Madrid al principio de la guerra civil (León, 1896-Madrid, 1936). Ya en 1931, una pluma nada sospechosa de simpatía hacia el anarquismo, Ilya Ehremburg, escribía sobre él: «Era un obrero metalúrgico que había luchado en las barricadas. Luego, ha asaltado bancos, arrojado bombas y ha secuestrado jueces. Antes había sido condenado a muerte tres veces: en España, en Chile, en Argentina. Ha pasado por innumerables cárceles y ha sido expulsado de ocho países. Ningún escritor se propondría narrar la historia de su vida: ésta Se parece demasiado a una novela de aventuras».

Su padre, un obrero socialista que tuvo ocho hijos de los cuales Buenaventura fue el segundo, le llevó siendo todavía muy joven a trabajar de aprendiz de mecánico con Melchor Mártinez, un socialista destacado de su ciudad natal que aseguró a su padre que haría de él un buen mecánico, “pero también un buen socialista”. En 1912, Durruti ingresó en la UGT, pero no tardaría en sentirse incómodo ante la moderación de la socialdemocracia. Después de abandonar el taller, trabajó como montador de lavaderos de carbón y pronto se vio envuelto en la lucha de unos mineros que pugnaban por expulsar a un ingeniero antiobrero. Entre todos lograron echarlo.

Durante la huelga general de 1917, Durruti desplegó una intensa actividad, contribuyendo a la quema de locomotoras y al levantamiento del tendido de las vías de los trenes lo que conllevó el despido de la empresa, así como a ser buscado por la guardia civil que lo tenía fichado. También fue expulsado por su radicalismo, de la UGT. Después de ingresar de la CNT, Durruti huyó a Francia, para volver a efectuar diferentes misiones de agitación hasta que fue detenido por la guardia civil y trasladado a San Sebastián, sometido a un Consejo de Guerra y encarcelado, pero logró evadirse. En 1920 se encuentra en Barcelona. Por aquella época organiza el grupo llamado «los justicieros», cuyo terreno de acción se repartía entre Aragón y Guipúzcoa. Una de las misiones que se plantearon fue la ejecución de Alfonso XIII que debía de asistir a la inauguración del Gran Kursaal de San Sebastián, pero el intento fracasó por una denuncia.

En 1921 se haya en Andalucía trabajando en una campaña de afiliación anarquista. El 9 de marzo, un día después del asesinato de Eduardo Dato, fue detenido en Madrid, pero logró engañar a la policía y escapar a Barcelona; se ignora su grado de participación en el atentado. Con el mismo grupo que se llamará también «Crisol» organiza una respuesta a la violencia gangsteril de la patronal catalana. En esta pequeña guerra civil de clases, el grupo se cohesiona con militantes que serán futuros cuadros cenetistas: Francisco Ascaso, Juan García Oliver, Miguel García Vivancos, Ricardo Sanz, etc. El acto más célebre perpetrado por el grupo será el atentado contra el archirreaccionario Cardenal-arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevila, que según Pío Baroja «conferenciaba en Reus con los jefes de la patronal de Barcelona y les daba consejos para atacar a la organización sindicalista obrera».

Otro acto espectacular fue el atraco a mano armada del Banco de España de Gijón, Durruti logró huir y días más tarde liberaba a Ascaso que se encontraba en prisión. Con éste se marcha a Francia, donde ambos organizaron con otros anarquistas «La Editorial Anarquista Internacional». Poco antes de concluir 1924, los dos embarcaron hacia Latinoamérica. Sus actividades revolucionarias llenas de audacia les llevaron a Cuba, donde ejecutaron a un patrón particularmente odiado, luego a México, Uruguay, Chile, Perú, Argentina. En una ocasión, necesitados de seis millones de pesetas para conseguir la libertad de 126 anarquistas, inician una serie de asaltos a casas bancarias que comienza en España, con el Banco de Cataluña, siguen en México y luego por los países del Pacifico, asientan sus bases en Chile, donde obtuvieron un buen botín, llegan a la Argentina, donde asaltan el Banco de San Martin, cruzan el Río de la Plata, llegan a Montevideo donde realizan otros asaltos con éxito.

En sus actuaciones siempre había un trasfondo idealista y antiburgués, su violencia nunca fue gratuita. De regreso a Europa, al poco tiempo se encontraban en París donde conoció a Mackno, que le causó una honda impresión. De nuevo tratan inútilmente de asesinar a Alfonso XIII. Fueron detenidos por la policía francesa y una multitud de gobiernos, empezando naturalmente por el de Primo de Rivera, exigieron su extradición. No obstante, una importante campaña de solidaridad lo impidió, y en 1927 consiguió un indulto.

Durruti ya tiene una compañera fija, Emilienne Morin, que no le abandonará nunca y con la que tendrá una hija Durruti se afilió a la FAI y se convirtió en su militante de base —siempre rechazó los cargos— más conocidos. En los primeros años de la II República, fue uno de los inspiradores de la línea llamada de la «gimnasia revolucionaria» que lo llevaron a actuar en diversas insurrecciones locales en Cataluña hasta que fue detenido por los acontecimientos revolucionarios del Alto Llobregat y deportado a Guinea llamada española, pero no fueron la luego aceptados por el gobernador y se quedaron en Fuerteventura (Canarias).

Fue liberado inmediatamente, y se dedicó a preparar una insurrección para principios de 1933, cuyo acto más conocido sería el de Casas Viejas. El fracaso hizo mella en su ánimo, consideró que «las condiciones no estaban maduras», aunque «también es cierto que estamos atravesando un período revolucionario y no podemos permitir a la burguesía que domine la situación haciéndose fuerte desde el Estado». Su finalidad no era una revolución encabezada «por una minoría que después impondrá su dictadura al pueblo», y ve «el sistema capitalista y estatal, herido de muerte tras el levantamiento de los mineros del Alto Llobregat».

Continua sus actividades hasta que es nuevamente detenido cuando formaba parte del Comité Nacional Revolucionario que preparaba un alzamiento ?ajeno a la Huelga General que preparó la Alianza Obrera? contra el gobierno radical-cedista. Liberado en víspera de las jornadas de julio de 1936 aboga por la unidad revolucionaria contra el fascismo. Durante estas jornadas, Durruti fue uno de los que animan la ocupación del cuartel de Atarazanas, y es también uno de los del petit comité que se niega a asumir las responsabilidades de un poder revolucionario y apoya la entrega de las riendas del gobierno catalán de Companys, contra el que había luchado en tantas ocasiones.

Forma parte del Comité Central de las Milicias Antifascistas y crea la legendaria «Columna Durruti» al frente de la cual asume tareas militares marchando hacia el Frente de Aragón, y más tarde, al más trascendental de Madrid. Allí se distingue por su arrojo hasta que muere en condiciones dudosas. Su muerte es uno de los grandes enigmas de la guerra civil. Las hipótesis van desde el torpe accidente hasta un atentado estalinista, pasando por una traición dentro de sus propias filas.

En este cuadro se inserta una polémica sobre la naturaleza de sus posiciones políticas. Para unos, Durruti se había plegado a las posiciones de la dirección de la CNT-FAI y había proclamado que había que renunciar a todo —la revolución? menos a la a victoria —militar—; mientras que para otros, que se apoyan en sus declaraciones al periodista Van Passen del Star, de Toronto. En estas, Durruti sigue fiel a sus posiciones habituales, se pronuncia radicalmente desconfiado de la ayuda exterior —potencias democráticas, URSS— y del propio gobierno republicano «que podría necesitar estas fuerzas rebeldes para aplastar el movimiento de los trabajadores». Preconiza la revolución y afirma: «…Somos nosotros los que hemos construido estos palacios y estas ciudades aquí en España y en América y en todas partes. Nosotros, los trabajadores, podemos construir otras en su lugar y mejores. No nos asustan las ruinas. Vamos a heredar la tierra, no nos cabe la menor duda. Que la burguesía haga trizas y arruine su propio mundo antes de abandonar la escena de la Historia. Nosotros llevamos un mundo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en estos instantes».


Su entierro, celebrado en Barcelona, reunió a una impresionante multitud y sirvió para adoptarlo como héroe de la República. Su leyenda de gigante ha ido creciendo como una bola de nieve. Entre sus biografías, la más conocida es la de Abel Paz quien también será coautor del guión de la vibrante película documental Durruti en la revolución española (Paco Ríos, 1998); otro film documental, Buenaventura Durruti, anarquista, fue dirigido por Jean Louis Comolli (autor de La Cecilia), y contó con la colaboración de Albert Boadella y Els Joglars, Durruti también será evocado en Libertarias (1996), de Vicente Aranda; también sobresale el «collage» escrito por el poeta y ensayista germano Hans Magnus Enzensberger, El corto verano de la anarquía (Anagrama, Barcelona, 1998), sobre la que Pasolini (Tempo, 25-XIO-1973) escribiría que éste «ha dado una extraordinaria lección a los historiadores profesionales: ha inaugurado, nada menos, un método nuevo, ¡Vaya con el collage! La Historia sólo puede ser entendida si es interrogada desinteresadamente». Joan Llarch escribió La muerte de Durruti (Plaza&Janés, 1979); Edmundo Marculata efectuó una edición propia de su inquisitiva Las seis muertes de Durruti (Barcelona, 1984).

Conviene no olvidar la escrita en clave «desmistificación» neoliberal por César Vidal (Temas de Hoy, Madrid), que se ha convertido en piedra de toque en una campaña conservadora animada, entre otros, por Hugh Thomas, en la que Durruti resulta catalogado dentro de la categoría de un «terrorista» a comparar con el antiguo agente norteamericano Bin Laden …


Esgleas Jaume, José (a) Germinal: figura indispensable en la historia del anarquismo español en el exilio, miembro de la familia Montseny tras su matrimonio con Federica (Malgrat, Barcelona, 1903-Tolouse, 1981). Pasó su infancia en Marruecos, y una historia lo vincula a una oscura y trágica trama en la que ocurre el acuchillamiento de un árabe en una «razzia».

Actuó en el movimiento anarquista del Litoral desde muy joven, a los 17 años era presidente del sindicato de varios en Calella. Esgleas comenzó a darse a conocer en el exilio hacia 1923 (mitin con García Oliver, nombramiento para le secretaría de la CNT catalana, etc.), aunque su fama se afirma más sólidamente durante la República a la sombra de los Montsenys, y sobre todo durante la guerra.

Vinculado a le FAI se manifestó como partidario de la línea más revolucionarista durante la República, sin embargo durante la contienda ocupó diversos cargos políticos: representante de la CNT en el Consejo de Economía de la Generalitat (cargo que no llegó a ejercer), miembro del Comité Ejecutivo creado por García Oliver, y del CAP catalán. La diáspora le llevó al campo de concentración de Argelés y ulteriormente fue condenado a tres años en Notron, donde fue liberado por el «maquis» en 1944. Cuando la CNT exiliada fue reorganizada, Esgleas fue nominado secretario general y se niega a ceder el cargo a Juanel (que había sido nombrado como tal) fundándose en su cargo de vicesecretario del Consejo General del ML, pero en realidad porque no reconocía a la otra tendencia tachada de «colaboracionista», lo que en 1943-45 provoca la fractura cenetista.

Esgleas emerge en este período como la conciencia ortodoxa del anarcosindicalismo, interpretando la derrota como un producto del abandono de los principios; esta concepción se impuso en el Congreso de París de 1945, el mismo que le confirmó en el cargo. En los años siguientes el «esglaísmo» o el «federiquismo», siguió ocupando la hegemonía dentro del movimiento, manteniendo una discutida continuidad para unos «regeneradora», para otros «anacrónica» e «inmovilista», cuando no de favoritismo. Esgleas escribió algunas narraciones que fueron publicadas en la serie de La Novela Ideal. Su obra más conocida será Decíamos ayer… Verdades de todas horas (Tolouse, 1975).


Fabbri, Luigi: destacado, educador, periodista y teórico anarquista italiano (Fabbriano, Ancona, 1877-Montevideo, 1935). Frecuentaba la escuela técnica cuando, a los 16 años se adheride a dicho movimiento influenciado por el individualismo, a los 17 fue arrestado y condenado por haber escrito y difundido un manifiesto antimilitarista, a los 19 conoció a Malatesta, del que se convirtió en su mano derecha y sobre él que escribió una biografía (traducida por Santillán y publicada por Tierra y Libertad en 1938).

Maestro de enseñanza primaria y periodista político, Fabbri comenzó a escribir en Agitazione, convirtiéndose en uno de los principales exponentes del movimiento no tanto por su originalidad como por su constancia, seriedad y capacidad de polémica. Se mostró particularmente sensible a la cuestión de la libertad de pensamiento y escribió diversos opúsculos sobre ello: A los estudiantes (1903) La inquisición moderna (1904), Ferrer y Guardia. El último mártir del libre pensamiento (1909), Iglesia y Estado (1913), así como una laboriosa biografía de Giordano Bruno que permaneció inédita.

Señalado como «muy peligroso» por las autoridades, pasó la mayor parte de su vida
militante entre Roma y Bolonia; conoció encierros domiciliarios, libertades condicionales, cárceles y destierros en numerosas ocasiones. Entre 1903 y 1911 animó junto con Gori Il Pensiero, uno de los periódicos anarquistas de mayor duración en aquel entonces y de mayor nivel cultural. Sigue mostrándose infatigable como libelista y escribe, entre otras cosas, un ensayo biográfico sobre Carlo Pisacane, así como Cartas a una mujer sobre la anarquía (1905), Cartas a un socialista (1914), en las que desarrolla una crítica del parlamentarismo. No menos significativas son sus aportaciones sobre la cuestión pedagógica y hace diversas aportaciones a la Universitá Popolare, en particular su trabajo La escuela y la revolución (1912).

En 1906, Fabbri toma parte con Malatesta en el Congreso anarquista de Amsterdam y en el antimilitarista que le sigue; a finales del mismo año es detenido junto con su maestro en Londres. Siempre en una línea voluntarista, Fabbri no aprecia demasiado los proyectos sindicalistas. Durante la «semana roja» de 1909 fue confinado en San Marino y luego en Lugano. Con ocasión de la Gran Guerra impulsa una gran campaña desde la revista Volontá que culmina en su manifiesto La guerra europea y los anarquistas que sirve para aislar las posiciones kropotkinianas en este acontecimiento en Italia. En Volontá participa en una controversia sobre la experiencia bolchevique que conoce una extensa popularidad en su país, producto de este debate será una de sus obras más editadas: Dictadura y revolución (Campo Abierto, Madrid, 1977, que con el título de Comunismo libertario o capitalismo de Estado, recoge además sus artículos aparecidos en La Protesta). Otra aportación suya a este problema se ha publicado junto con textos de Bujarín y Rocker: Anarquismo y comunismo científico (Síntesis, Barcelona, 1978). Los comienzos de los años veinte fueron de una gran actividad para Fabbri que será uno de los animadores del cotidiano milanés Umanitá nova y de la Unión anarquista italiana (surgida de la unión comunista anarquista en 1919).

Fabbri interpreta el fenómeno fascista como una reacción clasista autoritaria, así lo describe en su obra La contrarrevolución preventiva. Reflexiones sobre el fascismo (1922). Se niega a prestar el juramento de fidelidad exigido por las autoridades fascistas y se marcha al exilio, allí trabaja con Berneri y sobre todo con Fedelli y publica Lotta umana. Expulsado de Bélgica se marcha a Uruguay y en Montevideo despliega una gran actividad publicista y trabaja en la escuela italiana como director hasta que fue destituido debido a las presiones de la embajada italiana. Escribe en Germinal, de Chicago, y en La Protesta, de Buenos Aires y publica algunos folletos contra el fascismo, y ensayos como ¿Qué es la anarquía?, editado recientemente (Numa, Valencia, 2002, con prólogo de Paco Madrid), que comprende también una evocación de su maestro: Anarquía y comunismo en el pensamiento de Malatesta.

En esta época mantiene su distanciamiento del anarcosindicalismo y explica sus ideas y posiciones en su articulo Sobre un proyecto de organización anarquista, donde escribe: «Una parte errónea de la “plataforma” (de Archinoff) me parece que es la que hace de la “lucha de clases” casi la característica principal del anarquismo, reduciendo a una mínima expresión su significado humano v su objetivo humanitario». Su hija, Luce Fabbri (Roma, 1908), será también una destacada oradora y propagandista, profesora de literatura italiana en la Universidad de Montevideo, y autora de numerosas investigaciones sobre Reclús, Foscolo y Maquiavelo, conferenciante, militante y autora de entre los cuales cabe destacar: Camisas negras, Los anarquistas y la revolución española, el totalitarismo entre dos guerras, y sobre todo. La libertad entre la historia y la utopía, una recopilación (Tres ensayos y otros textos del siglo XX) con prólogo y edición en clave de homenaje de Antonia Fontanillas Borrás y Sonya Torres Planella que comprende una evocación de su padre, Luigi Fabbri educador.


Fernández Sánchez, Aurelio: uno de los más representativos «hombres de acción» (Oviedo 1897- ?). Comenzó como militante en Barcelona donde en 1922 formaba parte de «Los Solidarios». En 1923, junto con Francisco Ascaso y Torres Escartin, participó en un atentado contra Martínez Anido. En septiembre del mismo año es uno de los que atracan la sucursal del Banco de España de Gijón con la intención de adquirir armamento, La Dictadura de Primo de Rivera lo obliga a exiliarse a París, donde, en compañía de García Oliver, está en los preparativos para atentar contra Alfonso XIII en julio de 1926. El fracaso le lleva a Bélgica.

Cuando regresa a España por Vera de Bidasoa y Pamplona, tiene un accidente de automóvil, y fue detenido. Luego participará en otra tentativa, esta vez contra el propio dictador. Permaneció en la prisión de Cartagena hasta después de la proclamación de la República. Reaparecerá como miembro del grupo «Nosotros». Abogado del «apoliticismo ácrata», se sitúa en la tendencia más radical de la FAI, y se encuentra en la reunión preparatoria de la insurrección de enero de 1933 de acuerdo con la línea propuesta por García Oliver, del que será un incondicional, sufrirá nuevos encarcelamientos por su participación en diversas tentativas de luchas
insurreccionales. Durante las jornadas de julio de 1936 será uno de los que se enfrenta a los militares facciosos en Barcelona. Representará a la FAI en el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, como responsable del departamento de investigación y vigilancia; se le atribuye la famosa afirmación de que en Barcelona, «la revolución la habían hecho los piojosos».

Será uno de los responsables de la represión en la retaguardia catalana. En octubre de 1936 fue nombrado secretario general de la Junta de Seguridad Interior de Cataluña, y se le atribuyen diversos excesos como lo pudo ser la matanza de religiosos maristas en octubre de 1936. Es uno de los delegados confederales que informan al gobierno republicano sobre el pacto entablado con los nacionalistas marroquíes que implicaba el fin del colonialismo español en la zona, y que sería rechazado por Largo Caballero.

En abril de 1937 es nombrado «conseller» de Sanidad y Asistencia Social de la Generalitat. Detenido en la Modelo de Barcelona en agosto de 1937, sería procesado en diversos sumarios por robos y por el intento frustrado de asesinato contra Andreu i Abelló. Pero será considerado inocente de los dos primeros delitos, y condenado a prisión atenuada. Exiliado a México, interviene en la organización de Acción Democrática y colabora en diversas actividades con García Oliver.


Flores Magón, Ricardo: el más destacado representante del anarquismo mexicano.
(San Antonio Eloxochitlán, Teotitlán del Camino, Oaxaca, 1814, Kansas, USA, 1918). Liberal primero y anarquista después, representó junto con sus hermanos Jesús y Enrique la fracción más consecuente de la oposición al «porfirato» antes de la revolución, mientras que fue la «conciencia desdichada» de ésta al vincularse con una integridad total y trágica a sus ideales antes que ceder a la corriente y al posibilismo.

Era hijo de padre indio y de madre mestiza y fue muy influenciado por las comunidades indígenas de su localidad. Recibió junto con su hermano Enrique, una educación revolucionaria liberal por parte de su padre, partidario de Juárez, de la Constitución de 1851 y del comunalismo agrario. Se licenció en Derecho, pero no ejerció nunca la carrera de abogados, dedicándose plenamente a la militancia política contra la dictadura de Porfirio Díaz. Ideólogo, polemista y organizador revolucionario, vivió durante 18 años en los Estados Unidos desde donde inspiró y organizó al Partido Liberal Mexicano y con el a los chicanos, en un proyecto de democracia revolucionaria e independiente para México. Ricardo también colaboró intensamente, en sus diferentes estancias en el Norte, con los gringos  radicales  a los que influyó para que apoyaran la revolución.

Como liberal radical unificó a toda la oposición contra Porfirio Díaz en un programa nacionalista y democrático radical en el que contemplaba con sensibilidad los problemas de la clase trabajadora, de los indios y de los campesinos. Pero confiaba en una evolución pacifica que desterrara el «personalismo» y la corrupción, e instaurará un Estado liberal, capaz de superar las contradicciones sociales a través del Derecho y del voto. La unidad entre los problemas políticos y los sociales se le fueron planteando mediante su experiencia en la lucha —fue detenido en numerosas ocasiones tanto a un lado como al otro de la frontera—, y su
conexión con las masas.

Influenciado por pensadores como Bakunin, Reclús, Malatesta, Kropotkin, como por novelistas como Máximo Gorky y Emile Zola, los Flores Magón, con Ricardo al frente, evolucionaron alrededor de 1910 hacia el anarquismo y comenzaron, a través del periódico Regeneración, a desarrollar una crítica a la revolución política, al tiempo que planteaba una nueva alternativa basada en la alianza obrero-campesina y en la lucha de clases orientada hacia la supresión de la «trinidad sombría», o sea, del capital, la autoridad y el clero. Ricardo considera que la reforma es como una medicina que prolonga la enfermedad, pero que no la cura. La única solución es una revolución apoyada en los trabajadores. Desde los campesinos que trabajan la tierra hasta los que lo hacen en régimen de comunidad, y en la fábrica los obreros, y no que se detenga hasta imponer la anarquía. Su finalidad la explica así su hermano Enrique: «Por comunismo anarquista entiendo —y creo en ello—la teoría de tener toda la riqueza natural y social como propiedad de todos. Brevemente, que todos puedan tener libertad absoluta, desde el punto de vista político, social y económico. Así todo el mundo sería libre, iguales y hermanos; sin importar sexo, raza o color. Por ello mismo mi credo es: el garantizar a todos el derecho a trabajar y a disfrutar en su totalidad del provecho de su trabajo; y así asegurar para todos el derecho de realmente vivir y disfrutar de la vida… Mi forma de gobierno sería en general a lo largo de estas líneas: Organización de los individuos en sus distintos trabajos; de allí a cada pueblo, de cada pueblo a cada región; de cada región a lo que ahora llamamos organización nacional, para formar una clase de república. Cuando otros países sigan el ejemplo, entonces será internacional… Todo centro de actividad humano tendrá sus propios representantes, que formarán una especie de Congreso».

Aunque los hermanos Flores Magón interpretaban el sentimiento profundo de las masas, no lograron el apoyo y la audiencia que tuvieron los otros grandes representantes de estas como Zapata y Villa que, aunque no llegaron a comprender como ellos la necesidad de una alianza con los trabajadores y de una independencia cara a la burguesía maderista, si supieron dar cuerpo a sus reivindicaciones agrarias que contemplaban tanto la comunidad como la pequeña propiedad. Para los hermanos anarquistas no había lugar para la pequeña propiedad. También estos, a su manera, supieron comprender que existían contradicciones entre la burguesía constitucionalista y el porfirismo, mientras que para los Flores Magón cualquier compromiso con el maderismo era una traición. Por eso descalificaron al socialista Juan de Saravia… Los Flores Magón se distanciaron tanto de plan de Ayala como del posibilismo de los trabajadores, y no pudieron conectar con ambos sectores sociales, determinantes para establecer lo que lúcidamente habían previsto como alternativa de los de abajo: el socialismo.

Ricardo interpretó este distanciamiento como el reflejo de la incapacidad de las masas y no como el producto de sus propias deficiencias políticas. En 1921 criticaba la revolución rusa como un error y persistía en su voluntad doctrinaria. Inflexible ante cualquier componenda, perseguido por uso y por otros, Ricardo fue finalmente detenido y encarcelado por las autoridades norteamericanas que se negaron a mostrar la menor benignidad con él.

Murió en prisión y detrás de él dejó una leyenda de incorruptible así como una importante obra escrita que conserva el vigor y el entusiasmo de un hombre que fue uno de los principales precursores de la revolución, uno de sus más activos combatientes, el más fiel representante del pueblo trabajador y el profeta de revoluciones futuras. Sus dos hermanos continuaron desarrollando una importante labor propagandística hasta entrado los años treinta. El Grupo Cultural Ricardo Flores Magón ha publicado la biografía que le dedicó Abab de Santillán: Ricardo Flores Magón. El apóstol de la revolución social en México (1925), así como diversas obras y antologías suyas: Abriendo surcos (1924), Epistolario revolucionario e íntimo (3 vols., 1925), Sembrando ideas (1923), Semilla libertaria (2 vol. 1923), Tierra y libertad. Drama revolucionario en 4 actos (1924), Tribuna roja (1925), Verdugos y víctimas. Drama revolucionario en 4 actos (1924), vida nueva (1924). Otras ediciones son: batalla a la dictadura: textos políticos (con sus hermanos, Empresa Ed. México, 1948), La revolución mexicana (Grijalbo, col. 70, México, 1970). Dos estudios a destacar: el de Juan Gómez Quiñones, Las ideas políticas de Ricardo Flores Magón (ERA, México, 1977), que comprende una antología de su obra. Y el de Benjamín Cano Ruiz, Ricardo Flores Magón, su vida, su obra (Ideal, México, 1976), con 42 cartas (en facsímil).


Gallego Crespo Juan: dirigente libertario de solera militó desde muy joven en distintas organizaciones afines en Andalucía (Torreperegil, Jaén, 1885-México 1974). Fue muy conocido a principios del siglo XX por sus actividades en mítines, conferencias y contribuciones periodísticas. Realizó numerosos viajes a lo largo y ancho de Andalucía como agitador libertario; en 1911 tuvo que huir de Bujalance, perseguido por repartir propaganda antimilitarista en los cuarteles; en Córdoba colaboró intensamente en el Centro Obrero; en Sevilla fundó (1918) y
animó Acción Solidaria; ulteriormente se estableció en Valencia desde donde desarrolló una importante actividad en el comité Regional de Levante, colaborando muy activamente en la Solidaridad Obrera de Valencia (en la que llegó a ser propuesto como director); representó diversos sindicatos valencianos, por ejemplo, la sociedad El Obrero Instructor de Soneixa, en el congreso de la CNT celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid el 1919.

También toma parte en el congreso fundacional de la FAI en Valencia (1927); escribió en La Revista Blanca y El Luchador; siguió activo durante la República, fue redactor de Fragua Social de Valencia, al final de la guerra era el responsable del comité Regional de la CNT-Centro, y representó la zona en las reuniones del ML; internado en el campo de concentración de Albatera, consiguió escapar a Francia, formando parte del consejo del ML hasta que se trasladó a México donde falleció.


Atentado en la Bolsa de París

Gallo, Charles (1859-?): Autor del atentado en la Bolsa de París en marzo de 1886. Abandonado por sus padres, fue educado por personas caritativas. Inteligente y estudioso, pudo adquirir una cierta cultura, orgulloso y indisciplinado, trabajó en varios empleos hasta que fue detenido en 1879 por fabricar moneda falsa. Al salir de la prisión se hizo anarquista, partidario de la «propaganda por el hecho». Detenido con ocasión de su famoso atentado, se presenta ante los tribunales lamentando no haber matado a nadie y haciendo proclamaciones ácratas. Será condenado a veinte años de trabajos forzados. Enviado a varias prisiones y finalmente, a Nueva Caledonia tiene un dramático enfrentamiento con uno de sus guardias. Es entonces condenado a perpetuidad. Alguien que lo había visto dirá de él, en 1902, que era «un cadáver viviente». Una campaña de solidaridad motivada por Jean Grave no dará resultados.


García Birlán, Antonio (a) Dionisios: periodista y publicista obrero (Fuentevaqueros, Granada, 1891-Barcelona, 1984) dejó al fallecer más de cien títulos inéditos. Maestro de una escuela obrera en Castro del Río, alrededor de 1915 comienza a ser conocido gracias a su papel de redactor y director de la Revista Nueva (1925), Mañana (1930, ambas en Barcelona), y por sus relaciones con el grupo que edita Tierra y libertad, que dirigirá más tarde, lo mismo que
Solidaridad Obrera; también escribe en Estudios.

Militante de la CNT, en plena Dictadura de Primo de Rivera, fue uno de los componentes del Comité Nacional clandestina, y durante los años 1927-1928, mientras residía en Mataró, al lado de Joan Peiró que era su secretario.

A finales de 1928 se incorporó al grupo «Solidaridad», organizado para unir las diversas tendencias confederales. Miembro de la FAI, trabajó en las Ediciones Culturales Iberia, bajo el título de Aspectos sociales de la humanidad, publicó una serie de libros sobre las grandes corrientes ideológicas contemporáneas. En 1936 fue nombrado conseller de sanidad del gobierno de la Generalitat catalana en septiembre de 1936. Durante toda la guerra ejerció también como director de La Vanguardia de Barcelona.

Fue uno de los encargados —junto con Federica y Santillán— por la CNT para solicitar a Azaña a finales del 1938 en nombre del comité peninsular de la FAI, para plantearle un cambio político radical y destituir a Negrín. En marzo de 1939, Birlán formó parte del consejo general del MLE, y prosiguió, una vez en el exilio, su trayectoria de publicista; trabajó como corrector de texto en la Enciclopedia Larousse, muy estimada en los medios libertarios. Murió al regresar a España. De su trabajo editorial cabe registrar la preparación para América de una serie de antologías de carácter didáctico: El amor y la amistad, la historia, Cultura y civilización, La libertad, Pueblos y razas, Ciencia y filosofía, El Estado, la patria y la nación, etc. Entre sus libros editados destacan: El anarquismo, sus doctrinas, sus objetivos; El sindicalismo, sus orígenes, sus tácticas, sus propósitos; ¡A la lucha!; Resultados de la guerra, etc…


García Oliver, Juan: el más controvertido de los grandes dirigentes del movimiento
libertario español durante los años treinta y en la primera fase del exilio (Reus, 1902-México, 1980). De origen proletario, empieza a trabajar a los once años en una oficina de vinos y ulteriormente como cocinero y camarero; entre las anécdotas que definen su carácter hay una que cuenta que abofeteó a un cliente que se empeñaba en darle propina.

En 1917 se encuentra en Barcelona, dos años más tarde se afilia a la sociedad de camareros la Alianza y se orienta hacia el anarquismo («…El anarcosindicalismo es una actuación dentro de la vida que se traduce en una actuación sindical con la permanente influencia anarquista. En la organización se parte del hombre libre que se organiza en un gremio o sección y que forma los sindicatos. Cada nacionalidad tendrá sus comités nacionales y todos ellos se federarán libremente entre sí, como resultado de la voluntad expresada en cada uno de los pueblos de España…»), y actúa con el grupo «Regeneración».

Es encarcelado después de una huelga, y al salir a la calle se marcha a Reus para sindicar con éxito a los obreros de la comarca; en 1921 aparece como responsable del comité provincial de Tarragona y en 1922 se integró en el grupo de «Los Solidarios». Destacado ya como hombre de acción, Oliver asiste en 1922 a la Conferencia de Zaragoza y malvive por Valencia y la comarca barcelonesa; un año más tarde ajusticia, junto con Ascaso, a un pistolero de la patronal llamado Legía.

Después de pasar un año en prisión se marcha a Francia y en París emerge como una fuerte personalidad del movimiento: rechaza contactos con Maciá, prepara un atentado contra Mussolini que no tiene lugar por abandonar el grupo italiano; también se encuentra detrás de otro frustrado contra Alfonso XIII. Cuando regresa a España en 1926 es detenido y permanecerá encarcelado en Burgos hasta 1931. Durante la República se convierte en el más inquieto exponente de la corriente faísta de la que será secretario en oposición al «anarcosindicalismo reformista» de los trentistas.

Oliver será el principal exponente de la teoría de lo que llamará la «gimnasia revolucionaria», una práctica que justifica como una experiencia que «alcanzaba solamente a la práctica insurreccional de la clase obrera al servicio del comunismo libertario, pero, nunca, para derribar ni colocar gobiernos burgueses, fuesen de derecha o de izquierda».

Más concretamente ubica esta posición en el marco de una República, que «asentada en un punto neutro, sin sufrir ni vaivenes de derecha ni de izquierdas, se consolidará y sería la paz. Un espejismo de paz, pues sería una república gobernada en defensa de los mismos intereses que defendió la monarquía. España necesita hacer su revolución. Y porque la necesita la hará. Y prefiero que sea una revolución anarcosindicalista, siquiera porque, alejados de toda influencia histórica, tendría el sello de la originalidad».

La puesta en práctica de este método tendrá su momento cumbre en los acontecimientos del 8 de enero de 1933 que se saldan con un fracaso. Esta concepción eminentemente voluntarista, hará que Oliver se convierta un tanto en el centro de las críticas de la otra tendencia que lo tildará de anarcobolchevique… Secretario de FAI, mentor de «una pequeña FAI» (Peirats), la vehemencia de Oliver le lleva incluso a poner en cuestión al grupo faísta, sobre todo a los que «dominaban» a los que acusa de constituir, «en potencia, la contrarrevolución» y habla de todos aquellos, «fugitivos de la clase obrera, como periodistas, maestros racionalistas o escritores, (que) habían logrado el milagro de eludir las restricciones que imponía el acuerdo de no tolerar la duración de más de un año en los cargos retribuidos…».

En 1934, se opondrá a la Alianza Obrera pretextando que se trata de un pacto entre Largo Caballero y Companys contra la CNT. Periodista él también (redactor de CNT hasta 1934), orador y temido hombre de acción (otra anécdota cuenta que en una ocasión, mientras se encontraba perseguido, la policía entró en un bar y al encontrarse con él se fueron sin hacer nada); Oliver será uno de los principales animadores de las luchas callejeras de julio del 36 en Barcelona, donde, según escribirá después, encontró gente del POUM, pero no a Santillán, Montseny, Aláiz o Carbó, sus adversarios en algunos momentos.

En el Pleno Regional que decide propone «ir hacia una concepción maximalista, partiendo desde donde estábamos al infinito social», y se basa en la creencia de que «el momento había llegado, la clase obrera poseía una enorme formación socializante y de conciencia de clase como se demostró en las colectivizaciones que se hicieron sin que la organización hubiera tomado los acuerdos». Sin embargo, matiza, no quiso «parecerse a Trotsky», y no levanta la bandera contra el acuerdo mayoritario y se somete. Pasa a ser unos de los organizadores del Comité Central de Milicias y fue uno de los creadores de la Escuela de Guerra de la que «salieron más de tres mil oficiales con una formación muy superior a la de las academias militares, en tan sólo tres meses».

Oliver peleó en Aragón y más tarde fue requerido para ocupar la responsabilidad de conseller de Defensa de la Generalitat y en noviembre de 1936 en ministro de justicia del gobierno republicano. El mismo contará así el acontecimiento: «Mi entrada en el Gobierno obedeció a un acuerdo del pleno de la Regional Catalana de la CNT, en el cual yo no estuve presente y del cual protesté. Me planteé que podía hacer yo como ministro anarcosindicalista y vi que muy pocas cosas. Sin embargo, di una amnistía total, hice abolir los antecedentes penales que incapacitan a los hombres para una nueva inserción social. Fui el ministro que simplificó a una cuestión de días todo el burocratismo para la adopción de huérfanos de guerra; regularicé, simplificándolos, los derechos contractuales matrimoniales… Esta labor fue lo que me reconoció el gobierno de Suecia para acogerme como refugiado político».

En mayo de 1937 interviene como apaciguador… En enero de 1939, Oliver se traslada a Francia, después se marcha a Suecia donde vivirá durante 18 meses, y se mueve con la intención de crear un partido anarquista, proyecto que sin embargo abandona pronto. En enero de 1941 se marcha a México donde vivirá muchos años.


Partidario de la unidad antifascista, provoca una escisión en la CNT en México, y mantiene unas relaciones tensas con otras voces del movimiento, su intransigencia se manifestará cuando se niega a volver a España después de la muerte de Franco «hasta que no haya una verdadera democracia» y al negarse a cobrar su pensión de ministro hasta que no le pagaran los atrasos.







Durante la guerra escribió dos opúsculos, El fascismo internacional y la guerra antifascista, Mi gestión al frente del Ministerio de Justicia. Antes de fallecer publica sus voluminosas memorias, El eco de los pasos, que consta de tres partes, Anarcosindicalismo en el Comité de Milicias. El anarcosindicalismo en el Gobierno. El anarcosindicalismo en el exilio (Ruedo Ibérico, Barcelona, 1978), obra en la que arremete sin piedad contra todos los principales representantes del movimiento anarcosindicalista y contra los «monstruos sagrados» del campo republicano (Companys, Largo Caballero, etc.) al tiempo que amplia los conocimientos sobre los importantes acontecimientos en los que participó, y en los que siempre logra ponerse en buen lugar. Una defensa de Oliver y de estas memorias se puede encontrar en el artículo de José Mártinez (principal animador de Ruedo Ibérico) en Tiempo de Historia nº 55 (junio 1979).


García Vivancos, Miguel: conocido miembro de «Los Solidarios» desde su gestación en 1922 (Mazarrón, Murcia, 1895-Córdoba, 1972). Tomó parte en muchas de las acciones del grupo y durante la Dictadura estuvo en París con Durruti y Ascaso, pero se distanció de ellos por una serie de contradicciones, y toma parte en la fracasada acción de Vera de Bidasoa. Regresó a Barcelona y trabajó de taxista.

En los años treinta, ingresó en la masonería, y estuvo muy vinculado a García Oliver, tomando parte en algunas de sus tentativas insurreccionales. Tomó parte en las jornadas de julio de Barcelona, y fue chofer de García Oliver en el comité de Milicias.


Un pueblo vasco, pintado por M. García Vivancos


Posteriormente fue uno de los organizadores de Los Aguiluchos, y también el responsable de la 126 Brigada y de la 25 División, después de la operación militar contra Teruel alcanzó el grado de teniente coronel. En el exilio siguió al lado de García Oliver y fue expulsado de la CNT en 1945. Hombre polifacético, consiguió fama como pintor naif.




Goldman, Emma: célebre anarquista y feminista de América y de Europa (Kovno, Rusia, 1869- Canadá, 1940), fue considerada por la prensa reaccionaria como «la mujer más peligrosa del mundo». Su primera rebeldía nació en el seno de su propia familia donde su padre, un trabajador que vivía en el getto judío, es recordado como una pesadilla en sus memorias. Su madre, que era constantemente brutalizada por su padre, le dio una bofetada cuando Emma comenzó a menstruar: «Es lo que necesita una joven cuando se convierte en mujer», le dijo. Tenía 13 años cuando su familia se trasladó a San Petersburgo donde ella comenzó a ganarse la vida como obrera; no tardó en tener contactos con militantes nihilistas; en 1884 su padre quiso arreglar su boda a «buen precio», pero ella se negó a obedecer amenazando con el suicidio. Un año después lograba su libertad emigrando junto con su hermana a Norteamérica, a la ciudad de Rochester.


Poco tiempo después, Emma se casó con un compañero de trabajo del que no tardó en distanciarse. Comenzó a frecuentar los ambientes socialistas de distinto signo hasta que el drama de los mártires de Chicago le inclinó definitivamente hacia el anarquismo. Luego dirá que la campaña a favor de los inculpados fue como nacer de nuevo y se juramentó por luchar para cambiarlo todo. En 1889 conoció en Nueva York a Johann Most del que se hizo amante y discípula, pero no pasó mucho tiempo hasta que Emma pusiera en cuestión ambos roles: no soportaba la dominación machista de Johann, ni estaba de acuerdo con sus tesis sobre la «propaganda por el hecho». La separación entre ambos dio lugar a una crisis dentro del movimiento anarquista de la zona, el lugar vacío de Johann lo ocupó Alexander Berkman que se convirtió en un amante y un compañero de lucha inseparable.



Como tal, Emma participó en los preparativos del intento de ajusticiamiento llevado a cabo por Berkman contra H.C. Frick. Durante los 14 años que pasó él en la penitenciaria de Allegheny, Pennsylvania, Emma desplegó toda su capacidad de oradora y articulista consiguiendo su prestigio inicial, desde entonces su nombre se hizo prácticamente indisociable de todas las causas inconformistas importantes de Norteamérica. Su audacia fue tal que no dudó en asumir la defensa de León Czolgosz, un obrero de origen polaco, cuya vinculación con el anarquismo era bastante dudosa, pero que había actuado con una voluntad justiciera, indignado frente a la constante represión del movimiento obrero. Si Czolgosz era culpable, ¿qué no sería el jefe del Estado plutocrático?


Vigilada permanentemente por la policía, Emma se hizo tan habitual en las cárceles que siempre llevaba consigo un libro para poder leer en ellas, durante dos años estuvo en una prisión federal donde su actitud combativa dio sus frutos facilitando el camino de algunas reformas. Quizás el terreno en el que actuación de Emma sería más rica y vigorosa fue en el feminista donde se situó en la avanzada del movimiento socialista y anarquista, no muy coherentes en este extremo, su pensamiento básico lo resume en estas palabras: «La historia nos muestra que toda clase oprimida ha conseguido la verdadera liberación frente a sus amos gracias a sus propios esfuerzos, es necesario que la mujer aprenda esta lección y que se de cuenta de que su libertad llegará tan lejos como llegue su fuerza para conseguir». Esta actuación iba desde lo privado —ella vivió sin tensión un perfecto «menâge a trois» con Berkman y otro compañero y tuvo amantes hasta en su edad augusta—, hasta lo político, yendo en este aspecto mucho más lejos que los principales exponentes del anarquismo. Según Alix Shulman: «Utilizó la doctrina anarquista para explicar muy bien que la raíz de semejante opresión era más profunda que las instituciones. Cuando su anarquismo entraba en contradicción con su feminismo, reaccionaba siempre como feminista. A semejanza de muchas mujeres de la izquierda actual, se rebeló cuando los hombres radicales la menospreciaban por el sólo hecho de ser mujer…».


Emma creía que la cuestión femenina no radicaba en el derecho a voto —que menospreciaba—, ni en la cuestión económica como decían las marxistas, sino en el factor ideológico que hacía de los hombres «tiranos inconscientes». Emma estaba convencida de que el sexo era «tan vital como la comida y el aire», y subrayó la contradicción que existía en el hecho de que las mujeres fueran obligadas por una parte a ser asexuadas y por otra, a vender su cuerpo a través del matrimonio o la prostitución pública. Llegó a estas conclusiones no a través de una sistematización teórica —aunque fue muy influida por Havelock Ellis y por Margaret Sangers-, sino a través de una ardua experiencia conseguida cuando trabajó en diferentes ocasiones como obrera y, sobre todo, cuando ejerció durante algún tiempo como asistente sanitaria. En su inquieta vida, también trató en múltiples ocasiones con «mujeres de vida fácil» en las que encontró no pocas amigas que la apoyaron y la escondieron en momentos verdaderamente difíciles cuando huía de la policía o de los pistoleros de la patronal preocupados por sus denuncias de las injusticias laborales o de otros problemas. Emma llegó a ver en estas mujeres una paradójica síntesis del problema femenino: «No existe un sólo lugar donde la mujer sea tratada sobre la base de su capacidad de trabajo, sino a su sexo. Por tanto, es casi inevitable que deba pagar con favores sexuales su derecho a existir, a conservar una posición en cualquier aspecto. En consecuencia, es sólo una cuestión de grado el que se venda a un sólo hombre, dentro o fuera del matrimonio o a muchos, aunque nuestros reformadores no quieran admitirlo, la inferioridad económica y social de las mujeres es la responsable de la prostitución».



En Nueva York, Emma vivía habitualmente en el bohemio Greenwich Village, tal como la muestra la famosa película de Warren Beatty, Reds (Cf., anexos a la antología de John Reed, Rojos y rojas, El Viejo Topo, BCN, 2003). Puede decirse que en la atmósfera de este barrio se hallaba como un pez en el agua, y volvía a él siempre después de una campaña política. Allí se encontraban amalgamadas las vanguardias estéticas, morales y políticas, y Emma representaba junto con Berkman y el italonorteamericano Carlos Tresca, el sector ácrata. Cuando estalló la Gran Guerra en agosto de 1914, Emma empezó a trabajar con todas sus fuerzas contra la intervención norteamericana en el conflicto y fundó junto con Reed, Berkman, Tresca y otros amigos la Liga Antialistamiento que llegó a ser el centro neurálgico de toda la agitación pacifista y antipatriotera. No pasó mucho sin que fuera de nuevo detenida y juzgada al tiempo que las revistas que dirigía con Berkman fueron cerradas e invadidas por la policía. Situada delante de los jueces no tuvo inconveniente en declarar: «Ninguna guerra se justifica sí no es con el propósito de derrocar el sistema capitalista y establecer el control industrial de la clase trabajadora» Por esta razón, insistió en otra intervención, habían sido consecuente haciendo propaganda antimilitarista desde el inicio de sus vidas militantes, aunque, al contrario que el gobierno, la Liga que representaban jamás había hecho nada contra la conciencia de nadie, sólo desertaban los que no querían participar en una carnicería motivada por intereses financieros. Esta vez, a pesar de todo el genio polémico de Emma, el veredicto del tribunal fue más allá de la multa o la cárcel, y siguiendo los dictados del gobierno de Wilson, ambos fueron obligados al destierro fuera del país. Para ella aquello era pura y simplemente un robo de su ciudadanía, pero significaba más; era el fin de un período de una mayor flexibilidad democrática. Cuando se enteró de la noticia un fiscal de Washington pudo comentar con ironía: «Con la prohibición que se avecina y Emma que se va, este país será muy monótono».


El nuevo país al que iban a encaminarse había sido el suyo de la infancia y ahora se encontraba bajo el signo de una revolución que les llenaba de esperanzas. Para ellos, Octubre había sido la culminación de la revolución rusa y miraban a los bolcheviques con ojos de buenos amigos y estaban en buena medida convencidos de que éstos se habían apropiado de ciertas premisas libertarias para proclamar que todo el poder debía de ser para los soviets, o sea para los consejos obreros de obreros, campesinos y soldados. Durante los primeros tiempos, que coincidieron con una indescriptible guerra civil que destruiría radicalmente las bases materiales de la revolución, ambos trabajaron junto con los bolcheviques que se habían convertido en un Ejército Rojo disciplinado para vencer. Durante este tiempo polemizaron con los anarquistas que se negaban a colaborar y se establecieron un poco como un puente entre ellos y el poder revolucionario. Esta actitud, fundamentalmente positiva, comenzó a cambiar al final de la guerra cuando los bolcheviques fueron prohibiendo las diferentes tendencias socialistas disconformes con su programa y sus métodos y fueron enfrentándose a las revueltas campesinas y obreras con las armas. El punto definitivo de su ruptura ocurrió en medio de los acontecimientos de Kronstadt en marzo de 1921, en los que un grupo insurreccionado levantó la bandera de una tercera revolución y los bolcheviques los reprimieron por medio de la fuerza. Entre enero de 1920 y marzo de 1921, Emma y Berkman trataron de mediar contra las actuaciones represivas de la Cheka.


En contra de los bolcheviques, Emma vuelve su mirada hacia Kropotkin al que había conocido antes en un Congreso anarquista. El «príncipe anarquista» que durante la Gran Guerra y en la primera etapa de la revolución rusa había indignado a Emma por su actuación pro-Entente y de apoyo al Gobierno provisional, se encontraba ya agonizante y soñaba con una nueva Rusia estructurada por comunas que organizarían la pequeña industria artesanal, industrial y campesina que se federarían entre sí… En 1922, Emma y Berkman decidieron manifestar sus discrepancias, ella escribió: «Quizá la revolución de Rusia nació ya sentenciada, llegando arrastrada por los cuatro años de guerra, que habían aniquilado sus mejores valores y devastado sus mejores y más ricas comarcas, es posible que la revolución no hubiese tenido suficientes fuerzas para resistir los locos arrebatos del resto del mundo. Los bolcheviques afirman que fue culpa del pueblo ruso que no tuvo suficiente perseverancia para resistir el lento y doloroso proceso de cambio operado por la revolución. Yo no creo eso, y aceptando que esto fuese cierto, yo insisto, sin embargo en que no fueron tanto los ataques del exterior como los insensatos y crueles métodos que en el interior estrangularon la revolución y la convirtieron en un yugo odioso puesto sobre el cuello del pueblo ruso. La política marxista de los bolcheviques, alabada en un principio como indispensable a la revolución para ser abandonada después de haber introducido el descontento, el antagonismo y la miseria, fueron los verdaderos factores que destruyeron el gran movimiento e hicieron perder la fe del pueblo». Después de esta ruptura, Emma conoció un nuevo exilio, mucho más largo y penoso que el anterior. Después de haber tratado de volver infructuosamente a los USA, y de haberle sido negado el visado en numerosas cancillerías europeas, temerosas de su fama de agitadora, pudo finalmente recalar en Londres gracias a los buenos oficios de Harold Lasca, cuyas diferencias políticas no fueron obstáculo para una buena amistad.





En 1931 Emma escribió su autobiografía, Living my Life (Viviendo mi vida), de la que existe una edición reciente en dos volúmenes por parte de la Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1996) que fue un notable éxito editorial internacionalmente. Cuando en 1935 se suicidó Berkman, ella encontró en la revolución española y en el movimiento anarquista, un nuevo motivo de entusiasmo, aunque no pudo instalarse en España sí logró arreglar los documentos precisos para efectuar tres visitas. Estuvo en el frente de Aragón, conoció algunas experiencias colectivistas y departió con Durruti en compañía de Lola Iturbe, en Inglaterra trabajó como portavoz de la CNT en las campañas de solidaridad y en 1937 comenzó a sentirse preocupada por el sesgo que tomaban las cosas, desaprobó la participación ministerial y planteó sin resultados sus desavenencias en la AIT. La derrota de la revolución y de la República fueron un golpe muy duro para ella.



Murió en Canadá de una hemorragia cerebral. «Fue enterrada en Chicago, en el cementerio alemán llamado Waldheim, en el cual están enterrados los mártires de Chicago y Voltairine de Cleyre» (Rudolf Rocker). Aparte de sus memorias, existen otras aproximaciones a su vida como la de Richard Drinon, Emma Goldman. Rebelde en el paraíso (Américalee, Buenos Aires, 1970); Emma, de Howard Zinn, Emma (Hiru, Hondabarria, Guipúzcoa, 2001); la más asequible de José Peirats, Emma Goldman. Anarquista de ambos mundos, que aborda sobre todo capítulos dedicados a la URSS y a España (Laia, Barcelona, 1984). Durante los años treinta se publicaron diversos textos suyos que influyeron notoriamente en las «Mujeres Libres». Otras obras suyas editadas son: Dos años en Rusia (J. Olañeta Ed., Mallorca, 1978) y Tráfico de mujeres y otros ensayos, precedido por un trabajo de Alix Shulman (Cuadernos Anagrama, Barcelona 1977). Su nombre ha sido evocado en títulos de revistas, óperas, etc.


Gómez Casas, Juan: militante e historiador anarcosindicalista, fue el «rostro público» legal más conocido de la CNT en los años sesenta-setenta (Burdeos, 1921). Hijo de un cenetista emigrado a Francia con el que regresa a España con la instauración de la República. Miembro del sindicato y de las JJLL desde muy joven, Casas trabaja de recauchutador hasta que en 1938 se incorpora a la Brigada Mixta 39. Al final de la guerra se libra de la cárcel por minoría de edad y pasa a la actividad clandestina a través de las JJLL de la que será elegido secretario del centro, un sector contrario a la colaboración política con los demás colectivos republicanos.

Representa a la organización en el congreso de Toulouse de octubre de 1947, y es detenido en Madrid en 1948 pasando quince años en presidio, de los treinta a los que es condenado; pasando la mitad de su estancia en San Miguel de los Reyes, Ocaña y Burgos donde conoció un fracasado intento de fuga en 1956; un testimonio de esta experiencia la encontramos en sus Cuentos carcelarios (ZYX, Madrid, 1967).

Sale a la calle en 1962, trabaja como pintor y como contable en un hotel en Madrid y comienza su extensa labor divulgadora, colabora en la revista legal «de izquierdas» como Índice donde publica en 1968 una brillante síntesis sobre el sindicalismo revolucionario, y escribe, bajo el seudónimo de Jacques de Gaulle varios libros como Las horas decisivas de la guerra civil, El frente de Aragón, así como una biografía de Pablo Iglesias (Círculo de Amigos de la Historia, Madrid).

Luego publica en la editorial Zero, animada por católicos disidentes que en parte simpatizan con el anarcosindicalismo, dos obras de divulgación de gran calado: Historia del anarcosindicalismo (varias ediciones desde 1968) e Historia de la FAI (1977). En ambas se trasluce el esquema básico del pensamiento de Gómez Casas: el anarquismo ha sido consustancial con la CNT y por lo tanto, todas las tendencias divergentes de este punto de vista son consideradas como extrañas y «revisionistas» empezando por Pestaña y los «trentistas».

Esta visión uniforme se manifiesta con mayor virulencia en otra obra suya, Relanzamiento de la CNT. 1975-1979 (recopilación de textos, editados por la Regional del Exterior), en la que se denota una profunda preocupación por «ajusta las cuentas» con una gran variedad de discrepantes «infiltrados» en la organización.
Después de la muerte de Franco, Casas se convertirá durante cierto tiempo «en el representante más caracterizado del renacimiento de CNT» (Iñiguez), ocupando la secretaría general entre 1967 y 1978, pero incluso cuando abandona el cargo —siguiendo la tradición confederal de secretarios generales efímeros—, aparece como el más autorizado portavoz de la CNT-AIT en sus diferentes tomas de posiciones políticas (cisma CGT, devolución del patrimonio, denuncia de otras corrientes del anarquismo que no estima como auténticas, boicot a las elecciones sindicales, etc.).

Otras obras suyas son: Apocalipsis y otros relatos (1969); Sociología e historia (1973); La Primera Internacional en España (1974), todas en Zero-ZYX), Situación límite (Sedmay, Madrid, 1975), Los anarquistas en el gobierno (Bruguera, Barcelona, 1977), Anarquismo y federalismo (folleto), Los cruces de caminos: Antecedente y pequeña historia de una década (1966-1976) (Regional del Exterior de CNT, 1984). También ha prologado El proletariado militante, de Lorenzo (ZYX) y El principio federativo, de Proudhorn (Ed. Nacional, 1977), Nacionalimperialismo y movimiento obrero en Europa (Madre Tierra) entre otras…

González Prada, Manuel: escritor y poeta peruano, el más importante símbolo literario y político de su tiempo (Lima, 1848-Ib. 1918), su influencia en la izquierda de su país fue inmensa. Maestro de las nuevas generaciones, posromántico, parnasiano y casi modernista en sus creaciones poéticas. Particularmente sugestivo es su libro Minúsculas (1901), violento y anárquico en Presbiterianas (1909), y sumamente evocador en sus Trozos de vida (1933) y Baladas peruanas (1935).

Como prosista, muy próximo al 98 español, produjo Nuevas páginas libres y se muestra militante y anárquico en Horas de lucha y Bajo el oprobio. Inició su despiadada critica a las condiciones socio-económicas peruanas y a la «república aristocrática» después de la derrota sufrida por el Perú en la Guerra del Pacífico (1879-1883). Esto le hace emerger como un valiente ejemplar de demócrata revolucionario sumamente original, siendo uno de los primeros que asimila la trascendencia de los primeros movimientos indigenistas y del incipiente movimiento obrero.

Su toma de conciencia radical le lleva a poner en cuestión todo el sistema establecido como una continuidad de las tradiciones del coloniaje: «…de la mentira, escribirá, hacemos nuestra ley y nuestra costumbre, nuestro pan y nuestra bebida, nuestra madre y nuestro Dios…; mentira lo sancionado por la Constitución…; mentira, en fin, todo ese Gobierno republicano, democrático, representativo, fundado en la unidad…». Prada califica las maniobras de la clase dominante criolla de «prostitución política».

No duda que los cambios han de ser violentos, por el esfuerzo propio de los indios y de los trabajadores. Esta vehemencia le lleva alrededor de 1908 al anarquismo con el que se familiarizó durante una estadía en Europa: «El ideal anárquico, dirá, se puede resumir en dos líneas: la libertad ilimitada y el mayor bienestar posible del individuo». Los levantamientos y las huelgas deben de encauzarse hacia una «revolución integral», cuyo triunfo final «…tiende a la concordia universal, a la armonía de los intereses individuales por medio de generosas y mutuas concesiones; más no persigue la lucha de clases…».

Su «socialismo libertario» está impregnado de nacionalismo democrático y busca una opción equidistante entre el capitalismo y una revolución primordialmente proletaria. A su entender, las fuerzas motrices de esta revolución serán las masas populares y la intelectualidad, en particular los jóvenes y estudiantes, posiciones que reflejan muy bien las condiciones de la época. Prada piensa en una militancia basada en puro idealismo y en la heroicidad individual.

Su influencia se extendió entre los exiguos núcleos sindicalistas y anarquistas, y se manifestó a través de algunos de los intelectuales de izquierdas más importantes del país que le sucedieron, como P. Abril de Vivero —ideólogo trotskista en los años treinta—, del marxista heterodoxo, Mariátegui y del poeta comunista cristiano César Vallejo de Luis Alberto Sánchez, uno de los fundadores del APRA, y otros. Capellatti le dedica un extenso capítulo (Gonzalez Prada: del liberalismo al anarquismo) en sus Hechos y figuras… (Madre Tierra, Móstoles, 1990).

González Sanmartí, Ramón (a) «Nani»: activista del “maquis” (Granollers, Barcelona, 1920-Barcelona, 1948). En 1933, siendo aprendiz, ingresó en la CNT y un año más tarde, durante los sucesos de Octubre, fue detenido saliendo en libertad el año siguiente. La cárcel animó todavía más su voluntad militante, y se dedicó a organizar las JJLL de la que era miembro de su primer Comité Local (CL) cuando estalló la sublevación «africanista». Participó en las luchas callejeras y en la nueva organización social en su comarca; forma parte de su segundo CL de las JJLL, y se afilia a la FAI.

Abandonó sus cargos para engrosar en las milicias libertarias del Vallés Oriental, partiendo con la «Columna Rojo y Negra» que luego pasó a integrar en la 28º División (División Ascaso).

Más tarde, Sanmartí regresó a la retaguardia para realizar actividades orgánicas. Volvió a las trincheras destinado a la 26ª División cuando se desintegró el frente de Aragón, y se distinguió en varios combates. Tras tomar parte en la última batalla de Cataluña logró pasar a Francia recorriendo, sucesivamente, los campos de concentración de Vernet, Agde, Barcarés, Argelés-sur-Mer y Saint Cyprien.

Para escapar se alistó en la Legión Extranjera, pero enfermó en Marruecos y fue licenciado. Pudo trabajar libremente en Francia como combatiente, pero mientras luchaba contra los nazis, fue detenido por éstos y enviado a un campo de trabajo de Sète; logró escapar e incorporarse al «maquis». Con la liberación se consagró a la reorganización de las FIJL hasta que consideró que su puesto estaba en la guerrilla urbana en España, formó parte del grupo de Facerías hasta que cayó muerto en un tiroteo en las calles de Barcelona.


Paul Goodman

Goodman, Paul: polifacético escritor inconformista, continuador de la tradición liberal-anarquista norteamericana (Nueva York, 1911-1972). De origen judío, Goodman conoció la pobreza ya que su padre abandonó su casa por un quebranto comercial y su madre se trasladó de un barrio rico a uno bastante pobre; empero valorará estos factores como positivos, en cierta medida, ya que a ausencia del padre le permitió una gran libertad desde muy joven, y llega a estimar una pobreza decente como un estado ideal para alguien que quiere superarse.


Estudiante prodigioso, auténtico «gran atleta de los exámenes», Goodman desarrolla una impresionante carrera universitaria, sin embargo, su heterodoxia cultural, política y sexual hará que sea expulsado del cuerpo de profesores y no recibió su título académico hasta 1956.


Bisexual confeso desde los doce años ha sido uno de los abanderados de la libertad sexual y ha convivido tradicionalmente con su compañera y un amante masculino. Lector de Kropotkin en su juventud, Goodman se considera un «anarquista comunitario» que cree que «los seres humanos son inocentes; las burocracias crean el mal»; también aprecia la tradición radical norteamericana y como «patriota anarquista» exalta «nuestro experimento libertario, pluralista y populista», lo que no contradice su vehemente denuncia del sistema capitalista ya que cree que el entorno social se ha hecho antagónico con los recursos humanos y que la competitividad ha creado un modelo social que define como una «carrera de ratas» en la que gente compite en un espacio aparentemente cerrado, sin que hayan valores más elevados que la autoperpetuación.


Crítico social, autor de obras como Gowing up Absurd (1960) y People or Personnel; poeta de altura, ha publicado dos tomos de poesías completas, The Lordly Hucson (1962) y Hawkeweld(1967); novelista, autor de la tetralogía The Empire City (1959) y la autobiográfica Making Do (1963); también ha publicado recopilaciones de cuentos breves como Our Visitto Niágara (1960) y The Break-Up of our Camp (1949); crítico literario y ensayista, autor de The Structure of Literature (1954) y de Kafka Prager (1947); crítico de cine en la controvertida revista Partisan Review; articulista en diversas revistas y periódicos, codirector de la revista de izquierda Liberation, muy significativas en la década de los sesenta; autor de teatro, escribió Jonah y The Caveat Machpelah (muy maltratadas por la crítica), tuvo una relación muy estrecha e influyente con la pareja formada por Julian Beck y Judith Malinas, fundadores del Living Theatre, posiblemente la experiencia teatral más radical (en todos los sentidos) de la historia del teatro norteamericano; pedagogo, teórico de la crisis de la universidad y de la rebelión estudiantil.


Goodman fue uno de los animadores en Berkeley del Free Speech Movement y de las llamadas «Universidades Libres»; pacifista, que es, según él mismo, su pasión política más fuerte, llegando a propugnar —durante la guerra del Vietnam— una huelga general por la paz, esta convicción le viene de lejos ya que durante la II Guerra Mundial le dio tanto trabajo al ejército que finalmente lo enviaron a trabajos auxiliares, ya entonces denunció el carácter del conflicto («Creo que la causa de aquella guerra no fue tanto Hitler como la estructura del poder internacional de las naciones-Estado; y no critico a quienes se esforzaron por detener un mal inmediato, pero creo que para evitar la próxima guerra presente»), y coherente con denuncias de la administración norteamericana.




Goodman definió a la clase dominante estadounidense como los principales responsables de la actual carrera de armamento y como el grupo social más peligroso de la historia de la humanidad… Su esperanza, su «horizonte utópico» son unos Estados Unidos donde «se premie el perfeccionamiento técnico y se viva en un estilo de simplicidad funcional y claridad. Donde los obreros estén educados técnicamente y tengan voz en la administración de la industria. Dónde nadie se sienta tentado a desertar, y haya movilidad entre las clases sociales. Donde se planifique la comunidad como un todo social en el cual se integran orgánicamente el trabajo, el juego y la vida. Donde la producción sea primordialmente para el uso. Donde se sostenga la política de escuchar a las opiniones menos conformistas y más novedosas y se le ofrezca una oportunidad a todo tipo de empresa nueva. Donde la gente no tenga miedo a entablar amistad con nosotros. Donde la sexualidad sea un hecho aceptado y donde la educación fomente las capacidades humanas a medida que éstas van apareciendo y desarrollándose en el niño que crece».


Junto con su hermano mayor Percival, renombrado arquitecto, escribió un ensayo de arquitectura utópica, Tres ciudades para el hombre (Proyección, Buenos Aires), y entre sus obras traducidas al castellano figuran: Ensayos utópicos; Problemas de la juventud en la sociedad organizada (ambas en Península, Barcelona, 1973); La nueva reforma. Un nuevo manifiesto anarquista (Kairos, Barcelona, 1971) quizás su obra política más característica y representativa.


Gori, Pietro: posiblemente el principal representante del anarcosindicalismo en Italia (Messina, 1865-Portoferraio, 1911). Su padre fue un conspirador republicano durante el Risorgimento, y comandante de artillería, su madre pertenecía a una familia noble. Gori hizo sus estudios clásicos en Toscana y se doctoró en jurisprudencia en la Universidad de Pisa con una tesis sobre La miseria e il delito, de neto cariz positivista; se adhirió al movimiento anarquista durante su etapa como estudiante. Inmediatamente se distinguió como propagandista, comenzando a escribir en Sempre avanti!.

Su primera fase como agitador la desarrolla en las provincias de Livorno y en la de Pisa, con una eficacia que arrancó notas de admiración en el exigente Malatesta (Fra Contadini). En 1887, Gori publica su primer opúsculo, Pensiero ribelli, en el que analiza las contradicciones sociales de su tiempo de una manera muy simplificada y describe la revolución a la manera bakuniniana; el mismo año se hace notar en una acción contra un navío norteamericano dentro de un movimiento más amplio de solidaridad con la lucha por las 8 horas; dos años después será un entusiasta defensor de la jornada internacional del Primero de Mayo que concibe como un pretexto para la lucha.

En 1890 es detenido por «excitación al odio social» y pasa una temporada en la cárcel. Al salir se traslada a Milán, donde toma parte en el congreso de Capolago. Durante varios años fue el mejor exponente de la idea de crear un partido socialista anarquista, idea que expuso en Schema di organizzazione. Fundó el diario L'amico dil Popolo que se definía como «socialista anarquista», y tradujo El Manifiesto Comunista en cuya introducción plantea que la revolución debe de ser «una transfiguración inmensa y profunda de todas las relaciones sociales» que no debía de limitarse en la demolición del edificio económico. Por esta época tiene una importante controversia con el líder socialdemócrata Filipo Turatí que concluyó con la definitiva separación de las dos corrientes predominantes del movimiento obrero italiano.

Más distanciado de las tareas organizativas, Gori cultiva junto con la propaganda periodística la poesía (Alla conquista dell' Avenire, Prigionie e battaglia) y el teatro (Senza patria, Proximus tuus), en la que desarrolla una temática democrática radical y primo-internacionalista, notándose la influencia de sentimentalismo y la retórica de Giovanni Carducci, y consiguiendo un cierto éxito en los medios laboriosos e inconformistas.

Gori pondrá su título de abogado al servicio de la causa defendiendo a diversos militantes revolucionarios sin coincidir necesariamente con sus puntos de vista; su defensa de Caserío — con el que mantuvo una correspondencia— hizo que fuera desterrado a Lugano y más tarde expulsado a Suiza. En sus poemas más celebrados, Addio a Lugano inicia su periplo de viajero internacionalista atravesando Alemania, Bélgica, Inglaterra; en Londres reincidió su actividad como conferenciante y mantiene amistad con Kropotkin, Michel, Malato y Faure.

Luego marcha a Holanda donde se relaciona con Domela Niewenhuis y poco después embarca como simple marinero. Después de navegar durante varios meses por los mares del Norte llega a Nueva York reemprendiendo su actividad política. Da unas 400 conferencias por Canadá y los EE.UU. y colabora en la revista Questione sociale. En 1895 publica un drama social en verso sobre el Primero de Mayo.

Regresa Londres y participa, como delegado de los sindicatos estadounidenses, en el congreso socialista internacional. Preso de una grave crisis nerviosa es internado en el National Hospital de Londres, siendo cuidado por Louise Michel; ésta enfermedad le causará, años después, la muerte. Al regresar a Italia es condenado, primero a domicilio y luego al destierro en la isla de Elba. Restaurado vitalmente vuelve a Milán reiniciando sus actividades lo que hace que en febrero de 1898 sea condenado a 12 años de prisión.


Se marcha entonces a América Latina coincidiendo con un momento decisivo en la
constitución de un sindicalismo revolucionario en la zona. J. Godio escribe sobre su experiencia: «El intelectual anarquista italiano Pietro Gori, que residió en Uruguay y Argentina entre 1698 y 1902, logró conformar toda una corriente del pensamiento sindical en el anarquismo. Esta corriente jugó un papel central en la formación de la Federación Obrera Argentina (FOA) en 1901, desde 1904 Federación Obrera de la Regional Argentina (FORA) y en la Federación Obrera de la Región Uruguaya (FORU)…» (Godio cita el trabajo de Jorge Larroca, Gori, un anarquista en Buenos Aires, en Todo es historia, año IV, nº 47, Buenos Aires, 1971).

La identificación de Gori con el naciente sindicalismo revolucionario encarnado en Francia por Pelloutier será total, en el prólogo del folleto de éste, Sindicalismo y revolución social, Gori define a los sindicatos surgidos de las Bolsas de Trabajo como «una trama gigantesca de organización proletaria liberada de una jerarquía opresiva y de una politiquería parlamentaria». De nuevo en Italia en 1902 remiende sus actividades militantes y judiciales, un año más tarde funda con Fabbri Il Pensiero en la que seguirá escribiendo por el resto de su vida. En polémica con el socialista N. Barbato, publica Autoritarios y libertarios en el socialismo; también polemiza con Merlino.

En 1905, Gori participa en el congreso sindicalista de Bolonia en el que sostiene la crítica anarquista al parlamentarismo y a los partidos. Poco después realiza una gira propagandística por el Medio Oriente. En 1908 escribe una vez más contra los individualistas e invita a todos los anarquistas a trabajar en los sindicatos. Su defensa de Ferrer y Guardia fue apasionada.

Caracterizado con el «gentil anarquista» y como «el caballero del ideal», Gori recibió al fallecer un excepcional tributo de homenaje por parte de las poblaciones de la isla de Elba, de Piombino, de Livorno y de Rosignano. Sus Obras Completas fueron reeditadas en Milán entre 1947 y 1949.

Guillaume, James: anarquista primero con Bakunin, y anarcosindicalista después
(Londres, 1844-Neuchâtel, 1916). Guillaume fue la mano derecha del revolucionario ruso en los años de controversia con Marx, y su más riguroso y completo cronista. Procedía de una familia republicana, su abuelo, un notable relojero, tuvo que exiliarse a Londres por sus ideas, y su padre, también relojero, regresó a Neuchâtel cuando se proclamó la república.
Guillaume tenía cuatro años cuando, en 1848, su padre regresó a Suiza. A los nueve entró en el colegio latino donde fue un alumno inquieto así como notablemente inteligente. Gracias a la biblioteca de su padre devoró tempranamente los clásicos griegos, a los grandes de la Ilustración y del Romanticismo y diversas historias de la revolución francesa. Era muy proclive a la poesía y a la música —escribió dramas, novelas, versos, una ópera y un oratorio, sin mostrar ninguna singularidad en estas disciplinas—, y le interesaban las ciencias naturales, la astronomía, la geología, la entomología. En 1862, Guillaume se presentó en Zurich para estudiar filosofía y completar sus conocimientos para ser profesor de lenguas clásicas.

En aquella época tradujo la obra de Gottfried Keller, Les Gens de Seldwyla y oyó por primera vez el nombre de Proudhom. Volvió a su tierra en 1863 y comienza a conocer en vivo la situación del mundo obrero. Lee a Pestaluzzi y a los clásicos socialistas (Fourier, Blanch, Proudhom…), así como a Darwin y se deja llevar por la duda filosófica. Sin embargo, el movimiento real no tarda en ganar al profesor y al metafísico.

En 1865 se encuentra entre los organizadores de la sección de la AIT en Les Chauz-de-Fonds, y se sintió muy atraído por su compañero Constant Meuron que del republicanismo había pasado al socialismo en un camino de revolucionario ejemplar. Un año más tarde ambos representaron a su sección en el Congreso de Ginebra de la AIT. En 1869, Guillaume, presentó una resolución sobre la Internacional en el Congreso de la Liga de la Paz y la Libertad, donde conoció a Bakunin.

Descubrió en éste un peldaño superior de la AIT que había creído hasta entonces como lo más avanzado. «Poseía las virtudes y las limitaciones del montañés sobrio, y no conocía todavía las cosas del mundo ni a más gente que a la de su clase y raza. Bastaron los dos días que pasó en Ginebra para que la brillante personalidad de su anfitrión le cautivaran y le embriagasen. Comprendió que por primera vez se encontraba con un maestro inspirado, con un profeta; y los cinco años siguientes los dedicó al leal servicio de su nuevo maestro» (E.H. Carr).

En Guillaume encontró Bakunin el más completo de sus discípulos, en buena medida su complemento intelectual y disciplinado. Guillaume se encargó de la organización y de la publicidad de las actuaciones de Bakunin, de hablar en su nombre, de ordenar y corregir sus manuscritos, de reunir a sus amigos y de atacar a sus adversarios. Esto lo hizo a costa de quedar oscurecido por la sombra del gigante.

Entre 1866 y 1878 Guillaume no vivió apenas más que para la Internacional, y desde 1869, para la fracción bakuninista. En un principio sintió como si la Alianza fuera una organización secreta a la manera de tantas otras «en la que uno tenía que obedecer las órdenes emanadas desde arriba».

En 1868 se casó con Elise Golay; desde 1869, renunció a su profesión de maestro, se hizo tipógrafo hasta 1872, y fue uno de los oradores más brillantes de los Congresos de la AIT. Pasó a ser el «alma» de la Federación del Jura y afirmó con este apoyo el terreno para la lucha de Bakunin contra el Consejo Federal. De hecho, Guillaume fue la expresión del colectivo. Habló en su nombre, dirigió sus periódicos, y les dio una dimensión internacionalista hasta que la Federación entró en quiebra. Pero antes de que esto ocurriera, Guillaume fue determinante en la conversión al anarquismo de Kropotkin.

Sus actividades en la Internacional se confunden con las de Bakunin con el que fue excluido en el histórico Congreso de la Haya de 1872. Posteriormente desaparece durante más de veinte años de las luchas, y se dedica a ordenar la edición de su gran trabajo sobre La Internacional. Documentos y recuerdos (1864-1878), que aparecerá en cuatro volúmenes en París entre 1905 y 1910, y que ha sido reeditada recientemente en una versión académica. En 1903 fue uno de los fundadores de la CGT el «espíritu» de la AIT. Trabajó intensamente por establecer una coordinación internacional entre los sindicalistas revolucionarios, y su fruto fue el Congreso de Londres de 1913. Como teórico intentó conciliar el anarquismo con el sindicalismo y tomó parte en algunos debates, criticando muy duramente a los antisindicalistas.

Era ya una figura internacional muy respetada cuando estalló la Gran Guerra y, ante el estupor de propios y extraños, Guillaume abrazó la causa de los Aliados junto con Kropotkin, Malato y otros: En su opinión, Francia era la heredera de la revolución, Alemania la continuadora del autoritarismo prusiano, y reaccionó muy vivamente contra los que discrepaban con esta idea que le llevaba hacia un terreno en el que lo nacional primaba sobre los ideales internacionalistas a los que tanto había servido.

Iturbe, Lola: legendaria militante anarcosindicalista (Oviedo, 1902-Gijón, 1999). En unas notas biográficas escribe: "Participé en el movimiento anarquista desde mis mejores años de juventud, prestando asistencia a los presos, participando en las manifestaciones y, más tarde, en el desenvolvimiento de mi formación, en reuniones, mítines y conferencias...

Acompañé y asistí en su celda, hasta horas antes de que fueran ajusticiado a garrote vil, en la madrugada del 10 de noviembre de 1924, a Juan Montejo y a José Llácer. Tomé la palabra en actos públicos, como en el mitin celebrado en el Palacio de Exposiciones de Montjuich, en el que hablaron Domingo Germinal, Ascaso y Durruti...

Colaboré en algunos de nuestros diarios revistas firmando con el seudónimo de `Kyralina´ en homenaje a la famosa novela de Panait Istrati -en particular en Mujeres Libres, organización en la que destacó como militante y como articulista-. Fui secretaria del Sindicato del Vestido de Barcelona. Ayudé a mi compañero Juanel en sus tareas en la editora Tierra y Libertad, así como también, más tarde, como administrador de la misma...

Junto a Emma Goldman
Pasé muchos apuros económicos e incontables sufrimientos morales con la vida de lucha que Juanel ha llevado durante casi toda su existencia. Detenciones, fugas y diecisiete encarcelamientos; traslados forzosos de domicilio y de país, siempre acompañada de mi madre imposibilitada y de nuestros hijos. Durante la guerra no realicé otras actividades que visitas a los frentes desde donde escribía algo...En el verano de 1938, atendí a la anarquista norteamericana Emma Goldman (...)

Anteriormente, recién terminados los trágicos sucesos de mayo del 37, pasé a formar parte de la oficina Jurídica de la CNT, desde donde intervine en la localización y libertad de varios presos nuestros y del POUM, que habían sido recluidos en las Chekas de los comunistas...Después de terminada la guerra, el éxodo y los largos, larguísimos años de exilio, agravados por los siete años de prisión a que fue condenado Juanel cuando regresó de nuevo a España en 1946, intentando una vez más luchar por nuestras ideas..." (Carta incluida por Juan Llarch en, Cipriano Mera, Un anarquista en la guerra de España, Euros, BCN, p. 47).

Lola Iturbe es la autora de Las mujeres en la guerra y en la revolución española (recopilación de trabajos publicados en Mujeres Libres, y en España Libre, de Tolouse, en el que colaboró activamente Albert Camus, muy amigo de Lola y Juanel), un trabajo tan modesto como imprescindible que serviría de base para una obra más elaborada : La mujer en la lucha social Ed. Mexicanos Unidos, México,1974). Antonina Rodrigo efectúa un hermoso retrato suyo en su obra, Mujer y exilio, 1939 (Compañía literaria, Madrid, 1999), que acaba diciendo: "Su vida fue la de un ser entrañable, entregado, sin reservas, al bienestar común enraizado en el respeto a la dignidad y a la libertad del ser humano" (p. 361). Lola será también evocada por Dolors Marin en el anexo sobre mujeres libertarias de la edición de la obra de Ingrid Strohbl, Partisanas (Virus, BCN, 1996).

Jiménez Herrero, Miguel: destacado anarquista, cofundador de la FAI, cuya militancia transcurrió entre Aragón y Cataluña (Zaragoza, 1899-Francia, 1983). De oficio impresor, durante la Dictadura de Primo de Rivera colaboró con Manuel Buenacasa en la publicación del periódico El Productor, en Blanes. Se le reconoce una participación significada en la reorganización de los grupos anarquistas en la última fase de la Dictadura primorriverista, y se ocuparía del Secretariado nacional, y luego la secretaria nacional de la Federación de Grupos Anarquistas de España.

Desde esta última responsabilidad, Jiménez convocó y abrió con un informe la conferencia promotora de la cual emergería (Valencia, 24 y 25 de julio de 1927) la FAI. Colabora en Prisma, el órgano oficial de los anarquistas españoles en Francia, que apareció en Besieps entre los años 1927-28. En sus artículos defendió la «trabazón» entre los anarquistas y la CNT con objetivo de neutralizar el sindicalismo y el anarcosindicalismo, considerados como desviacionismos, y contrarrestar la influencia marxista.

No obstante, en 1928 fue uno de los integrantes del grupo «Solidaridad», una iniciativa de Pestaña con la finalidad de reagrupar a todos las tendencias de la CNT.

En los años treinta, Jiménez dedicó su mayor atención a su actividad como maestro racionalista en el Ateneo del barrio del Carmel de Barcelona. Estuvo muy ligado a la familia Ascaso tras contraer nupcias con Maria Ascaso Budria.

La guerra le devuelve a Aragón donde tomará parte del Consejo desde octubre de 1936 junto con su cuñado Joaquín Ascaso, ocupando un cargo en el departamento de Información y Propaganda, y poco después será secretario de la Delegación y de la Presidencia del Consejo, en el que se mantendrá hasta su disolución en julio de 1937 por las tropas de Lister siguiendo órdenes no escritas de Negrín. Su pista como activista se diluye en el exilio francés.



Kotuko, Denchiro: periodista y escritor japonés, célebre víctima de la represión
monárquica (1869-1911), comenzó como marxista al lado de Sem Katayama en el pequeño grupo de cinco implicados en la creación del partido socialdemócrata, siendo el principal impulsor de una organización más militante, la Sociedad de los Humildes (1903), Kotuko fue el principal redactor, junto con Nishikawa, de su órgano propio, Heinmin, hasta que el líder socialista Katayama lo tildó de «anarquista».


En 1905, estando en prisión durante cinco meses por participar en una amplia campaña desde Heinmin, y tomando parte en una manifestación gritando «¡Abajo la guerra!».Tiene lugar una evolución que él mismo cuenta así: «Cuando entré en la cárcel, era un socialista marxista; cuando salí de ella, me había convertido en un anarquista radical». Anteriormente, Kotuko se había mostrado muy interesado por la lectura de Kropotkin, traducido al japonés desde 1902.


Kotuko se confesaba sobre todo fascinado por Campos, fábricas y talleres. Al salir de la cárcel marchó a los Estados Unidos, donde trabajó como obrero y fue muy influenciado por el teórico anarquista californiano Albert Johnson, y por la IWW norteamericana, cuyos métodos de acción directa trata de aplicar al Japón.



También la causó mucha impresión la revolución rusa de 1905. En el congreso socialista de 1907, Kotuko y su grupo impuso una enmienda en la que se abogaba «por un cambio radical y fundamental de la sociedad existente, a la propaganda antimilitarista y antirreligiosa, y a la campaña a favor del sufragio». El texto añadía que para «todos los adultos», en contra de la opinión de Kotuko que comenzará a cuestionar la actividad parlamentarista, y en su discurso al congreso, proclamó: «Es absolutamente imposible conseguir una verdadera revolución a través del sufragio universal; para lograr los objetivos del socialismo no hay más camino que la acción directa de los trabajadores unidos (…) en vez de gastar dos mil yens en propaganda electoral, creo más oportuno y urgente invertir diez yens para organizar a los trabajadores».


Ya fuera del partido socialista, Kotuko y Sakai Osugi, fundaron una sociedad libertaria, Kinyokai. En 1910 tuvo lugar la culminación de una activa agitación social, muy dura y desesperada, los llamados «disturbios de las banderas rojas», que fue duramente reprimida. El gobierno entonces, se empleó a fondo en una brutal acción represiva cuyo objetivo era desmantelar el creciente movimiento obrero y socialista. Las calles se llenaron de manifestantes muertos. Hubo un arresto general, parte de los líderes socialistas optaron por el exilio. Nettlau considera que Kotuko, llevado por la reacción ante la intolerancia gubernamental, creyó viable «impulsan a actividades antimilitaristas, de huelga general y tal vez a planes de acción terrorista».


Detenido y maltratado, vigilado de noche y día por la policía comandada por el tristemente célebre jefe Katsura, fue acusado de «alta traición» en el famoso «proceso Kotuku», en el que fue acusado burdamente de preparar un atentado contra el emperador.


El proceso se llevó a puertas cerradas, en el más absoluto secreto, y su repercusión no fue inferior al caso Sacco y Vanzetti. La condena fue ejecutada a los tres días, para no permitir ninguna apelación. Kotuko fue ahorcado, junto con su compañera, Suga Kamo, y otros diez camaradas. Se trataba de aplastar el anarquismo y el socialismo «en el huevo», y el terror fue tal que la mayoría de militantes, emigraron al extranjero o se retiraron a la campiña.




Kropotkin, Pietr Alexandrovitch: conocido como «el Príncipe anarquista» —su familia pertenecía a la rama familiar del Zar—, militante, escritor y científico notorio, (Moscú, 1843- Dmitroi, 1921). Kropotkin fue el principal teórico del comunismo anarquista y sin duda, la figura intelectual más influyente y respetada de esta subcorriente ideológica dentro del anarquismo.


Esta influencia fue particularmente importante en el movimiento obrero español, dentro del cual algunas de sus obras fueron verdaderos best-sellers siendo escuchadas en muchos casos por grupos de campesinos analfabetos a los que un instructor se las lee. Kropotkin provenía de la notable franja de disidentes de la llamada «nobleza concienciada». Su padre fue un hombre bastante conformista, pero su madre era un personaje byroniano, noble, hermosa e inquieta.


Pietr fue adoptado —al igual que su hermano Nicolás que resultó más influenciado por las doctrinas de populistas de Lavro⎯ por unos criados, por el pueblo, que les mostró su profunda humanidad. Por eso, a pesar de que se educó en el aristocrático «cuerpo de pajes» cuyos miembros gozaban de notables privilegios y de preferencias en el ejército, Pietr fue inclinándose casi irreversiblemente por la rebelión.



Su primera actuación discrepante, fue al recibir el mando escogiendo destino en un regimiento siberiano marginal. Después de superar numerosos problemas burocráticos, se accedió a su petición y pudo viajar a la Siberia. Allí conoció a numerosos exiliados políticos —algunos de los cuales habían conocido a Bakunin— y desarrolló algunas de las expediciones que le dieron una importante reputación como geógrafo (ver, Julio Muñoz Jiménez y Nicolás Ortega Cantero, El pensamiento geográfico, Alianza Universidad, Madrid, I cap.). En 1868, Kropotkin se retiró del ejército y se dedicó primordialmente a sus trabajos científicos: investigó formaciones geológicas en Finlandia y se interesó por los progresos de la exploración del Ártico.


Tres años más tarde, se le ofreció el cargo de secretario de la Sociedad Geográfica Rusa, pero ya tenía otras preocupaciones. Sus inquietudes políticas se acrecentaron cuando comprobó el fracaso del reformismo palaciego en la cuestión de la libertad de los siervos. Desde entonces, dejó de interesarse por la geografía por lo que limitó sus aportaciones a diversas colaboraciones ocasionales, y a ensayos orientados sobre todo a ganarse la vida. Influenciado por diversas lecturas y sobre todo por la irresistible atracción que sintió por la corriente de los norodniks y por su idealización del campesinado y de la comuna agraria —con la que esta corriente pensaba encontrar un «atajo» para llegar al socialismo evitando la revolución industrial— como forma de organización social ideal.


En 1872, Kropotkin logró salir al extranjero y visitar Suiza. Después de haber tratado con las diferentes tendencias socialistas, se decidió por los discípulos de Bakunin, aunque su visión del anarquismo y de sus métodos diferirían notablemente de los éste. La mayor parte del tiempo que permaneció en Suiza lo pasó entre los relojeros del Jura, y entre ellos se impregnó de las ideas fundamentales de un anarquismo basado en el artesanado y al que permaneció inalterablemente fiel hasta el final de su vida. Kropotkin no volvió a tener más una relación viva y estrecha con el movimiento obrero organizado.


Una vez en Rusia se convirtió en un clandestino Borodin que se hizo famoso en los medios opositores antes de ser detenido por la policía. Tuvo que purgar dos años de cárcel en San Petersburgo y conoció un trato benévolo gracias a sus familiares. En 1876, pudo fugarse de una forma bastante rocambolesca y trasladarse a Inglaterra, no pudiendo regresar a Rusia basta más de cuarenta años después. Durante ese tiempo su relación con el movimiento revolucionario ruso fue sobre todo intelectual y particularmente con los sectores más radicales del populismo.


Su labor en Inglaterra —donde llega a convertirse en una figura admirada y respetada, incluso entre la flor y crema de la intelectualidad liberal victoriana— le hace pronto ser el más sobresaliente representante del núcleo libertario inglés que coexiste todavía con la Federación Socialista primero, y con la Liga Socialista después.


Vuelve a Suiza en 1879, y desde allí extiende su influencia propagandística, escribiendo, entre otras cosas, primer folleto en el que intenta sistematizar su pensamiento: La idea anarquista desde el punto de vista de la acción práctica.


Expulsado de este país en 1881 —fecha en la aproximadamente la famosa Federación del Jura empieza su «aburguesamiento»—, se traslada a Francia donde será encarcelado durante dos años hasta que una petición de gracia firmada por varios de los nombres más rutilantes de la intelligentzia liberal victoriana, consigue su liberación. Esta será la última aventura militante.


Definitivamente instalado en Londres, se dedica —excepción hecha de algún viaje para dar alguna conferencia y de alguna acción menor— totalmente a su obra escrita dentro de la cual ocupa un lugar capital "El apoyo mutuo": un factor de la evolución (ZYX, Bilbao, 1970, entre otras muchas). Esta obra ha supuesto, en una opinión muy generalizada entre los especialistas, el mayor esfuerzo por parte de la corriente libertaria de encontrar un soporte científico. Kropotkin contradice algunas de las ideas expresadas por Charles Darwin —al que consideró siempre uno de sus maestros— y sobre todo las que la de la obra de éste dedujeron los llamados «darwinistas sociales» con las que la ley del más fuerte del capitalismo monopolista trató de encontrar un suplemento a la ética protestante y a la religión tradicional.


Para Kropotkin, la tendencia más influyente y progresiva de la evolución humana no es la competencia sino la ayuda mutua, que «complementa la competencia, anulándola» porque, en su opinión, está demostrado “que los grupos y agrupaciones más débiles se agrupan y solidarizan entre ellos para superar su debilidad, y que en esa práctica, de la ayuda mutua y su desarrollo subsiguiente creaban las condiciones mismas de la vida social». Gracias a esta tendencia aunada con la iniciativa individual, se produjeron desarrollos como el alcanzado por la Grecia clásica y en «la amplia difusión de los principios de la ayuda mutua en la época presente vemos también la mejor garantía de una evolución aún más elevada del género humano».


Intelectual completamente deudor del espíritu liberal y positivista de su tiempo, el «Príncipe Anarquista» está persuadido de que: «Los descubrimientos del siglo XIX en el dominio de la mecánica, de la física, de la química, de la biología, de la astrología, etc, no se debieron a la ayuda del método dialéctico, sino al científico natural, al deductivo-inductivo, y como el hombre es una parte de la naturaleza, como el crecimiento de una flor o el desarrollo de la vida colectiva entre las hormigas o las abejas, no existe ninguna razón para que hayamos de modificar nuestros métodos cuando pasamos de una flor a un hombre.


Cuando en la segunda mitad del siglo XIX, se empezó a aplicar el método inductivo-deductivo, el estudio de la sociedad humana, en parte alguna se halló un punto en que hubiese sido rechazado para volver a la escolástica medieval reivindicada por Hegel». Este planteamiento le alejaba no sólo de Marx —convertido en algo no muy superior a un plagiario y a un intrigante alemán— sino también de Bakunin que siempre puso mucho mayor énfasis en la destrucción como labor creadora en tanto que Kropotkin lo hace especialmente en las tareas constructivas y pacíficas.


Una aportación por lo general poco valorada, es la de Kropotkin historiador en la que mostró una perspicacia y una capacidad de introspección poco común. Escribió un estudio muy elaborado sobre la Revolución francesa (La gran revolución. 1789-1798, de la que la Ed. Nacional mexicana realizará una hermosa reedición en 1967; la Fundación que lleva el nombre de su traductor, Anselmo Lorenzo, ha hecho una edición abreviada), con el propósito de demostrar que su verdadero origen había que encontrarlo especialmente en los desórdenes económicos y en el descontento del pueblo llano, y para concluir que aunque destruyó el absolutismo político y la servidumbre económica, fracasó a la hora de satisfacer las exigencias de las demandas inconexas de unas masas que después de protagonizar los capítulos más trascendente fueron sustituidas por los partidos políticos, por los jacobinos en los que halló luego un precedente del bolchevismo. Otra aportación notoria —que tuvo un impacto inmediato en las huestes ácratas dando lugar a interminable polémicas—, fue la doctrina del «comunismo libertario» que contraponía al «individualismo anarquista» de Proudhom, al colectivismo que veía en Bakunin.




Kropotkin estaba convencido de que el Estado se había formado negando y aplastando las formas de vida basada en las «comunidades libres» como las de las ciudades independientes de la Edad Media. Por lo mismo creía que el problema de la revolución no radica tanto en la destrucción frontal del Estado y tampoco en transformar la naturaleza de éste, sino en el desarrollo de comunidades-modelos, colectividades o cooperativas como las descritas en Campos, fábricas y talleres (Júcar, Madrid, 1978).


Parece evidente que lo que se ha llamado el tercer anarquismo (después del de Proudhom y del de Bakunin) pierde gran parte del dinamismo y la fe en la revolución que impregnó al segundo. Frente a la indignación violenta y el insurreccionalismo, Kropotkin opone un cierto gradualismo justificando una actuación a largo plazo por la inevitabilidad positiva del progreso.


Su anarquismo formaba parte de una filosofía natural y científica que descansaba en la confianza ciega en la capacidad de las masas en mayores reconstruir una economía natural y comunitaria sin entrar en demasiadas consideración sobre las condiciones socioeconómica y los imperativos trágicos de la guerra de clases. Esta aptitud fue creciendo en un marco nacional estable como el británico de entre siglo, en el que los conflictos sociales no fueron nunca relevantes y en donde la izquierda fue progresivamente integrada gracias a la expansión colonial y a la integración de ciertas reformas. Con el tiempo, Kropotkin fue admirado como un revolucionario pasivo, como un león domesticado, que aunque nunca llegó a pactar directamente con el sistema no por ello dejó de ser asimilado.


Su actuación respetuosa, dolorosamente crítica contra las actuaciones terroristas, su bondad natural, su debilidad ante el halago, le hicieron ser un anarquista excepcionalmente admirado por los salones de la «alta sociedad» y por gente tan poco radical como los fabianos.


Por eso hay que admitir que su posición cuando estalló la Primera Guerra Mundial que había previsto y denunciado con vehemencia como pacifista— no fue una improvisación. Aceptó plenamente la versión oficial de las autoridades británicas y francesas y descargó toda la responsabilidad del drama en los alemanes a los que englobó —desde Guillermo II a los marxistas— como enemigos de la civilización, y encabezó el famoso manifiesto de los 16 a favor de los aliados.


Vio entonces que había sido la influencia del autoritarismo prusiano el punto de infección que creó el cáncer zarista. Apoyado por una minoría del movimiento anarquista internacional —así como por su fiel compañera Sofia, típica esposa abnegada para un hombre que ignoró los criterios del feminismo—, Kropotkin fue inflexible en este punto y asistió con dolor y estupor a las críticas que gente como Malatesta le hacían irreductiblemente desde su propio campo.




Su actuación en la Rusia posrevolucionaria fue una continuación de este posicionamiento. Al regresar a Rusia fue en un principio recibido como uno de los exiliados más ilustres, pero sus posiciones favorables a la continuación de la guerra fueron apartándole de los movimientos de masas y de la tendencia anarquista más internacionalista.

Favorable al gobierno de Kerensky —que planeó abrillantar su gobierno concediéndole una cartera, lo que Kropotkin no aceptó por fidelidad a su trayectoria—, se opuso a los soviets y criticó la dualidad de poderes en nombre del orden y de la continuación de la guerra. Su constitución empezaba a resentirse
cuando los bolcheviques tomaron el poder causándolo un doble disgusto: como liberal partidario del Gobierno provisional y como anarquista favorable a la descentralización económica.

En junio de 1918 se retiró de Moscú al campo pasando a ser un símbolo de una tradición anarquista que, a través de él y de sus partidarios, se daba la mano con las tendencias populistas. Orientó sus últimos esfuerzos hacia el desarrollo y coordinación de cooperativas locales y hacia la escritura de una Ética por encima de las contradicciones de clase. Pocas veces como ahora se sintió tan cercano al anarquismo moralista de Tolstoy, personaje con el que tuvo una lejana e intensa
amistad basada en no pocas afinidades. Se entrevistó con Lenin —al que trató muy duramente— en dos ocasiones para interceder por los detenidos, y denunció el apoyo de los Aliados a los blancos, sugiriendo que con ello Occidente exasperaba a la revolución y proponía a cambio una actitud más constructiva de una civilización que ya no cuestionaba.

Fue tratado con benevolencia por las autoridades, y al morir quedó consagrado como una gran personalidad rusa. El entierro de Kropotkin fue, al parecer, el último acto del anarquismo ruso en la legalidad.

Su biografía más minuciosa es la de Woodcock (George) y Avakumovick (Iván), El
Principe anarquista (Júcar, Madrid, 1975, con un prólogo de Angel J. Cappelletti. A señalar también; Planche (Fernand) y Delphy (Jean), K. descendent des Grands Princes de Smolenk, Page de L´ empereur, Savant Ilustre, Revolutionnaire International Vulgarisateur de la Pénsee anarchiste, París, 1948; así como la antología anotada por Cano Ruiz, El pensamiento de Pedro Kropotkin (Ed. Mexicanos Unidos, 1978). Otras obras traducidas son. Palabras de un rebelde (Olañeta, Mallorca, 1977), La moral anarquista (idem), La conquista del pan (que vale la pena leer con las crónicas de Díaz del Moral sobre sus lecturas en los campos de Andalucía), Memorias de un revolucionario (ZX, Bilbao, 1973), El Estado; La literatura rusa. Los ideales y la realidad (Claridad, Buenos Aires, 1943), La ciencia moderna v el anarquismo; La moral anarquista (Júcar, prólogo de Carlos Díaz), Panfletos revolucionarios. (Ayuso, Madrid, 1977, con una introducción del recopilador: J. Álvarez Junco), Selections from his. Writtings. 2 vols, intr. y recop. de Herbert Read, de que existe una traducción en Tusquest/Acracia. Quizás la única obra importante que no ha sido reeditada es su extenso ensayo sobre La literatura rusa.



Lagardelle, Hubert: importante teórico sindicalista revolucionario francés (Le Burgaud, Haute-garonne, 1874-París, 1958). Hijo de la burguesía y hombre de inquietudes teóricas, abandonó el partido de Jules Guesde durante el «affaire Dreyfus» para seguir a Jaurés, al lado del cual estuvo en el apoyo a la entrada de Millerand en el gabinete Waldeck-Rousseau, sin embargo, por su activismo militante y por sus relaciones internacionales, Lagardelle operó un giro hacia la izquierda, hacia lo que él mismo llamó un «socialismo obrero» y consiguió que Le Mouvement Socialiste que había fundado en 1902 pasara a convertirse en la revista teórica socialista más importante del país, al servicio de un ideario muy próximo al de George Sorel.

En este momento inicia una crítica de base al llamado frente de izquierdas, considerando que el socialismo no puede ser «una mera ampliación de la democracia política a democracia social», sino que se elabora únicamente en las organizaciones proletarias, sobre todo en los sindicatos, paralelamente a la democracia formal pero sin confundirse con ella. También desarrolla un análisis crítico de la democracia burguesa y defiende una democracia basada en los productores a través de los sindicatos, ideas que expresó en un famoso discurso en 1908 del que se dice que Mussolini tomó parte de su inspiración.

Colabora con la plana mayor de la CGT y funda también la Bibliothéque du Mouvement Socialiste con la que divulga contribuciones a las ciencias sociales. Aunque Lagardelle se mantuvo en el seno de la SFIO, sus ideas se desarrollaron en otro ámbito. Durante la Gran Guerra, enmudeció, pero su nombre volvió a sonar como amigo de Mussolini, y en 1942, como ministro de Trabajo del gobierno colaboracionista de Vichy, del que dimitió al año siguiente.


Lazare, Bernard: escritor judío francés anarquizante (Nimes, 1865-París, 1903). Nació en el seno de una familia hebrea instalada en el Mediodía francés desde hacía siglos Se fue a vivir siendo muy joven en París para acabar los estudios. Atraído por las letras, escribe junto con su primo, el poeta Ephraïn Mikhaël, muerto a los 24 años, una leyenda dramática en tres actos, La novia de Corinto.


Después publica El espejo de las leyendas, selección de cuentos filosóficos y un libro de entrevistas. Su mayor prestigio viene de El antisemitismo, su historia y sus causas (1894), una brillante obra escrita en respuesta a los libros antisemitas de Edouard Drumont.


Poco después será el primero en adoptar la causa del capitán Dreyfus, logrando convencer a Emile Zola después de publicar su libro La verdad sobre el asunto Dreyfus (1896), aunque luego será ocultado por el protagonismo del autor de Germinal.


Lazare pertenecía al grupo de intelectuales franceses más o menos vinculado al anarquismo a través de Sebastián Faure, y ejerció una poderosa influencia entre la juventud radical de su época.


Leval, Gastón (a) de Pierre Piller: prófugo, internacionalista, «experto» en fugas, militante anarquista en Francia, España y Argentina, y teórico, tenía como nombre de pila Pierre Piller, aunque utilizará en su larga vida militante numerosos alias como Felipe Montblanch, Josep Venutti, Benito Gómez, Silvio Agreste, etc (París, 1895-1978).

Era hijo «ilegítimo» de un antiguo comunero —de lo que se sentía muy orgulloso—, y de una portera, en otra época ociosa señorita. Sus años de infancia recuerdan a los de Rimbaud, su madre lo maltrata constantemente. Tiene 14 años cuando toma contacto por primera vez con el anarquismo a través de una manifestación para protestar por el asesinato de Ferrer i Guardia. Tres años más tarde ingresa en los rangos libertarios, ya a los 19 años se niega a participar en la Gran Guerra «para no traicionar» sus ideas.

Llega a Barcelona en 1915 donde contacta con otros prófugos y con el movimiento anarquista catalán. Ulteriormente marcha a Zaragoza, donde comienza a militar con la CNT y escribe sus primeros artículos en castellano. Intenta regresar a Francia, pero no puede. Se instala de nuevo en Barcelona donde trabaja como ayudante de calderero.

Después de un nuevo intento de volver a Francia, regresa nuevamente a Barcelona donde desarrolla una frenética actividad intelectual en la prensa libertaria, en particular en Guerra Social, donde sustituye a Carbó en la dirección. Detenido en Valencia, aprovecha la oportunidad para hacer de la cárcel «su universidad», lee y discute intensamente.

Como miembro de la Federación de Grupos Anarquistas de Barcelona es elegido para integrar la delegación cenetista que marcha al Congreso de fundación de la Internacional Sindical Roja.

Aunque simpatizaba con la revolución, Leval desconfía desde un principio de la gestión bolchevique, En Moscú conecta con antiguos sindicalistas y anarquistas, y con el movimiento anarquista autóctono. Se empeña con vigor en conseguir la libertad de Maximoff y otros anarquizas presos y por ello discute y polemiza con Lenin y —muy agriamente— con Trotsky.

Al regresar publicará una de las primeras andanadas anarquistas contra el bolchevismo en Le Libertaire con el título Cosas de Rusia (incluido por Daniel Guerin en, Ni Dios ni Amo, t. II). Esta experiencia será determinante en su viscelaridad antimarxista, manifiesta especialmente en su libro La falacia del marxismo (Ed Mexicanos Reunidos, México, 1967), en donde establece una descalificación de esta corriente sin matices de ningún tipo entre Marx-Lenin-Trotsky con Stalin, como tampoco las hay entre el totalitarismo de izquierda y el de derechas.

Así escribe en el prefacio que no es de extrañar que «ciertos servidores» de la dictadura franquista se hagan del PCE, porque como ya ocurrió en Italia, «al derrumbarse el fascismo, buena parte de las masas amaestradas por Mussolini se adhirieron al PCI, pues acostumbradas a obedecer servilmente, o con entusiasmo, a agruparse en forma gregaria, a desfilar profiriendo slogans, a comportarse como rebaños automatizados, no podían sino pasar de una dictadura a otra: simple cambio de etiqueta».

Por estos razonamientos, Leval ha sido constantemente calificado de «profético» dentro del anarquismo y por los mismos rechazó virulentamente las tesis sobre el marxismo libertario expuestas por Daniel Guerin.

En los años veinte, armado de una cámara fotográfica y de un enorme trípode, Leval recorre los caminos del norte de la península como fotógrafo ambulante y recoge material sobre las condiciones socio-económicas en vista a desarrollar sus trabajos sobre la vía económica para la revolución que viene. En La Coruña trabaja como maestro racionalista. Se casa en esta época.

Bajo la dictadura de Primo de Rivera, sin trabajo ni medios de subsistencia, desmoralizado, decide «dar el salto» y emigra a Argentina en 1924. Pronto se ve envuelto en la vida interna de la FORA que vive la crisis de su decadencia. Leval se asombra como en nombre de los clásicos del anarquismo se puede hacer inquisición, y reconocerá que fueron los enfrentamientos sectarios los que motivaron la ruina de este sindicato tan poderoso en otra hora.

En Buenos Aires trabaja como periodista, como profesor de francés, escribe para la prensa argentina y española y publica dos de sus libros más reconocidos: Precisiones sobre el anarquismo y Los problemas económicos de la revolución española (1932). Se plantea la cuestión del carácter puramente negativo del término anarquista, y trata de desarrollar un pensamiento constructivo cuyo principal punto de referencia es La ayuda mutua, de Kropotkin.

Durante la revolución y la guerra de España, Leval recorre incansablemente las zonas de Levante y Aragón, con la libreta en las manos investigando sobre el terreno los datos que le servirán para escribir Colectividades libertarias en España (Aguilera, col. Anatema, Madrid, 1977). Leval analiza el fenómeno revolucionario de las colectividades en un vaso cerrado, o sea al margen del contexto socio-político-militar en que se sitúa y desde una concepción plenamente optimista. Llega al extremo de afirmar que esta «era una revolución incomparablemente más profunda que cuantas le han precedido en la Historia».

Su principal interés radica en que facilita datos preciosos sobre la organización y conducta de las comunidades instituidas en Graus, Binéfar, Braga, Mas de las Matas y otros puntos de ambas zonas, y explica los «mecanismos» de expropiación de las tierras e industrias, y el establecimiento del salario familiar, de las cooperativas, de los vales de alimentación, de los almacenes comunales.

Durante los acontecimientos bélicos, Leval trata de crear un consejo técnico para la CNT-FAI, insistiendo sobre la necesidad de respetar al pequeño propietario y las creencias religiosas de las masas.

Se siente muy a disgusto con la participación gubernamental anarquista —el no haber tenido nada que ver con ningún gobierno será siempre su principal blasón—, y se muestra tempranamente convencido —desde la caída de Málaga— de que la derrota era inevitable y trata de salvar lo que considera fundamental, las experiencias constructivas de la revolución.

De regreso a Francia, las autoridades desempolvan viejos expedientes y lo persiguen. Vive semiclandestinamente hasta que en 1949 tiene que refugiarse en Bélgica. Amnistiado dos años después, vuelve a Francia y se dedica a su propio periódico, Cuadernos del Humanismo Libertario, desde el cual insiste en la naturaleza constructiva de su anarquismo y en la idea de que la revolución ha fracasado y que hay que poner mayor énfasis sobre la evolución gradual.

Hasta el final de sus días mantiene la antorcha, fustigando con duras polémicas a otros anarquistas entorno a diversos temas, por ejemplo la revolución cubana la que negó apoyo desde un principio, y cerrado en banda contra las nuevas orientaciones anarquistas de la juventud contestataria.

Para una aproximación biográfica suya, ver el nº 1 de Historia libertaria, el nº 7 de Bicicleta así como la entrevista aparecida en nº 46 de Tiempo de Historia. Otras obras suyas: El Prófugo (1933), Conceptos económicos del socialismo libertario; Poetas y literatos franceses; Contra la guerra; El mundo hacia el Abismo; Elementos de ética moderna; Civilización libertaria; El Estado en la historia (ZYX, con prólogo de Florentino Iglesias), El insumiso, El socialismo libertario. Los caminos del socialismo… En francés: L'indispensable revolution (1948), Le comunisme (1950), Pratique du socialisme libertarie (1959), L'énfance encroix (1961), Rus et torrents (1967), La pensée constructive de Bakounine (1976), Genése et réalité historique de l'Etat. En italiano: Né Franco né Stalin, La revoluziones sociale en Italia, L´attivitat sindicale nella transformazione sociale.


Liarte Vila, Ramón, periodista anarquista (Almudévar de Osca, Huesca?). Empezó a darse a conocer en los medios ácratas juveniles en su pueblo natal, a principios de la guerra civil. Natural entre sus primeras actividades se cuenta la animación del periódico Cultura y porvenir, de la Seu de Urgell. Entre mayo y junio de 1937 fue nombrado secretario general de las JJLL de Cataluña. Más tarde ocupó una do las secretarías del Comité Peninsular de la FIJL. En el exilio (Francia) dirigió el mítico periódico España libre. En los años setenta, actuó en Barcelona en la CNT del relanzamiento publicando algunos libros y fue director de la Solidaridad Obrera. Autodidacta, intervino en la Columna Durruti y en la resistencia tanto en Francia como en España. Muy controvertido en la última fase de la CNT (algunos le llamarían «liante»). 

Sus libros (La lucha del hombre. Anarcosindicalismo, La CNT el federalismo de los pueblos de España, y La CNT al servicio del pueblo, que en realidad es la compilación del pleno Nacional Ampliado de la CNT celebrado en Valencia en 1938. Todos fueron editados por Producciones Editoriales, Barcelona, entre 1977-78. En general, reinciden en argumentaciones clásicas y en un tono de exaltación organizativa intransigente contra cualquier "desviación".



LiuShih-pei; posiblemente el teórico anarquista chino más ambicioso. Era descendiente de una larga línea de académicos, había recibido una educación clásica —lo que influyó que estuviera más cerca del tradicionalismo chino que el resto de sus compañeros— y en su juventud había dado muestras de gran talento. A los 18 años ya trabajaba como enseñante ya los 19 pasó el examen chü-jen. Su conversión a la causa anti-Manchú parece ser producto de su amistad con Chang Ping-lin. En 1904, Liu se hizo miembro de la sociedad patriótica Kuang-fu Hui, y comenzó progresivamente a decantarse por causas revolucionarias, participó en varias publicaciones, ayudó a planear un asesinato político frustrado y ejerció como maestro en una escuela secundaria.



En 1907 se marchó a Japón con su mujer, Ho Chen, y entraron en contacto con los anarquistas nipones, en particular con Kotuko. El mismo año, Liu constituyó una Sociedad para el estudio del Socialismo y editó —siempre junto con Ho— la revista ácrata T’ieni Pao. Liu había sido influenciado también por la corriente darwinista, y teorizó que la realización del anarquismo en China no tenía por que ser muy difícil, ya que por el carácter despótico de los gobiernos desde siempre, el pueblo era tradicionalmente hostil a todo gobierno y se remitió a los teóricos antiguos en los que pudo encontrar vestigios libertarios. Su darwinismo fue rectificado por la influencia de Kropotkin.



En el terreno práctico formuló la propuesta de una especie de frente popular anti-Manchú, ya que la revolución democrática y el anarquismo tenían intereses comunes, aunque habían al menos tres razones por las cuales este último era superior: porque no buscaba una solución nacionalista sino internacionalista; no buscaba la conquista del poder sino la libertad de todos y porque ampliaba la base social de la revolución. En 1908 rompió sus vínculos con Chang Ping-Lin y retornó a Shanghai, donde acabó trabajando como confidente de la policía. El motivo del cambio es que al parecer Ho Chen se vio envuelta en un intento de atentado político y Liu se doblegó para salvarla. Posteriormente Liu consiguió una cátedra en la Universidad de Pekín, pero falleció poco después, en 1919.


López Calle, Bernabé; guerrillero antifranquista conocido también por los seudónimos de «Bernabé», «Comandante Abril», «Fernando», etc (Montejaque, Málaga, 1899-Medina Sidonia, 1949). Procedía de una familia cenetista de prestigio en la zona y sus hermanos José, Pedro y Antonio, fueron bastante conocidos. Curiosamente, al concluir su servicio militar ingresó en la Guardia Civil y fue destinado a Málaga. Al comenzar la guerra se encontraba en Antequera y allí contribuyó a la derrota de los facciosos. Mandó luego una columna que más tarde se convertiría en batallón con su propio nombre, y ulteriormente dirigió la 61ª Brigada Mixta que acabó disolviéndose en oposición a las consignas comunistas. Luchó en Málaga, Almería y Teruel y al final de la guerra fue apresado en la zona centro y condenado a muerte.

Salió de la cárcel en 1944 y huyó al monte, iniciando una guerrilla con el apoyo de la CNT en la región del sur. Se mostró como un consumado guerrillero, logrando amplios apoyos en el agro y manteniendo una constante acción hostil contra las tropas del régimen. Llegó a formar una ANFD guerrillera en 1946, que luego se amplió como una Junta Nacional de Guerrilleros (sector Sur) que en 1949 consigue la coordinación de varias partidas bajo el nombre de Agrupación Fermín Galán, de la que fue jefe. Logró extender su influencia y después de dejar la Serranía de Ronda se trasladó a Cádiz haciendo una distribución por zonas (Ubrique, Jeréz, Montejaque, Alcalá de los Gazules, Gaucín), desarrollando desde ahí sus partidas hasta que cayó trágicamente el último día de 1949 cercado en el cerro de la Atalaya. Herido prefirió suicidarse antes que caer prisionero.


 López Sánchez, Juan; ministro de Comercio hasta la crisis de 1937, dirigente del sector más moderado de la CNT (Murcia, 1896-Valencia, 1975). De joven había sido un «hombre de acción» en el periodo de lucha contra Primo de Rivera. Como director de la revista Acción se inclinó hacia el grupo Solidaridad; también colaboró en la revista Mañana y en Solidaridad Obrera, siempre con planteamientos moderados. Fue uno de los firmantes del Manifiesto de los Treinta, encabezó los «sindicatos de oposición» y fue secretario del Federación Sindicalista Libertaria tras la marcha de Pestaña, de la que había sido uno de los impulsores.

Por esta época llevó su actividad en Huelva y se distancia del Pestaña del Partido Sindicalista al que criticó ásperamente. En Valencia dirige Sindicalismo y tras la frustración del frente único la Alianza Obrera propugna el retorno a la CNT, y actúa con eficacia en el Congreso de Zaragoza.

Durante la guerra civil ocupó cargos de importancia en Valencia, y aceptó con entusiasmo la responsabilidad ministerial, enfocando su actuación en el sentido de que había que haber sido más consecuente. Miembro del Consejo de Defensa al final de la guerra, último secretario de la CNT en la legalidad y secretario general del CN del movimiento en el exilio. Exiliado a Londres publica Material de discusión (Milford, 1945) y trabajó como la mano derecha de Horacio Prieto, en 1946 apoya a fondo la colaboración con los monárquicos y en 1965 reaparece a la derecha de los «cincopuntistas».

Volvió a España para aceptar un cargo remunerado en el sindicato del transporte del sindicato vertical, colaborando con la llamada izquierda falangista en tinglados como la revista índice en cuya editorial publicó su Trayectoria de un sindicalista, obra en la que justifica con desgana su evolución. Otras obras suyas son: La unidad de la CNT y su trayectoria (1936), Concepto del federalismo en la guerra y en la revolución, Seis meses en el Ministerio de Comercio (1937), El sindicato y la colectividad (1930).


Lorenzo Anselmo; principal figura del primer anarquismo español, desconocido cointroductor  de este movimiento en Portugal, escritor autodidacta y teórico del anarcosindicalismo (Toledo, 1841-Barcelona, 1914). Abad de Santillán escribió sobre él: «Fue una larga vida de trabajo, equilibrada, tesonera. Por un esfuerzo notable de autodidacta, adquirió una cultura a que pocos militantes obreros han llegado, poniendo en toda su obra una gran sensibilidad moral, una integridad y una dignidad imperturbables». De familia muy humilde, fue enviado a los 14 años a Madrid para que aprendiera un oficio. Confiado a una familia de la ciudad, Lorenzo comenzó a trabajar en una imprenta y pronto surgió en su interior una gran pasión por la cultura.

Él mismo recordará: «De muchacho, al entrar en la adolescencia, pasé una enfermedad que me duró unos cuatro años, y que más de una vez me tuvo a punto de liquidar; siempre que podía, ayudaba a mi padre al trabajo, y cuando no, leía; entonces leí mucho, aunque con escaso provecho; todo lo nacional y extranjero editado a cuartillo de real la entrega, pasó ante mí, apelando a parientes, amigos, conocidos y vecinos para tener provisión abundante de lectura».

Su primera intervención pública tuvo lugar en 1864, cuando su nombre aparece apoyando al sector más socializante del partido democrático y en contra del sector burgués liberal de Castelar. Por la misma fecha asiste a las clases del Fomento de las Artes, y se sitúa políticamente en posiciones republicanas federales con incrustaciones socializantes, tal como representan hombres como Fernando Garrido y sobre todo, Pi y Margall. Toma parte en la revolución de 1868, y sus influencias socialistas se consolidan: «Mi iniciador en las ideas de la reforma social fue Eugene Sue (…) Tuve ocasión de leer a Pi i Margall en sus buenos tiempos, cuando era un pensador revolucionario y no había descendido a jefe de partido… Proudhom acabó de remachar el clavo; leí casi todo lo que de el tradujo Pi, pero lo que me impresionó más fue una obra que creo no ha sido traducida, y que traduciría de buena gana sí hubiera editor que quisiera publicarla, titulada De la creación del orden en la humanidad».

Lorenzo fue de los primeros apóstoles que recibieron a Fanelli en 1869 y en su primera intervención como orador, dijo: «No venimos a hablar de república, como parece que esperabais; muchos hay que de eso se ocupan con elocuencia superior a la nuestra y con el entusiasmo de los que trabajan por cuenta propia, puesto que aspiran a ser los beneficiados y usufructuarios de ella, dejándoos a vosotros, como trabajadores que sois, a la luna de Valencia, es decir, condenados al trabajo y sometidos a la explotación capitalista, ni más ni menos que lo que sucede en la monarquía».

En 1870, dirige La Solidaridad, y toma parte de la delegación madrileña que asiste al primer Congreso de los internacionales españoles; es elegido miembro del Consejo Federal. Un año después viaja a Portugal junto con Morago y Mora para introducir las ideas internacionalistas en el país vecino, allí es recibido por Eça de Queiroz y Antaro de Quental. En septiembre del mismo año es elegido como representante español para la Conferencia secreta de Londres convocada por la AIT. Durante su estancia en Londres se hospedó en casa de Karl Marx que le causó una honda impresión, así como sus hijas. Sin embargo, la lucha política interna en la AIT le causa una honda decepción: «De la semana empleada en aquella Conferencia guardo triste recuerdo. El efecto causado en mi ánimo fue desastroso: esperaba yo ver grandes pensadores, heroicos defensores del trabajador, entusiastas propagadores de las nuevas ideas, precursores de aquella sociedad transformada por la Revolución en la que se practicará la justicia y se disfrutará la felicidad, y en su lugar hallé graves rencillas y tremendas enemistades entre los que debían de estar unidos en una voluntad para alcanzar los mismos fines». Decepcionado ante Marx, no lo es mucho menos por Bakunin y a lo largo de su trayectoria nunca llegará a aceptar completamente el primer gran cisma internacional del movimiento obrero organizado.

No obstante, su inclinación hacia las tesis bakuninistas es clara y en uno de sus trabajos publicado entonces en La justicia social expresa claramente su rechazo de la tríada Dios- Capital-Estado. La vuelta a España lo sitúa delante de la inminente prohibición de la AIT, y en un mitin celebrado proclamó: «Si a la Internacional se la declara fuera de la ley, la Internacional declarará a la ley fuera de la razón y de la justicia». La ruptura con los seguidores del Consejo Federal en su pleito con Bakunin, le situó en una posición difícil: «Una divergencia doctrinal, escribe, en su origen que no hubiera tenido consecuencias lamentables sí la pasión, falseando los principios, no hubiera acudido a falsearla, dio lugar a que aquella organización, que en poco tiempo llegó a ser poderosa y temible, se viniese abajo».

Interviene intensamente en campañas de propaganda como miembro del Consejo Federal de la Región Española, y luego como secretario general del mismo organismo. Intenta superar las rencillas entre las tendencias, pero no es fácil: «Durante el corto período de dos meses que permanecí en Valencia como individuo del Consejo Federal sufrí mucho. Mis compañeros me miraban con desconfianza; mi correspondencia particular con los compañeros de Madrid que conmigo habían formado el Consejo Federal de Madrid les inquietaba, y llegaron a abrir alguna carta mía antes de entregármela pretextando que la habían abierto por equivocación». Estas circunstancias mezquinas le amargan la existencia como militante.

Viaja por España y Francia buscando trabajo hasta que en 1874 llegó a Barcelona donde se sintió en un principio muy identificado con el grupo anarquista de la ciudad (García Viñas, Farga Pellicer, Llunas, etc...) y se entregó a las tareas militantes. Pero de nuevo afloraron las contradicciones, en particular con el doctor García Viñas y su círculo. No obstante, su prestigio se mantiene inalterable a pesar de las diversas acusaciones que contra él se emplean.

A pesar de todo fue expulsado de la Federación Regional Española. El mismo cuenta: «Me quedé completamente aislado; nadie me dirigía la palabra; todos mis amigos, puesto que no frecuentaba más amistades que la de algunos compañeros, se apartaron de mí, y quede reducido a un mínimo de vida inadmisible para quien, gozando de libertad, necesitaba la amistad, la lucha, la propaganda y la comunión humana». A fines de 1880 abandona Barcelona para retirarse de toda actividad revolucionaria directa. Entre 1884 y 1885 se vinculó al grupo La Asociación, órgano de los obreros tipógrafos de Barcelona fundado poco antes y comenzó a escribir con regularidad en la prensa obrera, especialmente en la de signo libertario.

En 1887 tomó parte del congreso de la Federación de Trabajadores de la Región Española, declinando todo ofrecimiento de ocupar cargos. Al año siguiente ingresó en la masonería en la que alcanzó el grado 18 y a la que se había acercado durante los años de mayor ostracismo. Después de la explosión de la bomba en la calle de Cambios Nuevos en 1896, fue encarcelado en el castillo de Montjuich. Al ser puesto en libertad, se exilió a París. De nuevo en Barcelona, en 1898, Lorenzo pasó a colaborar con La Revista Blanca, en la que publicó su narración breve y «ejemplar» Amoría, incluida en la antología El cuento anarquista, efectuada por Lily Litvak, la misma autora que analiza la vertiente novelística de Lorenzo en otro estudio: Musa libertaria).

Cuando en 1901, Ferrer i Guardia creó la Escuela Moderna, Lorenzo se convirtió en el director de la sección de publicaciones, traduciendo entonces algunas de las más destacadas aportaciones de la literatura anarquista como lo fueron, entre otros títulos, La gran revolución francesa, de Kropotkin, y El hombre y la tierra, de Reclús. En 1910 ha concluido ya la segunda parte de su obra capital El proletariado militante, donde conjuga los recuerdos autobiográficos con la trascripción de documentos correspondientes a las primeras etapas del movimiento obrero organizado en el Estado español.

Al fallecer antes de escribir su tercera entrega, esta obra quedó inconclusa, pero con todo, pasó a constituir una fuente indispensable para el conocimiento de la primera época del anarquismo español y su valor testimonial es ya clásico. En ella se encuentran los componentes básicos del pensamiento de AL, su confianza en el avance científico y cultural de la humanidad, una concepción optimista y armónica de la naturaleza, deudora en buena medida de Fourier; la crítica moral y política al poder establecido, y el énfasis en el antipoliticismo y la capacidad espontánea de los trabajadores. Esto no quiere decir que su pensamiento no se mostrara abierto a importantes rectificaciones. Lorenzo se mostró, al contrario que otros anarquistas de su época, sumamente receptivo al sindicalismo revolucionario, sobre todo desde que en 1907 se creará la Federación local de Solidaridad Obrera. Concibe el sindicato como la «moderna forma adoptada por los trabajadores para concertarse, defenderse y dirigirse hacia la libertad y la igualdad». Debe de luchar contra la esclavitud salarial —la última, dice—, contra la irracionalidad y el despilfarro capitalista, y debe de hacerlo de forma voluntaria, «sin disciplina (sumisión a un dogma o una autoridad) ni jerarquía (escalafón de mandarines)». Ha de evitar toda tentación burocrática, y tener un pacto claro que, a título de ejemplo, deje claro sus objetivos («Este sindicato se propone la resistencia a la explotación capitalista como táctica constante, y la supresión del salario por la participación de los actuales desheredados en el patrimonio universal como finalidad única»), y sus medios («En el funcionamiento universal no ha de haber delegación, ni autoridad, ni disciplina; sólo hay división del trabajo. Miembros iguales en deberes y derechos en una asociación, aunque con la diversidad de actitudes físicas, morales o intelectuales propias del temperamento, de la educación, de la edad, de la cultura de cada uno, cooperando voluntariamente a determinar propósito, y voluntaria y libremente se distribuyen las labores comunes, manteniendo la relación necesaria para que resulte el debido concierto»).

Al producirse los acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona, su gran popularidad hace que el gobierno se limite a desterrarlo durante unos meses a Teruel. En 1912 publicó Vida anarquista, una colección de trabajos propios. Todavía en 1914 continúa trabajando y sigue al frente de una amplia familia con la ayuda inapreciable de su compañera Paca, que le sobrevivirá para fallecer en 1937, cuando ya había cumplido los noventa años. Cuando estalla la I Guerra Mundial, la posición de Lorenzo es rotundamente clara: «Venza la compañía anglo-franco-rusa o el “trust” alemán, nada cambiará, sino el dueño del mercado; tras la guerra actual vendrá, no la paz, sino una tregua. Mientras no se alteren esencialmente las instituciones causantes de la desigualdad social, en tanto que por el monopolio de la riqueza natural y la producción haya ricos y pobres (…) se renovará la pérfida y ruinosa paz armada, esperando la ocasión de poner en práctica los nuevos descubrimientos científicos aplicados a la matanza».

Al fallecer el 30 de noviembre de 1914, en su entierro «estuvieron presentes no sólo los trabajadores sino también muchísimos intelectuales y artistas liberales de Cataluña y representaciones de distintos puntos de España» (Buenacasa). Hay dos breves biografías suyas: la de Federica Montseny, Anselmo Lorenzo, el hombre y la obra (Dogal, Madrid, 1977), y la de José Peirats, Anselmo Lorenzo. Los prolegómenos de CNT (Ruta, Caracas, 1974). La primera editorial ha reeditado Criterio libertario en tanto que de El proletariado militante existen dos ediciones, una de Alianza (Madrid, 1974), con introducción, notas y bibliografía —muy completa— de José Álvarez Junco, y otra en ZYX prologada por Juan Gómez Casas. Una de las fundaciones libertarias más activas lleva su nombre.

Nettlau, Max; el más popular de los historiadores anarquistas (Neuwaldeg, Austria, 1865-Amsterdam, 1944). Calificado por Rudolf Rocker de «Herodoto de la anarquía», José Peirats dice que, no fue, en sentido estricto, un militante, y como «teórico no rayó a gran altura dado que se dedicó casi por entero a describir objetivamente las diversas escuelas, tendencias y variedades sin olvidar el contexto histórico. En este último aspecto se reveló como un investigador incansable, una enciclopedia viviente del anarquismo. Nettlau vivió solamente para sus libros y colecciones de libros». Desde otros ángulos se le reconoce como el primero, incluso como el único historiador anarquista durante mucho tiempo, su estrecha vinculación con este movimiento a nivel internacional y su total dedicación, reuniendo durante muchos años la mayor recopilación de documentos sobre el anarquismo conocida, que entregada al Instituto Internacional de Documentación Social de Amsterdam ha pasado a ser una verdadera «mina para los nuevos investigadores». 

Mucho más discutido ha sido su método de análisis considerado como extremadamente idealista… Era hijo de una familia judía liberal y bastante acomodada, cuya fortuna dilapidó en aras de sus ideales, viéndose obligado a vivir de sus libros y artículos, lo que significó la pobreza cuando no la indigencia. Nettlau hizo estudios secundarios en Viena, y de Filosofía en diversas universidades alemanas, obtuvo su doctorado a los 23 años con una tesis sobre lengua célticas. Su adhesión a la causa anarquista fue motivada por el deslumbramiento que le causó la vigorosa personalidad de Bakunin, concibiendo a los 25 años el proyecto de unificar en una sola biografía todo el material al que en aquel momento se tenia acceso, empeño que culminaría en su monumental obra en tres gruesos volúmenes después de seis años de trabajo ingrato dada la situación dispersa de la documentación existente sobre Bakunin. 

Ulteriormente, y a petición de Eliseo Reclús, Nettlau dedicará varias décadas a la elaboración de la bibliografía más completa que se había hecho sobre el anarquismo. Sus relaciones con el movimiento le lleva por diversos países y continentes, desarrollando unapaciente labor de archivero. Su investigación no se desenvuelve nunca en los medios académicos, sino que conoce muy directamente las vicisitudes de las luchas, pero sí se puede hablar de dificultades antes de 1914, después de la Gran Guerra, Nettlau apenas sí logrará encontrar un lugar donde poder elaborar reposadamente. Sus archivos tienen que huir de Italia después de la «marcha de Roma», de Alemania y Austria tras el ascenso del nazismo, de España en la hora del éxodo republicano de 1939. Proverbial fue su total identificación con la CNT española, a la que siempre evitó criticar a pesar de sus desavenencias con el sindicalismo.

Sentía una verdadera debilidad por España, muestra de ello son estas notas escritas en 1932: «Quienes como yo, salen del desierto de los países europeos se sienten en España como en un joven y verde bosque, en medio de un pueblo que aún no ha olvidado la libertad y la dignidad humana». Aunque vive muy cercanamente la crisis social española de los años treinta, y la actuación pragmática de la CNT-FAI durante la guerra, no parece que hiciera ningún pronunciamiento crítico. Ulteriormente exaltará a los «quijotes» del anarquismo español. 

Ideológicamente Nettlau se alineó siempre entre las tendencias más puristas del anarquismo. Concebía éste como la expresión natural del progreso hacia una vida libre. Pleno de optimismo —al menos hasta 1914—, confía que la historia marcha irresistiblemente hacia el fin de las relaciones de poder entre los hombres. No parece evidente que confiara en la revolución como el medio más apropiado, ya que ésta, como la guerra, «destruye, consume o cambia a los hombres, los vuelve autoritarios, cualquiera fuera su disposición anterior, y los hace poco aptos para defender una causa liberal».

Estima que el anarquismo no es compatible con el sindicalismo —al que responsabiliza en buena medida de la «debâcle» de parte del movimiento revolucionario en agosto de 1914—, y no admite que su estructura organizativa pueda ser el molde de la sociedad futura, idea que le parece una moda marxista. Siempre vuelve al modelo de la Alianza bakuninista, y aboga por un anarquismo que debe de «liberarse de creencias y de costumbres profundamente arraigadas y llegar a elevarse por encima del sectarismo, del fanatismo, de la intolerancia 

(…). Es una enorme desgracia que los anarquistas no hayan seguido esa evolución de la tutela de una idea de examen libre de todas sus ideas (…).



Hemos creído que puesto que los unos tenían razón, los otros se equivocaban (…). La simple convivencia no ha existido jamás; cada cual se cree superior al adversario en doctrina. Se está disgregando, desmenuzando así, y no se sabe ya reunirse para una actividad en común. Así la pasión, el fanatismo domina siempre». 

Esto no es obstáculo para que su visión de los marxistas sea bastante lapidaria: «Lenin, escribe en su biografía de Malatesta, aisló a Kropotkin en un pueblo y supo evitar que fuera a reponerse en un clima propicio —Woodcock y Ivakumovic explican lo contrario— Mussolini, ex—socialista, aisló a Malatesta en su propia casa (…) Otros socialistas eligieron el desierto como residencia de los adversarios anarquistas, haciendo prácticamente imposible que los enfermos pudieran encontrar algún alivio. El calabozo del tirano era preferible a la crueldad hipócrita del aislamiento. Por lo demás, los socialistas autoritarios de todos los tiempos conservan los calabozos para poblarlos con otras víctimas». 

Como historiador, el método de Nettlau es ante todo ideológico, tiende hacia la justificación y exaltación del anarquismo y hacia la negación de sus adversarios. Sus protagonistas viven y actúan por sus ideas, nunca como exponentes de unas condiciones sociales y políticas concretas. No hay en su obra análisis de las infraestructuras, ni siquiera de los movimientos. Era un individualista que admira a los hombres de genio, a los forjadores de la historia, y estos están por encima del pueblo llano. La fuerza de las ideas vale más que las muchedumbres. Cree que será el ideal el que hará al hombre libre. Esto le incapacitó para comprender los fenómenos sociopolíticos derivados de la crisis del imperialismo, empezando por la I Guerra Mundial.


La famosa biografía de Nettlau, escrita por Rudolf Rocker fue publicada por Estela, en México. La Piqueta, de Madrid, ha publicado: Miguel Bakunin, la Internacional y la Alianza en España (1868-1873); existe una edición abreviada —algo así como una décima parte— de su «obra magna»: La anarquía a través de los tiempos, con el título de Historia de la anarquía (Zafo, Madrid, 1974). Júcar reeditó sus Documentos sobre la Internacional y la Alianza en España. ZYX editó en 1970 sus Impresiones.

Orobón Fernández, Valeriano.- Uno de los intelectuales más lúcidos e inquietos de la CNT en los años treinta (Cistérniga, Valladolid, 1901-Madrid, 1936). «Enfant prodigue» del anarcosindicalismo en la mitad de los años treinta, fue potencialmente la figura más formada intelectualmente de la CNT de su época, seguramente la más consciente del carácter internacional de la crisis así como de la naturaleza del fascismo, ante el cual abogó por la exigencia de una «tercera vía» superadora del reformismo y del sectarismo, la del frente único obrero, muy en línea a lo que también planteaban Quintanilla y Berneri, y que veía traducida en la formidable y olvidada tentativa de la Alianza Obrera; por esto último fue muy apreciado desde las filas del marxismo español más inquieto y creativo.

Joaquín Maurín en particular dedicó una especial atención a sus escritos. Rudolf Rocker describe así sus comienzos: «…Conoció Orobón el movimiento libertario siendo un joven estudiante. Su padre pertenecía al partido socialista, lo que no le impidió confiar a Orobón y a su hermano Pedro a la escuela libertaria de Valladolid cuyos métodos de enseñanza se movían en la línea aproximada de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer…».

Cenetista desde los 14 años, es influenciado por Evelio Boal y a los 18 años representa a la CNT de Valladolid en el Congreso de la Comedia (1919). Su militantismo le lleva a ser constantemente perseguido y en 1924 es expulsado de Asturias marchando entonces al exilio parisino. En Francia se relaciona con Max Nettlau (que escribió sobre él: «El bravo español que me ha enviado —Rocker— es un individuo capaz y excelente. Posee el sentido histórico y comprende la continuity of history»). Orobón se encarga de la Librería Internacional financiada por «Los Solidarios», dirige la revista Iberión y colabora en Les Temps Nouvelles; en 1926 es expulsado de Francia por participar en un mitin contra Primo de Rivera y la guerra de Marruecos. En Berlín se asocia con Rocker y aprende el alemán —también el inglés y francés, de manera que traducirá a todos los extranjeros participantes en los congresos de la CNT a los que asiste—, se hace cargo de la secretaría española de la AIT y defiende la necesidad de un programa anarquista que integre la alternativa económica. Intenta volver a España en 1930, pero al ser detenido se exilia de nuevo.

Volverá con la República iniciando un período de actividad incansable; atrae a la CNT madrileña a algunos intelectuales (Guzmán, García Pradas, Canovas Cervantes, etc.); da conferencias, en particular una famosa en el Ateneo de Madrid donde traza una línea teórica de la revolución que viene desde unos criterios unitarios, en línea con Quintanilla y los asturianos; polemiza con comunistas (son famosas sus controversias con Oscar Pérez Solís, militar vallisoletano que fue el primer secretario general del PCE, y que acabó en las
filas franquistas por la vía del catolicismo integrista) y socialistas; publica numerosos artículos en La Tierra y CNT. Conmovido por el «irresistible» ascenso del fascismo, en particular por la derrota de la poderosa clase obrera alemana dividida (entre socialdemócratas y estalinistas), reemprende con vigor la defensa de un frente único contra el fascismo: «La represión, escribe, conque se está diezmando a la CNT es un anticipo vergonzante y vergonzoso hecho al fascismo específico y una muestra elocuente de como los términos medios y las ponderaciones teóricas de la democracia burguesa se convierten fácilmente en extremos. A la hora de la lucha, los “demócratas” olvidan su filiación política y forman con arreglo a su formación de clase. Aprendan de este ejemplo los camaradas que, por purismos deleznables, se encandilan en la teoría de nosaltres sols. Para vencer el enemigo que se está acumulando frente al proletariado, es indispensable el bloque granítico de las fuerzas obreras. La fracción que vuelva la espalda a esta necesidad es culpable ante la Historia. Porque mil veces preferibles a la derrota, que el aislamiento nos depararía, inevitablemente, es una victoria proletaria parcial que, sin ser patrimonio exclusivo de ninguna de las tendencias, realice de momento las aspiraciones mínimas coincidentes de todos los elementos pactantes: aspiraciones mininas que comienzan en la destrucción del capitalismo y la socialización de los medios de producción…».


Estas líneas ilustran de su coincidencia poderosa con la corriente que estaba auspiciando la Alianza Obrera —de la que Orobón fue firme partidario— y que sería abandonada por la CNT-FAI dando la espalda a la huelga general de 1934, y más tarde, oscilando entre el aislamiento y el circunstancialismo gubernamental. Orobón se ganó la vida traduciendo y escribió Tragedia de España (1927) y La CNT y la revolución española, que fue prologada por Rafael J. Sender. La CGT Valladolid y el Comité Regional de la CGT Castilla León, auspiciaron la edición más completa de sus escritos bajo el título de Anarcosindicalismo y revolución en Europa, con una erudita introducción y notas a cargo de José Luis Gutiérrez Molina, con un anexo en la que se establece un catálogo exhaustivo de sus escritos y traducciones. Gravemente enfermo, Orobón falleció a principios de 1936.

Su compañera, Hildegart Taege (n., en la localidad germano-polaca de Stettin,1895). Había nacido al parecer en el seno de una familia de ascendencia rusa. Vivía en Berlín durante los años veinte, trabajando en el mundo textil, para el que diseñaba modelos de ropas de mujer. Estaba relacionada con los medios ácratas alemanes, parece que militaba en las juventudes libertarias alemanas, y tenía amistad con la familia de Rocker. Hildegart acompañó a Valeriano en todas sus vicisitudes hasta su muerte en junio de 1936. Después, permaneció en España durante la guerra, hasta la derrota en 1939. Logró escapar a la ratonera del puerto de Alicante y se dirigió, en barco, hacia Argel. Se instaló en Argelia, en la ciudad de Blida, bajo el nombre de María Ituri, nacida en Bilbao. Trabajó de taquillera hasta que, cuando la independencia argelina, tuvo que abandonar el país.


Regresó a Francia, a París, donde vivió hasta su muerte. Se negó a regresar a España, a pesar de la insistencia de la familia de Valeriano, tras la muerte del dictador porque no quería vivir en una monarquía. (Cfr, Benjamín, La impagable colaboración de la mujer en la lucha. Hildegart Taege de Orobón, Polémica, Barcelona, n° 21, marzo-mayo 1996).


Ortiz Ramírez, Antonio.- destacado militante anarquista cuyas gestas militantes y
militares permanecían oscurecidas por su relación con Joaquín Ascaso (Barcelona, 1907-1996). Era carpintero, oficio que practicó durante toda su vida y del que vivió hasta su jubilación; miembro del Sindicato de la Madera de la CNT en Barcelona, del que fue presidente en 1932, destacó como activista durante una de las huelgas más duras mantenidas por la CNT, la de los ebanistas de Barcelona en el invierno de 1932-1933; participó activamente en el movimiento insurreccional del 8 de enero de 1933; fue detenido, encarcelado y torturado en las dependencias de la Jefatura Superior de Policía de Barcelona; llegó a ser el miembro más joven del grupo de afinidad «Nosotros»; celebrado mitinero en los meses previos al levantamiento militar del 18 de julio de 1936. 

Al comienzo de la contienda aparece como jefe de la 23ª columna que salió de Barcelona hacia el frente de Aragón, convirtiéndose después en el comandante de la 25ª División; la fuerza militar que dirigía era el verdadero brazo armado del Consejo de Aragón; Ortiz comandó posteriormente la 24º División, en un período de retroceso revolucionario y militar, cuando la CNT se encontraba sumida en profundas contradicciones internas; marchó al exilio en 1938 huyendo de las amenazas comunistas y de la falta de protección de los órganos directivos de la CNT, complicado en la aventura de Ascaso. El exilio le llevó a los campos de concentración, tanto en el sur de Francia como en Argelia; se alistó en el ejército francés resistente, y como tal recibió diversas condecoraciones; después de la guerra mundial, en 1948, participó en una de las tentativas de atentado contra Franco en San Sebastián; finalmente, en 1951 marchó a Venezuela y allí vivió de su trabajo como carpintero. Su historial ha sido reivindicado en la obra Ortiz. General sin Dios ni amo, una extensa aproximación (382 pp.) escrita por José M. Márquez Rodríguez&Juan J. Gallardo Romero (Hacer, BCN, 1999, en colaboración con el Grupo de Historia José Berruezo, entidad de Stª Coloma de Gramanet en la que Berruezo fue un destacado militante y admirado alcalde de la ciudad durante la guerra civil).


Albert Parsons

Parsons, Albert.- Anarquista colectivista y sindicalista norteamericano, posiblemente el más notable de los célebres «Mártires de Chicago». Había sido miembro de la socialdemocracia y se hizo anarquista influenciado por Johann Most. Era amigo de Lum, fundó The Alarm, escribió numerosos artículos y un libro en prisión, La anarquía y su filosofía. Participó en el segundo Congreso Internacional celebrado en 1883 en Pittsburg, y fue uno de los animadores del movimiento por las ocho horas cuyos capítulos más dramáticos ocurrieron en Chicago, donde Parsons era un agitador célebre. 

Aunque vinculado a Most y a la Internacional Negra, y a pesar de lo encendido de sus palabras, Parsons era primordialmente un sindicalista revolucionario. Era el orador más escuchado el día 4 de mayo en Haymarket, donde estaban además su compañera Lucy, su hija Lulú y su hijo pequeño. Cuando después de la bomba —obra posible de un provocador—, comenzó la campaña contra los anarquistas y fueron detenidos Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Engel, Lingg y Neebe, Parsons pudo escapar, pero cuando la detención se convirtió en una amenaza terrible no dudó en entregarse a la policía para seguir la suerte de sus compañeros. Durante el juicio mantuvo su total integridad y acusó a la sociedad capitalista y el montaje judicial. 


Su compañera Lucy E.Parsons (1859-1942), a la que José Martí retrató como una «apasionada mestiza en cuyo corazón caen como puñales los dolores de la clase obrera», animó la campaña de solidaridad, recogió pacientemente todas las declaraciones de los acusados —una obra testimonial impresionante— y publicó los escritos de Parsons. Éste fue ejecutado legalmente el 11 de noviembre de 1887, y en 1893, el gobernador John P, Altgeld, llevó a cabo la revisión judicial que demostraba su inocencia, así como la de los demás inculpados. El nombre de Parsons, como el del resto de sus compañeros, será eternizado por la jornada del Primero de Mayo que el movimiento obrero internacional consagraría anualmente en su recuerdo.

Paz, Abel (a) de Diego Camacho.- Activista y escritor anarquista afincando en Barcelona de larga trayectoria (Almería, 1929). Hijo de padres campesinos, emigra con su familia a Barcelona en 1929. Entre 1932 y 1935 asiste a la escuela racionalista «Natura», en la barriada del Clot, un auténtico «vivero» libertario; junto con su amigo Federico Arcos una revista de adolescencia, Los Quijotes del Ideal. En 1935 comienza a trabajar como aprendiz en una fábrica textil y se afilia a la CNT y a las JJLL. Combatiente en los acontecimientos barceloneses de mayo del 37, manteniendo desde entonces una posición crítica hacia el movimiento al que pertenece. Después de su paso por los campos de concentración franceses junto con sus amigos Arcos, Lliberto Sarrau, Pere Casajuana, Raúl Carballeira y Germinal Gracia decide pasar a España para luchar en la clandestinidad.

En 1942 se integró en la guerrilla anarquista contra el régimen militar-fascista. Fue detenido en diciembre del mismo año y encarcelado durante diez años. Retorna a Francia hasta que en 1977 vuelve a España de nuevo para desplegar una enorme actividad como historiador y propagandista, y manteniéndose al margen del conflicto entre cenetistas y cegetistas.


Como articulista ha escrito en numerosas revistas y periódicos anarquistas. Su obra más conocida es la documentada biografía de Durruti, El proletariado en armas (Bruguera, Barcelona, 1978; reeditado en 1996 por la Fundación Anselmo Lorenzo) un trabajo extenso y minucioso que ha sido traducido a innumerables idiomas. Dolors Marin lo define como un «luchador anarquista, historiador honesto y autodidacta (que) no duda en tomar las tribunas obreras de sindicatos y ateneos para polemizar con los más jóvenes. Es un testimonio vivo de aquellos clandestinos que despreciando el exilio cómodo acuden a su país a combatir la injusticia»; Paz también es coautor del guión del film sobre Durruti, de Paco Madrid. Otras obras suyas son: España, paradigma de una revolución. 19 de julio de 1936 (Ed. AIT, Tolouse, prefacio de Federica Montseny), CNT (1939-1951), prefacio de F. Montseny, Editorial Hacer, BCN,1982), Crónicas de la Columna de Hierro (Editorial Hacer, 1985; reeditado por Virus, BCN, 2001). Otras obras suyas son: De la Alianza Socialista Revolucionaria a la Federación Anarquista Ibérica (Contribución a la historia del anarquismo en España): Marx y Bakunin, o los conflictos de la Internacional en España (1868-1872), Del Congreso de Córdoba (1872) a la conferencia anarquista de Valencia (1927); La cuestión marroquí y la República española (Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 2000), autobiografía en cuatro volúmenes, Al pie del muro, Entre la niebla, Chumberas y alacranes, y Viaje al pasado (1936-1939 ), ésta última han sido editados por la fundación Anselmo Lorenzo (Madrid, 2002). En el libro de JL. Martin Ramos&Gabriel Pernau, Les veus de la presó. Histories viscudas por 36 lluitadors antifranquistes (Edhasa/La Campana, BCN, 2003), le dedica uno de sus apartados.


Peirats, José.- destacado militante e «intelectual orgánico» de la CNT y la FAI, conocido tanto por sus actividades como por sus trabajos como divulgador e historiador (Vall de Uxo, Castellón, 1908-1989). Emigró a Barcelona cuando tenia 4 años, y a los 9 se instaló en el barrio de La Torratxa, de L´ Hospitalet. Trabajó como «un bruto» como ladrillero desde los 9 años hasta el 18 de julio de 1936. A los 14 años ingresó en la CNT y comenzó a sentir una gran pasión por la cultura. Peirats lee de todo, su fiebre de lectura llega hasta Volney, Darwin, Haeckel y se extiende hacia los clásicos griegos y, claro está, los anarquistas. 

Frecuenta la escuela nocturna de Juan Roige. Vive intensamente la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera, y sobresale en las actividades culturales del Ateneo del barrio. Posteriormente, Peirats participa en el Ateneo Racionalista de Sants, mostrándose muy preocupado por la acción cultural: «…queríamos que la cultura no fuese ni comunista ni anarquista, porque la cultura es algo general de la humanidad y por eso tratábamos en nuestros cursos de conferencias de temas de cultura general, desde la astronomía a la química o a la pedagogía (…) queríamos que los jóvenes que se formaban con nosotros, y nosotros con ellos, tuviesen una visión de la cultura lo más amplia posible; que tuviesen una base cultural y no una cultura adocenada y clasista, saturada de temas obreristas», (declaraciones en Tiempo de Historia).

A los 20 años publica el Boletín del sindicato de los ladrilleros. Colabora en toda la prensa anarquista y anarcosindicalista de los años treinta utilizando diferentes seudónimos, fue redactor del diario Solidaridad Obrera, y director de Acracia, de Lleida.

Peirats se especializó en temas judiciales y desarrolló un estilo literario muy semejante al de Felipe Aláiz y Angel Samblancat. Fue adversario de las posiciones «trentistas» («no por sus tesis sino por su fermento escisionista») y estuvo siempre dentro de la FAI, aunque se proclama en «contra la prepotencia desquiciada de la FAI, que siempre tuve por no anarquista y bolchevizante». 

Militante de las JJLL; delegado y secretario de actas en el Congreso de Zaragoza, teniente de la 26ª División del Ejército popular republicano, cruza la frontera en unión del resto de la unidad al finalizar la guerra en Cataluña. En agosto de 1939 se les anuncia que podrán emigrar a México, pero son vetados y conducidos a campos de concentración. En 1940, Peirats desembarca en la República Dominicana que vive bajo el terror de la familia Trujillo. Trabaja en las fronteras con Haití hasta que una fundación norteamericana presidida por John Dos Passos que quiere facilitar una solución a los españoles exiliados mediante la creación de unas colonias agrícolas en el Ecuador, le permitió salir de allí para llegar, después de diversas vicisitudes marineras, al puerto de Guayaquil. Vivió entonces cortado de la civilización, en plena sierra oriental donde la estación de las lluvias se prolongaba por meses enteros. 

Aunque se entregaron en cuerpo y alma a la tarea —Peirats se hizo un consumado panadero—, la situación cambia cuando a raíz de la entrada de los Estados Unidos en la guerra, la fundación cesa en su ayuda. Navega entonces hacia México en un barco que va a la deriva y sin subsistencias en medio de un mar Pacífico que hace honor a su nombre. Llega a Panamá y se gana la vida trabajando en oficios diferentes, entre ellos el de fotógrafo ambulante. Luego marcha a Venezuela donde colabora en el periódico El País y en 1947 asiste a una Conferencia Intercontinental del ML en París. 

Regresa clandestinamente a España como miembro de las JJLL. De nuevo en Francia ocupa la Secretaria del Movimiento Libertario y pasa a ser uno de los más incisivos polemistas en los diferentes debates que conmueven el exilio, en particular sobre el tema de la posible participación en los sucesivos gobiernos republicanos. Teóricamente, Peirats siempre se manifestó contrario al gubernamentalismo anarquista. 

Cuando en 1948 trabaja en la instalación de una explotación maderera en las Landas francesas, le llega la propuesta para hacerse cargo de una extensa obra sobre la actuación de la CNT en la guerra y en la revolución española. Era una tarea importante que llevaría años de trabajo en condiciones nada favorables. «Pero acepté sin vacilaciones, entregándome de lleno a la tarea, consultando archivos, reuniendo documentos y dialogando con cuantos habían intervenido personalmente en cada uno de los acontecimientos» dijo él mismo al respecto. 

Tras cuatro años de intensa labor — parte de la cual transcurre en la cárcel—, concluye La CNT en la revolución española (editada en 3 volúmenes por Ruedo Ibérico; reedición Madre Tierra), que se agota rápidamente. Sin duda esta es la obra capital de Peirats y resulta, con todas las limitaciones obvias derivadas tanto de las condiciones materiales en que fue escrita como de su carácter «orgánico» —fue un encargo del Congreso de 1947 celebrado en Tolouse—, comparable por su importancia con El proletariado militante, de Anselmo Lorenzo.

Imprescindible para cualquier estudio serio sobre la revolución española y la actuación de los anarquistas, fue también la base para una versión reducida titulada Los anarquistas en la Guerra Civil española (Júcar, Madrid, 1976).


Peirats no es un pensador original, sus ideas son las de la tradición libertaria (esto es notorio por ejemplo en su concepción sobre el Estado cuando escribe «La conquista del Estado es una ilusión. El Estado conquista finalmente a sus conquistadores. O convierte en Estado a cuantos llegan hasta él, por sufragio o por asalto»), su principal característica radica en que personifica como pocos a ese importante sector de obreros autodidactos educados y forjados en las luchas sociales y en la intensa vida cultural proletaria de finales de los años veinte y la década de los treinta. Hombre de carácter, de voluntad critica, áspera e independiente, lo cual ha motivado no pocas discusiones en las filas anarquistas del exilio, y con numerosas personalidades y comités. 

Después de 37 años de exilio, pudo regresar a España con la ilusión de una pronta e inevitable reconstrucción del anarcosindicalismo. En su actuación pública, durante un mitin multitudinario —el primero y el último de esta amplitud en la efímera reconstrucción cenetista— en Barcelona, en el Estadio de Montjuich, sus palabras sobre las autonomías, muy en la honda proudhoniana, dieron lugar a una reacción crispada dentro y fuera del movimiento al que pertenece. 

La ulterior división de la CNT, lo ha llevado a una posición solitaria y pesimista, retirándose de la vida militante activa y recluyéndose en su pueblo natal.

Otras obras suyas son: Figuras del movimiento libertario español (Picazo, BCN, 1977), Emma Goldman. Una anarquista de dos mundos (Campo Abierto, Madrid, 1977, reedición Laia, BCN), Diccionario del anarquismo (Dopesa, BCN, 1977). Al exilio corresponden: Examen crítico-constructivo de movimiento libertario español (Ed. Mexicanos Reunidos, 1967), Voluntarismo y determinismo; La destrucción del Estado; España: ¿transición o continuidad? (Toulouse 1973); Estampas del exilio… Anarquismo, Breve historia de la CNT, La pretendida destrucción del Estado (las tres en Madre Tierra). 

Peirats ha escrito para la prensa libertaria numerosas semblanzas biográficas, varias traducciones (como El debate imaginario entre Marx v Bakunin, de Maurice Crompton), así como algunos prólogos como el que antecede al libro de H.E. Kaminski, Los de Barcelona (Cotal, BCN, 1977). En Tiempo de Historia nº 62 apareció una larga entrevista sobre su vida y sus ideas. La revista Anthropos (nº18), le dedicó uno de sus «dossiers»: José Peirats Valls: Una experiencia histórica del pensamiento libertario. Memorias y selección de artículos breve, que contiene igualmente una completa bibliografía.


Peiró Belis, Joan.- principal presentante en el interior de la CNT del sindicalismo de industria y de la línea posibilista-revolucionaria en oposición a la insurreccionalista-faísta (Barcelona, 1887-Paterna, Valencia, 1942). Nació en la barriada de Sants, auténtico cantera de anarquistas en su época y comenzó a trabajar en el ramo del vidrio a los 8 años. Analfabeto hasta los 15 años, sueña con ser torero, pero entra en relación con el movimiento obrero y se traslada a Badalona. A los veintidós años aprendió a escribir y hace su escuela en una constante lucha junto a la cual pone siempre una enorme voluntad por su ampliación cultural. 

Asiste a la fundación de la CNT como observador y en 1915 consigue la unión de los sindicatos de Badalona. Mentor de la formación y el desarrollo de la Federación de obreros Vidrieros, Cristaleros y Similares en todo el Estado español, que en 1919 adopta como acuerdo reclamar un salario igual para todos los obreros del ramo lo que se convirtió en una importante victoria proletaria.


Peiró empezó a escribir en el órgano de prensa de la Federación, El Vidrio y pronto se convirtió en uno de los propagandistas más valorado dentro de la CNT. En 1917, Peiró defiende las tesis anarcosindicalistas y destaca al año siguiente en el congreso de Sants. En 1920 sufre dos atentados y es encarcelado en Soria y Victoria, siendo trasladado a esta última ciudad a pie en una de aquellas «conducciones ordinarias» que se hacían con los presos. Una vez en libertad, pasa a ser una figura de primera magnitud del sindicalismo. 

Se traslada a Mataró en 1922 donde se entrega a su profunda actuación cooperativista en la que consiguió un prestigio que todavía perdura. Llegará a ser director técnico de una industria de focos eléctricos, a la que situó en la cabeza del país y de la que sólo salió para ocupar su puesto ministerial durante la guerra, para volver una vez concluido su cometido.

Durante la Dictadura de Primo, Peiró tuvo que huir a Francia, pero volvió para actuar en la clandestinidad. Durante esta época fue en dos ocasiones secretario general de la CNT, y está presente en todas las conspiraciones contra el dictador. Durante la segunda mitad de los años veinte se puede decir que Peiró ocupa el lugar que dejó vacío Salvador Seguí, manteniendo siempre un prestigio por encima de cualquier consideración de tendencias. 

Escribe, anima y dirige Solidaridad Obrera desde la cual opone la necesidad de los Congresos frente al culto de la clandestinidad y se sitúa en un lugar intermedio entre los intransigentes y Pestaña. Teórico muy apegado a los principios pero también a las experiencias sindicales más cotidianas, Peiró se distingue por su continúa búsqueda de alternativas. En 1928 protagonizará una sonada polémica con el comunista disidente Joaquín Maurín (que se recoge en la obra El arraigo del anarquismo en Cataluña, edición crítica de Albert Balcells, A. Redondo, Madrid, 1973; reedición de Júcar, Madrid), y en el que participan por igual libertarios como marxistas, y en la que se denota esta característica. 

En 1929 rechaza la concepción de la CNT como mero continente, o recipiente, y condena el corporativismo. Por la misma fecha publica una serie de ensayos en los que profundiza sobre las relaciones entre sindicalismo y en línea de Seguí, afirma: el sindicalismo es imprescindible como escuela de organización, pero necesita del anarquismo para vadear la trampa del Estado y llegar a la comunidad de productores libres. 

El empirismo de Peiró le lleva a una colaboración positiva con la oposición republicana, en particular con el sector más catalanista. En 1930 firma el renombrado manifiesto llamado de «Inteligencia republicana», y asiste al nacimiento de la República con una posición opuesta a la del faísmo. 

Influenciado por las ideas de Cornelissen y Bersnard, defiende los sindicatos y federaciones de industrias con resolución, en una concepción de largo alcance en el que la acción cultural y educativa es decisiva. Peiró habla de proceso revolucionario y de revolución permanente en el sentido de negar la inutilidad de las huelgas locales, de las insurrecciones parciales y de reafirmar los conceptos del sindicalismo revolucionario, la revolución social se estructura desde la célula sindical y local para irse imponiendo gradualmente. Será al lado de Pestaña la firma más importante del Manifiesto de los Treinta, y seguirá a este en la FSL, para romper con él en las puertas de la creación del Partido Sindicalista.


Componente del Comité Antifascista de Mataró, Peiró emprende desde el primer momento de la revolución una denuncia de los excesos represivos de los grupos milicianos, escribiendo por ejemplo: 

«…Si la revolución consistiera en robar y matar, los ladrones y los asesinos serían los más grandes revolucionarios. Justamente, es todo lo contrario. Los más grandes revolucionarios, de los cuales la historia se complace en hablar, son los que más lejos se encuentran siempre de todo derrame de sangre y de la moralidad de las expropiaciones en provecho personal…». 

Vuelve a escribir constantemente en Solidaridad Obrera, donde defiende que hay que ganar también la guerra en la economía y propugna un régimen de transición en el que quepan todas las tendencias antifascistas, así como un mando único militar para ganar la guerra, que considera como lo más importante.

Fue obligado por la disciplina a ocupar el Ministerio de Industria en el gobierno de Largo Caballero, tarea que cumplió cabalmente aunque más tarde la consideró como una experiencia errónea. En sus escritos de 1938-39 se muestra descorazonado, desconfía de la UGT hegemonizada por los comunistas y afirma que la CNT no tenía que estar colaborando y que debió de haber hecho la revolución en el primer instante. También trabajó al frente de la Dirección General de Electricidad de la Generalitat. 

Al ser invadida Cataluña, Peiró atravesó la frontera francesa y trabajó para el JARE. Después de una serie de vicisitudes y de haberse negado a abandonar a los suyos marchándose a México es detenido por la policía francesa y entregado a la Gestapo que, a su vez, lo entregó a las autoridades franquistas. Los jerarcas del sindicato vertical trataron vanamente de corromperlo, y luego de destruirlo Peiró rechazó de plano cualquier complicidad con el régimen, prefiriendo el fusilamiento tras haber sido sometido a un Consejo de Guerra del más puro estilo franquista. 



La actual CGT lo tiene como uno de sus principales referentes. Al morir dejó inconcluso algunos proyectos como una propuesta de reconstrucción económica de España sobre nuevas bases y un libro que debía titularse Análisis crítico de la historia de España. Pere Gabriel ha recopilado sus Escrits entre 1917 y 1939, obra imprescindible para conocer a Peiró. Júcar ha publicado Trayectoria de la CNT con un prólogo de Felipe Aláiz y un epílogo de José Villaverde. Otras obras suyas son: Ideas sobre el sindicalismo y el anarquismo (1930), Perill a retaguarda (1936), Problemas y cintarazos, cuya primera edición tuvo lugar en 1946. 

El canal TV3 produjo un riguroso documental sobre su asesinato, Joan Peiró i la justicia de Franco, que recoge testimonios de sus hijos (Guillermina y Joan), así como de Isidro guardia, que estuvo con él en las prisiones, y diversos compañeros y amigos suyos. Para mayor detalle: Joan Peiró, Sindicalismo y anarquismo. Actualidad de una historia, en Anthropos (nº 114), un “dossier” completo sobre su vida y su obra.


Pestaña Núñez, Ángel.- Uno de los dirigentes más influyentes de la CNT (Santo Tomás de las Hullas, León, 1886-Barcelona, 1937). dentro de la cual representará -- desde 1917 -- una importante opción. Proveniente de una familia muy pobre, su madre abandonó a su padre cuando él era muy niño, su infancia transcurre en compañía de su padre que ha de
marchar ambulante por numerosas localidades para conseguir trabajo. El padre quiere sacarlo del pozo de la miseria haciéndolo cura, y con tal propósito lo envía con un pariente que lo tiraniza; pero a los 10 años, Pestaña huye y vuelve con su padre, comenzando a trabajar a los 11 años en las minas. 

Huérfano a los 14, trabaja en los ferrocarriles (Portugalete), y en Bilbao lo hace con un grupo de actores de teatro ambulante (Pestaña escribió una comedia, La ciudad, que fue representada en los años treinta), y alterna este oficio con otros trabajos ocasionales que le ayudan a sobrevivir. A los 15 años es detenido y encarcelado por tres meses por defender públicamente la jornada de las ocho horas. Vive por el norte como farandulero hasta que marcha a Francia donde es expulsado por viajar sin pasaje. En 1909 se encuentra en Argel trabajando en el que será su oficio más estable: reparador de relojes. Los acontecimientos de este año le llevan a unas lecturas del anarquismo y a tomar contacto con el movimiento.

Huye de Argel cuando estalla la I Guerra Mundial y se instala en Barcelona donde hará su trayectoria militante. Alineado con la tendencia más radical del anarquismo, tiene que huir a Francia por haber atacado muy duramente a la Benemérita. En 1916 forma parte del CR catalán en la clandestinidad y al año siguiente su nombre aparece al lado del de Seguí entre las cabezas de la huelga general y tiene que huir a Zaragoza. Director de Solidaridad Obrera por seis pesetas diarias, sus artículos desafían constantemente el orden existente. Son famosas sus conferencias en Madrid, junto con Seguí, en las que explica los principios y finalidades del sindicalismo catalán tras la huelga de "La Canadiense".


Es designado para viajar en calidad de observador a Moscú, para participar en el primer Congreso de la Internacional Comunista. Llegará Rusia después de un trayecto lleno de dificultades y permanecerá en ella durante setenta días, durante los cuales hablará con algunos de los líderes bolcheviques y extranjeros. Su reacción es fundamentalmente negativa, contempla los acontecimientos más lejanos y complejos desde su óptica sobre cómo debe de ser la revolución y como construir una nueva sociedad: su testimonio será criticado por otros viajeros como Andreu Nin. 

Detenido en Italia, vuelva a España a mediados de 1922 y su informe --sobre todo el apartado que se refiere a la persecución de los libertarios-- será determinante para el alejamiento de la CNT de cualquier posibilidad de entente con la internacional Sindical Roja; para sus discípulos, la aportación de Pestaña zanja de una vez por todas la cuestión de la naturaleza del régimen surgido de la revolución soviética. 

En el Congreso de Zaragoza suscribe con Seguí el conocido dictamen sobre las lecturas de la política. Adversario de la propaganda por el hecho, Pestaña se convirtió empero en una de las piezas más buscadas por el terrorismo gubernamental y patronal, saliendo gravemente herido en un atentado (Manresa, 1922) cuando ya había sufrido otro.
Durante la Dictadura es uno de los miembros del CN revolucionario, pero se le relaciona con los episodios de Vera y Atarazona y es encarcelado hasta finales de 1926. Cuando sale de la cárcel comienza a encarnar posiciones claramente posibilistas, aunque mantiene su prestigio de anarquista de alto rango (García Oliver le dirá en 1928: "...Para que Seguí hubiese dado un rendimiento revolucionario, habría sido preciso que tú, por compartir el liderismo con él y por emulación mutua, hubieses levantado el verdadero edificio de la revolución. Tu papel era éste: todos lo sentíamos y creíamos. ¿No lo crees? Fíjate como, al contrario que él, a ti te rodeaba lo más y mejor del movimiento revolucionario español"). Favorable a la legalización de la CNT frente a los que creen que su terreno es la clandestinidad, también confía en el cauce de los comités paritarios creados por la Dictadura como un medio de salvaguardar al sindicato; inclinaciones no muy lejanas a las de la UGT. Desde la temprana fecha de 1927 inicia su larga batalla contra el faísmo en nombre de la independencia sindical y de una estrategia de largo alcance contraria a la insurreccionalista.

Jefe del sector girondino, será el principal gestor del Manifiesto de los Treinta, comenzando entonces el retroceso de su influencia que culminará con expulsión en 1932. Entonces intentará recuperar el terreno perdido desde fuera, creando los sindicatos de oposición que llegaran a agrupar a más de sesenta mil trabajadores sobre la base de un
sindicalismo más republicanas clásico, mejor avenido con las autoridades. Luego creara la Federación Sindicalista Libertaria, concebida como una especie de sindicato en oposición a la FAI, grupo al que acusa de instrumentalizar la CNT en su propio beneficio. En esta época escribe, El sindicalismo, qué quiere y a dónde va, obra en la que rechaza las fórmulas anarquistas y se orienta hacia un sindicalismo que se apoya en los municipios y en las cooperativas, conceptos que más tarde serán conceptuados por sus seguidores como autogestionarios. En 1934 se siente atraído por la Alianza Obrera auspiciada por los comunistas disidentes y por la izquierda del PSOE, pero sus planteamientos no pasan por la vía insurreccional y el frente obrero; no hay en esta época ninguna reflexión suya sobre cómo avanzar en la revolución o cómo detener el auge fascista. Tras una larga reflexión, Pestaña se decide dar el último paso en su evolución y constituye el PS del que será símbolo y figura indiscutida. Éste paso significa también la ruptura con el otro sector del trentismo (Peiró, Quintanilla, Villaverde, etc), que se reconcilian con la CNT y le dejan aislado.


El camino emprendido le lleva hacia el posibilismo político de corte socialdemócrata que se trasluce por un entusiasmo por el Frente Popular en cuyas listas conseguirá un acta de diputado por Cádiz. Durante la guerra fue subsecretario general y reingresó en la CNT poco antes de morir; previamente se había negado a asumir un ministerio en nombre del sindicato. Pestaña, conocido a veces como el "caballero de la triste figura", se convertirá post-mortem en una figura muy querida entre los suyos, en un modelo de desviación para el sector más intransigente del anarquismo, en tanto que su legado será reivindicado desde sectores políticos muy diversos. Una tipografía incondicional es la del novelista Angel Mª de Lera (que en su juventud fue militante del partido, lo mismo que Antonio Buero Vallejo): Angel Pestaña. Retrato de un anarquista (Argos-Vergara, BCN, 1978). Antonio Elorza efectuaría una edición crítica de sus escritos en Angel Pestaña. Trayectoria de un sindicalista (Tebar, Madrid, 1974). Zéro-ZYX público en los años sesenta Setenta días en Rusia, Lo que yo vi, así como sus memorias, Lo que aprendí en la vida. El terrorismo en Barcelona (Planeta, BCN, 1979), que resulta ser una edición auspiciada por historiadores conservadores con el subtítulo de Memorias inéditas; existe otra versión más ajustada en Pequeña Biblioteca, Mallorca. Otros títulos serán: Acción directa (1924); Inocentes (1926); Las federaciones de industria (1930); Porqué se constituyó el Partido Sindicalista; Sindicalismo: su organización y tendencia.


Balbina Pi

Pi, Balbina.- (San Baudilio del Llobregat, Barcelona, 1896-Perpignan, 1973). Fue "una de aquellas prestigiosas mujeres del Fabril que honraron a la CNT en los años más álgidos de las luchas obreras" (Lola Iturbe). Comenzó su militancia en 1917, año en que fue nombrada delegada de la Federación Local de Sabadell. Destacó como propagandista durante el período de la Dictadura de Primo de Rivera, entonces "vivió una vida plena de actividades; los cuidados de sus hijos, el trabajo en la fábrica y las muchas horas empleadas en la propaganda y las reuniones sindicales, lo que implicaba también riesgos y peligros. 

La posibilidad de un encarcelamiento estaba siempre presente. Balbina colaboró en Solidaridad 0brera con los seudónimos de Margot y Libertad Caída. En 1920 sobresalió por sus actividades en defensa de los deportados al Castillo de Montjuich. Al finalizar la guerra no pudo escapar: inmediatamente, sobreviviendo durante algunos años en la clandestinidad hasta poder cruzar la frontera. En Francia, trabajó en diversos organismos a favor de los refugiados.


Amparo Poch y Gascón

Poch y Gascón, Amparo.- (Zaragoza, 1902-Toulouse, 1966). Una de las animadoras del colectivo Mujeres libres. Doctora en medicina, empieza a ser conocida en los medios anarquistas en el periodo republicano. Especializada en puericultura y en la educación de los niños (sobre estos temas tratan sus trabajos recogidos por Mary Nash en "Mujeres libres". España. 1936-1939). Fue miembro de la Cruz Roja y dirigió el importante Casal de la Dona Treballadora de Barcelona durante la guerra. 


Su firma fue una de las más habituales en la revista "Mujeres libres". En la posguerra siguió trabajando dentro del anarcosindicalismo. Escribió en numerosos medios libertarios y fue autora de dos libros: La vida sexual de la mujer (Valencia, 1932) y Niños, BCN 1937). Antonina Rodrigo le ha dedicado uno de sus estudios, Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médico y anarquista (Flor del Viento, BCN, 2002) así como una selección de Textos de una médico libertaria (Alcaraván, col. Benjamín Jarnés, Zaragoza, 2002). En la capital aragonesa hay una calle dedicada a su nombre.


Pons Prades, Eduardo.- militante, periodista y escritor (Barcelona, 1920), infatigable paladín por recuperar la "memoria popular" republicana, vinculado durante muchos años con el movimiento libertario, sobre todo con el pestañismo, pero siempre desde una perspectiva de defensa integral de la República más allá de las diversas opciones políticas. 

Criado en el distrito V, entra en relación con el anarcosindicalismo desde muy joven. Será estafeta de los obreros del Sindicato de la Madera en las barricadas del Poble Sec durante el 19 de julio de 1936; visitante del frente de Madrid en noviembre; combate durante los hechos de Mayo del 37; soldado en el Guadarrama con la 105 Brigada Mixta. Sus memorias de esta apoca se encuentran en Un soldado de la República (G. del Toro Ed., Madrid, 1974) y en Los que si hicimos la guerra (Mártinez Roca, BCN, 1973).. En Francia se enrola en el Ejército francés y participa en la campaña de 1939-40.


Durante el invierno de 1940-41 colabora con Solidaridad Española y más tarde (1942) ingresa en los Grupos de Acción de la Resistencia española del Aude (Francia). En los combates de la Liberación (agosto de 1944), después de haber intervenido como coordinador regional de los "partisanos", manda un destacamento franco-español de guerrillas. Militante del PS, Eduardo realiza su primer viaje clandestino a España, participa en reuniones y mítines en Francia, en representación de la Junta Española de Liberación.

Hace un segundo viaje clandestino (1945-46), y a su regreso a Francia es detenido en los Pirineos. Se evade en Barcelona y vive clandestinamente. Se exilia de nuevo en 1948 para regresar legalmente a España en 1962. Su obra se apoya totalmente en el recuerdo de la guerra y de la resistencia y mantiene una rotunda carga testimonial antifranquista. 

Escribe dos obras pioneras y fundamentales sobre la memoria del exilio: Republicanos españoles en la II Guerra Mundial, Guerrillas españolas, 1939-1960 (Planeta, BCN) ambas son productos de una investigación concienzuda sobre el terreno con los que recupera para la historia (perdida bajo la dictadura franquista) dos capítulos impresionantes, a través de las voces de los protagonistas, o de las personas más allegadas, aunque algunos de sus puntos de vistas --como cuando abunda sobre las posibilidades de éxito de las guerrillas--- han sido muy controvertidos y denotan su optimismo incandescente.

Como periodista y cultivando el mismo material escribe en diversas revistas de historia como Historia 16 donde publicará sus Memorias del exilio. En uno de sus pasajes más estremecedores cuenta de la historia de Pepa Natalia Rodríguez Ortega que aparentó "colaboracionismo" en un campo de concentración alemán para ayudar a sus compañeros y fue, después de muerta, escupida por los suyos. Eduardo trabajará en su onda en diversos diarios y revistas como El Diario de Barcelona en su compleja fase "autogetionaria"-. también interviene en numerosos debates sobre la guerra civil y el franquismo, o asesora películas como la excelente evocación del “maquis”, Silencio roto (España, 2000), de Montxo Arméndariz. Solidario con la revolución nicaragüense, interviene en diversas campañas. 



Otras obras suyas son: La venganza (novela corta). !Destruid la columna alemana¡ (Hacer, BCN, 1981). Su compañera, la escritora granadina Antonina Rodrigo (Granada, 1940), es autora igualmente de algunas obras capitales en la recuperación abierta y plural de la memoria popular, sobre todo en su vertiente feminista y libertaria como Mujeres de España. Las silenciadas (Plaza&Janés, 1975, BCN), Nuestras mujeres en la guerra (1976), Mujer y exilio, 1939 (Compañía Literaria, Madrid, 1999), biógrafa y editora de Amparo Poch i Gascón…

Salvador Puig Antich

Puig Antich, Salvador.- militante anarquista en la honda del mayo del 68 (Barcelona, 1947-Ib.1974), fue el último que sufrió garrote vil en el Estado español junto con Heinz Chenz, un polaco que había matado a un policía en una reyerta en un bar de Tarragona y que fue "la torna", algo así como el contrapeso con el que completó el asesinato político legal de Salvador; hecho que motivó la famosa obra de Els Joglars que se convirtió en uno de los "escándalos" políticos más apasionantes de la "transición" cuando desde el Ejército se provocó su prohibición y la cárcel para los autores. 

Salvador había sido el tercero de seis hermanos en una familia de clase media, estudió en La Salle Bonanova donde tuvo un altercado con un religioso que maltrataba a un compañero más débil. Por su carácter generoso fue calificado como un amigo de "las causas perdidas".

Comenzó a estudiar económicas, carrera que abandonó para dedicarse a la militancia revolucionaria. Al concluir el servicio militar entró en relación con algunos militantes anarquistas con los que forma el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) que nunca sobrepasó la docena de militantes. Con la intención de ayudar a los obreros en huelga el
grupo cometió una serie de atracos a entidades bancarias hasta que Salvador extravió un bolso que atrajo la atención de la policía. En septiembre de 1973 fueron detenidos Oriol Solé Sugranyes (muerto más tarde, en 1976, con motivo de la fuga de la Cárcel de Segovia, y que en la película La fuga de Segovia (1976), de lmanol Uribe, interpretaba emblemáticamente Ovidi Montllor) y José Luis Pons Llobet que fue condenado a casi sesenta años de prisión.

Cuando el 25 de septiembre fue detenido Salvador tuvo un forcejeo con la policía a resultas del cual cayó un agente muerto; nunca se probó que el disparo fuera suyo y nunca se quiso ofrecer la prueba balística. Cuando mataron a Carrero Blanco, Salvador intuyó que el régimen se vengaría en él. Así ocurrió: el dictador desoyó todas las peticiones de clemencia --desde la del Vaticano hasta la de Willy Brandt--, y personajes del régimen, luego consagrados "demócratas" como Pío Cabanillas, Martín Villa y Fraga Iribarne participaron en la decisión o como el último, la justificaron. 


La oposición militante, hegemonizada por el PCE-PSUC, confió más en las peticiones de personalidades que en la movilización; solamente la extrema izquierda y las Juventudes Comunistas hicieron una gran manifestación en Barcelona. Un testigo del momento de su muerte dirá: "Muy pocas veces una ciudad como esta se ha identificado tanto con un hecho". Hijo de mayo del 68, Salvador reunía en su ideario elementos tan diversos como la tradición guerrillera urbana anarquista, Cohn Bendit, Wilhem Reich, Guevara, etc. El régimen (obviamente) lo presentó como un bandido y la izquierda tradicional como un terrorista, por eso su memoria ha sido recobrada un poco contra la corriente, en particular en un libro de éxito: La torna de la torna (Empúries, Barcelona, 1985), firmado por el colectivo Carlota Tolosa detrás del cual se reúne un grupo de periodistas en torno a Ramón Barnils, y más recientemente por otro best-seller escrito por Francecs Escribano, Compte enrera. La història de Salvador Puig Antich (Ed. 62, BCN, 2001), sobre la que se prepara una adaptación para el cine.

Puig i Elías, Joan.- máximo exponente de la escuela racionalista anarquista después de Ferrer i Guardia (Sallent, Barcelona, 1895-Porto Alegre, Brasil, 1972). Fue el director de la escuela "Natura" creada en 1918 en la barriada del Clot por el sindicato "La Constancia" del Arte Fabril y Textil, y durante la guerra pasó a presidir el Consejo de la Escuela Nueva Unificada (CENU) creada tras un decreto firmado por Companys en cuyo preámbulo se decía: "La voluntad revolucionaria del pueblo ha suprimido la escuela de tendencia confesional. Es la hora de una nueva escuela inspirada en los principios racionalista del trabajo y de la fraternidad humana". 

Presidente de la sección de maestros del Sindicato de Profesiones Liberales de la CNT, Puig i Elías fue también concejal del Ayuntamiento de Barcelona y miembro de su Comisión de Cultura. Su actitud un tanto egocéntrica y su beligerancia a favor del idioma catalán provocaron agrias críticas en determinados sectores del anarcosindicalismo. Cuando Segundo Blanco ocupó la cartera de Instrucción pública, Puig i Elías fue nombrado subsecretario de dicho ministerio. Ya en el exilio fue designado en 1945 secretario del CN del MLE. Los últimos años de su vida transcurrieron en Sudamérica. En 1970 publicó su única obra: El hombre, el medio, la sociedad.

Radowitky, Simón.- Obrero argentino al parecer de origen polaco. Pasaría a la historia libertaria porque, después de que, con ocasión del 1º de mayo de 1909 hubo manifestación de unas 30.000 personas en Buenos Aires, contra las cuales cargó la policía produciendo una matanza, Simón que fue testigo de los acontecimientos, se erigió en vengador, y el 14 de noviembre del mismo año pudo lanzar una bomba contra el jefe de policía Ramón Falcón; antes no había podido hacerlo por éste acompañado de una niña. Simón fue condenado a treinta años en el penal de Usuala, una isla cerca del círculo polar antártico pero sobrevivió. Cuando fue puesto en libertad viajó a España. Peirats cuenta que al estallar la guerra civil ingresó en las milicias anarquistas y se batió contra el fascismo en el frente de Huesca, y que murió en México, a donde pudo emigrar después de pasar por los campos de concentración franceses. Luce Fabbri le dedica uno de sus ensayos en su obra Entre la historia y la utopía.

Ravachol, François-Claudius Koeningstein.- Militante «ilegalista», sería el terrorista de signo anarquista más famoso en una época en la que la «propaganda por el hecho» alcanzó una honda repercusión social (Saint-Chamond, 1859-París, 1893). Malato lo definió como una de esas «personalidades desconcertantes que pueden dejar para posteridad la reputación de un bandido o de un héroe según la época en la que viven y el mundo en que se mueven… Ravachol representaba el hombre modelado con vigor, primitivamente simple en su pensamiento, que cae en la oscuridad y que entrevé a menudo la luz, caminando hacia ella con los ojos todavía cerrados, sin detenerse en los obstáculos que se oponen en su camino». 

Era hijo de un holandés emigrado a Francia que abandonó a su familia; su madre se quedó sola con cuatro niños cuando el más pequeño tenía tres años. François contribuye a su manutención trabajando desde los 8 años. A continuación trabaja como aprendiz de tintorero. Todos los testimonios coinciden en su bondad con su familia. A los 18 años rompe con el cristianismo después de la lectura de El judío errante, de Eugenio Sue. Comienza a frecuentar las reuniones publicas y se convierte en anarquista. Su hermana más pequeña acaba de ser abandonada en cinta y la miseria más extrema reina en su casa. Su esfuerzo como trabajador está lejos de ser suficiente y comienza a hacer pequeños hurtos y contrabando de alcohol. Hacia 1888 un amigo suyo lo recuerda cantando con un acordeón, al parecer tiene un cierto sentido musical y poético.


Cuando es detenido se le atribuyen una serie de crímenes que la prensa sensacionalista airea dándolos como seguros —y como tales los presenta por ejemplo George Blond en El gran ejército de la bandera negra (Luis de Caralt, BCN, 1975)-, pero sólo se probará el asesinato de un trapero avariento que apareció imprevistamente durante el robo; también admitió la violación de una tumba en la que buscaba las alhajas de una duquesa. Se dedicó a organizar actos de «propaganda por la acción», detenido por la policía, pudo escaparse. Su atentado de bomba contra los domicilios de varios jueces —a los que culpó de haber sentenciado injustamente a varios obreros— no tuvo consecuencias reales. Fue detenido cuando trataba de hacer proselitismo. Durante su juicio justificó sus acciones por sus ideales anarquistas, lo que hizo que fuera reprobado por algunos de sus representantes. Fue el primer anarquista ejecutado tras un juicio legal desde los tiempos de Chicago. Su muerte levantó un amplio eco popular. En su honor se cantaron canciones que se hicieron famosas y sobre él escribieron numerosos intelectuales. Reclús destacó la nobleza de su carácter. Lo que es evidente es que después de la muerte del anciano trapero, Ravachol se hizo más taciturno y modificó su fanatismo. Jean Maitrón estudió su historia en Ravachol et les anarchistes (Julliard, París, 1954), de la que existe una reciente traducción castellana.


Raya González, Antonio.- Anarcosindicalista granadino, destacado «maquis» contra Franco. Murió en 1942 en una emboscada en un bar de la calle Marina, de su ciudad natal donde es cosido a balazos. Con Bernabé López Calle, había sido uno de los guerrilleros más audaces de Andalucía. Con la caída de los frentes, Raya se internó en la Sierra. Con frecuencia actuaba también en las ciudades, disfrazado de legionario o de cura. Antes de los 15 años ya pertenecía a las filas libertarias del Sindicato de la Metalurgia. Había participado en los movimientos insurreccionales de enero y diciembre de 1933. 

Durante la guerra llevó su propia columna, participó en los combates de Málaga y Extremadura. En la posguerra bajaba de la Sierra y paseaba por las calles de las ciudades andaluzas e incluso por Madrid. Un día, al anochecer, penetró en el café de la calle Larios de Málaga y fríamente, ante los presentes, mató a los que habían dado muerte a su madre y huyó en un coche que le esperaba con el motor en marcha.

Eliseo Reclus
Reclús, Jean Jacques Elisée.- Geógrafo de fama internacional, militante anarquista, (Sainte Foy La Grande, Gironda, 1830-Bruselas 1905). Era considerado por Peirats el «teórico del anarquismo que (le) parece más actual y de experiencia más válida y aleccionadora para el presente», y añade: «Ni siquiera he tenido que esforzarme para encontrar la figura más ejemplar por sabia, modesta, sensible, erudita a la par que poética, revolucionaria al mismo tiempo que pacífica, y cuyo mensaje desafía el tiempo, todos los tiempos…» (Bicicleta, n º11). Su familia era de convicciones protestantes pero al mismo tiempo liberal, y Elisée fue uno de los 14 hijos que tuvieron entre los que también cabe reseñar a Elie, que acompañó a su hermano en muchas batallas militantes y científicas, pero que, en opinión de Nettlau, era «demasiado escéptico para poder sentirse anarquista —su tesis universitaria de 1851, (Elies) había tratado del principio de autoridad (en teología)—, fourierista y asociacionista en espíritu, tomó parte en la empresa cooperativa “La Credit au Travail” y en las publicaciones L`Association y La cooperation, de París…».

Embuído en sus ideas antipapistas y anticlericales, Reclús estaba en un principio destinado para pastor, pero su vocación natural fue la de geógrafo, disciplina que expondrá durante décadas en una obra extensa y múltiple, en la que se combina una profunda cultura, un amplio conocimiento de las aportaciones científicas que le precedieron así como una sugestiva riqueza expositiva y literaria. Junto con Kropotkin, Reclús tiene un lugar destacado en el pensamiento geográfico decimonónico (cf. Josefina Gómez Mendoza, Julio Muñoz Jiménez y Nicolás Ortega Cantero, El pensamiento geográfico, Alianza Universidad, Madrid, pp. 42-48).


Esta inclinación le vino en Berlín donde en vez de estudiar teología asiste a las clases de Ritter y Humboldt. Su evolución hacia el anarquismo comienza con la revolución de 1848. Por aquella fecha escribió: «…Durante diez años arrastróse por Francia un abominable espíritu de logro y egoísmo; al fin llegó la revolución del desprecio». Luego vendrá la lectura de Proudhom. Se considera ya anarquista en 1851. «Este año, escribe, de internado en mis estudios, he dado fin a todas mis vacilaciones y estoy firmemente decidido (…) a seguir la voz de mi conciencia. Jamás aceptará ninguna especie de consagración, sea pues no veo en ella más que un papismo disfrazado e intolerante. ¿Cómo podría yo, que acepto la teoría de la libertad de todo y por todo…? No quiero ser pastor. La decisión está tomada, de la herejía religiosa pasa a la herejía política. El Estado es como una Iglesia, un instrumento que rompe el equilibrio en las relaciones entre el hombre y el medio, engendra la desigualdad entre las personas y provoca las contradicciones de unos grupos sociales contra otros; el fin del Estado es por lo tanto el principio de toda revolución». 

Después de 18 Brumario de Louis Bonaparte, Reclús ha de coger el camino del exilio y viaja por Gran Bretaña, Irlanda, Nueva Orleans, Sudamérica… Su aventura en este continente resultara apasionante y fructífera —le subyuga el antecedente de Humboldt— para su carrera de geógrafo, aunque no faltan historiadores que le implican en el surgimiento o impulso de tendencias libertarias en Nueva Granada donde estuvo en los agitados conflictos de 1855. M. Segall sostiene que, durante años, Reclús actuó como consejero de la internacional negra en el continente y que, sin su contribución, el desarrollo de los grupos bakuninistas «hubiera sido incuestionablemente más lento».

Reclús volverá furtivamente a Francia en 1857 y comienza a trabajar con su hermano Onésimo en la investigación geográfica y al amparo de un protector que durante años les facilitó trabajo en la importante editorial Hachette. En 1864 trabó relaciones con Bakunin del que será, según su propia definición, «hermano independiente», y con él estará en los grandes debates de la Liga por la Paz y la Libertad, en la Alianza Socialista a la que ayudó decisivamente en Francia y en la AIT. No tiene una intervención constante, pero sus aportaciones brillan a gran altura. Delante de los reformistas de la Liga intentó demostrar que las «fronteras no son más que líneas artificiales impuestas por la violencia, la guerra, la astucia de los reyes y sancionadas por la cobardía de los pueblos». En relación a la cuestión del federalismo dijo: «…creo que con toda lógica, que después haber destruido la vieja patria de los chovinistas, la provincia feudal, el departamento y el distrito, máquinas de despotismo, el cantón y el municipio actuales, invenciones de los centralizadores a ultranza, no quedaba más que el individuo, y éste debería de asociarse como le pareciera». 

En 1871, Reclús fue uno de los «communards» trabajando como director de la Biblioteca de París y en plena euforia escribe: «¡Cuán bella es la humanidad! ¡No se la conoce, se le ha calumniado constantemente!». Con un fusil descargado luchó en las barricadas y su prestigio internacional le salvó de una muerte bastante segura. Es condenado a la deportación, pena que le es conmutada por la del exilio gracias a una campaña internacional en la que intervienen Charles Darwin, Herbert Spencer y otros famosos. Residirá en Italia y después en Ginebra donde funda, junto con Kropotkin, la revista Revolté. Una amnistía le abre de nuevo las puertas de Francia, lo que le lleva a intensificar desde entonces su labor científica, de una ciencia que entiende «no debe de ser monopolio de los profesionales: la ciencia tiene un sentido amplio y abarca el conocimiento que resulta de la experiencia de la vida y que se ha aprendido en la calle en el taller, etc. Todos debemos observar, aprender y transmitir lo que hemos aprendido en la gran escuela del mundo».


En 1892 ingresa en la «Societé Geográphique de París» y cinco años más tarde acepta un cargo en la Universidad Nueva de Bruselas protegida por el partido socialista belga. Angélica Balabanova, que sería discípula suya, escribe en sus memorias que esta Universidad la «habían creado los intelectuales radicales belgas en 1894 como campo de actividad para Reclús, cuya obra había iniciado una nueva era en los anales de la geografía científica (…) Era el típico intelectual anarquista de la época, Su propia vida era exponente cotidiano de sus ideas. Toda víctima de la desigualdad, fuese buena o mala, culpable o inocente, atraía su generosidad y coraje. Su mujer le asignaba unos centavos al día para sus gastos, porque sabía que daba todo lo que tenía al primer necesitado que le saliera al paso, muchos de los cuales abusaban de su buena fe y su bondad». Esta actitud cívica la mantendrá con coherencia, negándose, por ejemplo, a condenar los atentados terroristas con los que no estaba de acuerdo. Sobre este punto escribió: «Personalmente, cualesquiera que sean mis juicios sobre talo cual acto o tal o cual individuo, jamás mezclaré mi voz a los gritos de odio de hombres que ponen en movimiento ejércitos, policías, magistraturas, clero y leyes para el mantenimiento de sus privilegios». 

Se mantuvo en la «Université Nouvelle» hasta el final de su días dejando una impresionante obra científica y una menor obra militante. No siempre mantuvo una coherencia en su obra —por ejemplo justificó el centralismo nacional francés—, e intentó demostrar, entre otras cosas, que la «condición principal para asegurar el triunfo es deshacernos de la ignorancia…». Ya que se trata de «aprender (que) es la virtud por excelencia del individuo libre, emancipado de toda tutela autoritaria, tanto divina como humana». Porque está convencido de que la «ignorancia disminuye y entre los evolucionistas revolucionarios asociados para la obra común, el saber dirigirá pronto el poder. Este es el hecho capital que nos da esperanza en el destino de la humanidad».

Entre sus evocaciones biográficas destaca la que efectuó Max Nettlau. Reclús. La vida de un sabio justo y rebelde (Biblioteca de La Revista Blanca, BCN, 1928). Menos conocidas pero más elaboradas es la de Joseph Ishill, Elies and Eliseo Reclús -In Memoriam (Berkeley Heights, Nueva York, 1927), una aproximación familiar de Paul Reclús, Les Freres Elies et Eliseo Reclús ou du protestantisme a l´ anarchisme (Paris, 1964). Algunas de sus obras publicadas en castellano, son: La atmósfera; Las colonias anarquista,; Mis exploraciones en América (todas en F. Sampere y Cia, Valencia), Nueva Geografia Universal. La Tierra y los hombres (El Progreso Ed., Madrid, 1888-1892), El porvenir de nuestros hijos (Ed. Presa), La montaña y el arroyo (Ed. Populares Iberia, Madrid, 1932). El hombre y la tierra (traducción de Anselmo Lorenzo, revisión de Odón del Buen, reeditada por Doncel, Madrid, 1975, 8 vol., prólogo de Carlos E. Rodríguez.), Evolución y revolución (Júcar, Madrid. 1978), y la antología La geografía al servicio de la vida, efectuada por un colectivo de geógrafos de la Universidad de Barcelona (Ed. 7 y 1/2, BCN, 1981).

Rius, María.- Sindicalista muy apreciada en su tiempo (Arbeca, Lérida, 1909-?). Hija de trabajadores, no pudo tener instrucción. Comenzó a trabajar a los 9 años como aprendiza de camisera, Trasladada a Barcelona a los 18 años, pronto «se entusiasmó por las luchas sindicales y formó parte de la junta del sindicato del vestido. Poseía el carnet nº 1 de su sindicato. Su temperamento dinámico y resuelto la inclinó hacia actividades más radicales. Fue, pues, una militante de acción. A tal característica se debe que Maria Rius, habiendo ejercido muy pocos cargos representativos en la organización, fuese, sin embargo, una de las compañeras más conocidas y apreciadas en los medios de la CNT y en los grupos anarquistas. Sobresalió particularmente en la lucha por la libertad de los presos. En 1924 fue detenida al encontrarse en su casa un verdadero arsenal, y condenada a 8 años de prisión. Para defender la inocencia de un condenada a muerte, juró ante el juez que en el momento del hecho —un atraco en Sabadell—se encontraba con ella en una situación muy íntima. Esto salvó la vida del acusado, pero significó la ruptura con su compañero. Tuvo que huir a Francia al ser descubierta como la organizadora de un plan de evasiones. De regreso en Barcelona tras la caída de Primo de Rivera, María intervino decididamente en las movilizaciones de mujeres que en el momento de la proclamación de la República asaltó la cárcel de mujeres y llegó hasta la Generalidad para exigir la liberación de los presos de la Modelo. Durante la guerra civil luchó como miliciana en el frente, y al final de la contienda se refugió en Francia.


Rocker, Rudolf.- sería el principal exponente del anarquismo alemán después de Most, y el animador de la AIT durante los años veinte y treinta (Maguncia, 1873-Nueva York, 1958). Santillán escribirá sobre él: “Rocker era una personalidad extraordinaria, escritor fecundo, orador de talla poco común, historiador, critico, combatiente sin miedo y sin tacha, misionero imperturbable de la cultura. Su vida fue una antorcha al servicio de la justicia y, sí sus escritos han iluminado amplios sectores sociales desde hace muchos decenios, la existencia laboriosa y su sentido moral y humano no menos educativo e inspiradores. Era uno de los justos de este mundo, como lo calificó un periódico de Nueva York, un idealista de la más pura cepa”. Provenía de una familia muy pobre, su padre murió cuando él tenía 6 años, concurrió por muy poco tiempo a una terrible escuela primaria y fue internado en un orfelinato del que huyó varias veces. Trabajó en oficios muy diferentes —hojalatero, tonelero, talabartero, carpintero— hasta que entró en un pequeño taller en el que se sintió a placer leyendo vorazmente todo lo que le caía en las manos. Allí conoció a revolucionarios de 1848 que le indujeron a estudiar la revolución francesa y el marxismo.

Ingresó en la asociación profesional de encuadernadores y conoció a los padres de la socialdemocracia alemana aunque pronto entró en relación con el movimiento berlinés de oposición, con los «jóvenes» y con Johann Most, del que más tarde escribirá su biografía. Cuando acabó su aprendizaje hizo un agitado viaje por Bélgica entrando en contacto con la corriente libertaria del país, y asistiendo como espectador a un congreso socialista internacional donde quedó impresionado por la figura de Domela Nieuwnhuis que polemizaba con Wilhern Liebknecht. Cuando regresó a Alemania ya estaba convencido del anarquismo y comenzó a trabajar en la región renana hasta que entre 1892 y 1893 tuvo que huir de Alemania para evitar un posible encarcelamiento. 




Rocker se instala en París donde conoce el período del «anarquismo heroico», se relaciona con Reclús y con obreros judíos. En 1895 se dirige a Londres donde vivió durante veinte años y que servirán de base para dos libros: En la borrasca e Hinter Strcheldraht und Gitter. En la mayor parte de estas actividades, estuvo junto con Rocker, su compañera Milly Witcokloo (1877-1953), que era igualmente una anarquista de origen judío y destacó por su gran actividad militante. Rocker fue uno de los impulsores del «movimiento judío de carácter anarquista» para el que editó diversos periódicos entre 1898 y 1900 en la capital británica. En uno de sus libros, Rocker cuenta: «Un día que paseaba por una pequeña calle de Whitechapel, un anciano judío de larga barba blanca me paró ante su casa y me dijo: ¡Dios le bendiga! Usted ayudó a mis hijos en la necesidad. Usted no es judío, pero ¡es un hombre! Este anciano vivía en un mundo completamente diferente al mío. Pero el recuerdo de su gratitud que brillaba en sus ojos ha permanecido vivo en mí durante todos estos años». 

En 1896 también presencia el congreso socialista internacional celebrado en Londres y la actuación de algunos de los grandes del anarquismo le convencen de la naturaleza reformista de la socialdemocracia. Redactor del periódico judío de Liverpool, Das frai Wort, escrito en Yiddish, director del Arbaiter Fraint hasta 1914, también anima la revista Germinal orientada hacia el arte y la cultura y en el que publicará los ensayos integrados en la recopilación Artistas y rebeldes (Argonauta, Buenos Aires, 1922). Participó en la creación, en 1906, del círculo anarquista de la calle Jubilee, foco de irradiación ácrata hasta su cierre por las autoridades en 1914 por su oposición a la guerra. Permaneció internado en un campo de concentración durante el conflicto considerado como un ciudadano de un país, no cejará empero en sus actividades como internacionalista. Achaca al nacionalismo la responsabilidad de un conflicto que denuncia sin paliativos aunque mantendrá una actitud comprensiva hacia la posición de Kropotkin.


No sin graves dificultades atraviesa la frontera alemana junto con su compañera Milly y su hijo Fermín (llamado así en memoria de Salvochea, uno de sus ídolos sobre el que también escribirá una biografía; Rocker será así mismo un íntimo amigo de Orobón Fernández), y una vez lo logra, Rocker se pone en contacto con el movimiento sindicalista que encarna Fritz Kater. En 1919 participa en Erfurt en una conferencia nacional de obreros de la industria de armamento y desarrolla una vigorosa crítica del militarismo y de las actitudes cómplices dentro del movimiento obrero. Adversario del liderazgo bolchevique de la revolución rusa, a la que juzga en función a los criterios anarquistas (cf., Bolcheviquismo y anarquismo, Reconstruir, México, 1959), Rocker se convertirá en el principal animador intelectual de la AIT reconstruida en Berlín en 1922, y que parece como el polo alternativo para anarquistas y sindicalistas revolucionarios atraídos por el imán de la III Internacional.



Después de resultar encarcelado y expulsado de Alemania por Gustav Noske. Rocker pudo empero volver y desarrollar de nuevo sus actividades como militante y libelista de talla, haciendo escuela con una propuesta teórica que se llamó «municipalismo» y que influyó en la nueva generación de anarquistas alemanes (Albert Jensen, Souchy, Ruditger, etc). Se trataba de una interpretación moderada del anarquismo, que dejaba de lado el problema de la insurrección violenta y que toleraba el voto a favor de los grupos y partidos que no cuestionaban la democracia social, recomendando la candidatura de los libertarios y el impulso activo de una red de consejos y centros culturales, cooperativas y sindicatos libremente federados… Pudo escapar de la persecución de los nazis que asaltaron su casa, horas antes de que se cerrase la frontera con Suiza donde se instaló. Desde allí, Rocker siguió la guerra y la revolución española. Había mostrado interés por el movimiento libertario español desde los monstruosos procesos de Montjuich, hizo campaña a favor de Ferrer i Guardia y escribió numerosos trabajos sobre España. Su actitud hacia la CNT fue de total apoyo. 

En los Estados Unidos continuó trabajando, sobre todo como escritor, tratando de conectar con el liberalismo radical de la tradición norteamericana desde Jefferson y acentuando su crítica a todo tipo de centralismo. Rocker sostiene que las posibilidades de impulso y creatividad de una civilización es inversamente proporcional al grado de centralización del poder existente en cada situación o momento histórico, por lo cual considera el marxismo como una aberración que se confirma en la guerra civil española y en el estalinismo. También centra sus críticas en el nacionalismo y en el concepto de Estado-Nación que concibe como una nueva «religión política» capaz de conseguir el consenso e incluso la participación activa de los oprimidos para movilizarse contra su propia emancipación. En los últimos años de su vida escribió una biografía de Max Nettlau, con el que tenía tanto en común (Max Nettlau, el Herodoto de la anarquía, Estela, México, 1950).


Falleció posiblemente de un ataque cardíaco. Se puede encontrar una amplia representación de su obra en la antología prologada de por Abad de Santillán, El pensamiento de Rudolf Rocker (Mexicanos Unidos, 1982). Otras obras suyas son: Precursores de la libertad. Fermín Salvochea (Tierra y Libertad, 1945), La voluntad de poder como factor histórico (Reconstruir), El pensamiento liberal en los Estados Unidos, la autobiográfica La juventud de un rebelde (Americalee, Buenos Aires), Nacionalismo y cultura (La Piqueta, Madrid, 1977), La influencia de las ideas absolutistas en el socialismo (ZYX, Madrid, 1971), Anarquismo (AA.VV., Pastenaga, BCN s/f), Revolución y regresión.1918-1951 (Tupac, Buenos Aires, 1952), Más sobre marxismo y anarquismo (Ed. El Caballito, México, 1981), en la que se reúnen sus trabajos sobre marxismo, socialdemocracia y bolchevismo. Rocker que sería prolijamente editado por el exilio libertario, ha sido seguramente el clásico menos reeditado en la eclosión de reediciones en la España coincidente con el final del franquismo.



Libertad Ródenas

Ródenas, Libertad.- anarcosindicalista valenciana, destacada propagandista a la que Samblancat definió como «pálida vestal del sindicalismo rojo» (Xera, La Plana de Utiel, Valencia, 1882-México,1970). Era hija de Custodio Ródenas, destacado republicano federal valenciano que, después de una juventud católica fanática y tradicionalista evolucionó hacia el radicalismo semianarquista. Se unió libremente con Emeterio Domínguez, y bautizó a sus tres hijos con los nombres de Libertad, Volney, y Progreso Ródenas (Xera, 1896-México, 1979). Éste último fue un destacado «hombre de acción» en la época del pistolerismo, y se le atribuye la participación en el grupo que mató a Bravo Portillo en 1919, permaneció durante la Dictadura en el exilio, y cuando volvió se mantuvo como militante en un segundo plano. Libertad se educó en el racionalismo y en la lucha contra la monarquía. Durante la crisis revolucionaria de 1917 sobresalió por sus dotes oratorias. Al año siguiente se trasladó con su familia a Barcelona, y pasó a convertirse en una de las más activas propagandistas de la CNT en la nación catalana.

Durante el período del terrorismo patronal, la «casa de Libertad era el refugio de todos los que la sociedad considerada como réprobos. En ella se acogía al sin trabajo, al perseguido, a la mujer que había abandonado el burdel para buscar trabajo. Todos los faltos de pan, de cariño y justicia, sabían que en aquel hogar encontrarían manos amigas» (Lola Iturbe). Su casa se convirtió en una auténtica armería utilizada por los grupos de autodefensa obrera. Sus enfrentamientos con el barón de Koenig fueron tremendos. Libertad llegó a intervenir en los actos de los llamados «Sindicatos Libres», denunciándolos como asesinos públicamente. Fue detenida, y formó parte activa del Comité Pro-presos.


Cuando tenía 30 años se unió con José Viadiu con el que tuvo tres hijos, de los cuales sólo uno regresó con vida de la URSS donde fueron evacuados durante la guerra. En 1936, Libertad salió de Barcelona con la primera columna de Durruti y participó en las luchas del frente. También colaboró con la revista Mujeres libres. Acabada la guerra, pasó la frontera francesa, y más tarde marchó a Santo domingo, donde trabajó en una colectividad junto con Viadiu y Peirats, hasta que marchó a México.


Rodríguez  Hildegart.- Niña prodigio del socialismo y del feminismo español (Madrid-1914-1933) producto «consciente» de su madre Aurora Rodríguez Carballeira (El Ferrol, 1879-Madrid, 1955), que acabó trágicamente con su vida cuando su Pigmalión se le iba de las manos. Aurora era hija de una madre disoluta y de un padre liberal avanzado que encauzó a través de ella sus inquietudes, Aurora fue para su madre y hermana «Rebeldía» y para su padre «Ilusión». Junto a este vivió intensamente (de lejos) las luchas independentistas de Cuba y Filipinas, admirando fervientemente a sus cabecillas Maceo y Rizal, y se sumergió en su biblioteca plena de autores «malditos», entre ellos Fourier que influyó poderosamente sobre esta singular mujer que adoptó a un hijo no querido de su hermana y lo convirtió en el célebre, Pepíto Arriola, un niño pianista que consiguió fama mundial. Aurora frustrada por no poder proyectar sus capacidades, cuando había cumplido treinta y tres años planea tener «no una hija, sino una mujer modelo», con un hombre que sería su «colaborador fisiológico», y con el que cumpliría su objetivo: 

«La revolución que yo pretendo —dice— debía de ser iniciada por una mujer, porque a ella corresponde el papel de la procreación, y se trataba de acabar para siempre con las trampas de la naturaleza y convertir a la mujer de borrega paridera en auténtica creadora de seres sanos y rebeldes. Mi hija tenía que ser la propagandista de estas ideas».




La carrera de Hildegart sería meteórica. A los 13 años ya había terminado con sobresalientes el bachillerato y, mediante un permiso especial, se matriculo en la Facultad de Derecho, concluyendo la carrera de abogado a los 17 años. Cuando tenía 14, el 1 de enero de 1929, ingresó en las JJSS, y en la UGT. En muy poco tiempo Hildegart (nombre que quiere decir «jardín de la sabiduría»), comenzó a ser famosa nacional e internacionalmente. HG. Wells y Havelok Ellis le ofrecieron su ayuda para estudiar en Gran Bretaña. Convertida en una «estrella» a la que tanto partidos como cátedras intentaban atraerse. Hilldegart rompió con el PSOE y la UGT y escribió un libro, ¿Se equivocó Marx?, en el que explicaba ampliamente los motivos de su ruptura. Se vio detrás de este gesto a la madre que repudiaba los «politiqueros» de izquierdas y soñaba con un anarquismo bien entendido. Entonces, Hildegart se afilió al pequeño Partido Federal y escribió en la prensa cenetista. Cuando estaba en la cima de su popularidad, y era piedra de escándalo por sus conferencias y militancia en la Liga Mundial de la Reforma Sexual, Aurora la mató de cuatro disparos. Tras un proceso que la condenó, ofreció la siguiente explicación del luctuoso hecho: 

«Dentro de las normas espirituales al uso, considero lógica la sentencia. Lo que más celebro de ella es que se me haya reconocido la lucidez, la responsabilidad de mis actos. Yo no soy ni esa mujer perversa y desnaturalizada de la que hablaba el fiscal, ni esa paranoica a la se refirió el defensor. Me considero al modo de Taine, un espíritu superior, no tanto por mi grandeza intrínseca y positiva, como por la pequeñez y ruindad de los seres que me rodean». 


(Cf. Guillermo Rendueles, Manuscrito encontrado en Cienpozuelos. Análisis de la historia clínica de Aurora Rodríguez, La Piqueta, Madrid, 1989).



El «caso Hildegart» ha provocado una extensa literatura comenzando por el trabajo de investigación de Eduardo Guzmán Mi hija Hildegart (Plaza& Janés, BCN), que sirvió de base para una película del mismo título bajo la atenta dirección de Fernando F. Gómez, e interpretada por Amparo Soler Leal y Carmen Roldán; Joan Llarch, Hildegart, la virgen roja (Antalbe, BCN), también el famoso inclasificable (e incalificable) autor teatral «ácrata» (de derechas) Fernando Arrabal le ha dedicado una de sus obras, La Virgen Roja algunos de los textos de Hildegart fueron reeditados como: La rebeldía sexual de la juventud (Anagrama, BCN, 1977), Medios para evitar el embarazo (Guara, Madrid).



Rodríguez Vázquez, Mariano (a) Marianet.- seguramente el militante de etnia gitana más conocido en la historia del movimiento obrero (Barcelona, 1909-Forte—sous-Jouarre, Marne, 1939). De origen gitano, se quedó huérfano siendo muy pequeño y su padre lo metió en el asilo Duran: por esta razón no utilizará nunca su primer apellido, firmando Mariano R. Vázquez. Este asilo estaba regentado por clérigos y acogía niños huérfanos y según el propio Mariano «gente un tanto degenerada», o sea pederastas. De talante rebelde mantuvo un constante enfrentamiento con los frailes, en particular con un tal «padre rompehuesos» que hacía especialmente dura aquella «cárcel infantil». Logra escabullirse y se gana la vida trabajando en los más diversos oficios: lavaplatos en hoteles, de criado en las labores del campo, de mozo de almacén, de peón de albañil… Un día entra por curiosidad en el sindicato de la Construcción recién instaurada la República. En muy poco espacio de tiempo comienza a sobresalir como activista. Trabaja denodadamente en el sindicato, representa a los trabajadores en las negociaciones con la patronal, organiza huelgas, combate a los esquiroles y a la policía con audacia. 


Detenido en varias ocasiones, es considerado como peligrosísimo por las autoridades. Su dinamismo le lleva al frente de la Federación de la Construcción y escribe para Solidaridad Obrera. En víspera de la guerra civil es elegido secretario del Comité Regional de Cataluña. Interviene en las luchas callejeras contra los sublevados y participa en el Comité de Milicias… Cuando Horacio Prieto abandona la secretaria general de la CNT, la ocupa «Marianet», y despliega un activismo asombroso durante las jornadas de la revolución de julio en Barcelona, sin embargo, será duramente criticado como “burócrata sin escrúpulos”.

César Mª Lorenzo lo describe como un hombre «atlético, cabelludo, dotado de una voz sonora», y como un «exuberante» líder que ascendió bajo la protección de García 0liver, hasta que se independizó de éste en 1937. A su capacidad de organizador hay que añadirle la de ser un portavoz fiel de la confederación. Cuando se le acusa de ser el «ministro» de los ministros, explica que él no tiene más línea que la de la organización. Una línea que defenderá en las reuniones de la AIT abiertamente en contra de las criticas de Emma Goldman y que traducirá durante los acontecimientos de mayo del 37 en Barcelona, abogando por una reconciliación en la que haya ni vencedores ni vencidos…


En el exilio reorganiza el Comité Nacional, pero muere accidentalmente ahogado en el río Marne; aunque no faltarán los que ven en su muerte un «ajuste de cuentas» interno. Manuel Muñoz Dies escribió una biografía suya —Marianet, semblanza de un hombre, Ed. CNT, México, 1960—, plenamente hagiográfica.



Roige (centro de la foto) en la Escuela Racionalista de Sants

Roige, Joan.- Legendario militante y pedagogo autodidacta libertario catalán. Había sido recluido en los calabozos de Montjuich cuando la represión militar durante la Semana Trágica y posteriormente desterrado a África. Regentó como maestro la famosa Escuela del Ateneo Racionalista de Sants, en cuyas aulas se formaron algunas generaciones de anarquistas y en donde se solía reunir la vanguardia del sindicalismo local. Su acción militante le llevó a ser detenido durante la célebre huelga de «La Canadiense» y a participar en diversos mítines. Durante la Dictadura siguió manteniendo la escuela cuando no se encontraba en la Cárcel Modelo, lo que ocurrió en varias ocasiones.

Fundó con Pestaña y Pere Foix el semanario Acció. Este Último lo evocará en obra Apóstols i mercaders: «Roige vivía pobremente. La escuela, que era su único ingreso económico, apenas le daba para vivir, su ropa estaba lustrosa por el uso y remendada. Desayunaba por la mañana con una arengada a la brasa y un trozo de pan con tomate. La comida era escasa y sobraba la cena. Mal comido, mal vestido y cuando la política iba de capa caída, la policía siempre iba en su busca. Ni la rigidez del gobierno hacia los conspiradores ni los tiempos adversos le acobardaban: él ejercía como maestro con una unción comprendedora y conspiraba con desasosiego iluminando». 



Con la República animó la escuela racionalista Luz que alcanzó un gran prestigio. Su línea pedagógica favorecía la formación moral por encima de la instrucción y sugería la autocapacitación personal. Durante la guerra (que entendía como una conjunción entre la perfidia de los militares y la incapacidad de los republicanos) trabajó en silencio y con abnegación. El exilio le llevó a Francia donde falleció.


Rosado López, Antonio.- (Morón de la Frontera, Sevilla, 1889—Barcelona, 1976), «…en él se conjugan una serie de cualidades humanas de bondad y de verdad, que son transparencia de una vida vivida con dignidad en las más duras adversidades» (Antonio-Miguel Bernal). 

Su vida puede ser dividida en cuatro apartados. 

1) Nacido en una familia extremadamente pobre, hijo de analfabetos, conoce desde los 9 años la dura ley del trabajo agrícola, lo que no es obstáculo para que, con una voluntad sin desmayo, consiga una valiosa formación que le hará destacar como militante. Hacia 1912 ingresa en el PSOE, pero las relaciones con López Galera y con la prensa anarquista lo llevan en 1915 al sindicalismo revolucionario. Sobresale como organizador sindical en la comarca y en 1916 crea el grupo anarquista «Alba Social» a través del cuál intervendrá llegando a ser secretario general de la federación andaluza de grupos anarquistas en 1919, manteniendo un importante debate con Sánchez Rosas en el que Rosado enfatiza la necesidad de la organización y el trabajo sindical frente al propagandismo ácrata. Su actividad como publicista le acarrea un consejo de guerra por injurias al ejército y es condenado por dos años, que se niega a cumplir huyendo de la persecución para acabar en Canarias y finalmente en Argentina (1922-24). Es encarcelado en Cádiz para salir con la amnistía de 1926 continuando su lucha contra la Dictadura. 

2) Durante la II República detenta el secretariado del sindicato campesino del partido judicial de Morón donde, en consideración a la enfermedad que sufre, se acuerda dedicarlo a actividades sindicales pagadas, como tal recorre la comarca organizando sindicatos para la CNT en Arriate, Montejaque, Olvera, Alcalá de Guadaira, Algodonales, Grazalema; elegido miembro del CR andaluz en 1932, es encarcelado en 1933 y participa en el Congreso de Zaragoza en el que elabora una ponencia sobre la cuestión agraria. 

3) Esta es posiblemente su etapa más significativa. La guerra le sorprende en Cantillana, consiguiendo llegar a Madrid para trasladarse a Málaga donde se encarga de todo lo relacionado con la economía agraria, siendo secretario general de la Federación Regional de Campesinos de Andalucía y, como tal, responsable de la experiencia colectivista en el sur, siendo el hombre más relacionado con su implantación, organización y control. Recorre Almería, Alcoy, Játiva, Baza y Úbeda en sus tareas. 

4) Al finalizar la guerra camina errante por el campo hasta que es detenido en El Arahal (Sevilla). Es excarcelado y abandona la militancia, rechazando toda posibilidad de colaboración con el sindicato vertical y el «cincopuntismo», intentando mantener la dignidad personal en su propio pueblo a pesar de toda la represión. Emigra a Barcelona siguiendo el paso de sus hijos. Editorial Crítica ha publicado Tierra Libertad. Memorias de un campesino anarcosindicalista andaluz (Barcelona, 1979, con prólogo de Bernal) que se presenta como «testimonio directo de las colectivizaciones» así como «un homenaje póstumo a su autor y a tantos otros campesinos que lucharon por la libertad y la dignidad del hombre, héroes anónimos de los combates cotidianos, ausentes de las páginas de la historia académica que están llenas con los nombres de los reyes».

Sabaté Llopart. Francesc, (a) Quico.- el más famoso de los guerrilleros urbanos antifranquistas (L´Hospitalet, 1915-Sant Celoní, Barcelona, 1960), considerado como el «enemigo número uno» del régimen y un auténtico mito popular en Cataluña. Hijo de un guardia forestal, y segundo de cinco hermanos de los que tres murieron luchando contra la dictadura, Josep, y el cuarto, Manuel, quedando solamente vivo Francecs. A los siete años sus padres lo internaron en el asilo Durán de Barcelona de donde se fugó. Trabajó en una taller de lampistería y muy pronto se afilió al Sindicato de Oficios Varios de la CNT, y comenzó a frecuentar, junto con su hermano mayor, el local de las JJLL. Su adhesión al anarquismo coincide con el movimiento insurreccional del Bajo Llobregat de 1932. Es uno de los primeros componentes del grupo específico «Los novatos» y se afilia a la FAI; en 1933 toma parte de la insurrección de diciembre.

Entre las acciones espectaculares del grupo se encuentra el asalto a la Fábrica Roses de Cornellá, en colaboración con el grupo «Rojo y Negro». En 1935, Sabaté se niega a hacer el servicio militar por convicciones antimilitaristas, sin embargo en julio de 1936, después de asegurarse que el levantamiento no tiene traducción en L´Hospitalet participa en las luchas callejeras de la capital y el 27 de agosto desfila con la columna de «Los Aguiluchos». En 1937 interviene en la liberación de unos cenetistas detenidos el 3 de mayo y participa en los famosos acontecimientos. En 1938, Quico mata a un comisario estalinista, Ariño, que enviaba a las fuerzas confederales a los lugares de mayor riesgo. Detenido, es encarcelado en Vich donde huye a tiros de los carabineros. Nuevamente en Barcelona decide que la única alternativa es volver al frente lo que le lleva a la 121 Brigada de la 26 División (anterior Columna Durruti). 


En 1939 entra en Francia siendo internado en el campo de concentración de Vernet D´Ariège. Se sabe que participó activamente en la Resistencia. En 1943, junto con su compañera Leonor y su hija Paquita, se instala en Perpiñán y decide reiniciar la lucha en España. Para conocer los sitios claves los de los Pirineos, Quico se incorpora a un grupo que pasaba fugitivo de los nazis a España. Su primer viaje a Barcelona lo hace, con varios afines suyos, a primeros de octubre de 1945. Aprovechando el viaje realiza, junto con su antiguo compinche «El Albisinio», un doble golpe en su ciudad natal. El dinero le sirve para poner en marcha el grupo de acción que ya estaba esperándole. El hecho más notable que realizaron fue la liberación de un grupo de presos libertarios. Por entonces, el que será su mortal enemigo, el comisario Quintela, había descubierto ya su autoría en el atraco de L´ Hospitalet (este duelo con Quintela servirá vagamente de argumento para una pésima película de J..A. de la Loma, Metralleta Stein). Consciente de la situación Sabaté se dedica a montar una importante infraestructura. Sigue sus actividades hasta que en 1948 las autoridades francesas lo condenan a tres años en rebeldía por contrabando de armas; el régimen franquista exige su extradición. 

En 1949 contactó en Barcelona con «Los Maños» con los que prepara un atentado contra Quintela, que falla al prestar éste su coche a un grupo de falangistas, el mismo año inicia junto con el grupo de Facerías una intensa campaña ante la llegada del dictador a Barcelona. En junio es detenido en Francia y (Montpellier), en tanto que la policía franquista logra desmontar la red de apoyo montada en Cataluña. A principios de 1955 y después de que la CNT, se niega a darle apoyo, el Quico crea los Grupos Anarcosindicalistas cuyo órgano de expresión se llamará El Combate. Interviene en Barcelona con acciones audaces y con la propaganda (distribuida masivamente con mortero en los campos de fútbol). En 1956 y 1957 el grupo va cayendo (42 detenidos en Cataluña), mientras que Quico ha de penar 8 meses en la cárcel de Montpellier. En contra de todos los consejos hará su último viaje en diciembre de 1959 con un grupo muy reducido y cae, después de una fuga rocambolesca, herido y rematado por el somaten y la guardia civil que había temblado sólo con oír su nombre. 


Monumento al Quico en Sant Celoni

Frente a las calumnias del régimen que lo trata de terrorista y de bandido, la CNT lo saluda como «un gladiador de la libertad». Su hermano Josep Sabaté (L´Hospitalet, 1910-Barcelona, 1949), precoz «hombre de acción», fue capitán de centuria en «Los Aguiluchos», sufrió los campos de concentración franquistas, y cuando logró la libertad pasó a Francia donde se incorporó a las actividades de los «clandestinos», y murió luchando con la policía en 1949, en tanto que Manuel Sabaté (L¨Hospitalet, 1927-Barcelona, 1950), el más joven, integrante del grupo de Caracremada, fue detenido cuando trataba de cruzar la frontera, juzgado y condenado a garrote vil. Antonio Téllez reconstruirá vivamente su trayectoria en, Sabaté, Guerrilla urbana en España (1945-1960), de la que existe una reciente edición en Virus, Barcelona), en tanto que Dolors Marin reconstruye su historia y su contexto más próximo en Clandestinos.

Sacco, Nicola (1891-1927).- Nació en Italia y emigró a los EE.UU. en 1908, su nombre va indisolublemente ligado al de otro italiano y emigrado, Bartolomeo Vanzetti (l888-1927), ambos acusados de haber robado y asesinado a un pagador y sereno de una fábrica de zapatos de South Braintree, Massachusetts, el 20 de abril de 1920. El clima creado por la revolución rusa y la agitación social lleva al ministro de Justicia, Palmer, ha creado un ambiente de «terror blanco» en el que Sacco y Vanzetti van a ser víctimas propiciatorias. 

Después del hecho la policía no encuentra ninguna clase de pista seria, sabe que eran «extranjeros». Cuando detienen a Sacco y Vanzetti encuentran en estos unas condiciones idóneas, como dirá M.H. More, el abogado del primero «Ningún fiscal ha tenido nunca una causa más bonita que ésta. Se puede poner en pie y deciros: `Señores, hemos venido aquí durante seis semanas por dos desertores, por dos hombres que no pensaron bastante en este país durante la guerra, que huyeron a México; asesinos, desertores, anarquistas. Sobre estas cuerdas es fácil, señores tocar una música cualquiera…».

El ambiente de «progrom» antianarquista es creado por la prensa, la clase media pide el linchamiento de los «extremistas», los crímenes se asocian con los «extranjeros» (un testigo del fiscal dirá que los asaltantes corrían como «extranjeros»), y el juez Thayer, hará el resto; Vanzetti lo definirá como «un santurrón limitadísimo, ferozmente reaccionario (que) no tuvo escrúpulos en condenarnos injustamente, porque su conciencia aprueba el exterminio de los anarquistas». Más que un juicio injusto se trata de una auténtica conspiración gubernamental; la defensa puede demostrar que Sacco había estado en aquel momento en el consulado italiano —lo afirma el cónsul fascista, los pescaderos dicen que Vanzetti estuvo con ellos, pero todos son extranjeros. El único testigo que vio a los asaltantes no aparece en el juicio. El fiscal se apoya en la «conciencia de culpabilidad» de los acusados. Efectivamente, en el momento de ser detenidos ambos mienten. La razón es simple: ambos han participado en una campaña de denuncia por la muerte del radical Salcedo (presumiblemente arrojado por una ventana por la policía) y temen implicar su organización, luego rectifican. La maquinaria no se podía parar, fueron condenados, permaneciendo en la cárcel en espera de la sentencia desde el 14 de julio de 1921 hasta el 23 de agosto de 1927, día en el que fueron ejecutados en la silla eléctrica. Vanzetti fue entonces capaz de explicar: 

«No desearía para un perro, ni para una serpiente, ni para criatura más miserable y desafortunada de la tierra lo que yo he tenido que sufrir por culpas en las cuales no incurrí. Pero mi convicción es otra: que he sufrido por culpas que efectivamente tengo. He sufrido por ser radical y, en efecto, yo soy radical; he sufrido por ser italiano y, en efecto, soy italiano (…) pero estoy tan convencido de estar en lo justo, que si usted tuviera el poder de matarme dos veces, sí volviera a nacer dos veces, volvería a vivir para hacer de nuevo, exactamente, lo que hice hasta ahora».

El caso adquiere al menos dos dimensiones más. La primera es colectiva ya que moviliza al movimiento obrero, y a la izquierda de todo el mundo y consigue el apoyo de personalidades como Einstein, G.B. Shaw. Madame Curie, Romain Rolland, Anatole France, etc. La intelligentzia radical norteamericana, con John dos Passos al frente, hace el caso suyo. Hasta Mussolini se ve obligado a enviar una petición de indulto. La segunda es personal. En la cárcel Sacco y Vanzetti tienen la oportunidad de conseguir una mayor formación de la que habían logrado como emigrantes semianalfabetos, sometidos a trabajos tremendos y a una pésimas condiciones de vida, entonces perfilan dos caracteres que a través de artículos y cartas conmueven e impactan: son dos seres humanos que se enfrentan a la calumnia y la muerte con gran integridad porque también son dos revolucionarios capaces de escribir cosas como la carta de Sacco a su hijo y que moldeará Peter Seeger para una canción: 

«Si nada ocurre, seremos electrocutados esta noche, después de las doce/ Es por ello que estoy aquí contigo, con todo amor, y con mi corazón abierto/ Como lo estaba ayer/ No llores, Dante, porque muchas, demasiadas lágrimas han corrido ya/ Tu madre las ha derramado durante siete años/ Y eso no ha servido para nada/ Así pues, hijo, en lugar de llorar, sé fuerte, sé duro/ Para tener la fuerza de consolar a tu madre/ Y Cuando tu quieras consolar la desesperación de su corazón/ Llévala a pasear a un lugar apacible en el campo/ Ofrécela flores/ Sentaos a la sombra de los árboles, cerca de la música de los arroyos/ En la paz de la campiña, ella encontrará la paz/ Como tú, sin duda/ Pero, hijo mío, acuérdate, no pienses solamente en tu propia felicidad/ Detente, sólo un instante/ Para ayudar a los humildes que te rodean/ Los más débiles, los que piden ayuda, los perseguidos, las víctimas/ Esos, son tus amigos, los tuyos y los míos/ Son camaradas que luchan, y que, a veces caen en ellas/ Del mismo modo que tu padre, tu padre y Bart han caído/ Han caído ayer en la lucha, por conquistar la alegría/ y la libertad para todos/ En el combate por una vida mejor, tu encontrarás todo el amor del mundo/ y en este combate, tú también serás amado».

Entre el amplio material sobre el «caso» cabe señalar: ensayos como los Luis Amado, El proceso Sacco-Vanzetti (A. Redondo, Madrid, 1971), y Helmuth Orner, Sacco- Vanzetti. El enemigo extranjero (Txalaparta, Tafalla, 1999); la novela de Howard Fast, La pasión de Saco-Vanzetti (La Pléyade, Buenos Aires). Es célebre —y un tanto simplista—la película Sacco y Vanzetti, de Guiliano Montaldo, con Gian Mª Volonté é y Ricardo Cucciola, que sí bien no alcanza la altura del drama aunque tiene momentos de gran brillantez; Joan Báez canta la famosa Balada de Sacco-Vanzetti, inspirada en la que había creado Woody Guthrie. Algunas cartas de Sacco se encuentran en Los anarquistas de Horowitz (1º vol), y las de Vanzetti en Cartas desde la prisión (Granica., Barcelona, 1976, con un prólogo de Cesare Pillon. Más brevemente: El asesinato legal de Sacco-Vanzetti, por Maria Ruipérez (Tiempo de Historia nº 10) y Sacco y Vanzetti, dos hombres para la silla eléctrica, por Manuel Román Copons (Historia y vida nº 110), entre otros.

Salvochea Álvarez, Fermín.- mítico anarquista andaluz, llamado por sus largas estancias en la cárcel y por su lucha incesante el «Blanqui español» (Cádiz, 1842-Ib.1907). Era hijo de una familia de ricos comerciantes que tuvo una infancia muy feliz. A los 15 años lo enviaron a Inglaterra a aprender la lengua y a prepararse en el conocimiento del negocio. Estuvo allí durante 5 años repartidos entre Londres y Liverpool, que serían decisivos para
su formación intelectual y política, influyendo en él, el internacionalismo de Thomas Paine
(«mi patria es la humanidad»), el ateísmo positivista de Charles Bradraugh y el comunismo de signo oweniano. 

En, 1864 se encuentra de nuevo en la bahía gaditana dispuesto a luchar por la República Federal y no tarda en alcanzar notoriedad con el proyecto de liberación de los presos políticos de 1866, que aumenta por su densa actuación en la revolución de 1868 donde Salvochea es un hombre de confianza de los conjurados y enlace de Prim, así como miembro destacado de la «comuna» gaditana y segundo comandante de un batallón de voluntarios con el que defendió la ciudad hasta el 11 de diciembre en que se entregó; ya en estos acontecimientos, Salvochea se hace clara su tendencia a desbordar el cuadro político de una revolución liberal. Meses después es elegido diputado sin que el gobierno acepte el acta aunque tiene que concederle la amnistía. Emprende seguidamente una campaña de agitación por Andalucía de contenido federalista y de apoyo al movimiento de 1869, luego toma parte en el combate al mando de partidas de voluntarios en Alcalá de los Gazules, pero resulta vencido y escapa a Gibraltar y después a París. 

En la capital francesa encabeza el 12 de enero de 1871 una manifestación contra Napoleón III. En este año se afilia a la AIT. Tras un viaje a Londres, Salvochea retorna a su ciudad natal con la amnistía de aquel año y es nombrado alcalde, cargo que abandona en 1873 por el fusil y como presidente del comité administrativo de la revolución cantonal. Defiende la ciudad contra la escuadra inglesa y contra Pavía hasta la derrota que le lleva a un consejo de guerra en Sevilla que lo condena a cadena perpetúa en prisiones norteafricanas. Será en la cárcel donde se hará anarquista, consagrando una influencia que se había manifestado ya dentro de su federalismo radical.

En 1872 mantiene contactos con Lorenzo con la finalidad de crear una asociación de Defensores de la Internacional y al año, Salvochea siguiente constituye el primer germen organizativo del anarquismo andaluz. Los años de cárcel lo serán también de estudio del cuerpo de doctrina anarquista que asimila rehuyendo cualquier tentación sectaria. Cuando se le ofrece una amnistía, la rechaza porque no alcanza a todos sus compañeros, y meses después, en 1880, huye a Gibraltar y después a Lisboa y Oran para desembocar en Tánger. En 1886 regresa a España con una enorme aureola de santo revolucionario y se entrega a una gran campaña de agitación en favor del comunismo anárquico, funda su famoso periódico El Socialista (que sobrevive penosamente a las prohibiciones y a los encarcelamientos de su director) y traduce a Kropotkin, con el que se siente muy identificado. 

Se encuentra en prisión cuando ocurren los acontecimientos de Jerez de 1892, pero esto no es obstáculo para que se le atribuya su instigación y será condenado a 12 años de cárcel que transcurren en Valladolid y Burgos en condiciones bastante penosas. Liberado en 1889, con la vista muy debilitada, vive en Madrid en la pobreza escribiendo en diversos periódicos y representando una casa de vinos. No obstante, su actividad sigue en pie. Frecuenta el Casino Federal y la Sociedad de Librepensadores, y escribe en La Revista Blanca. Su presencia se hará notar en actos como el entierro de Pi i Margall, y el sonado estreno de la Electra de Pérez Galdós, en defensa de la libertad de expresión contra la intolerancia religiosa. También forma parte en la preparación del Congreso anarquista de 1900. 

Su labor como traductor y libelista le lleva a ser perseguido de nuevo, y tiene que marcharse a Tánger poco antes de su fallecimiento. Murió en Cádiz en olor a multitudes, como un héroe legendario y su entierro se convirtió en una imponente manifestación libertaria. Hombre de acción, romántico y lúcido, fue un estudioso y escribió poco, pero lo que hizo fue un modelo de coherencia y apertura intelectual. Sus artículos están repartidos por toda la prensa libertaria importante de su época, aparte de Kropotkin, tradujo a John Milton y a Camille Flammarion. Maestro de una generación de anarquistas su figura fue glosada por la literatura, en particular por Vicente Blasco Ibáñez que lo retrata con el nombre de Fermín Salvatierra en su célebre obra La bodega (reeditada por Plaza&Janés). También inspiró un rosario de tanguillos populares gaditanos y su prestigio sobrevivió el tiempo, incluso durante el franquismo su nombre se sentía todavía en los pueblos andaluces.

Pedro Vallina y Rudolf Rocker le dedicaron sendas biografías, aunque todavía esta por escribir un estudio serio y riguroso de su aventurera y magnífica existencia. En 1987, el
cineasta Carlos Fernández le dedicó una película, Fermin Salvochea, visto para sentencia, un trabajo tan voluntarioso como pobre cuyo heroico esfuerzo de producción sería castigado en su distribución, convirtiéndose en un «film maldito» que muy poca gente ha podido visionar.


Sánchez Rosa, José.- el más eminente anarquista andaluz después de Salvochea. Era el menor de los numerosos hijos de un zapatero (Grazalema, Córdoba, 1864-1936). La estrechez económica de la familia le impidió incluso aprender el oficio de su padre viéndose obligado a trabajar como jornalero, aunque después, durante sus estancias en la prisión, también aprendió el oficio de zapatero. Allá por los años 1878-78, cuando Romero Robledo daba por exterminado el anarquismo, los campesinos de la baja Andalucía seguían teniendo este ideal como norte de sus ansias de liberación. La prensa obrera local había desaparecido pero seguían llegando desde América Latina revistas como El perseguido que los jornaleros se hacían leer en la soledad de las eras. Sánchez era muy joven pero era uno de los pocos que sabían leer y fue escogido, luego tuvo que prepararse para poder explicar las cosas que leía, convirtiéndose así en un "maestro" en literatura
revolucionaria. 

Tenía 13 o 14 años cuando sufrió la primera detención. Tomó parte en el movimiento conocido como de la "Mano Negra" y fue uno de los elementos más influyentes en el asalto jornalero en Jerez en enero de 1892; un año antes ya había asistido al Congreso madrileño del Pacto. Fue condenado a cadena perpetua, y su odio a la injusticia (salió en defensa de un anciano) hizo que se peleara con un guardián, por lo que fue juzgado y enviado a la cárcel de Cádiz donde conoció un obrero francés, discípulo de Reclús, que le enseñó el francés y una amplia asignatura de luchas sociales.

En la cárcel coincidió también con Salvochea que será su mentor y maestro. Excarcelado en 1901, se lanza con pasión a extender el ideal. Abrió escuelas en Tánger y en el Campo de Gibraltar, representó a la baja Andalucía en el Congreso de Madrid del mismo año. En 1902 interviene en la excursión nacional de propaganda junto con Bonafulla y Teresa Claramunt. Designado para acompañar a Kropotkin en su gira, cuando este no puede venir, Sánchez realiza un viaje de propaganda por la región levantina. Hacia 1903 su popularidad es inmensa y empezaba la publicación de sus numerosos folletos de propaganda con Reacción y progreso (1904). Es también por esta época cuando participa en una de sus controversias más famosas en Castro del Río, al lado de Juan Palomino Ojea, un ácrata convertido al marxismo. Cuando sobrevino la represión se refugió en Aznalcollar. En 1910 se traslada a Sevilla y alternó los trabajos de su escuela en Triana con las excursiones de agitación por Cádiz, Sevilla y Córdoba y con la publicación de sus numerosos folletos mediante la venta de los cuales subsana los gastos, amén de la ayuda de los compañeros del lugar. La década de los años diez conlleva un mayor impulso de su activismo, creando y desarrollando centenares de organizaciones obreras y campesinas, al tiempo que lleva una enorme labor de divulgación a través de su famosa Biblioteca del Obrero.


Monumento a Sánchez Rosa en Grazalema

Para Díaz del Moral las "publicaciones de Sánchez Rosa son un modelo de literatura obrerista. Con clara intuición del alma popular se esgrimen en ella los resortes emotivos que apasionan al trabajador andaluz. Sus gustos por la oratoria encuentran satisfacción en folletos, como el de J. Médico, !Al Pueblo!, escrito en tono de discurso, cuajado de apóstrofes, de frases brillantes, de interrogaciones y execraciones. Bienvenida, original del propio Sánchez, es una novela comprimida, género romántico 1870, con sus ingenuas inverosimilitudes, sus traidor y su héroe, su acción rebosante de interés y su teatral desenlace en que triunfa la virtud y sucumbe el vicio. Pero lo más típico en esta literatura son los diálogos (el burgués y el anarquista; el obrero sindicalista y su patrono; las dos amiguitas, etc). Inspirado en otros de Malatesta, Sánchez ha tenido el acierto de escribirlo en lenguaje popular y de condensar en ellos los argumentos de propaganda más coincidentes con el sentimiento de las masas. Su plan se reduce a una discusión en la que la verdad y el bien (obrerismo) derrotan, confunden y humillan al error (capitalismo), con las consabidas alegaciones y con desplantes y arrogancias que colman el entusiasmo del lector" (Historia de las agitaciones campesinas en Andalucía). 

Sánchez sigue con sus campañas y en el período "bolchevista" publica varios periódicos (El productor, La Anarquía) y polemiza agriamente con el CR de la CNT lo que da lugar a su expulsión que provocó un escándalo mayúsculo en toda la región, sobre todo en el sector anarquista adversario del sector más sindicalista encarnado en el lugar por Antonio Rosado y otros. Sánchez trató entonces de celebrar un congreso ácrata para crear otra CNT. Deportado por algunos meses en 1923 abre escuela en Sevilla, hace nuevas giras y trata de resucitar, de acuerdo con Urales, La Revista Blanca. En los años siguientes declina su activismo, aunque sigue manteniendo su gran prestigio, en particular a través de su obra El abogado del obrero, manual en el que refleja su capacidad para criticar la legalidad vigente. Otras obras suyas son: La idea anarquista (1903), El obrero sindicalista y su patrón (1911), Discordancia del bronce (1919), En el campo, E! guarda y el obrero, Entre amiguitas, Azucena, Dalia y Camelia, Los dos fuerzas, reacción y progreso, Nuevo rumbo, La aritmética del obrero, Bienvenida…Colaboró con la obra histórica de Buenacasa y prologó El sindicalismo, de Enrico Leone...


Sánchez Saornil, Lucia.- Militante casi anónima en los medios cenetistas (Madrid, 1895-Valencia, 1970). Su importancia y sus aportaciones han sido revalorizados gracias a los estudios de la historiadora Mary Nash en trabajos como Mujeres libres. España 1936-
1939. (Tusquets., BCN, 1975); Dos intelectuales anarquistas frente al problema de la mujer: Federica Montseny y Lucia Sánchez Saornil (Convivium nº 44-45) y en La mujer en los medios anarcosindicalistas 1931-1939. (Tesis de Licenciatura, Universidad de BCN, Inédita); Saornil fue igualmente una poetisa de vanguardia, la única mujer que participó activamente en las filas de aquel movimiento fugaz que fue el Ultraísmo, y que, con el sonoro seudónimo de Luciano de San-Saor, se ocupa de este aspecto el trabajo de Rosa Martin Casamitjana, "Lucía Sánchez Saornil: de la vanguardia al olvido" (Duoda. Revista d’estudis feministes, 1992 nº 3). Lucía estudió en el «Centro de Hijos de Madrid», y aprendió pintura en la Academia de San Fernando. Quedó huérfana siendo muy niña, con una hermana enferma y un padre parado. Era muy joven cuando empezó a trabajar en la Central Telefónica de Madrid.



En 1931 sobresalió en una gran huelga y en represalia fue trasladada a Valencia. En 1933 regresó a Madrid y entró a formar parte de la redacción de CNT. Más tarde colaboró en periódicos como Solidaridad Obrera, Umbral, El Libertario y Tierra y Libertad. También publicó artículos en revistas teóricas como La Revista Blanca y Tiempos Nuevos. Abiertamente feminista —muy influenciada por Emma Goldman, trata de crear en 1935 un «órgano independiente» para educar y concienciar a la mujer dentro del movimiento anarcosindicalista. Cofundadora y secretaria de Federación Nacional de Mujeres Libres, anima este colectivo —el más importante y masivo de la historia del movimiento obrero español— junto con Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón.

El 19 de julio, Lucía se echó a la calle y tomó parte en el asalto del cuartel de la Montaña de Madrid. Luego trabajó en la administración de las colectividades agrícolas cercanas a la capital y en la distribución de la propaganda en el frente. Como miembro del Consejo General de solidaridad Internacional Antifascista, viajó asiduamente a Francia para obtener las mercancías necesarias a los combatientes o para las guarderías infantiles que estaban bajo el control del SIA. En 1937 se traslada a Valencia y allí trabaja como redactora jefe del semanario Umbral donde conoce a América Barroso, la que sería su compañera hasta la muerte. A finales del 37 se trasladan con la redacción de Umbral a Barcelona.


Cuando en enero de 1939 tienen que huir a Francia, lo hacen, como tantos millares de refugiados. El anarquismo de Lucía, influenciado por Kropotkin, pone un especial acento en la acción femenina tanto de cara a ampliar al máximo los rangos del sindicalismo revolucionario como para garantizar la futura emancipación de la mujer con la revolución social. No cree de ningún modo que la inferioridad de la mujer sea un hecho natural, sino que es ante todo, un producto de las tradiciones y las condiciones sociales. Ve a la mujer como alguien doblemente oprimida, como trabajadora y como tal mujer, y no duda en acusar a sus compañeros de no ser consecuentes al acomodarse en su patriarcalismo. No obstante, Lucía, a pesar de que avanza en la idea de una acción autónoma, no duda de que ésta se ha de encontrar subordinada a la primacía de la lucha sindical. Su nombre deja de sonar en el exilio. Las discretas circunstancias de su actividad, el desconocimiento de sus actividades, más su talante personal, muy dado a la discreción, (son raras las fotografías suyas aparecidas en la prensa), seguramente le salvaron la vida.

Después de sobrevivir a la ocupación nazi, Lucía y su compañera, regresaron en 1941 o 1942 clandestinamente. Una vez en España, primero se instalaron en Madrid, donde se ganaban la vida haciendo redecillas para el pelo y retocando fotografías. Pero Lucía fue reconocida y se vieron obligadas a huir a Valencia, donde vivía la familia de América. En cuanto a una posible militancia política en la clandestinidad, Giuliana Di Febo asegura que Lucía contribuyó a la organización de Comités de Mujeres Antifascistas, pero todo hace suponer, pues, que vivió apartada de la política durante toda la dictadura. Las circunstancias de su muerte son desconocidas. Sobre su tumba América mandó escribir «Pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?», primer verso del primero de los poemas que ella misma había titulado «Sonetos de la desesperanza».


Varios miembros de Los Solidarios. Vivancos, García Oliver, Ricardo Sanz (tercero empezando por la derecha), Ascaso y Durruti.

Sanz, Ricardo.- Militante notorio, miembro de los grupos «Los Solidarios» y «Nosotros», comandante de milicias durante la guerra y autor de algunos opúsculos de escasa repercusión (Canals, La Costera, Valencia, 1898-Tolouse, 1986). Hijo de obreros agrícolas, comenzó a trabajar a los 12 años doce horas diarias hasta los 18. Llegó a Barcelona, al barrio de Pueblo Nuevo, en 1916. «Mi escuela, contará, se inicia con la primera detención el año 1920 y las prisiones de Zaragoza, Madrid, Barcelona, Eibar y San Sebastián fueron mis universidades y de la mayoría de los sindicalistas de mi época…». Sanz entiende que en la CNT «había gente conservadora que actuaba de freno y gente más inclinada al diálogo con el poder político» o sea el sector trentista, contra los que escribirá un panfleto en el que denunciaba su impostura: Los Treinta Judas (Barcelona, 1934).

Convertido en uno de los agitadores oficiales de la CNT hace diversas giras por el Estado (Canarias, Alicante, País Vasco, Rioja, Castilla, etc. Actividades que combinaba con su trabajo en el ramo del agua y con la participación en las experiencias de la «gimnasia revolucionaria» de la FAI de la que será uno de los militantes más característicos. Ocupa diferentes cargos en el sindicato.

En 1936 es de los que duda entre el ir «a por el todo» y el posibilismo: «Si colaborando, cediendo y haciendo concesiones todos los días, si manteniendo una conducta ponderada y de responsabilidad (…) la situación en general, no solamente no avanza favorablemente, sino que por el contrario, las cosas iban en regresión. Si la insensatez de los irresponsables o enemigos de la nueva situación que no tenían nada que perder, multiplicaban sus audacias, hasta sus ataques más o menos encubiertos contra la vanguardia revolucionaria, confundiendo la tolerancia y el sentido de responsabilidad con la cobardía…, el grupo “Nosotros” consideraba que se debía ir a por el todo apechugando con todas las consecuencias» (El sindicalismo y la política). Sin embargo, durante la contienda y después de la batalla de Barcelona, en la que participa en primera fila ocupa numerosos cargos de responsabilidad: dirigente de la organización de las milicias, inspector de fortificaciones de Aragón y Cataluña, jefe de la Columna Durruti (tras la muerte de Buenaventura hasta el final de la guerra), y sobre la que dirá: «Es bien cierto que fue una revolución perdida. En primer lugar cabe culpar la falta de visión de la situación por parte de aquellos anarcosindicalistas que en el Plenario de locales y comarcales del día 23 de julio del 36 votaron contra la propuesta de García Oliver de “ir por el todo” (…) En segundo término la política estalinista influye decisivamente. Tuve una gran desilusión ya que esperaba la ayuda de todo el mundo revolucionario (…) A Stalin le correspondía (…) pero él sabía que de triunfar la revolución no tendría unos parientes dóciles y prefirió el enterramiento de la República y de la razón del pueblo trabajador».


García Oliver junto a Ricardo Sanz (tercero empezando por la izq) , Gregorio Jover y Garcia Vivancos. Marchando al frente de Aragón.

El exilio lleva a Sanz al campo de concentración de Vernet hasta 1942 y más tarde al de Djelfa (Argelia) de donde salió en libertad. Allí trabajó de panadero hasta que en 1945 regresó a Francia. Sanz publicó algunos libros como Ruta de titanes (1931), Figuras de la revolución española (El Frente, Toulouse, 1966, reedición en Barcelona, 1978); El sindicalismo y la política; Los «Solidarios» y «Nosotros» (Tolouse, 1966); Los hijos del trabajo (Barcelona, 1979); Los que fuimos a Madrid. La Columna Durruti… 


Seguí Rubinat Salvador.- Conocido también como el «Noi de Sucre», su vida militante llena toda una época del sindicalismo catalán del que sería su figura más destacada; su trayectoria todavía es base de una amplia controversia sobre sus ribetes más o menos políticos e ideológicos (Lleida, 1887-Barcelona, 1923). Su formación escolar acaba a los 12 años después de la cual entre a trabajar como aprendiz de pintor, salta de taller en taller por su espíritu «contestatario» y trabaja como pintor de brocha gorda. Ya en 1902, el «Noi» sufre su primera detención por su participación en una huelga del metal y actúa junto con los grupos específicos más audaces y violentos. En 1904 utiliza su seudónimo por primera vez (que se atribuye a su gusto por el azúcar), en artículos y discursos. En 1907 será encarcelado por siete meses en el cuadro de los enfrentamientos con el «lerrouxismo», siendo involucrado en los hechos del teatro Condal. No está demostrada su participación en la Semana Trágica aunque sí que tuvo que refugiarse en Gualva o Palautorderá. 

Participa en la formación de Solidaridad obrera como delegado en el congreso de 1908 y en la creación de la CNT, así como en la huelga general de 1911, año en el que asiste, en Marsella, a un encuentro proletario internacional… Su actividad será ciertamente incesante: motín del hambre de 1914, campaña Queraltó, Asamblea de Valencia, Pacto de Zaragoza de 1916, preside el sindicato de la construcción barcelonés, impulsa el movimiento sindical en su patria chica; secretario de la CNT catalana en 1916, ofrece numerosas conferencias y mítines por toda Cataluña. En 1917 inspira la línea confederal en el comité de huelga en alianza con la UGT (como ya había ocurrido el 16 de diciembre de 1916, como consecuencia del Pacto de Zaragoza), y preconiza la proclamación de la República, la supresión del Ejército, la separación de la Iglesia y el Estado y otras reivindicaciones obreras tradicionales… En 1918, Seguí será el artífice del determinante Congreso de Sants abogando por los sindicatos únicos, y su prestigio sobrepasa ampliamente el cuadro anarcosindicalista. Hombre bohemio, capaz de pasar desapercibido delante de un grupo de sabuesos con su elegancia «burguesa», será en 1919 el «cerebro» del principio y del fin de la mítica huelga de «La Canadiense», lo que le valdrá el primer tropiezo de importancia con el sector más anarquista que le atribuye ambiciones políticas… Este mismo año dará un famoso discurso en Madrid en el que afirmará que era el momento de constituir una organización sólida y de elaborar un programa revolucionario realista. Para ello se necesitaban militantes preparados intelectualmente y no sólo agitadores y activistas.

En la conformación ideológica de Seguí hay una inicial componente nietzscheniano. Su «Biblia» fue Así hablaba Zaratrusta, que asume el anarquismo como postura de un grupo movido por un ideal superior de perfección humana capaz de impulsar como un resorte la acción de minorías superiores dentro de los sindicatos. Orador excepcional — será recordado con fervor por los que le escucharon—, militante integral y de gran valor, fue también reflexivo y un táctico capaz de pensar, a través de las experiencias por encima de los arquetipos teóricos. En su ideario básico concurren diversos criterios como el que la clase obrera necesitaba una mayor formación cultural y militante para estar preparada para la revolución; que la clase obrera no es antipolítica per se sino contraria a las normas políticas tradicionales burguesas; que para conseguir objetivos mínimos o intermedios era muy importante establecer una política de alianzas, principalmente con los otros sindicatos, pero también con los grupos y partidos con los que existan intereses comunes transitorios… Seguí distingue entre anarquismo y sindicalismo: «El Sindicalismo es la base, la orientación económica del anarquismo. La Anarquía no es un ideal de realización inmediata. No la limita nada. Por su extensión espiritual es infinita. Admitiendo que el anarquismo, a través de los tiempos, pudiera ser una realidad, no dudéis de que antes dará margen a la creación de otras concepciones y otras escuelas, nacidas, desde luego, de la primitiva concepción de la idea. El anarquismo no llegará a plasmar en realidad su verdadera filosofía. Sería tanto como definirlo y limitarlo, y eso no (…) Claro que el sindicalismo no es anarquismo. Pero sí es una gradación del anarquismo… No son los grupos anarquistas, ni las organizaciones estatales, quienes han de organizar y regularizar la producción. Son los sindicatos…Distribuirán y normalizarán la producción, el consumo y el cambio… No desesperemos, pues el calvario ha de ser largo».



En 1919, Seguí se mostró contrario a adherirse, al menos no sin matices y reservas, a la Internacional Sindical Roja, y en 1920 se trasladó a Tarragona, llevando luego un extenso y animado viaje de propaganda por el Levante y por Andalucía (110 intervenciones), lo que le lleva, nuevamente, a la cárcel de la que no saldrá hasta abril de 1922. Hace entonces una nueva campaña de propaganda, esta vez por Cataluña y Baleares y firma el famoso documento de la Conferencia de Zaragoza de 1922 que propone que la CNT declare: «Que siendo un organismo totalmente revolucionario que rechaza franca y expresamente la acción parlamentaria y colaboracionista con los partidos políticos, es a la vez integral y absolutamente política, puesto que su misión es la de conquistar sus derechos de revisión y fiscalización de todos los valores evolutivos de la vida nacional, y, a tal fin, su deber es la de ejercer la acción determinante por medio de la coacción derivada de los dispositivos y manifestaciones de fuerza de la CNT». En 1923 se publica póstumamente su novelita Escuela de rebeldía, muy en línea del estilo naif de la época. Muere asesinado por pistoleros del dúo Mártinez Anido-Arleguí, que con ello querían descabezar el movimiento anarcosindicalista y las posibilidades de un frente democrático y obrero… Por mucho tiempo el lugar del crimen será cubierto de flores entre las que no faltarán las de las prostitutas ante las que Seguí siempre manifestó una actitud sensible y valiente.

Su legado será reivindicado por los «trentistas» y denostado por algunos faístas, deformado hacia una orientación catalanista y política-populista por Pere Foix, en tanto que el sector comunista antiestaliniano (Maurín, Nin) entiende que con sus planteamientos hubiera sido posible un frente único obrero. Nin preparaba una biografía suya antes de morir. Aparte de los libros de Viadiu y Foix sobre Seguí, son también importantes los de: Manuel Cruells. Salvador Seguí, el «Noi de Sucre» (Ariel. BCN, 1974) Josep Mª Huertas Claverias, Salvador Seguí. Materiales para una biografía (Laia, BCN, 1974), Isidre Moles, Salvador Seguí. Escrits (62, Barcelona, 1975), en el que se recoge un buen número de trabajos suyos, lo mismo que en la edición de Elorza, Artículos madrileños de Salvador Seguí (Cuadernos para el diálogo Div. Universitaria, nº 103, Madrid, 1976). Pequeña Biblioteca ha publicado las conferencias de Seguí y Pestaña en el Ateneo de Madrid (4-10-1919) con un prólogo de Enric Olivé i Serret (Palma de Mallorca, 1978). 


Serrano y Oteiza, Juan.- Una de las primeras figuras intelectuales del anarquismo español, maestro de Ricardo Mella del que fue también suegro. Fue, como su padre, de profesión abaniquero y posiblemente llegó a ser jurista aunque su vida estuvo marcada por
la pasión militante (Madrid, 1837-1986). Provenía del republicanismo federal y en «los primeros años de su juventud perteneció a la sociedad “La Velada” tan perseguida por los gobiernos de Isabel II, y cuando esta sociedad se refundió en el hoy Fomento de las Artes,

desempeñó varios cargos, entre ellos el de secretario primero…» (Ernesto Álvarez). Lorenzo que lo conoce en esta sociedad, entonces, escribirá sobre Serrano: «…oí por primera vez expresar el puro criterio revolucionario que coincidía perfectamente con el que algunos años más tarde habría de traernos Fanelli (…) Serrano, con ideas propias, recto juicio y lógica contundente desvaneció como sí fueran castillos de naipes aquellos argumentos —propios del socialismo sentimental a lo Eugenio Sue— aprendidos de memoria y faltos de arraigo en el entendimiento y en la voluntad de sus expositores…». En 1865, Serrano destaca durante los disturbios antimonárquicos, cuando es desterrado a Valencia ya es anarquista, en 1869 es uno de los activista de la AIT la que representó en varios congresos, destacando su actuación en el de 1882 en el que arguyó a favor del colectivismo y de la vía legal frente al radicalismo del sector andaluz. 

En 1875 funda en Madrid, junto con González Morago, el periódico El Orden (63 números) y el año siguiente gano un premio en un certamen literario de Alicante con su obra El pecado de Caín. En 1881 funda Revista Social. Eco del proletariado, que será el verdadero Órgano de la FTRE. En 1882 conoce a Ricardo Mella que se enamora de su hija Esperanza. En diciembre de 1883 cae enfermo. En su obituario, escribe Ernesto Álvarez: «Minado su existencia por el exceso de actividad, fue presa de una cogestión cerebral (…) El mismo día de su fallecimiento sintió tal vez el mayor placer de su vida. El premio concedido a ¡Pensativo! consistía en un Óleo de gran tamaño, y aquella misma tarde que lo recibió acompañado de una carta suscrita por los obreros de Reus en el que participaban, aparte de otras cosas, la noticia de que su retrato había presidido el banquete celebrado por ellos el 18 de marzo en conmemoración de la Commune…». Entre otras cosas, Serrano escribió: Biblioteca del proletariado (1882); Almanaque para 1883; Moral del progreso o la religión natural (1888); y otras obras no fechadas como La quinta; Dos mujeres; Cuadros sociales; Miserias de la riqueza; quien bien te quiere; Cupido sin alas; El poeta y el mundo; Odios políticos; Historias de unas mujeres…en la Antología ácrata, de Vladimir Muñoz se ofrece bastante información sobre su vida y obra.

Souchy Bauer, Agustín.- Militante y propagandista anarcosindicalista alemán. Filólogo y conocedor de once idiomas (1892-1984), se ganó la vida enseñando en varias Escuelas Berlitz. Comenzó a destacar como militante durante la I Guerra Mundial. En condición de delegado de la Organización Sindicalista Alemana asistió al primer Congreso del Komintern y a los inicios de la Internacional Sindical Roja, pero los acontecimientos en Kronstadt y Ucrania lo alejaron de cualquier voluntad de colaboración con el bolchevismo. Como resultado de su estancia en la URSS, Souchy publicó uno de los primeros textos críticos sobre la Rusia soviética efectuado por un anarcosindicalista. Fue uno de los primeros secretarios de la nueva AIT reorganizada en Berlín en 1922 y mantuvo una amplia relación con el movimiento anarquista internacional, particularmente con la CNT española. Durante la guerra civil fue responsable en este sindicato de la Información en Lenguas Extranjeras y una suerte de «embajador itinerante» de la CNT-FAI. Como activo publicista, Souchy publicó múltiples folletos, libros y artículos sobre la guerra civil, en particular sobre los problemas y experiencias de las colectividades y cooperativas agrícolas.

Entrelazando documentos, entrevistas con los propios actores y con una amplia documentación, Souchy escribió dos de los testimonios clásicos sobre las colectivizaciones: Entre los campesinos de Aragón El comunismo libertario en las comarcas liberadas (Tusquets, Barcelona, 1977), y Colectivizaciones. La obra constructiva de la revolución española, escrita con P. Folgare (Fontamara, BCN, 1977). Al finalizar la guerra civil, Souchy vivió durante más de un cuarto de siglo en América Latina no descansó en su labor publicista; también tomó parte en la revolución cubana, y años más tarde pudo conocer directamente la «revolución de los claveles» en Portugal. Después de vivir cierto tiempo en Israel y de distanciarse de la experiencia de los kibbutz, regresó a Alemania donde tuvo que trabajar prácticamente hasta el fin de sus días, cuando se había quedado medio ciego. Antes de morir regresó a España a rodar un documental sobre la guerra, La larga esperanza, junto con la antigua trotskysta Clara Thälmann. Otras obras suyas son: El socialismo libertario. Aportación a un nuevo orden ético social (Estudios, La Habana), y Capitalismo, democracia y socialismo libertario (Reconstruir Buenos Aires), en los que defiende la tradición libertaria alemana.



Tárrida de Mármol, Fernando.- Teórico del "anarquismo sin adjetivos" y principal divulgador de las atrocidades cometidas en Montjuich (La Habana, 1861-Londres, 1915). Hijo de emigrantes catalanes provenientes de Sitges, ingeniero y profesor de matemáticas en el Instituto Politécnico de Barcelona. Era conocido antes de la represión catalana como redactor de Acracia, tomó parte en el congreso barcelonés sobre la enseñanza laica de 1888, en la conferencia anarquista parisina del año siguiente, y fue también delegado en el Congreso del Pacto de Madrid de 1891, durante el cual mantuvo una dura polémica con los socialistas. Huido al extranjero con ocasión de los procesos de Montjuich tras haber sido encerrado en una mazmorra y poder escapar gracias a la influencia de su familia, conservadora y acomodada. Aprovechó su libertad para divulgar por el mundo las torturas inferidas contra los presos en un libro, Los inquisidores españoles, que fue traducido a multitud de idiomas. Su teoría sobre el anarquismo la expuso en el I Certamen Socialista, en 1889 y en un folleto, La teoría revolucionaria, así como en diversos artículos. Para Tárrida, "la anarquía...no admite adjetivos", empleaba los términos de la anarquía sin frase y la anarquía pura y simple e intentaba prescindir de "toda preocupación sectaria" (Nettlau). "

Tárrida habla muy francamente de la "aldea industrial" de Kropotkin, que reduce su concepción a la agregación de pequeñas comunidades...". No volvió a España por una penitencia que él mismo se puso. Fue amigo de Kropotkin, íntimo de Lorenzo, y asistió a numerosos congresos en los que siempre fue escuchado con interés. Expresó su sentimiento frente a las duras y desgarradoras controversias que enfrentó a personalidades y escuelas del anarquismo, sin embargo, al final de su vía intervino en la polémica derivada de la Gran Guerra siguiendo la estela de Kropotkin a favor de los Aliados. Aparte de los trabajos mencionados, Tárrida publicó también: Anarquismo, ateísmo y colectivismo (1885), Problemas trascendentales, Programa socialista libertario y la Constitución del mundo (1908), Anselmo Lorenzo. Estudio crítico-biográfico (s/f).


Tolstoy, conde León Nikolayevich.- Novelista, dramaturgo, y pensador cristiano anarquista de gran influencia social tanto en Rusia — hasta principios de los años veinte— como en el resto del mundo y en España mismo, Tolstoy influyó poderosamente en Gandhi y después de este en toda la tradición pacifista que pasa por el ANC sudafricano, por Martin Luther King, sectores de los «verdes», etc. 

Estuvo sin duda influenciado por Proudhom, al que leyó en 1857 y al que visitó en 1862, y mantuvo una relación abierta, no exenta naturalmente de discrepancias (sobre todo en relación a la violencia revolucionaria) con Kropotkin, con cuya biografía no deja de tener paralelo (así lo han hecho notar copiosamente autores como Woodcock). Como Kropotkin, Tolstoy fue un joven aristócrata, adscrito como voluntario en el ejército ruso del Caucaso, sufrió ulteriormente, durante la guerra de Crimea, una auténtica crisis de conciencia posteriormente acentuada al conocer la revolución industrial en Europa y un «espectáculo» como el del funcionamiento de la guillotina en París.

Este hecho Ie lleva a escribir: «El Estado moderno no es más que una conspiración para explotar a los ciudadanos, pero sobre todo para desmoralizarle (…) Comprendo las leyes morales y religiosas, que no son coercitivas para nadie pero que nos llevan adelante y prometen un futuro más armonioso; siento las leyes del arte, que siempre dan felicidad. Pero las leyes políticas me parecen unas mentiras tan prodigiosas que no comprendo cómo una sola de ellas puede ser mejor o peor que cualquiera de las demás (…) En adelante no serviré jamás a gobierno alguno». Esta indignación se trasluce en su obra en la que nunca se olvida el artista cuya finalidad es la de «hacernos amar la vida en todas sus manifestaciones», Tolstoy ama la vida y sus personajes con los que pobló un microcosmos y un macrocosmos literarios de la rara perfección de conjunto alcanzado en obras maestras como Guerra y Paz, Ana Karerina, Resurrección y tantas otras, todas ellas sumamente popularizada a través del cine, en particular la primera en una inmortal adaptación de King Vidor (1960).

Su crisis de conciencia le llevó a volver la mirada hacia el hombre natural que había conocido en el Cáucaso, a devorar las obras de Rousseau, y a buscar una nueva vida y una nueva alternativa social. Estaba en la cumbre de su fama literaria cuando volvió la espalda al mundo académico, convirtió sus propiedades en Yasnaya Polyana en una comuna de trabajo —se avergonzaba de pertenecer a una familia que nunca había tenido callos en las manos— y de educación, intentando desarrollar un sistema educativo natural y abierto, muy en línea de Willian Godwin. Redescubrió de nuevo los Evangelios a los que despojó de su parte más milagrosa para alcanzar lo que consideraba una ley de oro para la conducta. Sobre sus principios de desobediencia civil y no violencia, se desarrollará un debate dentro del movimiento libertario. Para Urales, Tolstoy yerra cuando desautoriza la acción violenta de los revolucionarios rusos, y escribe: «Si Tolstoy no ha comprendido esto es porque jamás ha reconocido las grandes leyes, tan evidentes y claras, en la sociedad. Y sí no las ha reconocido es porque ha desdeñado siempre la observación metódica de la realidad. Nunca ha consentido descender hasta esta modesta indagación de la verdad que el sentido común de los mortales llaman ciencia. En este sentido no se ha repetido bastante que Tolstoy, bajo la blusa del mujik, ha seguido siendo un aristócrata desdeñoso y altanero» (La Revista Blanca, abril, 1905).


Sin embargo, para Nettlau estos principios de Tolstoy no son los de la resignación tradicional cristiana, por el contrario, quería «la resistencia al mal, y ha agregado a uno de los métodos de resistencia, la fuerza activa, otro método, la resistencia por la desobediencia, la fuerza pasiva por tanto. No ha dicho: sometéos al daño que os causa; presentado la otra mejilla después de la bofetada recibida, sino: no hagáis lo que se os ordena hacer; no toquéis el fusil que se os presenta para enseñaros a matar a vuestro hermano». Su alternativa está en la vida natural, el hombre es tanto más humano cuánto más cerca está de la naturaleza. Los tolstonyanos viven en comunidades y practican objeción de conciencia, sin embargo, al margen de estos grupos esforzados, su influencia es instrumentalizada. Discípulos suyos por ejemplo, se confiesan algunos ministros del gobierno provisional de febrero de 1917 que, paradójicamente, no dudan en mantener a Rusia en la guerra mundial y rechazan hasta la reforma agraria. En el último tramo de su vida, Tolstoy se convirtió en el único opositor legal al régimen zarista, un opositor gigantesco cuyo prestigio mundial ayudó a socavar la autarquía a la que Tolstoy denunció siempre que se brindó la situación.

Fue un «padre» para todos los perseguidos. Sus conflictos internos y familiares le llevaron a escapar de su casa poco antes de morir. Su obra ha sido respetada hasta por el estalinismo, aunque sus enseñanzas morales y políticas han sido, por lo general, olvidadas o subestimadas, subrayándose sus aspectos más anacrónicos, y olvidando sus ángulos más subversivos como sus críticas a los poderes establecidos, al ejército y al militarismo, con testimonios todavía vigentes como lo demuestra su denuncia del atropello colonial de Chechenia, efectuadas con un vigor que todavía asombra y sobrepasa las medidas «liberales» del presente. Entre sus numerosas biografías anotemos las de Henri Troyat, León Tolstoy (Bruguera, BCN 1985), Jean Cassou, Grandeza y miseria de Tolstoy. (Fomento de Cultura, Valencia 1961), Francöis Porché, Tolstoy. Retrato psicológico (Losada, Buenos Aires, 1958). Woodcock lo trata ampliamente en su obra. Lo más reconocido de la inmensa obra literaria de León Tolstoy sigue siendo perfectamente asequible en cualquier biblioteca pública, no tanto sus escritos inconformistas que se encuentran por lo general en ediciones muy antiguas (en general de Maucci, BCN). Juventud ha editado su Autobiografía y Pequeña Biblioteca (Mallorca) sus Escritos pedagógicos.

Tucker, Benjamin.- Famoso intelectual anarcoindividualista norteamericano (South Dartmouth, Massachusetts, 1854-Mónaco 1939). Su interés por el pensamiento anarquista provino como resultado de su primera actuación política apoyando a Horace Grealy en la campaña presidencial de Boston de 1872. Estudió las teorías ácratas, en particular a Warren y Proudhom (del que tradujo dos libros: Sistema de las contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, y ¿Qué es la propiedad?), y entorno a los cuales operó una especie de síntesis nada original; Tucker abogaba por el libre intercambio del trabajo y la libre reciprocidad de la gente honesta frente a los monopolios. En 1874 se convirtió en director asociado de la revista The Word. Poco después fue detenido por negarse a pagar los impuestos y volvió a probar fortuna como editor de la The Radical Review que sólo duró dos años; Walt Whitman apreciaba su valentía y escribió: «Le aprecio; es valiente hasta el tuétano». En 1881, Tucker comenzó a editar Liberty que se mantuvo en pie hasta 1907, fecha en la que sufrió un incendio. Discrepó con las corrientes comunistas a las que incluso les negó el derecho de definirse como anarquista, provocando una réplica de Kropotkin; también Merlino polemizó con él. Tucker no obstante, admiraba a Bakunin y a Kropotkin, y en Europa hizo amistad con los hermanos Reclús, no obstante se opuso a cualquier movimiento organizado y desdeñó las tentativas violentas. Exiliado voluntario en Europa se vio asaltado por las dudas al final de su vida sin dejar por ello de considerar el anarquismo como «un objetivo que impulsa hacia adelante la sociedad». Horowitz (Los anarquistas, t.I.) incluye un extracto de su libro En lugar de un libro. Exposición fragmentaria de la doctrina anarquista (Nueva York, 1897), y Jorge N. Solomonoff (El liberalismo de avanzada), le dedica un amplio espacio en su prólogo al tiempo que incluye dos trabajos de Tucker: Socialismo de Estado y anarquismo, La relación entre el Estado y el individuo.


Urtubia, Lucio.- Especia de «Robin Hood» libertario español en Francia (Navarra, 1940). Vino al mundo en el seno de una humilde familia navarresa. Condenado a cadena perpetua por la «incautación» de ropa y comida del Ejército franquista tuvo que huir, y se trasladó a París donde se unió a las JJLL. Trabajó como albañil al tiempo que llegó a robar con intimidación, sin embargo pronto se especializó en falsificar documentos y en la impresión de panfletos políticos. Tras un golpe en el First National City Bank con el que inundó el mercado de cheques falsos, Lucio llegó a un acuerdo según el cual el banco no lo acusaría sí dejaba de falsificar. Una serie de tumbas parisinas sirvieron de cobijo a un tesoro que fue buscado sin éxito durante los años setenta y ochenta por la policía francesa.

Resulta imposible cuantificar cuanto dinero se falsificó, pero todo se repartió entre los compañeros. Antes había intentado convencer de la posibilidad de arruinar a los EE.UU. con sus falsificaciones al «Che» Guevara cuando éste era ministro de Industria cubano.

«Salvar a Lucio» fue durante mucho tiempo la consigna de muchos magistrados y abogados de izquierda francesa, no en vano Lucio tiene como lema «robar a los ricos para dárselo a los pobres», le identificaron en los hechos como un Robin Hood contemporáneo.En su biografía, Lucio Urrutía el anarquista irreductible (Ed. B., BCN, 2001), el periodista francés Bernard Thomas narra también su papel en el intento de secuestro del genocida nazi Klaus Barbie en Bolivia, la colaboración con las Panteras Negras, los contactos con ETA político militar y su mediación en el secuestro de Javier Rupérez. Thomas es igualmente autor de Jacob. Recuerdos de un rebelde (Txalaparta, Pamplona, 1997), en la que también describe la vida de otro anarquista, el legendario Jacob, un militante obrero que se orientó hacia una delincuencia de signo político y que trajo en jaque a la policía francesa de principios del siglo XX, fue juzgado por cometer más de 150 golpes especializados y pasó más de dos décadas encarcelado en la Guayana francesa, y sus tentativas de fuga no fueron menos legendarias.

Vallina, Pedro.- médico, escritor y agitador anarquista (Guadalcanal, Sevilla, 1879-Veracruz, México, 1970), biógrafo y discípulo de Salvochea (escribió Crónica de un revolucionario. Con trozos de la vida de Fermín Salvochea. Ed. Solidaridad Obrera, París, 1958). Era hijo de un confitero y pequeño terrateniente de Sevilla y estudiaba medicina cuando entró en contacto con el primer núcleo anarquista andaluz y conoció a Fanelli. Hizo la carrera en Cádiz, y amplió sus conocimientos en Madrid, París y Londres. 

Resulta implicado en la represión que sigue a un atentado contra Alfonso XII. Hondamente humanista y pacifista, Vallina enfoca su actividad militante fundamentalmente hacia la propaganda oral y escrita, confía en las virtudes de la educación popular y denuncia con vehemencia las condiciones higiénicas y sanitarias de la población obrera. En colaboración con la CNT construye un Sanatorio Antituberculoso para los trabajadores. En 1919 formará parte del Comité Revolucionario que lucha por las mejoras de los inquilinos en Sevilla, y asume responsabilidades como tesorero del sindicato en la región. Durante el "bienio bolchevista", Vallina es desterrado en cuatro ocasiones: al norte de África, a Portugal y a diferentes pueblos extremeños donde pronto será apreciado por los oprimidos y ferozmente odiado por los opresores. Colaboró con el "andalucista liberalista" Blas Infante, al que calificó como "el más ilustre hijo de Sevilla", pero se negó a formar parte (por principios) en las candidaturas andalucistas.


Al comienzo del período republicano, Vallina era ya la encarnación del "fantasma" de la revolución en Andalucía para las autoridades. Miguel Maura llegó a estar convencido de que estaba organizando una insurrección en Andalucía, que tenía como centro Sevilla y como medio la huelga general revolucionaria. El gobernador civil de la capital andaluza llegó a idear una trampa para responsabilizar a Vallina y anularlo para siempre. Se instaló en Alcalá de Guadaira e instó al movimiento obrero para que no cayera en una encerrona. No obstante fue detenido y la huelga estalló dando la oportunidad a la guardia civil para asesinar a 39 obreros en Sevilla y cerca de 100 en la provincia. Vallina tuvo que ser liberado tres meses más tarde. 

Retirado de sus actividades militantes en Almadén (Ciudad Real), se reveló como el líder indiscutido del movimiento obrero del lugar, e hizo adelantar la revolución a principios del mes de junio de 1936. En esta fecha y como producto de un enfrentamiento entre la dirección de las minas y los obreros, éstos se apoderaron de las instalaciones después de haber expulsado a los consejeros municipales reaccionarios de la ciudad. La situación se mantenía el 19 de julio y los mineros formaron milicias para ayudar a luchar contra el levantamiento. El final de la guerra le llevó a Francia donde intervino en la vida organizativa de la confederación. Ulteriormente se trasladó a la República Dominicana y a México, donde mostró un gran interés por las comunidades indígenas a las que ayudó como médico. Sus Memorias fueron publicadas en dos tomos en Caracas (1968) y en México (Tierra y libertad, 1971; existe una coedición reciente efectuada por Libre Pensamiento y el Centro Andaluz del Libro) y constituyen un testimonio de primera magnitud para reconstruir la historia del anarquismo en Andalucía.



Vila Capdevila, Ramón (a) «Caracremada».- También conocido como «Pasos Largos», fue uno de los guerrilleros anarquistas que más disgustos causó a la dictadura franquista (Peguera, Barcelona, 1908-Balsareny, Barcelona, 1963). Era muy joven cuando tomó parte en la insurrección de Figols de 1932 siendo encarcelado en Manresa. Se mantuvo muy combativo durante el período republicano y en la guerra perteneció al SIP (Servicio de información periférico), llegando a infiltrarse entre las tropas del enemigo para realizar misiones especialmente audaces. 



El exilio le significó los campos de concentración, huyendo del de Argelés en 1941 para pasar a la Resistencia francesa y preparar a los primeros grupos de acción para intervenir en el interior. Integrado en la red Menessier y en la de los «partisans» de Haute Vienne, «Caracremada» sobresalió en las operaciones de castigo y sabotaje con el seudónimo de capitán Raymond. La Liberación francesa le permite centrar su acción contra el franquismo aprovechando sus grandes conocimientos de la frontera pirenaica. Apoya a los grupos de combate de Sabaté, Massana y Facerías organizando las entradas y salidas de estos al tiempo que actúa en diversos actos de sabotaje. Será el último «maquis» libertario caído.


Volin (a) de Vsevlod Mikaïlovich Eichenbaum.- Militante e historiador del anarquismo ruso (Voroneje, 1882-París,1945). De familia burguesa, sus padres eran médicos y le dieron una buena instrucción. Aprendió —junto con su hermano Boris— el francés y el alemán. Prosiguió sus estudios en el colegio de Voroneje, para continuar con la secundaria, inscribiéndose luego en la Facultad de Derecho de San Petersburgo, que abandonó pronto atraído por el movimiento eserista dentro del cual participó en la revolución de 1905. Fue detenido, encarcelado y finalmente deportado. En 1907 logra evadirse y exiliarse a París donde completó sus estudios y frecuentó los círculos revolucionarios. Por influencia de A.A. Karelin abandonó el partido socialista revolucionario y se acercó al anarquismo. 

Durante la “Gran Guerra” participó en el comité de acción revolucionaria contra el militarismo, lo que llevó a un campo de concentración hasta 1917, para salir de Burdeos hacia los Estados Unidos donde trabajó con la importante Federación de las Uniones Obreras rusas en este país, para alcanzar finalmente Petrogrado en plena revolución. Volin se encontró con un movimiento anarquista minoritario, lo que explicaría luego en razón a la persecución zarista (común por otro lado a todos los grupos de izquierdas) pero también a la hostilidad ácrata por la organización.

Esta debilidad fue relativamente subsanada por la unificación entre el sector kropokitniano —favorable a la guerra y abierto al régimen de febrero— y la Unión de propaganda anarcosindicalista, apareciendo Volin como redactor de su órgano Golos Truda. Después del fin de las negociaciones de Brest-Litovsk, Volin se separó del grupo y se marchó a Brobov, donde trabajó en el soviet de la ciudad, organización que rechazará ulteriormente en su libro La Revolución Desconocida. Durante esta época formuló su idea de la Síntesis Anarquista, en la que trató de superar la dicotomía entre un anarquismo colaboracionista y otro tendente hacia el autonomismo. Incorporado al movimiento maknovista en la sección de cultura y educación, fue elegido en 1919 presidente del Consejo militar insurreccional pero a los seis meses su labor fue interrumpida por la tisis. Detenido por los bolcheviques fue liberado poco después. Entonces se trasladó a Kharkov donde fue detenido de nuevo hasta que pudo ser nuevamente liberado, esta vez por intervención de los delegados sindicalistas europeos asistentes al primer Congreso de la Internacional Sindical Roja. La condición de su libertad fue el destierro. 

Volin marchó a Alemania donde comenzó a escribir sus aportaciones libertarias sobre la revolución rusa. Invitado por Sebastián Faure a volver a Francia colaboró con éste en la Enciclopedia Anarquista y fue el principal redactor del periódico cenetista en francés L'Espagne Antifascista. Durante este período escribirá su obra principal, La revolución desconocida (Campo Abierto, Madrid, 1977), en la que condena a los «políticos» bolcheviques al margen de cualquier consideración sobre las necesidades objetivas y en nombre de la «verdadera revolución», para la cual, en su opinión, no hubo condiciones, ya que la destrucción de la sociedad no fue suficiente. Estimada en los medios anarquistas como la «versión definitiva» de su escuela sobre este acontecimiento. Volin sufrió muy duramente tanto las crisis del exilio anarquista ruso, como la derrota de la revolución española, y la ocupación alemana de Francia, hasta que, finalmente, murió por tuberculosis.



Woodcock, George.- Famoso escritor, historiador y militante anarquista (Winnipeg, Canadá, 1912). Fue educado en Inglaterra, donde trabajó en la administración de ferrocarriles y como agricultor, escritor independiente y editor. En los años treinta y cuarenta formó parte del grupo que editaba Freedom, actuando en favor de la revolución española y en numerosas causas democráticas y cívicas junto con Mª Luisa Berneri, Vernon Richards, y con radicales independientes como Orwell o afiliados al laborismo como Bertrand Russell. Ha dado clases en la Universidad de Washington y en la Universidad de la Columbia Británica. Durante los años 1951 y 1952 disfrutó de una beca Guggenheim. Desde 1959 dirige la publicación Canadian Literature. 

Representante de un cierto pacifismo —fue autor de una biografía de Gandhi— académico, ha publicado obras de ficción y poesía, pero es conocido sobre todo por sus obras de investigación histórica, por sus biografías de Proudhom (Londres, 1956), Godwin (Londres, 1946), pero sobre todo por su extenso y documentado tratado sobre El anarquismo (Ariel, Barcelona, 1979, que contiene un amplio epílogo sobre el anarquismo en España escrito por Pere Gabriel). Esta obra ha sido muy criticada por su eclecticismo por autores ortodoxos como José Gómez Casas. También se ha publicado en castellano su Kropotkin. El Principe anarquista (Júcar, Madrid, 1979), escrita en colaboración con Iván Avakumovic.

Yamaga, Taiji.- la última gran figura del anarquismo clásico japonés (Kyoto, 1892-1970). Su padre, Zembrei Yamaga, estableció en 1874 una imprenta en Kyoto, lo que se consideró en su momento —a sólo seis años del advenimiento Meiji— como un acto blasfemo, sino subversivo. Su infancia se encuentra por lo tanto muy relacionada con el arte de imprimir, arte que sabrá desarrollar en las condiciones más adversas para propagar sus ideales esperantistas, anarquistas y pacifistas. 

Durante la represión de 1910 pudo pasar desapercibido y escapar hacia Formosa, viajando después por el continente chino hasta instalarse finalmente en Shanghai. En esta ciudad mantuvo una estrecha relación con el anarquista chino Shi Po que había perdido una mano a raíz de la preparación de un atentado… evolucionando entonces hacia el anarcopacifismo. En medio de una intensa actividad revolucionaria, Yamaga se dio íntegramente a la continuidad de la obra divulgadora que había caracterizado a su maestro Kotoku; su traducción más famosa será la de La conquista del pan, de Kropotkin. 

Durante la Gran Guerra, Yamaga regresó a su país y se unió con Mika, también militante, con la que tuvo un hijo y una hija. En 1927 regresó a Shanghai requerido para hacerse cargo de un departamento de Esperanto en la Universidad del Trabajo. Durante los años siguientes, Yamaga siguió interviniendo dentro del anarquismo chino, hasta que el militarismo japonés lo obliga en 1937 a un nuevo exilio, esta vez a Filipinas. Aprende tagalo —confeccionará con un profesor filipino el primer diccionario japonés-tagalo—, y escribe en el periódico Manila Nichi Shimbun enfocado hacia la colonia japonesa. 

Vuelve al Japón después de la II Guerra Mundial y prosigue sus actividades reafirmándose en sus convicciones pacifistas, mostrando su admiración por Gandhi. En 1961 sufrió un ataque de apoplejía, pero no quiso suicidarse manteniéndose presente en el movimiento y en el trabajo militante.


Zerzan, John.- filósofo y activista anarquista norteamericano (1946), uno de los representantes de la contracultura en los años sesenta, y «resucitado» tras los acontecimientos de Seattle como expresión de una corriente que se expresa contra la tecnología y contra la civilización existente. 

Nacido en el seno de una familia católica, fue conductor de taxi, carpintero y activista sindical tras licenciarse en Ciencias Políticas y en Historia por las universidades de Stanford y Berkeley. Como activista en la Universidad de Berkeley, Zerzan conoció en primer plano las revueltas juveniles norteamericanas de los años sesenta y fue detenido en 1966 por bloquear pacíficamente el paso de un camión militar cargado de napalm. Sin embargo, luego llegaron unos largos años de trabajos oscuros y escritura anónima; de regreso del conservadurismo, de pasividad, consumismo y crecientes niveles de vaciedad y deterioro. Sin embargo, «la gente se alzó de nuevo, habló de nuevo en Seattle», desarrollando unas movilizaciones que llevaron al fracaso a la cumbre de la Organización Mundial de Comercio, y que convertirían en el punto de partida de un nuevo protagonista histórico: los movimientos contra la globalización capitalista. 

Para Zerzan que había estado en los orígenes del movimiento, y que sería uno de los portavoces de miles de manifestantes que unieron sus gritos contra la civilización de la tecnología y el consumismo, la señal era clara: «Ha vuelto la hora de la acción. Seattle me ha reconfortado». Divorciado y con una hija, Zerzan trabaja como canguro en una guardería y vive monacalmente en una habitación de un edificio gestionado en régimen de cooperativa de un barrio obrero de Eugene (Oregón). Zerzan se ha convertido en el símbolo de un modo de vida que recuerda los consejos de Thoreau; hace en bicicleta sus desplazamientos cortos, los largos, en tren, no tiene coche, tarjetas de crédito u ordenador, y su televisor es de hace 20 años. 

Editor de dos antologías de textos libertarios contemporáneos, autor de dos libros, Elements of refusal, y Future primitive (1994; trd. En Numa Ed., Col. Viva la República, 2001), decenas de sus ensayos cortos son difundidos en páginas web. Por sus opciones y opiniones, Zerzan es considerado como el padre de una filosofía llamada anarcoprimitivismo en la que aboga por una actitud pacifista, y se opone a las armas de fuego.


Zubizarreta Aspas, Ignacio.- Destacado guerrillero antifranquista (¿Azuara?, Zaragoza, 1898-Zaragoza, 1958). Hizo un largo aprendizaje militante participando en la lucha contra Primo de Rivera, en los acontecimientos de Jaca y de Cuatro Vientos (1930), y en las luchas obreras de los años treinta. En julio del 36 escapó de las tropas fascistas tras mil peripecias y se incorporó a la Columna Ascaso. Durante la guerra, Zubizarreta desempeñó el papel de capitán en el Grupo de Ametralladoras del Batallón Remiro —luego Batallón de Ametralladoras C de la Brigada 62—, ejerciendo una importante labor guerrillera. 

En el exilio pasó del campo de concentración a una Compañía de Trabajadores sin dejar de preparar las condiciones materiales y militares para su regreso; todo su esfuerzo estuvo a punto de acabar con una inspección de la Gestapo de la que se salvó gracias a la intervención de una militante notoria, Anita Pozo. Durante la última fase de la ocupación fue uno de los pilares de la reconstrucción del movimiento libertario y participó en la destrucción de algunos de los últimos reductos nazis en Royan y Pointe-la-Grave. Su impaciencia le llevó a cruzar por su cuenta los Pirineos donde escapó casi milagrosamente de un accidente. 

En abril de 1945, Zubizarreta hizo un primer trayecto de 25 días por España visitando Cataluña, Madrid, Valencia y Zaragoza enfrentándose con la corriente colaboracionista. De acuerdo con Wenceslao Giménez Orive y unos jóvenes socialistas zaragozanos preparó una red de acción antifranquista, al tiempo que entró en contacto con un núcleo denominado Agrupación de Fuerzas Armadas de la República que planeaba el derrocamiento del régimen. Tantas ilusiones puso en este organismo que llegó a planear un asalto a la Academia militar de Zaragoza, el plan superó notablemente una primera fase pero unas detenciones en agosto de 1946 le llevaron a la prisión con una condena de 30 años. Murió la víspera de su liberación y hay ciertos indicios para pensar que quizás fuera asesinado.


Fuente: Libertarios y libertarias. Un diccionario bio bibliográfico.

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